El Palomero

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Palomero: Según la RAE, persona aficionada a la cría de palomas. En el mundo del baloncesto tiene otra significación. Sirve para apodar al personaje ese de la foto. El que se hace el inteligente poniendo la manita como si estuviese pensando.
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Sobre el autor

Juanma Iturriaga

es un todoterreno de los medios. Tras una brillante carrera deportiva, colabora en prensa, radio y televisión. Artista renacentista, polifacético y multidisciplinar, ve la vida de forma optimista desde su 1,95 de altura. No le gusta la gente pesimista ni dogmática. Tiene más de 50 años pero no los aparenta.

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Manel

Por: | 18 de junio de 2013

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Hay una frase muy típica y tópica cuando alguien se muere y que sale casi sin querer. Descanse en paz, solemos decir muchas veces, algunas de ellas como muletilla inconsciente que ayuda a pasar el trago de no saber qué decir. Cuando me llamó mi compañero Arsenio para notificarme que Manel Comas había fallecido, lo primero que me vino a la cabeza fue precisamente esa frase. Pero no fue un resorte ni mucho menos, sino la convicción de que a Manel se le había terminado un ultimo cuarto de partido donde el descanso y la paz a la que se refiere la sentencia de marras habían encontrado poco resquicio. 

Yo no era amigo de Manel. Ni nunca fue mi entrenador, lo cual igual fue una suerte, pues como hablamos en varias ocasiones, no sé si hubiésemos podido evitar más de un encontronazo. Antes de coincidir en la televisión, mis conversaciones con él nunca pasaron de unos cuantos minutos cuando nos encontrábamos por esos campos. En la tele, fueron poco más de 20 partidos los que comentamos al alimón. Quiero decir que mi conocimiento y opiniones sobre él son un poco de media y larga distancia. Eso sí, como el roce hace el cariño, tanto tiempo cruzándonos en ese universo baloncestístico al que ambos pertenecemos desde edad temprana hizo que nuestros encuentros siempre fuesen muy agradables, donde de una forma rápida pasábamos revista a los temas más candentes, nos lanzábamos las puyas que hiciesen falta y  por supuesto despellejábamos a algún personaje, que de todo había en esas charlas. Siempre tuve la sensación que lo mismo que a mí me gustaba encontrármelo, a él le ocurría lo mismo. Espero que fuese verdad. 

Manel Comas, y esto es un dato, no una opinión, ha sido un hombre importante en la historia del baloncesto español. Sólo hace falta repasar su curriculum para darse cuenta que en cualquier narración que se haga sobre nuestro baloncesto, tiene un puesto asegurado. 30 años, 12 equipos, más de 700 partidos, títulos de prestigio, prestigio de entrenador.  Pero además logró labrar un personaje, lo que está a alcance de pocos. Su nombre parecía decirlo todo sobre él. El sheriff es el que manda. El sheriff es el más valiente del pueblo. Al sheriff no se le engaña. El sheriff, como te portes mal, o te echa del pueblo o te mete en la cárcel. En definitiva, el sheriff es el sheriff. En un momento dado, los mandamases de una determinada ciudad podían ejercer su derecho a cambiar de sheriff, y entonces Manel cogía su caballo y se marchaba a su casa. Durante un tiempo era un sheriff sin pueblo, pero nunca dejaba de llevar la estrella puesta en sus colaboraciones periodísticas. Hasta que recibía otra llamada que lo reclamaba, hacía el petate y aterrizaba en otra ciudad que pacificar.  

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Por lo que cuenta jugadores que lo tuvieron como entrenador, era más o menos como pensábamos aquellos que no nos tuvo a su cargo. Un tipo directo, volcánico a veces, racial y nada amigo de las componendas. En la comunicación entre su cerebro y su lengua había poca intermediación, para lo bueno y para lo menos bueno. Pero con él no tenías duda de lo que pensaba, pues te lo decía, aunque fuese a bocajarro. Creo que finalmente esto el jugador lo agradece, pues siempre sabe a qué atenerse y qué terrenos pisa. De ahí seguramente el cariño que en general le profesaban sus exjugadores. Otro dato más, difícilmente refutable, es que este cariño era extensible a los aficionados. En los últimos meses mil y una veces gente de casi todos los campos de España me han dado recuerdos para él, se han preocupado por su estado, me han pedido que le traslade sus deseos de recuperación. 

Era un gran conversador, con opiniones casi siempre tajantes, de sheriff, y con la memoria suficiente como para poderte pasar con él buenos ratos recordando partidos, canastas, triunfos, derrotas, broncas con árbitros, peleas con jugadores o directivos. A mí me gustaba confrontar las versiones de los partidos que disputamos uno contra el otro. Poder conocer la misma historia desde dos puntos de vista diferentes siempre la enriquece. 

Como sheriff se enfrentó a su enfermedad, mirándola siempre a la cara. Me impresionó mucho cuando una tarde le pregunté sobre el miedo que puede producir una enfermedad que te puede llevar por delante, como así ha sido finalmente. "¿Miedo? Juanma, a mí lo peor que te puede pasar en la vida ya me ha pasado". Se refería a la muerte en accidente, hace 10 años, de su hijo de 25. Escucharlo me produjo una doble sensación. Por un lado, admiré su valentía. Por otro, una enorme tristeza al comprobar que hay cosas que no se superan nunca, dolores enormes que no te abandonan.

Hace unas semanas nos despertamos un mañana con una noticia que nos dejó anonadados. A Manel Comas se le acusaba de algo realmente repugnante, difícil de entender no ya en él, sino en cualquier ser humano. Según el auto, en esta ocasión el sheriff no era el bueno en esta película. Otro dato evidente a sumar: A Manel, a su historia, le acompañará siempre esta último acto. Basta con leer las notas de prensa sobre su muerte y comprobar que en el 100% se hacía referencia a la acusación. Y esto no cambiará nunca, sea cual sea el veredicto final, si es que alguna vez se llega a producirse. Y tampoco hay que ser un lumbreras para suponer que si es que le quedaban fuerzas para seguir luchando, estas le abandonaron al hacerse público el escabroso asunto. 

Como aunque no pongo la mano en el fuego ni por mí mismo, creo en la presunción de inocencia mientras no se demuestre lo contrario, para mí Manel seguirá siendo al que miraba de reojo en el banquillo rival siempre a punto de cogerse un cabreo con alguien y con algo. El que le ví por la tele ganar una copa Korac con un imposible tiro de un tal Galvin, otro bigote ilustre. Al que amargué una semifinal de la Copa del Rey en Barcelona, cuando dirigía al Cai y remontamos milagrosamente 11 puntos en poco menos de un minuto. El que me gustaba escuchar en rueda de prensa, pues siempre dejaba alguna perla. El que formó una pareja inclasificable con Romay en televisión, siempre rozando las discusiones tipo Los Roper. El que llegaba a San Cugat con el pelo rapado y con el que pasé un par de horas dominicales durante 4 meses. El que he echado de menos desde que abandonó por segunda vez el puesto de comentarista para poder ahorrar fuerzas que necesitaba para otro partido.

Para otros ángulos y opiniones de la persona y el personaje están su familia, sus amigos, los jugadores a los que entrenó, los directivos que le contrataron o la justicia que ahora parece tener cuentas pendientes con él. Pero ese es el Manel Comas que yo conocí y del que puedo y quiero dar fe. Mi relación nunca fue muy de cerca, pero si suficiente como para que desee de todo corazon y con todo mi cariño que finalmente pueda descansar en paz.  

 

Cuarto asalto

Por: | 17 de junio de 2013

El Barcelona realizó el enésimo ejercicio de superviviencia salvando el primer match ball ante un tibio Real Madrid y la final se decidirá el próximo miércoles en cuarenta minutos inciertos, difíciles de predecir pero que se presentan tan apasionantes como dramáticos. Pasemos revista a algunos de los asuntos que nos dejó este cuarto acto de una obra aún inacabada. 

Las urgencias ganan a los “a ver que pasa”

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Si algo ha demostrado esta final es que en cada momento, las urgencias se imponen a las contemplaciones. Lo hizo el Madrid en el partido inaugural, donde defendió, aunque fuese in extremis, lo ganado en la temporada regular. Respondió el Barcelona dos días después, evitando un 2-0 que la historia se empeña en declararlo imposible de remontar. La serie cambió de sede y fue el Madrid el que consiguió no tenerse que jugar la liga en campo ajeno. Por último, ayer, el Barcelona alargó la final subido a una intensidad emocional que no tuvo respuesta en sus rivales, aparentemente mucho menos metidos en la batalla.  Llegados a este punto, se terminaron las segundas oportunidades, el poder dejar algo para el partido siguiente y el elucubrar quien está más presionado.  

