El Palomero

¿Qué recordaré dentro de 10 años?

Por: Juanma Iturriaga

31 dic 2012

Termina hoy el año y resulta inevitable verse arrastrado a la no siempre fácil tarea de analisis retrospectivo sobre todo lo ocurrido en los últimos 365 días. Desde hace un par de semanas se encadenan casi ininterrumpidamente balances individuales y colectivos, políticos, sociales y por supuesto deportivos. Acontecimientos, personajes, logros, todo pasado por el tamiz de la opinión personal o colectiva. Este blog no es inmune a esta corriente, por lo que aquí van unos cuantos momentos que sospecho permanecerán en frescos en mi memoria durante un buen periodo de tiempo. No tienen necesariamente que ser los más importantes, pero sí los que creo mejor implantados en mi ordenador central, por lo que salvo que el tal Alzheimer me venga a visitar, seguirán ahí dentro de unos años. Su ordenación no es jerarquica, sino puramente cronológica.

29 de Enero. Djokovic-Nadal. Final Open Australia

 

En 2011 Novak Djokovic fue justamente galardonado en los Premios Palomero con el Te odio más que en una canción de Pimpinela por su constantes victorias sobre nuestro querido Rafa Nadal. Si no recuerdo mal fueron seis. Llegó el primer grande del año y lo volvió a hacer, pero siendo el resultado final el mismo, aquel partido fue bien diferente. Una especie de I´m back nadaliano. 5 horas 53 minutos de maravilloso tenis, brillante, vibrante e hipnótico. Tan presente como tengo la grandiosa final de Wimbledon de 2008 entre Rafa y Federer, esta tardaré también mucho en olvidarla.  Nadal perdió, pero puso la primera piedra de lo que vino después, varias victorias consecutivas ante su gran rival que concluyeron con el séptimo Roland Garros y ese abrazo entre Rafa y Pau Gasol tan emocionante.

9 de Marzo. Manchester United-Athletic. Octavos de Final de la Europa League.

Manchester conquistada, titulé uno de los post más felices que he escrito durante este año. Ante un adversario de enorme peso, en un escenario mítico entre los míticos, aupado por 8.000 locos por el Athletic que nos fuimos hasta Manchester, un grupo de aldeanos hizo un partido para la historia. Ganamos el partido con un fútbol estelar pocas veces visto en ese terreno de juego (lo dijo Ferguson, no yo) y casi más importante, logramos el reconocimiento de toda Europa como nunca lo consiguió el Athletic en sus más de cien años de historia. ¡Vaya noche! Ocho meses despues no atravesamos buenos momentos, pero aquello de Manchester no se olvida ni con una lobotomía. 

 

7 de Junio. Fallece Manolo Preciado.

No deja de ser curioso la arbitrariedad de ciertos sentimientos. Yo no conocí a Preciado más allá de su presencia pública como entrenador. Pero su fallecimiento me impactó mucho. La vida puede ser maravillosa, decía Andrés Montes, pero a veces conocemos historias de personas con las que se comporta de forma tremendamente injusta. A Manolo Preciado le dio muy poco cuartelillo, y regularmente le recetó una injusta ración de desgracias. Como él dijo una vez ante una de ellas, “me quedaban dos opciones, hundirme o tirar para delante”. Eligió la segunda, abrazó la vida de la forma más sana y optimista que pudo y se ganó la admiración general. Pero ni siquiera esto le salvó. Se fue, pero su recuerdo sigue siendo ejemplarizante y espero que siga siendolo durante mucho tiempo 

Del 6 al 16 de Junio. Barcelona-Real Madrid. Final de la Liga Endesa.

Los bandazos de la sección de baloncesto del Real Madrid habían casi terminado con la versión baloncestística de la máxima rivalidad deportiva de este país, pues el dominio del Barça habia resultado hasta axfisiante en los últimos tiempos. Una serie de buenas decisiones tomadas por fin en la casa blanca iniciaron el proyecto más consistente desde tiempo inmemorial. La final de la Copa fue un aviso que se confirmó en una de las finales más apasionantes que se recuerda, plena de emoción y momentos para el recuerdo. El misil de Marcelinho en el primer partido, los triples de Sergio Rodriguez en el segundo, la exhibición blanca en el tercero, la resurección blaugrana a golpe de triplazos de Walaca en el cuarto cuando todos le daban por muerto y por último el igualadísimo quinto y definitivo partido en el Palau. Ganó el Barça de nuevo, pero el Madrid demostró que como poco, ya estaba a su altura. Gran noticia para los blancos y tambien para el baloncesto.

22 de Junio. Lebron James se convierte (de verdad) en King.

