Londres. Instrucciones de uso

Por: | 09 de mayo de 2013

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Vista nocturna del O2

Este blog tiene, como bien sabéis, vocación de servicio público. Por eso y dado que este fin de semana va a producirse un desembarco de madridistas y culés en Londres por la Final Four, pues me veo casi obligado a dar una serie de instrucciones para que vuestro viaje sea lo más agradable posible. Eso sí, no puedo hacer nada para que vuestro equipo gane, por lo que me ceñiré a cuestiones de intendencia, conocimientos generales y alguna que otra recomendación. Vamos allá. 

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1. Los ingleses no son como nosotros. No comulgan con el euro, prefieren las millas a los kilómetros, conducen por la izquierda, los enchufes de electricidad son endiablados (llevar adaptador) tienen cariño a Mourinho y su concepto de estar moreno es lucir el color de una gamba roja. Aunque os entren ganas de hacer apostolado y que entren en razón, ni lo intentéis. Es un caso perdido. 

2. El baloncesto les interesa entre poco y nada. Por eso no les habléis de Navarro, Lorbek, Rudy o Llull, porque ellos te saldrán con Ronaldo, Messi, Iniesta o Xabi Alonso. En el fondo son muy suyos y como el baloncesto lo inventaron en Estados Unidos y no en Inglaterra, como ocurrió con el fútbol, pues no le hacen ni caso. Allá ellos.

3. A la hora de llenar el buche, ten en cuenta los horarios. Allí no se come entre las dos y las tres, ni se cena entre diez y once. Ya, ya sé que las doce de la mañana no es ni siquiera la hora del aperitivo, y a las seis de la tarde el cuerpo te pide más un gintonic que una ensalada con pepino, pero vuelvo a lo mismo. Son muy cabezotas y no les vamos a cambiar en un fin de semana. Tampoco tengas grandes esperanzas culinarias. Salvo que quieras donar un riñón, comer es más cuestión de supervivencia que de placer. 

4. Contraataque. Si por lo que sea un inglés se pone a darte la brasa con su historia, su música, los reyes legendarios, la batalla de Trafalgar, Gibraltar y cosas así, te dejo un dato para que contraataques. Según una encuesta reciente, España ocupa el noveno lugar en los países donde más se hace el amor, e Inglaterra es el cuarto por la cola (y nunca mejor dicho). Hasta ahora siempre habíamos creído que los ingleses vienen a España por el sol. ¡Que equivocación! Vamos, que lo tienes crudo este fin de semana para comerte una rosca, salvo que la lleves desde aquí. 

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5. Precios. Prácticamente todo en Londres es caro. Los hoteles, la comida, las compras, y sobre todo, por comparación, el transporte público. Tren, metro, autobuses, todo. Tanto que muchas veces te sale a cuenta ir en taxi como un señor. Por cierto, ¡como molan los taxis! No sabéis lo que agradecemos los altos ir en esos cacharros. 

6. Trabajo previo. Procura evitar pasarte los tres días preguntando “¿qué hora será en España? y haciéndote un lío con que si es una hora más o una hora menos. ES UNA HORA MÁS. Repítelo unas cien veces hasta que se te quede. De igual forma, una libra es más o menos 1,2 euros. Practica esta multiplicación y deja de dar la brasa con ¿esto cuanto es en euros?

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7. No es necesario ir montando el número por la calle, ni cantar a la menor oportunidad, ni mucho menos insultar a los que veas con la bufanda del equipo rival. Y sobre todo, !no te quites las camiseta!". Recuerda siempre lo que sientes cuando ves en la tele las imágenes de los aficionados ingleses o alemanes cuando vienen a España. ¿Vas a querer ser tú como estos de la foto?

8. Advertencia cultural. En Londres, además de bares y restaurantes, hay también museos. 

9. Advertencia económica. No te dejes llevar por las ganas de llamar a todos tus amigos que no han podido ir para recordarles que tú si estás en Londres. Al final provocar envidia te puede salir caro. Desactiva el 3G y la transferencia de datos nada más llegar a Londres, salvo que tengas un plan ad hoc, pues nuestras queridas compañías telefónicas, a la que te descuidas, te meten unos viajes que para qué. Busca una wifi gratuita y bombardea a tu gente con fotos en Feisbul (Rajoy dixit) o Twitter. 

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10. No es absolutamente necesario, repito, no es absolutamente necesario ir al Palacio de Buckingham, ni tampoco sacarte una foto con un Bobby. Es más, incluso lo desaconsejo, pues va a estar lleno de gente que no me va a hacer caso a esta recomendación. Y olvidaros de subiros en la noria si no estáis dispuestos a pasar una hora o más en la cola. Por cierto, en general, los ingleses suelen ser muy respetuosos con las colas. O sea, que no vayas de listo hispánico y respétalas tu también. 

11. No te deprimas cuando compruebes que tu inglés es algo más macarrónico de lo que pensabas, pues no logras ni entender ni hacerte entender con los nativos. Recuerda entonces a gente como Robinson o Arlauckas, que veinte años después de establecerse en España, todavía a veces no se les entiende. Si esto no es suficiente, piensa en la mayoría de nuestros políticos, empezando por el gran Aznar, el rey del acento. ¡Fuera complejos!. Sigue intentándolo. 

12. Tristeza la justa. En el caso que tu equipo pierda la semifinal, que el mosqueo no te dure más allá de la segunda copa. Estás en Londres, te quedan dos días para disfrutar de una magnífica ciudad y antes de que te des cuenta estarás en otra Final Four. Eso sí, procura no cruzarte mucho con aficionados del equipo ganador, pues no creo que sean capaces de reprimir una mirada, una sonrisita o algún comentario no precisamente de ánimo. No lo tomes a mal. Seguramente tú harías lo mismo. 

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13. Mitmanía. Si eres beatlemaníaco y tienes pensado irte al paso de cebra de Abbey Road a sacarte una foto cruzándolo (superoriginal, por cierto) ten en cuenta que en Londres hay ¡20! calles llamadas Abbey Road. Asegúrate que es la correcta. Y tampoco te hagas ilusiones y ahorrate la visita a Nothing Hill con la esperanza de encontrarte con Julia Roberts. ¡Era una película!.

14. Mala suerte. Completamos el número mágico de 14, llevado por grandes deportistas de la historia, con algo que os sorprenderá. Este fin de semana va a llover en Londres. Es raro, pues como sabéis el clima de la City suele ser radiante, sólo comparable al de Santiago de Compostela, pero en esto vamos a tener mala suerte. Por eso no olvidéis llevaros ropa de lluvia y teclear en google “cosas que se pueden hacer en Londres cuando llueve”. 