A falta de juego, pasión

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Más de una vez el Barcelona ha pecado se ser un equipo demasiado funcionarial, un tanque capaz de aplastarte pero donde quedaba poco espacio para los asuntos emocionales. En esta ocasión, desde el salto inicial y en medio de un ambiente a la altura de lo que se jugaba, los azulgranas se dejaron el alma, lucharon contra la adversidad de quedarse sin Navarro, arengaron al público, celebraron sus aciertos y se apoyaron en los fallos. Hubo cuestiones técnicas, por supuesto, como la indisimulada búsqueda de Tomic en el primer cuarto. Necesitan al croata los azulgranas, y le buscaron no sé si más, pero sí mejor que otras veces, a lo que el hasta ahora desaparecido pivot respondió con unos primeros diez minutos de enmarcar. La superioridad en el juego interior del Madrid, evidente en los tres primeros partidos, pasó a mejor vida y donde antes había rebotes y puntos blancos, en esta ocasión eran blaugranas. La salida de Felipe Reyes equilibró un poco esa superioridad, pero lo que no cambió fue la sensación que el sistema nervioso de los locales estaba más alerta, más en tensión que el de los visitantes. 

Los partidos te dan sorpresas, sorpresas te dan los partidos

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A veces, y ahí radica la grandeza del enfrentamiento deportivo, se producen puntos de giro inesperados. Se echó la mano Navarro a la parte posterior de su pierna izquierda y rápidamente pidió el cambio. La cosa pintaba mal y el paso del tiempo lo confirmó no volviendo a aparecer en la cancha y quedar a la espera de su evolución en los tres días que quedan para el quinto partido. Al Madrid le sonreía mucho más el marcador que las sensaciones que emitía el partido, y la retirada del santo y seña barcelonista se ofrecía como buena oportunidad para dar un golpe de mano. Xavi Pascual opta por un quinteto de esmerados subalternos compuesto por Marcelinho, Oleson, Rabaseda, Todorovic y Mavro. Y estos cinco jugadores, en lugar de dar un paso atrás, se tiran a degüello. Pelean cada pelota, se hacen fuertes en defensa, se aprovechan de los pocos momentos donde Marcelinho ha estado muy lúcido y adquieren una ventaja que resulta fundamental para el desenlace. 

A la espera de lo que no llega. 

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El Madrid, mientras tanto, se pasa el partido esperando. Espera a que llegue su momento. Espera que el Barcelona acuse la tensión de verse al borde de la eliminación. Espera a Carroll, a Mirotic, a Sergio Rodriguez, a Rudy. Pero pasan los minutos y no llega casi nada. Siempre tiene el partido a tiro, el título cerca, pero no pasa de ahí. Para colmo de males, el error arbitral del fuera de fondo de Tomic (ni el primero ni el último para cualquiera de los dos equipos) le saca demasiado de quicio. Rudy se enreda, el equipo se queja, la posible victoria se esfuma. Se habla de los árbitros una vez más después del partido y una vez más deberían hablar, tanto unos y otros, del juego y el ánimo, que es lo que les ha dado y quitado victorias. Y lo que dice el juego y el ánimo es que el Madrid no lo tuvo, o no lo tuvo suficiente. A veces es difícil distinguir entre lo que el rival no te ha dejado hacer y lo que tu propio estado te ha negado. La  sensación que dejó el partido es que al Madrid le faltó decisión, y nervio, sobre todo para aprovechar una circunstancia como la lesión de Navarro que pensada de antemano, le otorgaba una incuestionable ventaja. Pueden pensar y planear todo lo que quieran desde el banquillo, pero al final el juego pertenece a los jugadores. Y los del Real Madrid no tuvieron su día. Sin nadie a quien agarrarse prácticamente durante todo el partido, sucumbió justamente ante un equipo que sigue dando la sensación que está cogido casi con alfileres, muy castigado por las lesiones, pero que mantiene un coraje destacable. 

El futuro   

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En 48 horas esta novela por entregas alcanza su capitulo final. Un quinto partido resulta siempre difícil de prever. La tensión será máxima para los dos equipos, por lo que la incidencia de las cuestiones mentales se convierte, más que nunca, en un factor primordial. El público tendrá su papel, pero ya hemos visto anteriormente que en determinadas situaciones se puede convertir en un problema añadido si su posible ansiedad se traslada a la pista. Hasta que llegue el momento del partido, seguramente asistiremos a más de un intento, sobre todo por parte del Barcelona, de hacer al Madrid depositario de una mayor responsabilidad al jugar en casa. Al mismo tiempo el factor Navarro sobrevolará todos los análisis y el propio Barcelona tendrá que rumiar su más que probable ausencia o presencia disminuida. Pero lo que está claro es que ninguno de los dos se ha ganado la confianza como para apostar a ciegas por él. No hay jugadores en racha, ninguna ventaja dura mucho y el juego, ay, el juego. Menos mal que la historia de los contendientes, su seguimiento social, la incertidumbre, las polémicas y el todo o nada a cuarenta minutos, en esta ocasión parece suficiente. Pero el juego…. ay, el juego….

 

Tercer asalto

Por: | 15 de junio de 2013

A la tercera fue la vencida y por fin uno de los dos finalistas hizo un alarde, si consideramos como tal el jugar un partido completo. El Madrid rescató esencias extraviadas y entre su ventaja y las vibraciones que transmite el Barcelona, tiene el título a tiro. Tratemos algunos asuntos de este tercer acto.

Cuando las sensaciones son ratificadas por el resultado

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No creo que sea el único, ni mucho menos, que tiene la sensación que en la actualidad el Madrid es superior al Barcelona. Por muchas razones que van desde las edades, el estilo, la situación física y el propio juego. Así ha estado ocurriendo prácticamente durante todo el año, y por eso lo de la Copa se tomó casi como una sorpresa. Ahora bien, esta teórica superioridad, incluso asumida por el propio Barcelona, que suele estar siempre más preocupado en desactivar a su rival que en el desarrollo de su propio juego, no terminaba de plasmarse, como vimos en los dos partidos de Madrid. Con la final de vuelta a Barcelona, el tercero sí que cumplió con la opinión bastante generalizada. Se vio un Madrid poderoso, enchufado desde el principio, con una enorme variedad de recursos que le permiten encontrar soluciones a casi todos los problemas y una rotación algo más flexible y no tan de sota, caballo y rey como suele parecer habitualmente. Dominador de principio a fin, el Barcelona aguantó como pudo, con demasiado poco como para evitar que la goma que volvió a hacer durante el partido (se alejan, me acerco, se alejan, me vuelvo a acercar) terminase rompiéndose en el último cuarto. No hubo finales apretados ni polémicos, y al menos en esta ocasión, lo presumible, ateniéndonos a cómo están y de donde vienen cada uno de los dos contendientes, el marcador estuvo acorde con ello.

Hablando de MVPs (1)

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Lo que hizo ayer Mirotic es para quitarse el sombrero. Y no por haber demolido en los últimos minutos las ya escasas resistencias del Barcelona. A los grandes jugadores hay que juzgarlos no sólo por su comportamiento habitual, sino por sus reacciones en las situaciones más adversas. Y Mirotic, joven todavía en proceso de maduración aunque a veces se nos olvide, estaba atravesando el peor momento su carrera. Apuntando por muchos por su bajo rendimiento en las grandes citas, cuestionado su galardón de MVP de la temporada, señalado con el dedo tras los dos primeros partidos de la serie, la contestación fue no sólo de gran talento baloncestístico, sino de un hombre con carácter, un gran competidor. Ya apuntó en el segundo partido de la serie, donde cinco puntos seguidos suyos parecieron decantar el partido hacia el Real Madrid. Ayer y por tercera vez, pasó muchos minutos lidiando con sus faltas y cierta ofuscación, sin encontrar el sitio adecuado y el momento justo y se mascaba un tercer fracaso individual, que hubiese supuesto un daño de cierta consideración a su prestigio. Pero olvidando el pasado, se centró en el presente. Pim, pam, pum. Partido crítico ganado. Seguramente la diferencia entre el Madrid habitual y el que estamos viendo en esta final son las desactivaciones por parte del Barcelona y de sus propios enredos de Mirotic y Carroll. Todavía sin noticias del segundo, sí apareció el primero, se echó a su equipo a la espalda, colocó el marcador en los 80 y el Madrid acaricia título. Respuesta de MVP.

Hablando de MVPs (2)

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Y ya que estamos con el tema, hablemos del que creo lleva delantera en la carrera por el MVP de esta final. Sí, no es otro que Felipe Reyes. Decisivo en el primero, imperial en el tercero, donde se merendó a todo el que se le puso por delante, llámese Wallace, Lorbek o quien fuese. Esta vez no fue unos minutos estelares, o algún rebote decisivo. Su participación e incidencia fue constante desde que saltó a la pista y sobre su acierto, unido a la habitual entrega sin par, el Madrid empezó a edificar su trascendental victoria. Cada balón que pasó por sus manos fue bien resuelto y su figura se va agrandando partido tras partido. La manifiesta superioridad madridista en el rebote y en la producción ofensiva alrededor de la canasta, constante en toda la final, también tiene que ver con la actividad frenética de Felipe. Decía en una entrevista antes de la final, a modo de reivindicación, que siempre se resalta su brega y menos su talento baloncestístico. El partido de ayer le da completamente la razón.