Nueve años después de autocoronarse rey, a Lebron James le pusieron la corona. Uno de los deportistas más controvertidos del mundo, adorado por unos, odiado por otros, por fin pudo terminar con una sonrisa y el reconocimiento general de sus enorme capacidades. Le faltaba la última y más importante, la de hacer a un equipo campeón. Lo que no pudo lograr en Cleveland y tampoco en su primera temporada con los Heat, se hizo realidad esta vez. Su incidencia en todos los playoffs fue abrumadora (capitulo aparte la final de conferencia ante los Celtics, que les colocaron al borde del precipicio, de donde les sacó Lebrón) y desde entonces se ha ganado el derecho de responder al teléfono como hacía antes, pero ahora con total legitimidad. Hello, I´m the King. Es más que probable que haya más anillos para él, pero como aquel de Jordan en el Forum de Los Ángeles, el primero será siempre el más recordado

 

1 de Julio. España-Italia. Final de la Eurocopa

De vez en cuando la vida te regala deleites inesperados. Soy muy, pero que muy fan de la selección española de fútbol. Empezando por Vicente del Bosque (ahora que ha dicho que su trabajo como seleccionador será el último, le animo a presentarse a Presidente del Gobierno) siguiendo por su innegociable estilo de juego y terminando por su ambición intacta. Evidentemente seguí con detenimiento la Eurocopa, donde demostró, entre críticas, que lo que perdió en belleza lo ganó en competividad. Entre varios amigos preparamos la traca final ante Italia (jamón y cerveza, principalmente) cuando recibí la invitación para ir a ver el partido en vivo y en directo. Dejé colgado a mis amigos, que lo entendieron (eso sí, muertos de envidia) y casi sin tiempo para asimiliarlo estaba sentado en el Estadio de Kiev viendo calentar a los chicos. Lo que ocurrió es de todos sabido. Una nueva demostración, en el mejor escenario posible, del talento de estos bajitos. De la misma forma que a veces estás en el sitio y momento equivocado, otras afortunadamente te encuentras en el momento justo en el sitio adecuado. Y te lo llevas encima ya para toda la vida.  

11 de Agosto. España-Korea. Partido por la medalla olímpica del balonmano femenino.

Mis padres me dijeron muchas veces que mentir es malo, por lo que no diré que sigo los avatares del balonmano femenino. Ni siquiera en los Juegos Olímpicos, al menos hasta este año. Y era de los pocos, pues en las citas olímpicas soy capaz de tragarme hasta la doma hípica. Hasta que en uno de los primeros zappings, me quedé enganchado con el debú de España ante Korea. Y reconozco que flipé. Sobre todo de la velocidad del juego, vertiginoso y pleno de energía. España perdió, pero me ganaron para la causa y sus partidos se convirtieron en citas casi ineludibles. Nos quedamos a un palmo de pelear por el oro perdiendo la semifinal por un gol ante Montenegro pero quedaba el éxtasis final. Cerrando el bucle, estaba otra vez Korea. Joder, vaya partido. Dos prorrogas, un esfuerzo extenuante en lo físico y lo mental, la medalla yéndose y viniendo en cada jugada y al final, decantándose por las españolas. Se me puso un nudo en la garganta con sus abrazos regados con lágrimas. Sí, las chicas son guerreras. Y estas más. Juegos de Londres, mujeres exitosas, balonmano (o waterpolo)

12 de Agosto. EEUU-España. Final olímpica de baloncesto.

En su torneo más complicado, la selección española volvió a superar las mejores espectativas. Esta vez, el listón estaba casi en la estratosfera, pues parecía casi imposible mejorar aquella histórica final de Pekin, cuatro años antes. Además, el camino había sido tortuoso, con poco juego y excesiva polémica por su derrota ante Brasil. Pero todo se olvidó con un partido majestuoso, en el que tuve la sensación de haber estado más cerca de la victoria que en China. No lo hicimos simple y llanamente porque Durant, Lebron, Kobe, Chris Paul y compañía estuvieron a la altura de las circunstancias. Pero se lo tuvieron que currar y entre unos y otros nos regalaron 40 minutos de excepcional baloncesto. Tanto que el supuestamente mejor partido de la historia (el de Pekin) ya tiene una posible alternativa.  

1 de Octubre. Ryder Cup.

Uno de los grandes acontecimientos del deporte mundial. Viernes y sábado angustiosos para los Europeos. A ultima hora salvan los muebles en los dos últimos partidos del sábado que dejan lo imposible (10-4) en algo improbable (10-6). No sólo era la ventaja, sino que en las seis victorias europeas, en cinco tuvieron que llegar al hoyo 18 y sólo en una se consumó en el 17 (2&1). De las 10 estadounidenses, dos en el 18 y ¡ocho! sin tener que completar en campo, con más de una paliza en el camino. En esos momentos, necesitas agarrarte a algo para creer. Y por lo que cuentan, ese alguien fue Seve Ballesteros. Con su espíritu cada vez más presente, lo del domingo se convirtió en una remontada legendaria, un ¡a por ellos! brutal. El final fue, como no podía ser de otra forma, épico. Y la celebración, ufff, demasiado. Ver a Txema Olazábal llorar acordándose de Seve…  

 

En estos momentos se podría incluir lo que vimos ayer en el Palau, la portentosa actuación de Juan Carlos Navarro en el Barça-Madrid. Siempre he sostenido que uno de los grandes valores de Navarro es su capacidad para seguir sorprendiendote. Y lo ha vuelto a hacer. Con su equipo en el alambre, se sacó de la muñeca y del corazón un partido redondo, inmaculado, devastador para un buen Madrid al que quizás le faltó jugarse algo más en el evento para que sus sistema nervioso hubiese estado algo más tenso. Pero el resultado, la primera derrota blanca o el delicado momento blaugrana quedó lapidado por lo que seguro recordaremos durante un tiempo. La explosión de una bomba deportiva, la enésima exhibición de un jugador especial.