Termino con una frase que solía decir mi madre después de alertarme de ciertos peligros y darme recomendaciones para mis viajes. “Luego no digas que no te he avisado”. 

 

Postata.- ¿Y el partido? Pues es entre lo que he dicho en la entrevista digital de esta mañana y el artículo que se ha publicado hoy en el Pais, pues poco más queda por decir. Al menos hasta que llegue a Londres y vea como está el ambiente.  

 

El síndrome Abraracurcix

Por: | 07 de mayo de 2013

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De vivir hoy en día, Abraracurcix, el maravilloso jefe de la aldea de Astérix, no saldría de casa. No sería extraño. El bravo personaje creado por Goscinny y dibujado por Uderzo sólo temía por una cosa, que el cielo se cayese sobre su cabeza. Y por lo que parece, el cielo no para de desplomarse sobre nosotros. O al menos esa sensación da. Y no me refiero a la actual situación político-económica, donde lo peor siempre llega detrás de lo malo, sino al extremismo en el que muchas veces se mueve el universo deportivo. Cayó el cielo sobre la afición madridista cuando el sueño de la mítica décima se esfumó a pesar de su (casi) heroico arrebato final ante el Borussia. Cayó el cielo sobre la afición azulgrana, a la que el Bayern el hizo un siete y puso en cuestión pasado, presente y futuro (hasta extremos difíciles de entender). Parece caer el cielo encima del Real Madrid en este final de temporada, con su entrenador ajustando cuentas a diestro y siniestro y dispuesto a largarse dejando un reguero de rencillas, malos rollos y manipulaciones de la historia. Se le cae el mundo encima a los culés cada vez que Messi se toca la pierna derecha. Se augura que a Real Madrid o Barcelona, versión baloncestística, se les caerá el cielo encima si salen derrotados el viernes en Londres. 

El caso es que ni antes, ni ahora, ni creemos que a corto plazo, después de ninguno de estos días “nefastos” la tierra dejó de girar y el sol dejó de salir por el este y largarse por el oeste. Y todas estas calamidades fueron poco a poco olvidadas por las ilusiones futuras, que mal nos iría en la vida si una cosa no pudiese con la otra. Y el Barça celebrará el título de liga esta semana o la que viene, y los diez jugadores a los que había que cambiar el miércoles por la noche, ya sólo serán 7 u 8, que se quedarán en 4 u 5 cuando las vacaciones atemperen definitivamente los ánimos. El Real Madrid, por su parte, además de atender a una final de Copa, que no es moco de pavo, comenzará una nueva vida con la salida de Mr. Cicuta, al que a este ritmo sólo llorarán su pérdida aquellos a los que un dedo marca el camino. Dejará mucha porquería a limpiar, pero el Madrid lo superará, seguirá teniendo un extraordinario equipo, una historia legendaria en la que fijarte y aprender y un seguimiento social masivo. Y la décima, ahora motivo de tormento, volverá a ser un estímulo. De sus respectivos equipos de baloncesto, uno llorará el viernes y otro se dará un alegrón, pero ni lo uno ni lo otro llegará sin fecha de caducidad, la que impondrá nuevos objetivos. Por escampar, escampará hasta para Pau Gasol, que lleva dos años viviendo la tormenta perfecta, de igual manera que para Nadal vuelve a brillar el sol mientras no deja de auscultar su rodilla. Y Fernando Alonso ganará o no su tercer mundial, pero ni lo uno ni lo otro impedirá rearmarse una vez más en los meses invernales. Ahí tenemos tambien a Lebrón James, luciendo galones y MVPs, pero que hasta la temporada pasada se le abría el suelo bajo sus pies al no conseguir el anillo anunciado desde hace tiempo. Y comprobamos que casi nada, ni lo bueno ni lo malo, dura para siempre. 

Pero ni con la sabiduría que debería dar el conocimiento, dejamos de correr peligro de infección del síndrome Abraracurcix. Cuando lo sufres, no hay forma de pensar con tranquilidad, decidir con libertad, no dejarte llevar por el presente más inmediato o elaborar planes sensatos. Conmocionados por la cercanía de un revés,  gobernados por la emoción y la sensación de que algo se nos ha caído encima y nos ha dejado para los restos, nos acecha el riesgo de hipotecar el futuro por las prisas del presente. No es fácil vacunarte ante esto, pero de algo nos tiene que servir la memoria. Esa que nos dice que nada es tan grave, y que aunque parezca difícil de asimilar, la comedia es igual al drama más una adecuada ración de tiempo. 

 

 

 

 

 

Remontadas

Por: | 30 de abril de 2013

Remontada

No descubro la penicilina diciendo lo diferentes que son el Madrid y el Barcelona. Su ya crónico antagonismo no sólo se basa en procedencias, cuestiones sociológicas, políticas y una historia plagada de desencuentros.  También son diferentes a la hora de afrontar hechos puntuales como el que vamos a vivir esta semana. La semana de las remontadas. Mientras al Madrid un resultado tan adverso como el que recibió en Dortmund le inflamó el espíritu, desde Barcelona se han recibido más indicios de escepticismo que toques de trompeta (y los que ha habido me han parecido más periodísticos que otra cosa). A priori parece más estimulante agarrarse a un sueño, aunque haya que remontarse veinticinco años para encontrar referentes, pero cuando en un determinado momento una seña de identidad se incrusta en el ADN de un colectivo, no corre peligro su desaparición por muchos años que pasen sin confirmarla.  

El motivo de esta nueva discrepancia entre ambas entidades seguramente hay que buscarla en el ideario de cada uno de ellos. En el Barcelona todo comienza, pasa y termina en el juego. Y el juego tiene que ver con el balón. Lo demás queda en segundo plano. A través del juego y el balón se explica casi todo. Lo bueno y lo malo. Y la semana pasada, lo que el juego y el balón dejaron bien claro en Munich es que a día de hoy, la superioridad alemana no admite discusión. Si a esto le sumamos otras cuestiones como el físico y el hambre, llegamos al 4-0. En Madrid, en cambio, el juego y el balón no es lo único. A veces incluso da la impresión que es algo secundario. Por eso, aunque el repaso recibido fue parecido al del Barça, la posible remontada se visualiza basada en otros factores como el miedo escénico, la presión de la grada, alguna patadita más de las que se dieron en Dortmunt y los referentes históricos que hablan de reacciones legendarias ante situaciones límites como la de hoy. Se rescata a Juanito, que como ya he dicho por aquí en alguna ocasión, encarna lo mejor y también algunas cosas no tan buenas, se lanzan videos, aparecen protagonistas pasados, se reedita el “Manual de una remontada” y jugadores y aficionados aguardan el inicio del partido como un toro en chiqueros, ansiosos porque se abra la puerta para salir al ruedo a todo trapo. ¿Algún análisis futbolístico de lo que ocurrió y por qué ocurrió lo que ocurrió en Dortmunt? Los justos y muy básicos. “Jugamos como si fuese un amistoso”. Y se acabó. ¡Que empiece ya el partido!. 