Demasiado poco

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El tercer partido puso de manifiesto casi todos los problemas por los que atraviesa el Barcelona. Navarro demasiado solo y vigilado al máximo, Tomic desesperantemente ineficaz, Lorbek disminuido, Marcelinho desaparecido, puntería desviada y extremas dificultades ofensivas. Algo falla, o mucho, cuando Jasikevicius es casi el único, junto con Navarro, de darle chispa a un equipo demasiado previsible. Esta vez ni siquiera la zona en el último cuarto le alivió sus penas, por lo que terminó sucumbiendo mucho antes de que Mirotic diese la puntilla. Echa de menos, mucho, a Pete Mickael y ante el dominio blanco de la zona, tampoco le hubiese venido mal Jawai, por mucho que Mavro esté cumpliendo de sobra. Pero al final la suma de todos se antoja escasa, por lo que o algunos de sus jugadores mejoras ostensiblemente sus prestaciones o el futuro se presenta muy negro.

El futuro

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La final, aunque el Madrid haya dado un golpe importante, no ha terminado. Las cosas pintan mal para el Barcelona, pero una victoria mañana dejaría todo para el quinto partido, que puede resultar imprevisible por la tremenda tensión en la que se celebraría. El Barcelona ha dado sobradas muestras de su capacidad de supervivencia, el Madrid tiene muy vivo el recuerdo de lo que ocurrió el año pasado, cuando desperdició la gran oportunidad de llevarse la liga en su propio campo. Como ante cada partido, hasta mañana no sabremos cómo han digerido cada uno de los contendientes lo ocurrido en el partido anterior. Veremos entonces los daños morales causados en el Barcelona, o la posible distensión que puede provocar en el Madrid saberse con dos bolas de partido. Después de dos partidos donde la emoción superó con creces al juego, bastante pobre por parte de los dos equipos, en el tercero el Madrid dio un paso al frente. Ahora le tocaría al Barcelona. Sin una mejora clara, manteniendo el 72 como constante en su anotación, se antoja difícil que lo consigan. Pero nada gusta más a los playoffs que dejar los análisis como papel mojado de un día para otro.

Segundo asalto

Por: | 12 de junio de 2013

Vaya, vaya con la final. Debería estar patrocinada por el Colegio de cardiólogos. Curiosamente y hasta el momento, está calcando el guión de la del año pasado, cambiando equipos y campos. Salvación in extremis para el de casa en el primer partido, recuperación del perdedor e igualada de serie en el segundo. Analicemos algunos aspectos del segundo acto de esta más que interesante obra. 

Siete vidas tiene un gato, y también el Barcelona

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Tengo que reconocer que en varios momentos del partido no hubiese dado un duro por el Barcelona. Le ví disperso, volviendo a cometer errores de pase impropios, sin un guión claro de donde y con quien quería jugar, con Tomic otra vez extraviado, sin un Sada iluminado y encima Lorbek lesionado. Pero a cada una de mis dudas, reaccionaba convenientemente hasta llevar vivo al final y rematar una faena que no estuvo clara en ningún momento. Realmente la paciencia con la que afrontan los partidos en sus pasajes más críticos, la capacidad de respirar debajo del agua en las fases tsunami del Madrid, tuvo finalmente como recompensa un triunfo impagable. Aguantan y aguantan hasta dar con la tecla, que en esta ocasión fue una zona que me dio la impresión sorprendió más de lo que debería al Madrid y en la que Xavi Pascual confió incluso cuando pasado el desconcierto, el Madrid encadenó varios ataques efectivos. Al final y visto el resultado, todo un acierto del técnico azulgrana. 

Ventaja, ¿para qué te quiero?

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Recibí un whatsup nada más acabar el partido de un amigo donde me decía que si los dos equipos no sabían que los partidos duraban cuatro cuartos, no tres. La verdad es que no deja de resultar sorprendente observar cómo en los dos encuentros hemos visto naufragar en el último cuarto al equipo que llevaba una clara ventaja. La desperdició el Barcelona el domingo, lo hizo el Madrid el martes. Insisto en mi sensación ya explicada en el post anterior. Tanto Barcelona como Real Madrid llegó un momento en el que su máxima prioridad era la defensa de la ventaja en lugar de seguir manteniendo la actividad y maneras que les habían llevado a construir una diferencia apreciable. Evidentemente hubo aspectos que podían justificar en parte este cambio, como las dudas que le metió en el cuerpo de los madridistas la zona azulgrana. Pero estoy hablando más de actitud que de otra cosa. Un ejemplo. ¿Por qué el Madrid no hizo lo mismo que en el primer partido durante el último cuarto, con esas zonas presionantes con Slaughter en primera línea que tanto daño hizo al Barcelona? No sólo resultó efectiva, sino que activó muchísimo el sistema nervioso de todo el equipo ¿Sólo valen para cuando vas debajo en el marcador y cuando estás arriba hay que ser más conservador? No sé, pero lo que está claro es que ni uno ni otro han sabido gestionar unas ventajas que en el papel, desearía cualquier equipo en cualquier partido.

MVP (por ahora)

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Al comienzo del playoff aposté por Sergio Rodríguez como MVP de esta decisiva fase de la temporada. En el primer partido lo fue, pero si sumamos actuaciones, ahora hay otro jugador que creo que se lo merece, aunque no sea de los más sonoros y tampoco confíe mucho en que final sea el elegido, sea el resultado final que sea. Brad Oleson es probablemente el único jugador que ha cuajado dos actuaciones sobresalientes. El domingo fue arte y parte de los mejores momentos del Barcelona, supliendo perfectamente a Navarro, al que le costó coger (no le dejaban) el aire al partido. Ayer elevó un poco más la categoría de su actuación, buena siempre, decisiva en el tramo final donde no tuvo reparos de jugarse la última pelota mientras que el azar había postergado en el banquillo a Navarro. Siempre sobrio, partiéndose la cara con Rudy, que es mucho partirse, efectivo en el lanzamiento y casi infalible en la línea de tiros libres. Para ser un jugador fichado a mitad de temporada, todo un chollo. 

El Madrid no está fino (por ahora)

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Ni cuando ganó ni cuando perdió, el Madrid ha jugado hasta el momento lo que se conoce comúnmente como “un buen partido”.  Sigue moviéndose a tirones, sus rotaciones (en la derrota) parecen demasiado rígidas y algunos jugadores claves se han enredado en el momento más inoportuno. Ayer se vio a un buen Begic, Slaughter aportó dinamismo, Felipe lo de siempre, y Carlos Suarez volvió a cumplir sobradamente en los primeros minutos para no volver a jugar. Son unos cuantos, pero claro, no es lo mismo un buen partido de un determinado jugador que de otro. El buen partido de Begic no tiene la misma incidencia que uno de Carroll, que se traduce en 20-25 puntos y destrozar una defensa.  Y qué decir de Mirotic, señalado en el primero y aún más, y a pesar de sus dos canastas que parecieron decisivas, en el segundo. Con estas versiones tan pálidas de estos dos jugadores, el Madrid queda tremendamente expuesto y dependiente excesivamente de la tripleta Sergios+Rudy. Y salvo lo que hizo el canario en el partido inaugural, tampoco han estado sobresalientes. El duelo Navarro-Rudy en trascendencia y liderazgo lo va ganando el azulgrana y me sigue pareciendo que las jerarquías sobre quien debe mandar y decidir los últimos balones están algo difusas entre los tres jugadores. 

Los dos análisis

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Todo lo dicho, lo bueno y lo malo, tendría otro enfoque si Sada mete la entrada del domingo o si Sergio Rodríguez o Carroll embocan sus tiros en la última jugada de ayer. Quizás las pizarras de Xavi Pascual o Pablo Laso no sería igual de buenas o malas, puede que la zona azulgrana sería criticable en lugar de alabable, Mirotic podría ser un héroe o la liga estaría perdida para uno de los dos equipos. Ahí radica la dificultad del análisis para técnicos, jugadores y opinadores. Porque al fin y al cabo, lo bien hecho y lo mal hecho debería ser lo mismo en los treinta y nueve minutos y cincuenta y nueve segundos restantes. Pero entiendo que esto resulta casi imposible. El marcador es tirano y para bien o para mal, lo condiciona todo. 

El futuro

Viaja la serie a Barcelona, donde se espera un ambiente a la altura de la ocasión. Dicen los manuales que el partido clave de una serie a cinco es el tercero. Como llevo sin apostar un tiempo, me voy a mojar un poco. Mi bola de cristal contempla dos escenarios. Uno, victoria del Madrid que traerá consigo una victoria del Barcelona en el cuarto y ya no puedo leer más, aunque vislumbro ligeramente una liga blanca. Dos, victoria del Barcelona en el tercero y remate de la final en el cuarto. O sea, que cuadra con el manual. Pase lo que pase, que la fiesta baloncestística no pare, que los partidos sigan siendo dramáticos, que algunos jugadores mejores sus prestaciones y que todo se desarrolle dentro de los cauces normales y reglamentarios. 