Repasado el 2012, demos esta noche la bienvenida al 2013 como se merece. Como diría Pocholo, Fiestaaaaaaaaaaa.

Feliz año a todos. 

 

 

Premios Palomero 2012

Por: Juanma Iturriaga

21 dic 2012

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Reunido el jurado de los Premios Palomero 2012 (el mismo que en la edición de 2011) en un bar de menú de ocho euros, que las cosas están como están, y a la espera de que llegue el fin del mundo y no tengamos que pagar la cuenta, ha decidido otorgar los siguientes galardones de estos prestigiosos premios con los que se quiere reconocer los méritos de una serie de personajes a lo largo de este último año. Y nunca mejor empleado lo de último, a tenor de las informaciones que nos llegan desde las ruinas de Chichen Itza. 

-Por su elegancia, humanidad y liderazgo moral que una vez más ha demostrado, sea la situación que sea. Por sus capacidades técnicas y tácticas, la normalidad con la que vive en el ojo del huracán competitivo y por la paciencia y sabiduría que demuestra donde otros se derriten, enrocan o enfrentan, el Premio Mahatma Ghandi es para Vicente del Bosque. Entrega el premio Florentino Pérez (y de paso le intenta poner la insignia de oro y brillantes del Real Madrid).

-Por su competitividad, ardor guerrero e inasequibilidad al desaliento, por vivir cuatro años casi en la clandestinidad y ser capaces de dar el do de pecho en los quince días donde se convierten en centro de atención y porque tiene mucho mérito hacer deporte en este país siendo mujer, el Premio Pentesilea (reina de las Amazonas, por si acaso alguien no lo sabía, cosa que dudo pues los lectores de este blog son gente con mucho conocimiento) es para la delegación femenina española en los Juegos de Londres.

 

Recogen el premio en representación de todas, las medallistas Marina Alabau (vela), Tamara Echegoyen, Silvia Toro y Ángela Pumariega (regatas “Match race”), Mireia Belmonte (natación), Brigitte Yagüe (taekwondo) Maialen Chourraut (piragüismo) Maider Unda (lucha femenina) y las capitanas de los equipos de waterpolo, natación sincronizada y balonmano.  Lo entrega La Duquesa de Alba, que viene acompañada por Alfonso. 

-Por habérnosla colado pero bien, por habernos engañado de lo lindo, por haber tenido la desfachatez de ir por la vida como héroe, por no reconocer ni una sola de las acusaciones, por sacar infinito provecho deportivo y social sin sonrojarse ni una vez, el Premio Pinocho al mentiroso del año recae (por unanimidad) en Lance Amstrong. Entrega el premio, Mariano Rajoy, reconocido aficionado a este deporte. Al ciclismo me refiero. 

-Por ser una bala, por correr como si le persiguiese la policía, por batir marcas imposibles, por no perder la sonrisa, por montar los shows que monta, por convertir los 100 metros en un ver y no ver, por tener hipnotizados a todos sus rivales, el Premio Gerooopa al más rápido a ambos lados del Missisipi recae en Usain Bolt. Entrega el premio Antonio, el barrendero del anuncio (nota del jurado: Jorge Lorenzo ha quedado segundo y Pedrosa tercero)

 

-Por triunfar a la sombra de un megacrack, por superarse cada año a pesar de que su supuesto mejor momento ya debería haber pasado, por ser un tipo muy majete, humilde, sensato y competitivo, por currante y dejarse el alma en cada partido y porque ser el segundo del escalafón nacional es compatible con la grandeza, el Premio Poulidor se lo lleva con toda justicia David Ferrer. Entrega el Premio Cristiano Ronaldo. 

-Por ser muy, pero que muy buenos, unas malas bestias diría yo, por tener cuerpos del siglo XXII, por resultar imparables, por enchufarlas de todos los colores, por ganar una pasta, porque nos han negado ya dos veces la medalla de oro olímpica, hasta porque se portaron muy elegantemente en la victoria, reconociendo el mérito de sus rivales, o sea, los españoles, el Premio Te odio más que en una canción de Pimpinela se lo lleva con toda justicia la Selección de EEUU de baloncesto. Recogen el premio Lebron James, Kevin Durant y Kobe Bryant. Entrega el premio Novak Djokovic, ganador del año pasado. 