Tanto desde la inflamación emocional como desde la dignidad competitiva, la tarea de ambos es hercúlea. Pero no sólo porque delante van a tener a dos equipos en efervescencia, que ya no sólo corren y abusan de su físico, sino que saben perfectamente qué hacer con la pelota, que no parecen de los asustadizos y que se tienen bien estudiado los manuales de desactivación de sus rivales, sino porque por diferentes circunstancias, Barça y Madrid llegan bastante pelados. No son sólo los alemanes los que me incitan a la desconfianza, sino los nuestros. Los azulgranas llevan tiempo con la reserva energética muy limitada y dando desde señales de cierta agonía física. Los madridistas, por otro lado,  siguen reacios a una mínima elaboración del juego, vital cuando los partidos no transcurren de la forma y manera ideal para sus características o intereses. 

No, no soy especialmente optimista, ni en uno ni en otro caso. Busco razones para alimentar la esperanza, y no encontrándolas en el juego, sólo me queda recordar, y no me refiero únicamente a la historia blanca, que estamos hablando de deporte, de fútbol en este caso, un universo que basa buena parte de su atractivo en su capacidad para saltarse las normas, los pronósticos, para sorprenderte cuando menos te lo esperas, para convertir casi instantáneamente a héroes en villanos y viceversa. Por eso, aunque muy escéptico, haré como mi amigo Ignacio, que cuando salíamos siempre se quedaba hasta que se fuese el último. “No me voy, no vaya a ser que al final esta sea LA NOCHE”. Pues eso. Que aunque el principio de la historia no augura nada bueno, yo me quedo pendiente hasta el final, no vaya a ser que me pierda algo grande. Y no me refiero a la novia de Ballotelli, que ya tiene bastante con las chorradas que dice su amado.

Novia Ballotelli

 

 

Entre el fin del mundo y los libros

Por: | 23 de abril de 2013

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En un día como hoy, había dos opciones. Una, escribir sobre el fin del mundo, y quien dice fin del mundo dice las semifinales de la Champions, y otra hacerlo sobre libros. La elección no es fácil, pues aunque apetece alejarse de la sobresaturación informativa que está provocando las dos eliminatorias hispano-germanas-futboleras, hay que reconocer que el asunto tiene su miga. Y no me refiero a la posible sed de venganza a través del deporte (nuestra mejor arma) contra el yugo económico alemán, que, aunque nos distraigamos con corruptelas, inoperancias, mentiras, reformas que no reforman, el irritante “y tú más” y otros vicios muy nuestros, es la causa directa de todas nuestras penas (corre el rumor que la letra de los papeles de Bárcenas es de Merkel). Eso lo dejo para los que gustan mezclar churras con merinas. Hablando simplemente de deporte y de futbol, hacía tiempo que no nos encontrábamos con una doble pelea tan atractiva. Pero doctores tiene la iglesia y sólo dejaré constancia de cierta cuestión que me tiene un poco perplejo. Normalmente se considera probado que los alemanes son serios, trabajadores, con humor limitado y cuyo sentido lúdico de la vida no tiene ni comparación con el nuestro, maestros en el arte de pasarlo bien. Supongo que como todos los estereotipos, habrá parte de razón y parte de tópico. Ahora bien, observando como se está tomando estas eliminatorias desde Madrid y Barcelona por un lado y Munich y Dortmund por otro, pondría en duda nuestras creencias. Escuchas, ves y lees a entrenadores, jugadores, aficionados y medios de comunicación y tengo la sensación que mientras unos van a una fiesta, otros van a la guerra, donde o sobrevives o mueres. Donde unos ríen y bromean, otros muestran una cara seria, como si la sonrisa fuese síntoma de falta de responsabilidad. Donde unos ven un juego, otros ven una cruzada. Y en esta ocasión, los serios no son los alemanes. 

Pero dejemos el tema, que hoy es el Día del Libro, por lo que no puedo resistir la tentación de recomendar algunos que me han hecho pasar buenos ratos. Haré un 5+5. Cinco de temática deportiva y otros cinco alejados de ella. No están en orden de importancia o placer que me ha provocado su lectura. 

-Héroes de nuestro tiempo. Santiago Segurola. 

Heroes de nuestro tiempoMe unen unas cuantas cosas con Santi. Es de Barakaldo, que es casi como ser de Bilbao, es más del Athletic que San Mamés, le encanta el baloncesto,  coincidimos en bastantes gustos musicales y trabajó durante muchos años en el País. Ahora bien, en lo que no le alcanzo ni de lejos es en la extraordinaria capacidad que tiene para escribir sobre sus pasiones. Llevo leyéndole desde hace muchos años y me sigue pareciendo un referente ineludible para hacerme disfrutar con la lectura. Este libro es un compendio de grandes artículos, que los ha escrito a docenas y que espero seguirá haciendo durante mucho tiempo. Todo un maestro.  

Rafa, mi historia. John Carlin

UnknownHablando de gente que escribe muy bien, John Carlin es otro buen ejemplo. Si encima lo hace sobre un deportista al que admiro como es Rafa Nadal, su lectura es casi obligada. Es un libro de encargo, pues se lo ofrecieron, pero eso no impide que Carlin haya dejado su impronta de gran observador del universo deportivo y sus protagonistas. Rafa es uno de los principales, y aunque 25 años normalmente no dan para mucho, cuando se trata de un personaje como Nadal, su vida posee elementos suficientes como para que un escritor como Carlin logre dibujar el universo en el que se mueve uno de los grandes iconos de nuestra sociedad. 

-¿Me puedo quedar con la camiseta?. Paul Shirley

Unknown-1Este no lo he leído todavía, pero me atrevo a recomendarlo con la seguridad de estar ante un libro que merece la pena. Paul Shirley, al que podemos leer todos los lunes en el País, es un tipo curioso. O al menos lo es la forma que tiene de contar las cosas. Heterodoxo al 100% su estilo resulta siempre sorprendente, pues no utiliza caminos habituales para explicar lo que quiere explicar. No es un estilista pero no deja nunca de sorprenderte. Tiene mucho sentido del humor, sabe reírse de él mismo y atesora suficiente experiencia como para saber de qué está hablando. 