Gran final estamos viendo, ¡vive dios!

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Postdata. Corren rumores nada bienintencionados por Madrid sobre el futuro de Pablo Laso si el Madrid no gana la liga. Ni será la primera ni tampoco la última vez que me pronuncie sobre el tema. Me parece un error GIGANTESCO. Cierto es que de producirse la victoria azulgrana, los dos años de Laso al frente del Madrid se cerrarían con una Supercopa y una Copa del Rey. Vale, poco titulos. Pero en el haber encontramos cosas que nos obligarían a retrotraernos en el tiempo casi una década y media para encontrar algo parecido en el Real Madrid. Una idea, un equipo joven con presente y proyección, un atractivo estilo, reconocimiento, humildad, trabajo serio, buena imagen exterior y un pabellón que con su habitual buena asistencia certifica su gusto por lo que ven. El Madrid, despues de muuuuuucho tiempo, compite consolidez y constancia por todos los títulos. Ha llegado a una final europea casi 20 años despues y tutea a quien se le ponga por delante. Además, ¿desde cuando son tan importantes los títulos? ¿Acaso Mourinho no ha triunfado con tres semifinales europeas? Es más, ¿no terminó con la dominación del Barcelona ganando una liga y una copa mientras los azulgranas levantaban dos ligas y una Champions? Pablo Laso ha hecho un enorme trabajo en el Madrid del que muchos nos sentimos orgullosos pues ha recuperado esencias históricas. ¿Que no es perfecto? ¿Que se equivoca? Sin duda. Pero ¿de verdad lo hace tan a menudo como para ponerle en duda? Yo a veces alucino. 

Primer asalto

Por: | 10 de junio de 2013

Comenzó la final a lo grande, con un partido intenso, polémico en su final y que augura futuras grandes emociones. Vamos, lo que se espera de un enfrentamiento entre Madrid y Barça en su eterna lucha por la supremacía. El partido tuvo de casi todo, fijémonos en algunos asuntos. 

La jugada

 

La última jugada protagonizada por Sada trajo debajo del brazo lío, protestas, una melé con los dos equipos casi al completo y a punto de enzarzarse y al menos 48 horas de dimes y diretes. No seré yo quien asegure si fue o no fue falta, pues ni soy árbitro, ni las muchas repeticiones que he visto me han sacado de dudas. Ni en la falta, ni en quien toca el balón por última vez. Tampoco los protagonistas aclaran en exceso lo ocurrido. Sada ha dicho que Sergio Rodríguez le confesó que había sido falta, pero Sergio Rodríguez mete por en medio de su declaración pública un “pudo haber sido”. Pero es Sergio Llull el que mete la mano y el menorquín, asegura que tocó balón pero que no sabe si luego le dio a otro jugador. En definitiva, que ni se ve bien, ni los implicados lo aclaran en exceso. Realmente el que haya sido falta o no va a dar igual, sobre todo cuando es imposible, al menos por ahora, demostrar lo uno o lo contrario. Como cuando acontecen situaciones de este tipo la emoción suele ir por delante de la razón, en la mayoría de los casos será el corazón y no la cabeza la que lleve a cada uno a una conclusión. 

Las sorpresas

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Enfrentándose dos equipos que se conocen a la perfección, resulta difícil sorprender. Lo intentó el Madrid , por ejemplo, en su primera jugada defensiva, cuando se colocó en un 1-4 con Llull sobre Navarro, y que al menos durante los primeros minutos obligó a pensar al Barcelona unos segundos en cada ataque hasta comprobar qué era lo que tenía enfrente. Pero hasta eso podía estar dentro las múltiples opciones que trabajan ambos equipos. Lo que sí se salió del guión completamente fue la actuación de Víctor Sada. Ya se le había visto en este final de temporada una actitud mucho más incisiva en las maniobras ofensivas de su equipo, mirando el aro con mayor frecuencia, pero lo de ayer fue tremendo. Como siempre salió al campo para darle a su equipo mayor consistencia defensiva y al final fue el que desencadenó un huracán anotador. Sus cuatro de cuatro en triples pusieron al Barcelona al mando hasta completar un segundo cuarto demoledor (14-31). Todo un partidazo de Sada, todo un problema presente y puede que futuro para el Real Madrid

A oleadas

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No jugó bien el Madrid. O al menos no jugó tan bien como acostumbra. En un playoff a cinco partidos, la presión en el primero recae sobre el equipo de casa, y si a esto le sumas cierto favoritismo y la ansiedad que vive el madridismo por culminar su ascensión al liderazgo del baloncesto nacional (y eso se dilucida en la Liga) todo dio como resultado a un Madrid demasiado tenso, algo pasado de revoluciones en algunos momentos, con jugadores como Mirotic y Carroll por debajo de prestaciones habituales y sin buenas circulaciones de balón, lo que le obligó a vivir casi todo el tiempo de sus bases y la hiperactividad de Rudy. Eso sí, incluso en los días no muy claros, es un equipo que en al menos en un par de momentos del partido se sube a lomos de cualquiera de los dos Sergios y se convierte en un tsunami de difícil contención. El Barcelona aguantó más que bien los primeros, pero sucumbió al último y definitivo, construido a partir de atosigantes defensas alternativas y con Sergio Rodríguez liderando los ataques. 

Atacar o defender

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Hubo un momento bisagra en el partido, allá por los inicios del último cuarto. El Barcelona había logrado una buena renta a través de un trabajo excelente. Aguantó el lógico arreón inicial del equipo de casa y en cuanto comenzaron las rotaciones se puso muy serio, con la cabeza clara y la muñeca afinada. Era el Barça del miércoles pasado en Las Palmas, la versión buena de este equipo que en esta temporada se ha mostrado tan irregular. Como a Navarro y Tomic les negaron de inicio hasta la respiración, allí aparecieron Oleson y Mavrokefalidis para echar una mano de Marcelinho que era el único que podía atacar la canasta blanca. Pero les faltaba defensa, y cuando hay que ponerse manos a la obra, nadie mejor que Sada. La inesperada explosión anotadora del base reafirmó el dominio azulgrana, y el tercer cuarto fue un poco más de lo mismo, con el Barça en plan mandón, ya con Navarro haciendo de las suyas. Pero la ola madridista empezó a crecer y el Barcelona, que hasta ese momento había atacado a su rival (en todo el sentido de la palabra atacar) pasó a tener que defenderse. Y no es lo mismo. Como ocurrió en la semifinal de la Euroliga, el partido terminó por hacérsele demasiado largo, echándose de menos algo más de claridad y acierto en el terreno de la definición (errores de bulto en el rebote defensivo, por ejemplo) algo en lo que han sentado cátedra durante su incuestionable dominio de los últimos años. 

Presentes y ausentes

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Cualquier jugador del Real Madrid y Barcelona pasa sus exámenes en los grandes acontecimientos. Se les ficha para ganar títulos y son los encuentros que los deciden los que condicionan la nota final. El primer partido de la serie final validó a unos y obliga a reaccionar a otros. Los bases, todos, estuvieron a gran altura y el duelo Navarro-Rudy no defraudó. Mavrokefalidis volvió a confirmar que ha sido un acierto su contratación, Oleson suplió los problemas iniciales de Navarro y Felipe Reyes demostró que puedes ser protagonista principal con dos jugadas. Slaughter, por su parte, desde su posición puntera en las zonas presionantes, colaboró decisivamente en el último cuarto. A otros no les fue tan bien. Como a Tomic, muy enredado en estos playoffs y más cerca ahora del Tomic del Madrid que del de esta temporada en el Barcelona. O Mirotic, que no tuvo presencia importante, lo mismo que Carroll. Lorbek empezó bien pero se diluyó, Ingles se distinguió más en la bronca que en el juego y Wallace, Rabaseda y Cárlos Suarez, titulares todos, dejaron poco para el recuerdo.  Mañana llega otro examen parcial donde se esperan confirmaciones y reacciones. 

El futuro

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O sea, mañana. Lo único se sabemos es que la foto a las nueve de la noche será esta. A partir de ahí, vete tú a saber. La exigencia se ha mudado y ahora es sobre todo el Barcelona el que se juega las habichuelas. Ya sabemos lo que dice la historia de un 2-0 en contra (nadie lo ha remontado) y aunque las estadísticas están para contradecirlas, si algo no ha pasado nunca será por algo. Esto no quiere decir que el Madrid pueda salir a ver que pasa, pero la mochila seguro que no está tan cargada como en el primer choque. Pero es el Barcelona, como perdedor, el que debe mover ficha. Necesita hacer entrar en dinámica a Tomic, algo más de Lorbek, algún pase perdido menos y mejor cierre de rebote. Y sobre todo olvidarse lo antes posible de la oportunidad perdida, el supuesto “robo” (de verdad que hay un tipo de periodismo que resulta hasta nauseabundo) y centrarse en el juego. Lo ha hecho muchas veces antes y su capacidad para afrontar estas situaciones límite es excelente, por lo que el Madrid no puede permitirse ningún relajo. Su velocidad de transición necesita el paso previo de la agresividad ofensiva de la que careció durante buena parte del partido inaugural (culpa también del buen hacer azulgrana). 