 

-Porque hay tiempo para todo, porque la competición no está reñida con la diversión, porque las saben montar muy bien, porque ganan muchas medallas en la pista y fuera de ella, el Premio El Guateque (elegido por votación entre toda la delegación española a los Juegos de Londres) va a parar a la Selección Española de Baloncesto, organizadora de la mejor fiesta olímpica del año después de poner a la selección USA sus atributos por corbata. No recoge nadie de la selección, pues al parecer ayer tuvieron la cena de Navidad y se les hizo un poco tarde. Entrega el premio, David Guetta.

-Por su capacidad de superación, por no haber perdido nunca la moral e ilusión, porque trabajar duramente para superar lesiones graves, por tomarse el varapalo que siempre supone la larga inactividad con la filosofía que requiere, el Premio Rodillas Maltrechas se concede exequo a Rafa Nadal y Ricky Rubio. Entrega el premio, Monica Lewinsky. 

-Por ser tan buenos, y tan listos, y tan rápidos, y tan técnicos, y tan valientes, y también tan normalitos (y la mayoría tan bajos) el Premio Andrés Montes al Jugón del Año se lo lleva la Selección Española de fútbol. Recogen el premio Xavi, Xabi, Cesc, Iniesta, Silva, Cazorla y Jordi Alba. Entrega el galardón, Blancanieves. Para comentar el vídeo de la final, qué mejor que un presentador argentino, que ya avisa desde el principio que España le metió una milonga a Italia en la final. 

 

-En el apartado de Estética, el Premio Iñaki Anasagasti, al mejor pelo, ha recaído en David Beckham, capaz de pilotar una lancha por el Támesis a 100 kilómetros por hora, al lado de una chica a la que se movía la melena más que en un anuncio de Pantene, y a él, impertérrito al lado, no se le mueve ni un pelo. Recoge el Premio el propio David Beckham. Lo entrega Sergio Scariolo, que aprovecha para mostrar su admiración capilar hacia David.  

-El Premio Madrastra de Blancanieves, también conocido como Premio “espejito, espejito, dime si hay alguien más guapo y mejor que yo” se lo lleva Fernando Alonso. Fernando ha sido el mejor piloto del año, el que ha sacado más rendimiento al coche, el que ha superado mil y una adversidades, el que ha dado más espectáculo, el que se ha merecido con creces el título. No lo ha ganado, pero de quién nos vamos a fiar más. ¿De los puntos o de un espejo infalible? Entrega el premio, Sebastian Vettel. Levanta en hombros a Alonso, Antonio Lobato. 

-Por último, el premio “Pabernos matado” que reconoce el batacazo del año, la pifia más grande, el catacrack más sonoro, el me voy a comer el mundo y luego terminar siendo el postre, el ir un poco sobrados por la competición, el infravalorar al contrario y alguna cosa más, este año reconoce a la Selección Olímpica de Futbol, incapaz de ganar un partido y meter un puñetero gol en 270 minutos ante tres potencias como Japón, Honduras y Marruecos, para luego echarle la culpa al empedrado. Recoge el premio Luis Milla, entonces seleccionador. No lo entrega nadie, pues dicen que da mala suerte, por lo que Luis lo tiene que coger él mismo del atril. 

Ya fuera de los premios habituales, el jurado quiere enviar un reconocimiento muy especial a Tito Vilanova, una persona con una entereza descomunal sobradamente demostrada, cuyo ejemplo nos recuerda que el deporte (sobre todo el fútbol) pareciendo a veces ser todo, se convierte en nada cuando entran otros jugadores al campo. Una persona que recibe lo bueno, lo malo y lo peor de la vida sin aspavientos ni mucho menos victimismos, discreto en un universo ruidoso, humilde en un mundo de grandes egos, y al que desde este minúsculo espacio ciber, le deseamos lo mejor. 

Por problemas de tiempo (llevamos ya más de cuatro horas de gala) no podemos entregar el Premio "La culpa siempre es tuya" a Pau Gasol, el Premio "Vito Corleone" a Mourinho y su séquito que entregaría Diaz Ferrán, el “Me pido el último” para Cesc Fabregas, o el “Ya os decía que era buena” a Mireia Belmonte que tenía que entregar Eric Moussambani, ya recuperado del susto de Sydney 2000. Cosas del directo.

Dicho esto, el jurado desea a todos Feliz Navidad y se va a su casa para que le pille el fin del mundo con una cervecita en la mano y un platito de jamón. 

 

 

Excesos

Por: Juanma Iturriaga

17 dic 2012

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El universo deportivo es un excelente caldo de cultivo para los excesos. Los buenos y los malos. No podía ser de otra  forma cuando uno de sus grandes alimentadores es la pasión, y ya se sabe que la razón y la emoción no forman un matrimonio especialmente bien avenido. Ahora que la Navidad ha dejado de ser tiempo de excesos, como se consideraba en los tiempos donde vivíamos por encima de nuestras posibilidades (o eso nos han dicho alguno de los prebostes de la nación para justificar luego la asfixia a la que nos están sometiendo) siempre quedará el deporte para encontrar suficientes. Pasemos revista a unos cuantos, algunos habituales, otros excepcionales, unos que invitan a la reflexión y uno en especial que resulta trágico. 