-El ritmo de la cancha. Jacobo Rivero

Unknown-2Entrenador de categorías inferiores del Estudiantes, periodista y viajero, Jacobo nos cuenta 13 historias independientes con un hilo común, el baloncesto. Su ubicación geográfica va desde Egipto a  Argentina, de Filipinas a Vietnam, de Palestina o Somalia a Estados Unidos. Algunos son lugares de clara referencia baloncestística, otros parece mentira que puedan tener relación. Se lee bien porque por encima de tratarse de historias de baloncesto, son atractivas historias bien contadas.  

Futbolistas de izquierdas. Quique Peinado

Unknown-3Termino con un amiguete. Quique Peinado es un tipo inquieto que se ha decidido a realizar todo un trabajo de campo buscando afiliaciones políticas, en este caso de izquierdas, en un mundo muy poco dado a proclamarlas como es el futbolístico. La portada es para Sócrates, un artista con pies de bailarina, uno de esos raros personajes que nunca tuvo ningún reparo en opinar sobre un tema que para otros es tabú. Según cuenta Quique, gente como Del Bosque o Valdano declinaron la invitación para formar parte de este elenco, lo que demuestra que todavía en España el poder decir libremente tus preferencias políticas es una asignatura pendiente. Esto hace más interesante el leer a gente que lo tiene superado y que no muestra ninguna reticencia a hacerlo.  

Vayamos con los otros cinco. No son lo que se dicen novedades editoriales, pero con el problema general de liquidez que tenemos, hay que ir a lo seguro. Eso sí, son todos libros de gente con mucho sentido del humor y con los que me he reido un montón.  

Ni pies ni cabeza. Juan Carlos Córdoba

ImagesEl año pasado hicieron la película, que sospecho que pasó sin pena ni gloria. Pero el libro merece la pena. Una historia de guardias civiles, picoletos o como queráis llamarles. Juan Carlos Córdoba lo fue, por lo que intuyo que sabe de qué está hablando y también sospecho que alguno de sus excompañeros se sintió reflejado en el libro, lo que no le tuvo que hacer mucha gracia. Es un puro delirio, donde a partir del descubrimiento de un cadáver, se desarrolla una carrera de a ver quien es más inepto e incompetente. 

 El asombroso viaje de Pomponio Flato. Eduardo Mendoza.

Unknown-5Descubrir ahora a Eduardo Mendoza está totalmente fuera de lugar. Su lista de libros recomendables es ya enorme, desde el primero hasta el último. El año pasado leí El enredo de la bolsa y la vida y está claro que Mendoza sigue en forma. Este que recomiendo hoy me ganó simplemente con leer la sinopsis. Está ambientada en Palestina, en el siglo primero y cuenta las peripecias de Pomponio Flato, un filósofo romano que es contratado por el niño Jesús para que investigue y salve de la pena de muerte a su padre José, condenado por el asesinato de un rico ciudadano. Ante un punto de partida tan surrealistamente atractivo, ¿quién se resiste a su lectura? 

Una familia feliz. David Safier

Unknown-6Este escritor alemán dio el pelotazo con Maldito Kharma y hace poco ha sacado esta nueva novela donde una familia clásica (padre, madre, hija problemática en plena adolescencia e hijo entrando en ella) que no atraviesa su mejor momento es víctima de un hechizo que les convierte en Frankenstein, mujer vampiro, momia y hombre lobo respectivamente. No es un libro que te cambiará la vida pero sí que pasas un buen rato con las demenciales situaciones que tienen que vivir mientras viajan a Rumanía buscando a la bruja que les hechizó. 

 El abuelo que salto por la ventana y se largo. Jonas Jonasson

Unknown-4Un tipo va a cumplir 100 años y decide que un asilo no es un buen lugar para celebrarlo. Se las pira y además de descubrir las peripecias de un viaje cada vez más rocambolesco, nos enteramos que el tal Allan Karlson es una especie de Forrest Gump, pues casualmente está presente en muchos de los grandes acontecimientos que han ocurrido en el siglo XX. Divertida, sorprendente y con un ritmo de lectura muy fluido, te la lees casi de un tirón y aunque a veces roza la irrealidad, no te impide disfrutar con los avatares del abuelo.  

 La cocina pop del Comidista. Mikel López Iturriaga

Unknown-7Alguno podrá pensar que en esta recomendación me puede la consanguineidad. Está en lo cierto. Pero tampoco os lo recomendaría si no estuviese bien, salvo que mi hermano me sobornase. No lo ha hecho (y bien que lo he lamentado) por lo que mi opinión es libre. Mikel ha conseguido la fusión casi perfecta entre la comida, el periodismo, la cultura pop, una lengua viperina y el sentido del humor clásico de la familia Iturriaga. Como no podía ser de otra forma, pues recibió una educación inmejorable por parte de sus hermanos mayores, Mikel ha conseguido la cuadratura del círculo. Parafraseando al gran Petete y su libro gordo, 

El libro de Mikel te enseña

El libro de Mikel entretiene, 

Y yo te digo contento,

Hasta el libro que viene. 

Postdata.- Os habréis dado cuenta que no he caído en la tentación de hablar de mi libro. Eso no deja para anunciaros que en breve saldrá una nueva edicion, la cuarta, por lo que si alguno de vosotros no cuenta en su librería con este incunable, tiene una nueva oportunidad para comprarlo y poder ir de erudito ante sus amistades. Luego no digáis que no os he avisado. 

Pues eso, suerte al Madrid y al Barça (sin olvidarme del Barça-Panathinaikos del jueves) y si todo va bien, tenemos una cita doble en Londres en el mes de Mayo. Otro fin del mundo. 

 

Control de daños

Por: | 16 de abril de 2013

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Hay una frase que recuerdo desde mi niñez. La escuché unas cuantas veces en una cuantas películas. La situación que la originaba era siempre parecida, por no decir la misma. Un barco, el submarino de Viaje al fondo del mar, o acaso la nave de Star Trek, recibe un ataque o impacta contra un artefacto. Se zarandea un rato, los tripulantes van, vienen y chocan entre sí, las luces se apagan y encienden, suena una sirena, salen chispas de computadoras, monitores o paneles, se abre alguna que otra vía de agua y la cámara agudiza el efecto no quedándose quieta ni un segundo. Por fin, todo se estabiliza, vuelve la luz, los tripulantes se recomponen y entonces se oye la voz del capitán que dice: “Sala de máquinas, control de daños”.