Sea como sea, esperamos ansiosos lo que nos traiga el segundo acto de una final que ha tardado menos de 48 minutos en entrar en ignición. Mientras las cosas no se vayan de madre, bienvenida sea.   

 

 

Estimado Florentino (III)

Por: | 03 de junio de 2013

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Madrid, 3 de Junio de 2013

Estimado Florentino: 

Aprovechando el comienzo de un ¿nuevo? tiempo, me dirijo a usted por tercera vez. Como puede ver, el hecho que no haya habido contestación por su parte ni a la primera ni tampoco a la segunda misiva no mina mi moral, sino todo lo contrario, supone un reto mayor el conseguir al menos un acuse de recibo. Ya conoce el refrán, “la constancia en los reveses dio el triunfo a los portugueses”. Bueno, qué tonterías digo, ¡cómo no lo va a saber! si usted de portugueses es todo un experto. Pero no nos desviemos ya tan al comienzo. 

Antes de entrar en materia, quiero felicitarle por su nuevo mandato, al que accede sin oposición alguna. Existen algunas personas malpensadas que opinan que ha hecho todo lo posible para no tener ningún contrincante, de ahí el reciente rotoque de los estatutos. Son gente que no ha entendido que dentro de sus deberes y obligaciones como presidente entra el preservar al Real Madrid de la posible llegada de una persona que no le convenga, un personaje que use el club a su antojo y provecho y no entienda que como usted bien dice, el Madrid es de sus socios y no de sus dirigentes. Sé que su único deseo era evitar que apareciese algún millonetis, magnate, jeque o lo que sea de esos que andan por ahí con el riñón bien cubierto y que a la que te descuidas, se adueñan del club y se gastan año tras año una millonada en entrenadores y jugadores a los que queman sin parar sin entender los tiempos en la creación de equipos campeones o que hay cosas que son imposibles de comprar. También aprovechan su posición para hacer sus negocios y ni entienden ni atienden a cuestiones como la historia o los valores. O los entienden mientras les va bien y los desatienden o cambian su sentido cuando les conviene. Entiendo su desinteresado interés en preservar al Madrid de estos arribistas.  

Según los expertos, un buen mandatario tiene que ilusionar a su gente. Esto lo entiende hasta un niño de diez años. Normalmente, el capítulo de la ilusión de cualquier aficionado se supone que se remite a entrenadores y jugadores. Y en esas estamos a día de hoy, que si Anceloti, que si Heynkens, que si Bale, Isco, etc. Sólo hace falta echar un vistazo a los periódicos deportivos para darse cuenta que en estos momentos usted no sale de su despacho pues está hablando día y noche con un montón de presidentes, entrenadores, agentes y jugadores a lo largo del mundo, mientras se imagina a la afición madridista pendiente de un hilo, conteniendo la respiración y posteriormente haciéndole la ola al concretar uno de esos grandes fichajes. No seré yo quien le diga que ese no es un camino. Pero me va a permitir que le sugiera otro. Ya le advierto que es algo más difícil y tengo pocas esperanzas que lo siga, pero al menos yo lo voy a intentar.  

Lo que yo le sugiero y animo a hacer es comenzar su nuevo mandato con un ejercicio de autocrítica. Ya no corre ningún riesgo pues no hay quien le pueda hacer sombra, al menos durante otros cuatro años. Sé que vivimos en un país donde la autocrítica brilla por su ausencia. Nos hemos ido al garete (por no decir algo más fuerte) y a día de hoy nadie se siente responsable. Empezando, ¡hasta ahí podíamos llegar! con el presidente del gobierno, que hace unos días nos contó que ha hecho lo contrario de lo que prometió por nuestro bien, para evitar el crack. Un crack del que evidentemente tiene la culpa Europa, el PSOE, los sindicatos, la sanidad publica, la educación, el despilfarro (el ajeno, claro) el vivir por encima de nuestras posibilidades o los medios de comunicación. Qué decir del negocio bancario, los desahucios, las preferentes, los Bankia, etc. Todos cumplían ordenes, que eran muy mandados. O del principal (por ahora) partido de la oposición (por llamarlo algo). Lleva tres años despeñándose y ahí están los mismos. Bueno, no sé por qué se lo explico, pues usted se ha pasado tres años compartiendo destino con un profesional del noble arte de echar la culpa de los reveses hasta al empedrado. Pues aunque no sea trending topic ni de lejos, humildemente le recomendaría una cierta dosis de autocrítica. 

En las últimas dos semanas le he escuchado hasta tres veces. Cuando anunció la salida de Mourinho, en una entrevista radiofónica y en la presentación de su candidatura. Le tengo que confesar que me dejó un poco frío. Pero bueno, conozco los procesos mentales ante los grandes shocks, y su primera fase es siempre la de negación.  No sé si es jugador de mus (yo no le veo) pero ha negado la mayor, la pequeña, los pares y el juego. Todo han sido parabienes hacia su gestión anterior, que según sus propias palabras, ha vuelto a colocar al club en el lugar que merece. En cuanto a su querido ex entrenador, no ha fracasado ni mucho menos y usted quería que se quedase. La culpa de todo, la presión de los medios. Y no sé qué más cosas de tan difícil digestión que fíjese que en algún momento hasta he pensado que ni usted mismo se creía lo que decía. Pero olvidemos el pasado, que no mueve molino. Yo que usted aprovecharía la posibilidad que tiene de convertirse en el primer hombre importante de este país que reconoce un error, lo que además de liberarle de la pesada carga de tener siempre la razón, que eso sólo lo lleva sin inmutarse el risueño Aznar, le aseguro le granjearía muchas simpatías.  

Voy a suponer que esta carta ha superado los filtros pertinentes, ha llegado a sus manos, no la ha tirado a la basura y todavía sigue leyéndola. Puedo imaginar su cara. ¿pero qué errores he cometido yo?. Le voy a dar unas pistas. No, no voy a sacar a Del Bosque a colación, aunque reconocerá que tampoco estuvo muy lucido con este tema. Tampoco los Queiroz y similares, o el desborde del Galactismo que le llevó a presentar la dimisión, cosa que dicen que un buen capitán de barco no debe hacer, pero bueno, usted dirige un club, no un barco. Ni siquiera de Pelegrini, al que creo que no se le trató con el respeto que merecía. Ni profesional ni personalmente. Todo eso lo puede obviar. 

Le bastaría para salir a hombros de la plaza con que su único objeto de autocrítica fuese reconocer su error al contratar a Mourinho. No, corrijo. El error grave no fue contratar a Mourinho, sino darles las llaves del club, dejarle que durante tres años hiciese lo que le diese la gana sin que ni una sola vez saliese usted a recriminarle nada (al menos no se tiene constancia, y si lo hizo no tuvo mucho efecto) incluso hasta en las ocasiones que le ha dejado, y perdone por la expresión, con el culo al aire. Todo lo contrario, usted siempre entonaba la misma canción, esa de que era el mejor entrenador del mundo. Pero ni aún así ha sido de recibo el permitirle que se erigiese en el juez supremo que dictaminaba lo que era o no era madridismo. O creer que lo que hacía o decía era en defensa del Madrid y no de él mismo. O no abrir la boca cuando humillaba a un jugador como Casillas, no por no sacarle de titular, que en eso sí que tenía pleno derecho, sino por la forma absolutamente torticera y gratuita con la que ha pisoteado a uno de los jugadores más emblemáticos de la historia del club. O no actuar con él como lo hubiese hecho con cualquier otro entrenador, o sea, haberle dado el finiquito el día que metió el dedo en el ojo a Vilanova, o cuando tiró la Liga en el mes de Noviembre (caso único en la historia) y que visto lo que pasó después, no tengo claro que no se hubiese podido ganar, o al menos pelear, a pesar de aquella desventaja. O soportar estoicamente que redefiniese lo que es éxito y lo que no hasta asociar lo primero a llegar a semifinales en un club donde no se ha entendido en más de cien años ni siquiera el quedar segundo.  O ver impasible el deterioro de la marca Real Madrid, que quizás no aparece en sus balances económicos, pero que basta con darse una vuelta por ahí, tanto en España como en el resto del Mundo, para darte cuenta por donde van ahora las preferencias. O no mandar hace ya tiempo a recorrer la muralla china a un entrenador que por un lado proclamaba a los cuatro vientos que su único interés era el del Madrid y sus actuaciones y decisiones apuntaban hacia lo contrario.  