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De ruido
. En el que vive constantemente el Real Madrid. No es algo nuevo y se remonta a tiempos anteriores a la llegada del gran pirómano. Con el tremendo impacto social que tiene, la desaforada atención mediática y la histórica obligación de ser siempre el mejor, el Madrid reside permanentemente en un ambiente donde casi nunca encuentra el sosiego. Unas veces los líos son institucionales, como la etapa entre las versiones Florentino 1.0 y 2.0, otras alrededor de lo puramente deportivo, y en ocasiones simplemente por la alteración que produce la pujanza de su gran rival. El caso es que la convulsión siempre está a la vuelta de la esquina, y así resulta complicado elaborar proyectos a medio y corto plazo, tranquilidad para afrontar los problemas e independencia en las ideas. 

 

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De años.
Por definición, no soy partidario de los mandatos largos, sean del tipo que sean. Ni en la política, ni en el deporte, ni en casi nada. Al final, cuando un determinado dirigente, grupo o partido se perpetúa en el poder, termina casi siempre convirtiendo su territorio en un chiringuito donde prima más la permanencia en el cargo que las tareas a acometer. Lo hemos visto un montón de veces en política y también, por ejemplo, en federaciones deportivas. El último caso es el de Odriozola, presidente sempiterno de la Federación Española de Atletismo, que no se levanta del sillón ni con agua hirviendo. A su favor tiene que una y otra vez es elegido democráticamente. En su contra la sensación, como ocurre con Villar en la de fútbol, que desde su puesto cuenta con los resortes y capacidades suficientes para asegurarse las reelecciones simplemente teniendo contentos a los que las deciden, donde no tiene gran peso, por cierto, los propios deportistas. 

Images-1De puntos. El Real Madrid de baloncesto continúa imparable su marcha por la Liga Endesa explotando eficientemente el enorme arsenal que tiene, sobre todo cuando se trata de meter la pelotita en el aro. Y ya son 12 victorias consecutivas, una bonita docenita. Su próximo reto, batir el réecord de 15, lo que pueden lograr nada más y nada menos que en el Palau Blaugrana. Ayer en Santiago volvió a ganar, a divertirse y a divertirnos. También puso de su parte el Blusens, que aceptó el reto valientemente hasta que las diferencias de fondo de armario (“el del Madrid es más grande que el de Isabel Preysler”, dijo Moncho Fernández, el entrenador gallego) dictaron sentencia. El deseo de todos es que esto que hace ahora el Madrid e intentan algún que otro equipo como el Blusens, el Joventut o el Valencia, deje de considerarse un exceso para convertirse en algo habitual. Todos saldremos ganando. 

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De goles. Leo Messi, el Carpanta del fútbol mundial, sigue convirtiendo lo excepcional en normal, hasta el punto de que cada vez que juega el Barcelona ya nadie espera otra cosa que sus dos golitos. Atento a lo colectivo pero también a lo individual, en el partido que jugaron ayer, Falcao le robó momentáneamente el foco durante unos minutos, cuando metió un golazo y pudo hacer otros dos. Pero una vez más terminó con el debate en un pis pas. Su último gol, con el partido decidido y persiguiendo un balón supuestamente controlado por la defensa rojiblanca, volvió a demostrar una voracidad a la que nadie es capaz de poner freno.   

Images-3De profesionalidad. Lo que está haciendo Jose Manuel Calderón es todo un ejemplo. En una situación complicada, habiendo sido relegado por primera vez desde hace años del puesto de base titular, con un equipo que no gana ni un partido a la semana, Calde cumple de la A a la Z lo que dice el manual del gran profesional. Sale a la cancha cuando le toca, se emplea a fondo, no reivindica salvo con su juego ningún trato preferente, intenta hacer mejores a sus compañeros y se marcha a la ducha generalmente con una derrota a la espalda pero con la satisfacción de haber dado todo lo que tiene.  Todo mi respeto y admiración hacia su comportamiento. 

 

Expectativas
De expectativas
. Sergio García ganó este fin de semana el torneo de Malasia. Dice que es otro gracias al fruto que ha dado un periodo de cambio de actitud y mentalidad. Me alegro por él, probablemente liberado ya de la enorme carga que supone siempre la explosión temprana. A partir de aquel Open que disputó descaradamente al entonces todopoderoso Tiger Woods, de Sergio siempre se esperaba lo mejor. Su carrera no resultó tan impresionante como se predijo (era casi imposible, pues las esperanzas fueron, cómo no, excesivas) y la mochila fue cargándose poco a poco hasta convertirse en algo muy difícil de llevar. Han pasando ya suficientes años como para que Sergio haya dejado de luchar contra esos fantasmas y su juego y sus declaraciones apuntan a esa dirección. "Soy feliz", dijo ayer. Mejor gasolina, imposible. 