Esta pasada semana Barcelona, Real Madrid, Caja Laboral y Uxue Bilbao Basket chocaron ante Panathinaikos, Maccabi, CSKA y Lokomotiv. A la espera de una nueva sacudida para los tres primeros, vayamos a la sala de máquinas y hagamos un control de daños.

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Empecemos por algo que ya no tiene remedio. Lo del Bilbao Basket. La travesía europea chocó con un iceberg a pocos kilómetros de la costa y los daños son irreparables. La verdad es que no hubo partido y los de Katsikaris vivieron una pesadilla casi desde el principio, cuando se comprobó rápidamente lo que por otro lado ya sabíamos, que el equipo ruso era de armas tomar. Poco o nada que objetar, salvo la superioridad manifiesta del Lokomotiv, y el triple desasosiego del BB. No hubo título europeo, no hubo clasificación para la Euroliga y lo que igual les dolió más, según las declaraciones post-partido, no correspondieron a la enorme movilización que dio con más de 2.000 aficionados en Charleroi.

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No fue una buena semana para el baloncesto vasco, porque un poco más lejos, en Rusia, al barco vitoriano le dejaron casi para el arrastre, aunque todavía flota. Los dos partidos en Moscú dejaron una sensación parecida, que me hizo recordar una frase que me dijo durante la Copa del Rey un vitoriano de pro cuyo nombre no puedo revelar (un buen periodista no revela sus fuentes. Uno malo como yo tampoco). “No estamos para Final Fours”. Después de su meritorio ejercicio de supervivencia, da la sensación que el Caja Laboral ha llegado hasta donde sus fuerzas, talento y capacidad económica le permiten.  Si echamos la vista atrás, su simple presencia en estos cuartos de final valida su temporada europea, cuyo cierre querrá alargar al máximo para dejar una buena sensación. Aún así y visto lo que gustan en Vitoria ir en contra de los pronósticos, queda vida a la que agarrarse. Poca parece, eso sí, pues ganar al poderoso CSKA tres partidos seguidos entra dentro más de un sueño que de algo basado en la realidad.

El que está teniendo una travesía más placida de lo previsto es el Real Madrid, que consiguió que las armasdel Maccabi no pasasen de hacerle un poco de cosquillas. Enormemente liberados con su victoria ante el Efes en el último partido del Top 16 del pesado lastre con el que se fue cargando al mismo ritmo que acumulaba inesperadas derrotas, vuelve a navegar viento en popa rumbo a Londres. Primero fue un Sergio, Rodríguez, el que cogió el timón, y luego el otro, Llull, el que remató la doble faena que les deja a un paso del éxito. Pero quizás el gran triunfador de la semana fue Pablo Laso. Su trabajo a lo largo de estas dos temporadas es incuestionablemente positivo por infinidad de razones. Ahora bien, quizás por esa fea costumbre que tenemos de ser generosos con la alabanza hacia entrenadores de fuera y tacaños con los nuestros, cada mal paso del Madrid (ha habido muy pocos, por cierto) seguían surgiendo dudas sobre su capacidad en comparación con otros nombres ilustres. Uno de ellos estaba en el otro banquillo y se llama David Blatt. Pues bien, Laso estuvo imperial, en lo táctico y también en el manejo de otras situaciones como la discusión que tuvo con Mirotic ante la mirada de todo el pabellón.

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Ejerciendo la autoridad que le da el ser entrenador y asistiéndole completamente la razón, pues Mirotic cometió un error evitable que afectaba al equipo, después el partido tuvo el tacto suficiente como para verbalizarlo sin estridencias, salidas de pata de banco o represalias contraproducentes. Explicó su postura, no cargó contra el jugador y de una forma tremendamente serena y sensata desactivo cualquier efecto secundario. A los entrenadores no sólo hay que evaluarles por el juego o la firmeza de su carácter, sino también por su capacidad de leer y comprender las situaciones “externas” al juego. Y en esto Pablo Laso estuvo también de 10. Eso si, la tarea no está finalizada, pues Tel Aviv no suele ser plaza amigable, por lo que como dice el refrán, no dejes para Madrid lo que puedas hacer en Israel

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Y terminamos con el marrón que tiene el Barcelona por causa de este tiro. Augurando la despedida del Caja Laboral y la clasificación del Madrid, reconozco que mi bola de cristal está muy borrosa en esta eliminatoria. El Barça me sigue pareciendo superior al Panathinaikos en muchas cosas, pero la sacudida ha sido tan fuerte que desconozco el alcance de los daños. Si nos atenemos a lo visto el domingo en el Palau, han sido grandes. Tampoco ayuda el referente de hace dos temporadas, que hasta ahora se está reproduciendo paso a paso. Y es que a pesar de perder pujanza con respecto al pasado cercano, hay algo en lo que el equipo griego sigue siendo ejemplar:  Casi siempre llevan el partido por los caminos que más le interesan. Su dominio del control de juego (o sea, en la destrucción del rimo de juego del rival) utilizando las armas que hagan falta (entren o no en el terreno del fairplay) termina por desactivar las mejores armas de sus contrarios y llevan los encuentros amarrados de forma férrea para alcanzar la zona de definición vivitos y coleando. En ese terreno, cuando es tan importante la cabeza como las piernas o las muñecas, ponen a prueba el sistema nervioso de sus rivales a partir del mando de un tipo como Diamantidis, al que no le suele temblar el pulso ni mucho menos nublar el cerebro. El Barça, que llegaba lanzado a estos cuartos, se ha gripado en el momento menos oportuno y ya sabe lo que le espera en Atenas. Toda una tortura a la que deberá hacer frente sobre todo con gran entereza mental y donde necesita, entre otras  cosas, que Lorbek salga del agujero donde está metido y vuelva a ser reconocible. El equilibrio del juego azulgrana pasa por él y su mal momento (como también pasa cuando está fino) condiciona el rendimiento de su equipo. Esperad un momento. Mi bola de cristal se aclara y dice que el que gane el tercer partido estará en Londres el mes que viene. ¡Menuda novedad!.

Suerte a los treds y nos encontramos en unos días para otro control.

Posdata calificatoria.- Palomero & Itu´s, versión deportiva de Standar & Poor´s, ha variado ligeramente sus calificaciones con respecto a la semana pasada.  Al Barça (3-1 hace siete días) le baja un poco la nota aunque le sigue dando ganador por 3-2. La del Madrid sube y del 3-2 pasa al 3-1. Y se mantiene el 1-3 del Caja Laboral. Lo mismo que la del Olympiakos-Efes (3-0 o 3-1, que mira que nos importa poco).