Fíjese la cantidad de cosas que podría decir, de las que se podría hacer responsable y de las que podría prometer que no volveran a ocurrir. Tampoco sonaría mal que se comprometiese en esta nueva andadura a escuchar, además de su cohorte de aduladores y la banda de energúmenos a los que el dedo señala el camino, voces algo más templadas y otras también más críticas con su gestión, que siempre es una buena forma de mejorar. Que buscará un entrenador con otro baremo que el de ser extranjero y costar una fortuna, y que entre otras cualidades, crea de verdad en la cantera y en el producto nacional, otra de sus aparentes manías que resulta difícil de entender. Que ahora que la economía del club va bien, se va a volcar en que el Real Madrid cuente con un determinado estilo, marcado por el club y su historia, y así será más fácil saber qué es lo que le vale y qué es lo que no y de paso no quedar a expensas de lo que en cada momento se le antoje el entrenador (y con lo que cambia de entrenador…). 

También adornaría el discurso de autocrítica declarar públicamente que a partir de ahora el fin no justifica los medios, que puede haber cosas más importantes que un título y que una afición dividida, broncas constantes, jugadores echados a los pies de los caballos, imagen deteriorada, valores olvidados y un infernal y constante ruido alrededor del club, no se compensan con una Liga y una Copa (yo diría que ni siquiera una décima, pero quizás esto ya es algo demasiado para usted). 

Me cuentan que está más de acuerdo que lo que parece con unas cuantas cosas de estas, pero tiene miedo que de la respuesta de su ya (y afortunadamente) exentrenador. Con la confianza y también por qué no decirlo, con la soberbia que me da el haber adelantado el disparate Mourinho desde el mismo día de su contratación (tengo pruebas escritas, las dos anteriores cartas dirigidas a usted entre otras) le diré que no se preocupe. Diga lo que diga, sea como sea al pacto de no agresion al que al parecer llegaron, pongo la mano en el fuego que los recaditos no van a faltar. Igual no en un principio, pero con el tiempo…. Estamos hablando de un hombre que prácticamente nunca tiene la culpa, por lo que alguien la tiene que tener. Y quien mejor que él mismo para descubrir al culpable. 

En fin, que no le entretengo más. Antes de despedirme, hago una última intentona. El reconocer un error no te hace más débil, sino todo lo contrario. Tiene dos caminos. Que como ha ocurrido hasta ahora, le baste con los suyos, los que le han jaleado o que quiera recuperar la unidad perdida gracias este siembra-discordias. Muchos pseudomadridistas hemos sufrido al ver la deriva y los daños causados por el paso de un tipo huraño, egoísta, cizañero, contaminante, irrespetuoso y pendenciero. ¡Qué más me da que sea el mejor entrenador del mundo! lo que desde luego se podría discutir.  Sólo desde la comprensión, cierta empatía y bajándose un poco del pedestal de infalible, podrá hacernos volver adonde estábamos y siempre quisiéramos estar. En un club donde nos sintamos orgullosos no sólo por lo que gana, sino por cómo lo hace, por las personas que lo forman y los valores que transmiten y conforman su ADN. 

Deseándole toda la clarividencia del mundo y que su lema electoral, Juntos ganamos, sea algo más que una frase bonita y de verdad logre juntar lo que (quiera verlo usted o no) se ha desjuntado un poco, me despido. Un saludo. 

Postdata.- Ahora que va bien, que tiene presente y futuro, estilo y sentido, el baloncesto, por favor, ni lo toque. 

 

San Mames

Por: | 28 de mayo de 2013

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¡Hemos ganado! 

La frase retumbó en las paredes de la casa de mi amigo. 

¡Hemos ganado al Madrid! remarcó el mensajero. 

¡Toma! dijo otro mientras me intentaba regatear, pues ni siquiera tamaño acontecimiento hizo que dejásemos de disputar nuestro partido tres contra tres en el estrecho pasillo

¡5-0!

¿Cómo? Aquello sí que nos dejó tan sorprendidos como para olvidarnos de la pelota. ¿5-0? ¿Al Madrid? 

Efectivamente. El domingo 1 de Febrero de 1970, el Athletic ganó al Real Madrid 5-0 con goles de Uriarte, Igartua y ¡tres! de Zubiaga, dos de ellos en los últimos diez minutos. Tenía 10 años y nos encontrábamos en la casa de un compañero de colegio celebrando su undécimo cumpleaños. Vivía en la calle Doctor Areilza, a pocas zancadas de San Mames. 

Pasamos de nuestro partido y bajamos las escaleras de tres en tres hasta llegar a la calle. Justo al doblar por Licenciado Pozas, Pozas para todos, nos dimos de bruces con una marea humana que venía del estadio. ¡Qué caras! ¡Qué sonrisas! ¡Qué Athleeeeeetics se escuchaban!. Como niños que éramos, mirábamos ojo platicos a aquellos afortunados que habían vivido en directo aquella gesta. Aquel día desee como nunca que cuando fuese mayor, yo sería uno de aquellos que saldría de San Mames más contento que unas pascuas después de una gran victoria y al ir cruzándome con la gente no haría falta decir nada, pues se me vería a la legua de donde venía. 

No es fácil explicar el significado de San Mames para un bilbaíno pues lo abarca casi todo. Desde su lugar físico, referente en el paisaje de la ciudad hasta su mítica simbología. Depositario de las fantasías de miles niños y adultos, ahora que ha cerrado sus puertas definitivamente, todos aquellos que lo vivimos o soñamos nos sentimos un poco huérfanos. El fútbol, el deporte, tiene una fantástica capacidad de regeneración. Constantemente sustituimos viejos deseos, anhelos y objetivos por otros nuevos, apoyados en los lazos sentimentales que se adhieren a nosotros a edad temprana y que no nos abandonan ya de por vida. En pocos meses habrá otro San Mames, más moderno, más adecuado a los tiempos que corren, pero en este caso las sustitución no será sencilla, al menos al principio. La carga emblemática que ha encerrado las gradas de este glorioso campo ni se cambia si se olvida de la noche a la mañana. 

Aunque siempre lo deseé, nunca he sido socio del Athletic, cosa por otro lado nada fácil. Emigré a Madrid a los diecisiete años y salvo un par de temporadas en el Caja Bilbao, siempre he vivido a 400 kilómetros de San Mames. Mis partidos en la Catedral no se cuentan por centenares, pero no siempre los lazos se construyen con la cantidad, sino con la intensidad. Y cada vez que he podido estar, el impacto emocional ha sido grande, a veces enorme. Escuchaba el pasado viernes en la SER a Iñigo Marquínez, afortunado periodista que como para otros muchos privilegiados y por razones periodísticas, San Mames ha sido como su segunda casa, apuntar que en Bilbao no se dice “voy al fútbol” sino “voy a San Mames”. Esta particularidad, este reconocimiento casi sacrosanto a un determinado lugar también lo he escuchado en Madrid, donde “se va al Bernabéu”. Cuando el sólo nombre un campo sustituye la generalidad de un deporte, es que estamos ante una cosa muy seria. 

El domingo, mientras el publico dedicaba 100 segundos de aplausos y alguna que otra lágrima (¡rayos y centellas, bilbaínos llorando!) seguro que muchos hicieron un rápido ejercicio de memoria, pasando revista a los momentos más importantes que vivieron en esas gradas. A mí me aparecieron unas cuantas imágenes. Aquella final de la UEFA ante el Juventus, los dos goles de Liceranzu que valieron la segunda Liga en la era Clemente, un último partido liguero ante el Zaragoza que sirvió para clasificarse para la Champions y que Luis Fernández (uno de los de Bilbao que ha nacido donde le ha dado la gana) celebró dando unos pases toreros en mitad del campo con una ikurriña (raro ¿no?), el día del Sevilla en la semifinal de Copa (sí, el de los cánticos a Del Nido) uno de los ambientes más apasionados que he vivido en un campo de fútbol o la semifinal de UEFA (ahora Europa League) ante el Sporting de Lisboa, que nos llevó 35 años después a una final europea. Partidos, victorias, derrotas, goles, uyyys, Iribar, Iribar, Iribar es cojonudo,  centros de Txetxu Rojo o Argote, Julen Guerrero, que no parecía de Lezama, mucho futbol de raza, a veces de demasiada raza y demasiada poca elaboración, bocata de tortilla con pimientos y bota de vino en el descanso, puro cuando era necesario. Y sobre todo fútbol, mucho fútbol y mucho respeto al fútbol,  tanto que a veces trascendía al propio Athletic. Grandes jugadores y equipos rivales han sido ovacionados si la grada lo ha creído oportuno. Xavi Hernández, Laudrup, Raul, Giggs, Zidane, Gordillo, Valerón y Mendieta entre otros y probablemente cada uno por razones diferentes. Incluso Juanito, que tampoco es que encarnase una mentalidad muy afín con el respetable.  También es verdad que a más de uno le pusieron la cruz y no le dieron ni un respiro. Aquellos oriundos del Atlético de Madrid, Maradona, Schuster, Simeone y más recientemente Iniesta, este caso creo que en parte para llevar la contraria al resto de los campos del mundo donde se le quiere y aclama, que nada nos gusta más que ser únicos. 