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De halagos
. "El exceso en el halago genera una mayor responsabilidad" acaba de decir Vicente del Bosque. Cierto, como todo lo que dice el maestro, pero por ahora parece que esta frase no va con Ricky Rubio. Volvió a jugar, una gran noticia, y su regreso tuvo la repercusión mediática y popular a la altura de los grandes. Es impresionante el cartel que tiene Ricky en la NBA, y viéndole jugar sus primeros 18 minutos después de nueve meses en el dique seco lo entiendes. Su puesta en escena fue sorprendente, pues parecía, salvo por el cuidado con el que se administraron sus minutos, que no se había ido nunca. El impacto de Ricky en Estados Unidos ya no es un teoría más o menos mediatizada porque sea uno de los nuestros, sino algo real. El ángel perdido en sus últimos tiempos lo recuperó con creces en media temporada y si su rodilla responde tan bien como parece, no hay motivo para no pensar que esto solo puede ir en aumento. La necesidad que tiene cualquier competición de agarrarse a sangre joven y el encanto de su juego, idóneo al 100% para una liga como la NBA, conforman un fervoroso enamoramiento entre el jugador, la competición y los aficionados. Nos alegramos mucho y esperamos que el extraordinario seguimiento y los cientos de adjetivos positivos que le acompañan no le terminen pesando.  

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De tragedias
. Y por último la noticia triste de la semana. Una vez más nos encontramos con la muerte de un ciclista en la carretera mientras entrenaba. Iñaki Lejarreta no es el primero, ni desgraciadamente será el último, pues la siniestra estadística está ahí para recordarnos que no es un hecho aislado, a pesar de las campañas de sensibilización que se han hecho.  Siempre que me encuentro en la carretera con algún ciclista me inquieta, pues su desventaja ante otros elementos circulatorios resulta evidente.  Ahora que estamos en tiempo de deseos, uno de los míos lo empleo para que exista un mayor cuidado y concienciación hacia los bien llamados esforzados de la carretera, sean profesionales o cualquier aficionado que se sube a una bici para disfrutar de ella y que demasiadas veces, sin comerlo ni beberlo, se encuentran con una terrible sorpresa. 

Postdata. Esta semana se fallan los premios Palomero 2012. Buena semana a todos.

Tres deseos más dos de propina

Por: Juanma Iturriaga

11 dic 2012

Con el récord de Messi copando portadas, me he planteado un ejercicio. ¿Qué marcas me hubiese gustado batir? ¿Qué heroicidades deportivas elegiría si mañana me encuentro, en una caja abandonada en el fondo de un armario, una lámpara, y al intentarle quitar el polvo frotándola con un trapo, apareciese un genio parecidísimo a Aladino y me ofreciese, como manda la tradición, tres deseos? Bueno, más que tres deseos, tres sustituciones. Ser otra persona en un determinado momento. No es fácil, pero después de mucho pensar, he aquí mis elecciones:

-Ser Michael Jordan el día el que metió 63 puntos frente a los Celtics, récord de anotación en un partido de playoff. Realmente si soy sincero me conformaría con haber sido Jordan cualquier día, pero puestos a elegir entre sus muchas heroicidades, me quedo con esta histórica noche. He dudado, pues lo del sexto partido de la final del 98 con Utah tuvo su aquel, pero entre un minuto de éxtasis y 58 de exhibición (hubo dos prórrogas) me quedo con esto último. No sé lo que sintió Jordan aquel día, pero tuvo que ser algo muy gordo. Como creerte a la vez un ser superior y the special one. Además no fue en una cancha cualquiera, frente a un adversario sin pedigree y en un momento intrascendente de la temporada. Para nada. Se disfrazó de Dios, como dijo Larry Bird, nada más y nada menos que en el Boston Garden, frente a un equipo legendario como aquellos Celtics y en un partido de playoff. 63 puntos, 22 canastas de dos, 19 tiros libres. Salvaje. Ya, ya sé que finalmente perdieron, pero tampoco se puede tener todo. 

 

-Pegar el salto de Bob Beamon.  Aunque fuese superado 22 años después por Mike Powell, si hay un récord con mística ese es el de Bob Beamon. Por el escenario, unos Juegos Olímpicos, y por la estratosférica marca que supuso, al superar en más de medio metro (55 cm) el anterior récord. Ni siquiera llegaba el medidor, por lo que la confirmación tuvo que hacerse de forma manual. Yo tenía nueve años y recuerdo que al enterarnos medí junto con un amigo los 8,90 en la acera de la calle del colegio. Viéndonos separados por esa distancia, no podíamos creer que hubiese alguien que los hubiese recorrido volando. Porque tenía que haber volado para lograrlo. El salto de Beamon representa la conjunción de todos los elementos, propios y ajenos para, en un instante determinado, poder romper todas las barreras anteriores. Y te debes quedar taaaan a gusto. Eso sí, de haber sido yo, ese mismo día anuncio mi retirada con un “ahí queda eso”.