 

 

 

 

 

Dia grande en Bilbao

Por: | 13 de abril de 2013

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Hoy es día grande en Bilbao, y esta vez no tiene nada que ver con San Mamés, el fútbol, o la última visita del Madrid a nuestro legendario campo en vías de demolición. No, hoy es día de baloncesto y este robo de protagonismo hacia el intocable deporte rey (visto el desprestigio de todo lo real, habría que dejar de llamarlo así) es lo que me sigue resultando de lo más sorprendente. Hasta hace bien poco, esto resultaba impensable. Ni siquiera en un par de temporadas donde el antiguo Cajabilbao tuvo grandes momentos (justo antes de aterrizar yo, ¿casualidad?) la cosa fue más allá de instantes puntuales y alguna que otra foto de portada. Nada que ver con la actual instalación en el ecosistema deportivo bilbaíno del proyecto del Bilbao Basket. Evidentemente no estoy diciendo que Athletic y BB compitan en la misma liga en cuanto atención, seguimiento e impacto. Más o menos les separa la misma distancia que hay entre la NBA y la ACB. Pero sí que la ciudad ha hecho propio al equipo. Ya no es una curiosa anomalía en un universo volcado por pocos con su equipo de futbol (hasta extremos de estudio sociológico) sino que forma parte del paisaje de la ciudad. No os cuento más que acabo de ver la bandera del BB ondeando en lo alto del mítico Puente Colgante, el puente más famoso del mundo aunque los de San Francisco digan lo que dicen del Golden Gate. ¡Vas a comparar!

El proyecto del Bilbao Basket goza de muy buena salud deportiva. Se ha consolidado entre la aristocracia de la Liga, poco a poco ha ido armando una plantilla muy sugerente, la afición está tremendamente identificada con el equipo a través de jugadores que se han integrado perfectamente y Katsikaris, su entrenador, maneja muy bien los hilos. De los dineros, eso ya es otra canción, por lo que el partido de hoy tiene una importancia capital, incluso más allá de que se trate de una final europea. Las peculiaridades del acceso a la Euroliga, donde tienen la plaza asegurada Barcelona, Real Madrid, Caja Laboral y Unicaja, provoca que conseguir entrar a través de la Liga Endesa sea harto improbable, salvo que alcances, como mínimo, la final de la competición, lo que normalmente hacen aquellos que ya tienen asegurado el hueco. Hace unos años, cuando el Bilbao Basket logró la hazaña de plantarse en la final frente al Barcelona, tuvo que esperar no se qué desenlace en no se qué liga para poder cantar victoria. Por eso, el que la victoria en la Eurocup de pasaporte para la Euroliga le da un enorme valor, y no es para menos, pues la diferencia entre ambas competiciones, en todos los aspectos, es abismal.  

De ahí que los bilbaínos se hayan entregado en cuerpo y alma a esta competición, llena de viajes interminables, equipos a los que hay que situar en el mapa y no excesivo glamour. Estos miles de kilómetros y el enorme esfuerzo al que te obliga  el compaginarlo con nuestra exigente liga, sólo tiene sentido si al final consigues lo que buscas.  El Bilbao Basket está a 40 minutos de lograrlo, pero el último escalón se antoja de extrema complejidad. El Lokomotiv dista mucho de ser una perita en dulce. Todo lo contrario. Seguramente haría un papel mucho más digno en Euroliga que algunos de los participantes de este curso. Tienen jugadores con talento, bastante pasta y un solo objetivo. En lo primero y tercero, igual que el BB. Eso sí, lo que me juego mi escasa reputación es que no tienen una afición como la de aquí. Que los ruskis no  animarán, ni consumirán (bueno, igual en esto quedamos empatados), ni harán tanto ruido en esa bonita y animada ciudad llamada Charleroi (¿como se subraya un frase irónica?) como los que van de negro. Porque eso sí, cuando hay que coger el petate para ir a algún sitio, ¡el bilbaino va!.  Y si hay que comer ostras, ¡se comen!.

Como hay que estar en todo, la expedición del BB se trasladó a Belgica en un avión llamado Milagros. Muy coherente para un equipo que ha conseguido uno impensable hace años. Hacerse hueco en una ciudad que sólo tenía ojos para su Athletic. Esto era más difícil que ganar hoy. Mucha suerte y que la fuerza del chuletón les acompañe.

 

 

 

 

 

Llega lo mejor

Por: | 09 de abril de 2013

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24 largas jornadas después, comienza lo mejor, el paso del Rubicón para Barcelona, Real Madrid y Caja Laboral, último peldaño para alcanzar la Final Four de la Euroliga. A imagen y semejanza de su versión futbolística, tres equipos españoles lucharán durante un excitante playoff a cinco partidos en busca de una hazaña nunca conseguida antes, la de meter tres equipos en la cita londinense. Cada uno ha seguido caminos bien diferentes. Mientras para el Barcelona ha sido un tranquilo transitar, al Madrid se le complicó el asunto inesperadamente, y lo del Caja Laboral, ufff, desde prácticamente el mes de Noviembre se convirtió un sin vivir, en un extraordinario y finalmente exitoso ejercicio de supervivencia. 

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Empecemos por el Barcelona, que ha ejercido un dominio casi aplastante tanto en la primera como en la segunda fase. La Euroliga resultó un bálsamo en los primeros meses donde compaginó un número inapropiado de derrotas en la Liga Endesa con una gran firmeza en los partido de entre semana. La doble cara terminó a tiempo para llevarse la Copa del Rey a casa y a partir de ese momento, abandonó su doble personalidad para mostrar una única cara. La buena. Eso sí, el rival que le ha tocado en suerte no invita a ninguna clase de confianza. La memoria también juega, y poca gente en el universo azulgrana olvida que hace dos años y en una situación parecida, con el equipo lanzado, llegó el Panathinaikos y le descarriló con un soberbio ejercicio de control y unas artimañas defensivas que maniataron al gran favorito y en aquel momento vigente campeón. Vale, de aquel equipo griego liderado por el “special one” baloncestístico, de nombre Zerko Obradovic, al de ahora, se aprecia una pérdida evidente de potencial, pero su gen competitivo permanece, y si no que se lo pregunten al Madrid, que lo sufrió hace bien poco. Equipo experto y fajador que gira alrededor de un talento como Diamantidis, por muchos peros que se les ponga, tienen más peligro que una piraña en un bidet. El Barcelona sabe que deberá resolver los dos partidos de esta semana en su terreno si no quiere revivir otra posible pesadilla estando obligado a ganar en Atenas, que qué queréis que os diga, no es sitio donde regalen caramelos. Observando plantillas (a pesar de las bajas de los azulgranas) y recorrido en este curso, es difícil pensar en otra cosa que no sea ver a los azulgranas en Londres, más si tenemos en cuenta que al Barça le llega la cita en su mejor momento. Pero no me fío un pelo de estos griegos. Por cierto, la pelea entre Jawai y Schortsianitis  es algo para no perderse. 