A todo esto y muchísimo más se le dio carpetazo el domingo. Y está muy bien eso de la modernidad, de adaptarse a los tiempos y buscar recursos económicos para asegurar la supervivencia. Lo entiendes y comprendes que probablemente este era el único camino que se podía y debía emprender. Pero también asumimos que la única verdad incuestionable es que más tarde o más temprano todos nos vamos al otro barrio, pero la certeza no deja de dolernos. 

Puede que dentro de 100 años, unos niños jueguen a futbol en el pasillo de una casa, y de repente reciban un whatsup (o lo que se lleve en 2113) donde diga. ¡Hemos ganado 5-0 a Real Madrid!. Y dejen de jugar, bajen a la calle, vayan a Pozas y vean como más de 50.000 personas vuelven extasiadas de San Mames. Del nuevo San Mamés.  Y dejarán volar la imaginación como yo lo hice hace 44 años. Pero eso yo ya no lo veré, salvo que me muerda un vampiro y me convierta en inmortal, cosa poco probable por mi aversión a los vampiros. Por eso, para mí, San Mames siempre será el que dentro de nada quedará reducido a escombros. El que desde los 10 años alimentó mis sueños y en el que viví momentos como este

 

Hay cosas que deberían durar para siempre.  

 

Salvando los muebles

Por: | 23 de mayo de 2013

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Esta tarde comienzan los playoffs de la Liga Endesa con unas cuantas urgencias. Las del Madrid, Laboral Kutxa y Barcelona por dar lustre a sus temporadas, lujosa en halagos pero vacía en títulos en el caso del Real Madrid, irregular y ciclotímica si hablamos del Baskonia y sospechosa la del Barcelona. La huelga de jugadores añade un punto de incertidumbre al momento cumbre la temporada doméstica, al que por encima de quien tiene razón o no, cosa que reconozco se me escapa, no le hace nada bien a la competición en un momento en que en lugar de hablar de conflictos laborales, deberíamos hacerlo de las eliminatorias, en su mayoría atractivas. Como de líos administrativos sé bien poco, hablemos de baloncesto.

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Real Madrid-Bluesens. A priori el enfrentamiento más desequilibrado. El Real Madrid tiene la obligación de concretar con un título las buenas sensaciones que lleva todo el año emitiendo pero que a día de hoy no  se han traducido en ningún título de enjundia. Coronados Mirotic como MVP de la temporada, Laso como mejor técnico y Rudy como jugador más espectacular, llega la hora de recoger un botín más sabroso. En este primer escalón se encontrará con el Bluesens, de fiesta desde que el Unicaja se despeñase en Barcelona. Seguro que no regalarán nada, pero sospecho que para los gallegos serás más una fiesta con la que celebrar su extraordinaria temporada que un enfrentamiento a cara de perro. Ahora bien, un equipo que ha ganado este año en Madrid, Barcelona, Vitoria y Málaga no es como para no prestarle atención. Aún así, no veo otra cosa que una victoria blanca por la vía rápida. Pronóstico: 2-0 Real Madrid

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Laboral Kutxa-Herbalife. Hay que darle a estos dos equipos el mérito que se merecen. Los vitorianos pueden presumir de una temporada regular convulsa pero efectiva en resultados. El equipo parece enchufado y más estable que en cualquier otro momento de la temporada. Los canarios vuelven otra vez a entrar en los playoffs, lo que por un lado no debería sorprender, pues llevan años haciéndolo casi cada curso, pero viendo altibajos de otros equipos, su contumaz presencia adquiere relevancia. Cierto es que la barrera de los cuartos de final parece insalvable para los insulares, y más si tenemos en cuenta su desventaja de campo, pero su fortaleza en casa me inclina a pensar que esta serie podría llegar al tercer partido. Pronóstico: 2-1 Laboral Kutxa

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Barcelona-Uxue Bilbao Basket. No diré que han sido dos decepciones, pero sí que ninguno de estos dos equipos han terminado ocupando los lugares que en un principio se podía prever. El Barcelona por fuerza ha tenido que salir tocado del fiasco londinense y su recorrido hasta el ansiado título es un camino de obstáculos donde deberá recuperar el juego y ánimo que mostró en Febrero y Marzo y que se extravió para no volver en los cuartos de final de la Euroliga. El Bilbao Basket, si tenemos en cuenta su último mes de competición, no está para casi nada, pero los playoffs tienen la ventaja que te permite resetear y comenzar de cero. Pero su tendencia ha sido tan decreciente que mi bola de cristal no le otorga, ni aún contando con efecto Mirivilla, muchas opciones. Pronóstico: 2-0 Barcelona 

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Valencia Basket-CAI. Por último, el choque estelar, al menos por lo incierto, de todos los cuartos de final. Dos locomotoras que han llegado al final de temporada lanzados, con gran juego y resultados acordes a él. Pelearon hasta el final por el cuarto puesto y se me antoja que ambos equipos eran conscientes de su importancia. El Valencia tiene mayor responsabilidad, pues con lo hecho por el CAI hasta ahora, le da para considerar a su temporada como magnífica. De los valencianos siempre esperamos algo más. Por otro lado, la baja de Norel es un enorme contratiempo para los maños, a sumar a la desventaja de campo. Preveo partidos apretados pero un triunfo final del Valencia, que si se cumplen los pronósticos, podrá asaltar al favorito para el título, que no es otro que el Real Madrid. Pronóstico: 2-1 Valencia Basket

Pues eso, que los hados sean propicios, que se llegue al acuerdo, que veamos buen baloncesto y que el sistema de competición actual tenga el sentido que debe a través de un mes de baloncesto intenso  apasionante. Estaremos atentos. 

Cinco reflexiones para cerrar la Final Four

Por: | 14 de mayo de 2013

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El asalto a la Euroliga terminó malamente y nuestros dos aspirantes se volvieron de vacío. Con algo más de reposo y recuperado de la noche londinense, que tiene mucho peligro, cerremos el tema con cinco reflexiones cinco, de la ganadería palomero.  

Ganó el mejor. Ya he comentado en más de una ocasión que el sistema de competición de la Euroliga no me parece el más justo. Después de tropecientos partidos y un playoff a cinco, liquidas la competición en un fin de semana con dos cara o cruz. Por eso no sé si en otro modelo, el de NBA o Liga Endesa, por ejemplo, el final hubiese sido el mismo. Pero lo que no tengo ni la más mínima duda es que en Londres, el Olympiakos ha sido el mejor de largo. Laminó hasta la exasperación al supuestamente poderoso CSKA, que vivió un infierno de principio a fin, y más allá del primer cuarto, dominó desde entonces y con claridad al Real Madrid. Sospecho que hemos pecado un poco de cierta infravaloración del equipo griego. Yo el primero, pues le daba por perdedor ya en la semifinal. Aunque estábamos hablando del vigente campeón, parecía que esto había sido obra de un milagro, el de la final de la temporada pasada, y los milagros se dan de pascuas a ramos. Su trayectoria este curso tampoco dio como para tenerle miedo y las pasó canutas ante el Efes en cuartos, que tampoco es el Efes un rival que de para tanto. Pero puede que se nos olvidase que en este tipo de competiciones, los griegos se mueven como pez en el agua. No es la primera vez que llegan con la lengua fuera a la final a cuatro y terminan llevándosela a casa. Jugando en la agonía del ser o no ser en cuarenta minutos se manejan a la perfección y tampoco les falta juego. Su nomina de jugadores expertos y baqueteados es larga, tienen físico, profundidad de banquillo, ideas muy claras y juego muy coral. Con ellos enfrente los partidos se hacen muy largos y no pierden la compostura nunca. Si encima les sale un día donde las meten hasta de espaldas, pues apaga y vámonos. Habitualmente no soy muy fan del Olympiakos, pero en esta ocasión me tengo que quitar el sombrero. 