 

-Meter el gol de Iniesta.

Millones de seres humanos han coincidido en un sueño. Meter ese gol o esa canasta en el último instante que te haga campeón. Muy pocos lo cumplieron, y entre ellos, no se me ocurre ninguno mejor que el de Andrés Iniesta. Un momento para la historia, un acontecimiento que la gran mayoría de este país recordará con todos los detalles posibles. Dónde estaba, con quién vio el partido, cuáal fue la reacción, con quién se abrazó, etc. Fue el gol, el instante, el lugar. En una final de un Mundial, después de un partido agónico, con los holandeses repartiendo estopa sin parar, a pocos minutos del final de la prórroga. Y entonces Cesc te la pasa, y el balón bota lo justo para que la puedas empalmar con toda tu alma. Y es gol. Y eres campeón del mundo. Sí, definitivamente, el gol de todos me hubiese gustado meterlo yo.

 

Aprovechando que el genio se ha emocionado con estas imágenes (resulta que es de Albacete pero emigró hace unos meses a Oriente ante la falta de trabajo que hay por aquí) le he pedido que me deje soñar un par de deseos más. 

Ganar la Vuelta '85 siendo Perico Delgado

Cuando se junta lo inesperado, la épica y la metereología, puedes pasar a la historia en un par de horas. Ocurrió en la primera Vuelta a España que ganó el gran Perico Delgado. Hace poco tuve la oportunidad, rodando una campaña de publicidad, de pasar un día con Perico rememorando aquel día. Según me iba contando cosas le envidiaba secretamente. En aquellos tiempos yo ya era muy seguidor suyo, pero antes de aquella etapa había perdido las esperanzas. Craso error, pues para lo bueno (y un par de veces para lo malo), de Perico se podía esperar todo, lo que le hizo un personaje con un carisma bestial. Tambien ganó un Tour, pero aquella etapa de las destilerías Dyc fue el no va más. Nunca se me pasó por la cabeza ser ciclista, demasiado duro incluso para uno de Bilbao. Pero haber sido aquel día Perico Delgado no me hubiese importado nada. 

 

Derrotar a Federer en la final de Wimbledon de 2008

Pocos escenarios más míticos hay en el deporte mundial que la pista central de Wimbledon. Pocos deportistas ha dado la historia mejores que Roger Federer. Pocos tabúes sufrió el deporte español mayores que la incapacidad de sus tenistas (con excepción de Manolo Santana) para jugar en hierba. Y entonces apareció Nadal. En la cumbre de su rivalidad con Federer, llegó aquel domingo histórico donde ambos disputaron un partido excepcional. Llevados a la máxima exigencia por su rival, la doble RR (Roger y Rafa) nos mantuvieron pegados a la tele durante siete horas, incapaces de apartarte ni un minuto, no fuese que te perdieses el punto del partido. Y de esos hubo muchos. Al final, al cuarto match ball, Nadal se tiró al suelo, síntoma de victoria. Ganar en Londres, ganar a Federer, llevarse el primer Wimbledon, jugar un partido irrepetible. ¿A quién no le gustaría haber protagonizado esto?

 

Ya lanzado, intento colarle alguno más. El 1.500 de Fermín Cacho en Barcelona '92, correr 100 metros como Usain Bolt, parar dos penaltis como Casillas ante Italia en la Eurocopa 2008, ganar una prueba de los Cuatro Trampolines volando más de 100 metros o llegar destacado al estadio en un maratón olímpico. Incluso tirarte de casi 40 kilómetros de altura como Félix, pero con el vértigo que tengo me daría un patatús. Pero ya no cuela, y tampoco presiono a mi genio más, que ya bastante con que me consiguiese dos de propina.  

Dicho esto, tampoco me hubiese importado meter más de 85 goles en un año como Messi. O llevar 30.000 puntos en la NBA como Kobe. No por nada, sino por salir en el anuncio. 

 

 

Un debate y un recordatorio

Por: Juanma Iturriaga

03 dic 2012

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Un debate. La sanción impuesta por la NBA a los San Antonio Spurs por la ausencia de sus grandes estrellas en el partido frente a Miami ha provocado un debate que me parece más que interesante. Por un lado se encuentra la postura de la patronal, que considera la decisión de Popovich una falta grave hacia los deseos del público, la imagen de la liga y los principios sobre los que se basa la competición. En la otra orilla nos encontramos con los derechos de cualquier equipo en manejar de forma independiente jugadores, partidos, viajes e intereses como crea conveniente. La mayoría de las reacciones han sido contrarias a la decisión de David Stern, que es probable que se haya metido en un callejón del que no le será fácil salir cuando, por ejemplo, lleguen los últimos partidos de la temporada regular, territorio donde resulta habitual (bien por colocarse de la mejor manera posible ante el sorteo del draft, bien por dar descanso a los jugadores más castigados de cara a los exigentes playoffs) encontrarse con este tipo de situaciones. 