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Un día después, el miércoles, le llega el turno al Madrid. Si un Barça-Panathinaikos es un clásico de los últimos tiempos, un Madrid-Maccabi es pura historia del baloncesto europeo. La respuesta blanca en su crucial partido ante el Efes fue contundente, recuperando juego y sensaciones habituales hasta hace un mes. Salió mucho más enchufado y tensionado que habitualmente, no sufrió arritmias durante el partido, se fajó defensivamente y los líderes emocionales del equipo, Rudy y Llull, dieron el necesario paso adelante. Esto debería haberle liberado, pero la dejación de funciones en Valencia el pasado domingo obliga a posponer la confirmación. Eso sí, algunas problemáticas, como el claro desequilibrio de producción entre el juego exterior y el interior, no parece que tengan solución al menos este curso.  La tarea a realizar no es fácil. No he visto jugar mucho al Maccabi este año, pero tienen en la banda un gran entrenador como David Platt, tiene jugadores solventes como Smith, Logan o James y parece que Caner-Medley, conocido por estos lares, ha despertado un poco. Han ido de menos a más, y después de un comienzo desastroso del Top 16 (2 victorias en la primera vuelta) encadenaron seis seguidas que no fueron siete por poco, pues pelearon hasta el final en el Palau. Y hay cosas que nunca cambian, como esa vieja creencia tan propicia para los amantes de las conspiraciones, que dice que el Maccabi siempre es bien recibido en la Final Four por la capacidad de movilización y poderío económico de su hinchada. Yo me quedo con otra más tangible. Su campo está (metafóricamente) minado, por lo que lo mismo que le ocurre al Barcelona, bien hará el Madrid en viajar a Tel Aviv con los deberes hechos. 

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Por último tenemos al Caja Laboral, que nos hubiese hecho millonarios a todos si hubiésemos apostado por su presencia en los ocho mejores allá por el mes de Noviembre-Diciembre, cuando necesitaron a San Prudencio y la Virgen Blanca para meterse en el Top 16. Realmente es para quitarse el sombrero lo que han hecho los vitorianos, que han estado más fuera que dentro durante buena parte de la competición y al que su constancia y la suerte siempre necesaria de algún resultado ajeno a su influencia, han posibilitado que sigan vivitos y coleando. Ahora bien, el entrar justito tiene su penitencia en forma de rival ilustre, en este caso los chicos de Messina, Teodosic, Kristic, Papaloukas, Khryapa o Ponkrashov entre otros. “No era nada lo del ojo y lo tenía en la mano” que decía aquel. Y con desventaja de campo para hacerlo más difícil. La opción sensata es pensar que aquí hay poco que rascar, y probablemente no nos equivoquemos. Pero si hay un equipo capaz de dejarnos con el pronóstico al aire este es el Caja Laboral, que ya se ha muerto y resucitado varias veces en esta temporada. Aunque teniendo en cuenta lo que van a tener enfrente….

Dicho esto y como soy amigo de tirarme a la piscina, aquí van mis predicciones. El Barça pasa con 3-1. El Madrid también pero sufriendo un poco más. 3-2. El Caja Laboral, aunque ya adelanto que me jugaré unos euros a su triunfo, creo que se quedará en el camino con un 1-3. Y en la eliminatoria que nos da igual, Olympiakos creo que le va a meter un 3-1 (si no un 3-0) al Efes. 

Pase lo que pase, llega el gran momento del curso. Para mí por encima de la Final a Cuatro, que es un ver y no ver. Aquí vamos a tener dos o tres semanas de grandes enfrentamientos, tres historias que se irán escribiendo poco a poco, habrá que reinventarse constantemente y finalmente reinará la justicia que siempre sobrevive en una liga o en un playoff largo. Los ganadores se lo habrán merecido sobradamente y los perdedores no podrán agarrarse a ninguna excusa tipo “nos salió un mal partido y a casa”. Y eso siempre está bien.

Mucha suerte a los tres y a disfrutar. 

Postdata.-Sí, ya sé que el sábado juega el Bilbao Basket la final de la Eurocup. Tiempo hay hasta el fin de semana para dedicarle atención. 

 

 

 

 

 

Enredados

Por: | 02 de abril de 2013

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Enredo (acepción quinta de la RAE): Confusión de ideas, falta de claridad en ellas.

Uno de los baremos fiables para valorar a un equipo (extensible individualmente) es su capacidad para enredarse y desenredarse. Del enredo nadie está salvo totalmente. No siempre sabes ni cómo, ni donde ni por qué te llega en un momento dado, pero su sombra acecha siempre. Existen enredos de producción propia y otros que los crean desde fuera, algunos basados en la realidad y otros que surgen sin ninguna base pero a los que hay que atender, no vaya a ser que terminen teniéndola. Por lo tanto el enredo no es el problema principal, sino como se afronta, como se digiere, si se le echa agua o gasolina al incendio, si el natural proceso de nace, crece, se debilita y muere, ocurre en un espacio de tiempo razonable o se alarga alguna de las fases, cuestión nada recomendable.  

Nos enredamos en la vida y el deporte no es ajeno ni mucho menos a estas dinámicas. Como por ejemplo el Madrid de baloncesto. No se sabe muy bien cuando empezó a liarse el asunto, si fue el fracaso en la Copa ante el Barcelona, la primera derrota inesperada en Euroliga o si todo forma parte de un proceso lógico, pues no se puede mantener la excelencia durante tiempo indefinido. El caso es que la madeja, perfectamente ordenada hasta hace un par de semanas, ahora no lo está tanto, lo que ha sembrado la duda si al final el trabajo va a  presentar un aspecto digno. Yendo a lo que se observa en el parquet, no hay duda que el equipo ha perdido ritmo, fluidez y hasta confianza. A veces parece falto de tensión y otras con exceso de ella. Algunos jugadores principales fuera de foco y otros jugadores secundarios que encajaban cuando el mecanismo funcionaba a la perfección, ahora chirrían más de la cuenta. Y lo más preocupante es que la mayor parte de estos problemas no parecen de procedencia externa, provocados por los rivales, sino que ha llegado el punto donde son más de cosecha propia.Vamos, que te enredas más de lo que te enredan. También se mira al banquillo, claro, lo que entra dentro de la lógica, pues si en las vacas gordas se felicita la granjero, en las flacas se piden explicaciones. 