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Hombres contra niños (dicho con todo el respeto hacia el Real Madrid). Hubo un momento durante la final que me vino una imagen peliculera a la cabeza. La de ese grupo de adolescentes americanos que salen de fiesta y de repente y por una equivocación terminan en un tugurio lleno de hombres de pelo en pecho, marineros con varias vueltas al mundo a cuestas, gente de mal vivir, mucho humo, un pianista al que nadie le hace caso y siempre una pelea a punto de empezar. Mirabas la cara y la pinta de gente como Antic, Printezis o incluso Spanoulis y luego a los jóvenes y angelicales madridistas, y hasta pasabas miedo por ellos. Estoy exagerando, claro, pero sí que el partido transmitió, una vez se difuminó el subidón madridista inicial, que allí había una clara desventaja en veteranía, madurez y saber estar, cuestiones básicas en este tipo de partidos. Luego estaba también el juego, claro, donde al Madrid también se le echaron cosas en falta. Ese pivot duro, roqueño, intimidador, sobre el que puedes hacer girar el juego pues no sólo asusta sino que le buscas para darle el balón con la confianza que sabrá qué hacer con él. Ese pivot que lleva buscando hace años el Madrid y que no lo encuentra. U otro Carroll más parecido al habitual y no al que se le ha encasquillado la metralleta en el peor momento posible. Tampoco hubiese venido mal un mejor equilibrio entre el juego interior y exterior que no deje al equipo demasiado a expensas de porcentaje en triples. Cuando te meten 100 puntos en un partido, es difícil hablar de eficacia defensiva y tampoco fue un buen día para los dos Sergios e incluso Rudy, cuyos números estuvieron por encima de su incidencia.  Pero aun contando con estos peros, el partido me dejó la sensación que lo había ganado Olympiakos más que haberlo perdido el Madrid. No es que consuele mucho, pero sí un poco. Mayor alivio produce el pensar que el Madrid tiene un futuro que invita al optimismo, con un equipo joven, un entrenador competente y un estilo que gusta y además funciona. Este es el mejor antídoto con la decepción. Habrá más oportunidades y llegará el momento donde meterse en el garito de la gente peligrosa no producirá ninguna inquietud. 

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Menos consuelo para el Barcelona. “No es mi trabajo pero sí, creo que debemos reforzar el equipo”. El que ha dicho esto no es uno cualquiera, sino Juan Carlos Navarro, santo y seña del Barcelona. No le falta razón, pues su equipo se quedó muy corto en la gran cita. No sabemos qué hubiese ocurrido si hubiese podido contar con Mickael y Jawai, pero eso entra dentro del siempre resbaladizo terreno de las suposiciones. El caso es que en el momento cumbre, los azulgranas se quedaron muy lejos del equipo que hasta cuartos de final dominó la competición con claridad. Demasiado dependientes de Navarro y Tomic, con Lorbek fuera de foco, Marcelinho sin encontrar el punto ideal de cocción y poco aporte de la segunda unidad, dio la impresión que para el futuro necesita algo más que un repaso de chapa y pintura. Le falto pujanza física y también juego, a mitad de camino entre veteranos con problemas y jóvenes que todavía no han dado el salto competitivo. Llegan ahora los playoffs y no hay mucho tiempo para la reflexión o arreglos milagrosos, por lo que tendrán que tirar con lo que tienen. Que tampoco es poco, ni mucho menos. El Barça ya ha demostrado su capacidad para sobrevivir, pero ni siquiera un éxito en la Liga parece que debería evitar una renovación de cierto calado. 

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El arbitraje. Distando mucho de ser una excusa, tengo serias dudas de si la permisividad arbitral que se ha visto durante todo el fin de semana favorece un juego más vistoso y generoso con el espectador, al menos para los no amantes de la lucha libre. Se permitió todo o casi todo y ese baremo siempre favorece a aquellos que juegan al límite de lo permitido. En este caso, por ejemplo, a la defensa griega. Insisto que no es una excusa para justificar nada, pues ni rusos ni madridistas perdieron por ello (el Madrid hizo 88 puntos, lo habitual) pero tanto mandoble favorece más a los expertos en destrucción que a los amantes de la construcción. Viendo por ejemplo la primera semifinal, reflexionaba sobre el atractivo que puede tener un partido así para el aficionado menos entendido o menos comprometido emocionalmente con alguno de los dos equipos. El baloncesto europeo tiene problemas de captación de seguidores y creo sinceramente que se debería proteger más a aquellos que son capaces de generar elementos que se asocian con el atractivo del juego. Sí, ya sé que una defensa puede tener su belleza, pero no acabo de ver los beneficios de permitir que un partido de baloncesto se convierta en un intercambio de leñazos. 

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El puto amo. Me cuesta recordar otra competición donde un jugador haya mandado tanto, tan bien y de forma tan decisiva. Lo de Spanoulis fue de traca y su MVP, incuestionable como pocas otras veces. Se jugó como él quiso, machacó el aro cuando había que hacerlo y dominó el escenario como si fuese Mick Jagger en un concierto de los Rolling Stones. Ya en la última etapa de su carrera, la cabeza le funciona mejor que nunca mientras el físico y sobre todo su muñeca, no le ha abandonado ni mucho menos. Fue un director de orquesta perfecto, pero además de dirigir con su batuta a sus compañeros, cuando era necesario la cambiaba por un martillo pilón para dejar temblando a sus rivales con sus triples. Fue principio y también final de un equipo armonioso que puede presumir que su jugador referencia siempre está de guardia.  Menudo crack. 

Pues eso, dicho esto, cerremos la tienda europea y a otra cosa mariposa. Ya no va a haber ni novena ni tercera pero la vida sigue. Como lo hecho, hecho está, sólo queda por desear que  se cumpla esa máxima que reza que de las derrotas se aprende más que de las victorias. Negadas estas, que el análisis traiga soluciones para que en doce meses, los resultados sean otros.

Ah, Antes de que se me olvide, si vais a Londres, os recomiendo The Box. Uffffff.  

 

Los extremos se tocan en la final

Por: | 12 de mayo de 2013

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Desde que el Madrid encontró su camino hace poco más de año y medio y poco a poco fue limando diferencias frente al Barcelona hasta el partido del viernes -no digo suponga un cambio de ciclo, pero sí al menos un cambio de tendencia, pues el Madrid ha pasado a ser la referencia, la vara de sobre la que medirte que antes el Barcelona- uno de los puntos clásicos de análisis se ha centrado en los muy diferentes estilos que poseen ambos equipos, lo que suele derivar hacia el control del ritmo de juego como una de las claves de sus enfrentamientos. En la semifinal los beneficios y penitencias que sufrían los dos cada vez que era el rival el que marcaba el tempo fueron más evidentes que nunca. Los cuartos impares, dominados por el Barcelona, se jugaron bajo un férreo control azulgrana, dispuesto a todo para evitar que el partido cogiese fluidez. Los pares, con la presencia de Sergio Rodríguez, se disputaron a otra velocidad, a un ritmo mucho más alto y reportaron enormes dividendos a los madridistas. El más importante, la victoria final.

Bueno, pues esta disparidad a la hora de jugar y entender el baloncesto da una nueva vuelta de tuerca en la final. Si la distancia que separa los modos y maneras de actuar entre Madrid y Barça es grande, la que tienen Madrid y Olympiakos casi podemos decir que se convierte en sideral. Donde uno busca el ritmo, el otro la pausa, mientras uno persigue los espacios abiertos, el otro es un provocador de claustrofobias, si a uno un buen tiro le vale siempre, sea el momento que sea, el otro sólo entiende el ataque a la canasta cuando la reglamentación no le permite ya más posesión de pelota, si el Madrid necesita encontrar el placer en el juego para dar lo mejor de sí mismo, al Olympiakos sólo le interesa el marcador, no atiende a disfrutes de ningún tipo y tampoco entiende un partido sin convertirlo en una batalla de desgaste sicológico donde el pasarlo bien siempre queda para después. Por si todo esto no fuera suficiente, el Madrid es joven y hace 18 años que no juega esta final mientras el Olympiakos pinta canas, es el actual campeón y sus riendas las marca un veterano de mil guerras como es Spanouli. Vamos, que los dos equipos se parecen en el blanco de los ojos y poco más.

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Eso sí, nadie se va a poder sentir ni engañado ni sorprendido. Los dos idearios son irrenunciables y ahí están las semifinales para confirmarlos. El Olympiakos le metió una paliza al CSKA a base de una defensa ya de por sí agresiva y que con la permisividad arbitral que parece reinar en esta Final Four le permite llevarla a terrenos de garrotazo y tente tieso, lo que le terminó por desquiciar a los fortachones rusos. Y en ataque, el que tire a menos de 20 segundos de posesión y sin el permiso de Spanoulis, se la carga. Total, partido trabado, si es a 60 puntos mejor que 70, sin ni una sola concesión a la galería ni un motivo de satisfacción salvo para sus incondicionales aficionados. Baloncesto nada sugerente, que no invita a pasar un segundo más de lo necesario delante del televisor, pero que para desgracia del pasado reciente, presente y futuro de este deporte, es eficaz y gana títulos.

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Difícil papeleta para el Madrid, lo que tampoco es motivo de extrañeza pues estamos hablando de la gran final. Va a tener enfrente un equipo experto, duro y bragado, con una capacidad de destrucción muy difícil de salvar y un excelente manejo del partido sicológico que te lleva al diván en cuanto te despistas un poco. Encima se anuncia la llegada de unos miles de aficionados griegos más a sumar a los que ya pululan por aquí, por lo que la superioridad en las gradas va a ser grande. Por ello el Madrid necesitará constancia, paciencia, temple, ideas claras y habilidad para lograr al menos en determinados momentos zafarse de la camisa de fuerza a la que le someterá el equipo griego. Pero tiene el suficiente talento, fortaleza, variedad de recursos tácticos y humanos y una moral multiplicada después de superar el síndrome azulgrana como para ser optimistas. La novena espera. Que llegue ya.

 

El País

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