Pero por encima de estas consideraciones, la discusión me atrae pues lo que pone en el tapete hasta qué punto los intereses de un equipo determinado deben estar por encima o por debajo de los de la competición. La marca NBA se ha edificado bajo unas determinadas señas de identidad, como la sublimación del espectáculo o una cultura de culto hacia las grandes estrellas como motores principales del juego y de la imagen. Este es el compromiso adquirido por la liga, y gracias a él la NBA está donde está, su mercado es global como ninguna otra competición y cobra a las teles o a los espectadores lo que cobra. Prometiendo que harán todo lo posible porque un partido se convierta en un espectáculo lo más atractivo posible, con los grandes jugadores bien exprimidos en presencia y minutos y sin ninguna reserva para que la experiencia bien presencial, bien televisiva, merezca la pena. 

Pienso que Stern, con la multa, lo que quiere mandar es un aviso para navegantes. Vale, cada equipo tiene un margen de libertad para hacer lo que considera conveniente, pero todo tiene sus límites. Y echar por tierra uno de los partidos más atractivos de la temporada regular, con un montón de superestrellas en la cancha y la televisión nacional retransmitiendo, traspasa dicha línea. 

El domingo, mientras comentábamos el soso partido entre el Barcelona y el Caja San Fernando, meditaba sobre esto. Se habla mucho sobre el baloncesto como espectáculo, pero creo que no existe un verdadero compromiso en nuestra liga con este objetivo. Priman otro tipo de intereses, probablemente todos legítimos si los analizamos individualmente, pero que dan como resultado que en demasiados partidos no se alcancen los mínimos para atrapar la atención. Un partido a 60-70 puntos puede tener su cosa, pero para su deleite hay que ser un experto. Que la media de minutos de los mejores y más reconocibles jugadores de la liga rara vez sobrepasen los 25 minutos de media se puede justificar, seguro, pero sospecho que no es lo que la gran mayoría de la gente quiere. Con este minutaje, el máximo encestador de la Liga Endesa no llega a los 21 puntos por partido. Si como bien nos enseña la NBA, buena parte de la venta se hace a través de las actuaciones de sus estrellas, ¿qué promesas podemos hacer para convencer al aficionado no especialmente comprometido para que se acerque?

Cada equipo tiene todo el derecho del mundo a jugar como quiera y sacar a quien quiera, pero creo que debe darse cuenta que si la competición no gana, poco quedará por repartir. Y la competición gana cuando logra que cada vez vaya más gente a los campos, haya más espectadores viendo los partidos por la televisión, su grado de satisfacción se eleva y la imagen de la liga mejora. Con estas premisas es más fácil atraer al dinero y lograr alcanzar el círculo virtuoso.  Y para este objetivo hay cosas que ayudan y otras que no. Hace muchos años, el Limoges fue campeón de Europa de la mano de Maljkovic con un juego desesperante e hiper-rácano con el espectador. No seré yo quien le niegue a Boza su derecho y acierto, pero de la misma forma considero que aquello hizo mucho daño al baloncesto. Hay muchas formas de jugar y de buscar la victoria. Pero algunas enganchan, y otras vacían pabellones y salones. 

Stern, con su multa, envía un mensaje de aviso. Si mañana lo que hicieron los Spurs lo hace Miami, y luego los Lakers, y la semana que viene Okhlahoma, es posible que les venga bien a ellos, pero no a la liga. Y si le va mal a la liga, finalmente les irá mal a ellos. Esta idea creo que debe impregnar cualquier competición. Lo global está por encima de lo particular y debería haber líneas y comportamientos irrenunciables, porque si no, al final, los que ganan y los que no, todos, terminan perdiendo. 

Un recordatorio. Hoy se cumplen 23 años de la muerte de Fernando Martín. El otro día me enviaron una foto que en principio me hizo gracia y luego me hizo pensar. Es esta

  Foto Epi-Itu-FM

Fijaos la diferencia de lenguaje corporal entre Fernando y yo. Mientras FM le pide el balón a Epi (que se la tiró, claro, menudo era el Super) yo estoy con una cara de “joder, a ver si me la va a pasar ahora a mí y seguro que ahí debajo estará Ewing o el Jordan ese que pega unos brincos que te mueres”. Fernando está erguido, brazos bien abiertos, cubriendo espacio, poderoso. Yo estoy encogido, como Abraracurcix, el jefe de la aldea de Astérix, siempre temeroso de que el cielo le cayese en la cabeza.  

Bromas aparte, pasan los años y la figura de Fernando, lo que fue y significó, sigue intacta en la memoria de muchos. No me extraña, por lo particular del personaje, su impacto deportivo y social, sus logros e indudable carisma. Me sigo preguntando de vez en cuando qué hubiese sido de él sin aquel desgraciado accidente no hubiese tenido lugar. ¿Cómo habría terminado su carrera? ¿A qué se habría dedicado? ¿Seguiríamos viéndonos?

Fue grande y lo sigue siendo.  

 

 

 

 

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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