Desde hace ya unos cuantos años me dedico a dar conferencias donde utilizo el mundo del deporte  como laboratorio ejemplarizante de los mecanismos de individuos y colectivos. La base en la que se apoya esta llamémosle filosofía es que en su esencia, no existen grandes disparidades entre las problemáticas a las que se enfrentan equipos deportivos y sus componentes con las que tiene que lidiar cualquier profesional y organización, sea del tipo que sea. Ahora bien, hay una circunstancia muy particular del universo deportivo. Las cosas ocurren a una enorme velocidad. El ejemplo del Madrid de baloncesto es significativo, pues ha pasado en un par de semanas de vivir en el halago a vivir en la duda. Del ¡qué buenos sois! al ¡¿qué os pasa?!

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El ovillo se ha enredado en un abrir y cerrar de ojos, lo que exige una capacidad de respuesta casi instantánea. No es una situación nada fácil de manejar, pues la posibilidad de caer en el desconcierto es real. De buenas a primeras, la realidad, hasta entonces placentera, se vuelve incómoda. A veces te ofrece una razón evidente a la que agarrarte, lo que facilita su entendimiento. Otras veces no, lo que dificulta su reparación. Algo de esto, por encima de cuestiones puramente deportivas, creo que le ocurre al Madrid. Cómodo como estaba hace un par de semanas, ha visto, sin evidentes causas que lo provocasen, como su travesía europea se ha complicado en exceso y su mochila emocional se ha cargado con demasiado peso, lo que dificulta sus movimientos. La carretera, hasta ahora cuesta abajo, se ha empinado casi instantáneamente y le está costando mucho el cambiar de desarrollo. Es condición humana acostumbrarse con rapidez a lo bueno. de la misma forma que nos suele constar un mundo el adaptarnos a una realidad más compleja (por no decir peor) de la que teníamos antes. Por algo decía Darwin que "no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio". 

La buena noticia es que de la misma manera que la velocidad de enredo puede ser vertiginosa, la de desenredo también puede llegar serlo. Al Barcelona versión baloncesto se le quitaron todos los males en la Copa del Rey. Al Madrid futbolero Manchester le dio vida. Al Barça un 4-0 al Milan volvió de golpe y porrazo las aguas a su cauce. A España ganar en Paris despejó panorama, dudas y embrollos en 90 minutos. El jueves, el Real Madrid tiene uno de esos partidos que pueden dar un giro de 180º a la actual y peligrosa dinámica. Estoy convencido que una buena victoria traerá de nuevo la calma y volverá a poner a los blancos en el buen camino. Eso sí, de la misma manera una derrota ahondará problemáticas y le colocará en una más que delicada situación. No ya porque deberán afrontar los cuartos con desventaja de campo, sino porque lo harán con más incertidumbres y el enorme peso encima de haber desaprovechado una posición envidiable. Otra carga más para una mochila ya excesivamente pesada.

Para evitar la decepción, el Madrid (o cualquiera que se encuentre en situación parecida) debería recordar qué es lo que le llevó al éxito y por qué perdió rueda. Dejar la confusión de ideas que dice la RAE y abrazar SUS IDEAS. Sólo en el refugio de su propio estilo se puede encontrar el sosiego. Ser intenso siempre para no volver a empezar los partidos al tran tran, abandonar la ciclotimia, quitar el freno de mano y recuperar su entusiasta lenguaje no verbal. Ante las dudas, valentía que no apresuramiento, que de valientes apresurados está lleno el cementerio. Y ya por pedir, que Mirotic y Carroll vuelvan a ser los que conocemos. Pero lo más importante, limitar los enredos a los que vengan provocados por el rival, no incrementarlos con los propios. 

Hablando de enredos, uno que duró demasiado poco. Historia de la televisión. 

 

 

 

 

 

Enterradores

Por: | 26 de marzo de 2013

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¡Hay que ver lo que nos gusta por estos lares el enterramiento! A poco que nos den, enseguida cogemos pico y pala, nos vamos a cualquier descampado, cavamos un poco y ¡hala! ahí que metemos lo que haga falta. Nos basta un partido, un desliz, una derrota, una intuición, un rumor, incluso un cumpleaños, y en un pis pas, damos por cerrada una carrera, un estilo, un jugador, una racha, un tiempo feliz. Hace poco le tocó al Barcelona futbolero. Un partido horrible en Milán puso en duda su trayectoria europea, posteriormente no da buenos síntomas en los dos partidos frente al Madrid y ya tenemos la feria montada. Hace una semana el Real Madrid de baloncesto acaparaba elogios por su estilo, su eficacia y su futuro. Tres derrotas en una semana y la mitad de la plantilla no sirve y para qué jugar tan bien y bonito si luego no ganas todos los partidos. La España futbolística lleva siendo la envidia mundial desde hace unos cuantos años. Se nos atraganta un partido y nos entra el tembleque. Y qué decir de Nadal, al que le hemos enterrado ya un par de veces. 

Aceptando que el universo deportivo es terreno propicio para que las emociones campen a sus anchas a veces en detrimento del raciocinio, me sigue sorprendiendo la facilidad con la que nos olvidamos del pasado y nos centramos únicamente en el presente más inmediato. En cuanto este se tuerce, ponemos en duda demasiado a la ligera los caminos que hasta hace bien poco llevaban al éxito. Es precisamente en esos momentos cuando se necesita precisamente lo contrario, agarrarse y reivindicar un método que hasta que no se demuestre fehacientemente su caducidad, sigue siendo válido. Y ninguno de esos casos, arrojan evidencias suficientes como para volverse locos. Es más, analizando, por ejemplo, la trayectoria de Barça o selección, nos encontramos con puntos de inflexión donde ya anteriormente fueron cuestionados seriamente y en la firmeza que mostraron para no apartarse de su credo encontraron una mayor confianza en lo que estaban haciendo que terminó traduciéndose en más eficacia.  

Hace dos años y cuenta del Mundial de Sudáfrica, me llamó la atención una estadística. Ningún equipo había logrado ser campeón después de perder el primer partido. Cuando España sucumbió ante Suiza, entendí el por qué. Durante cuatro días la presión sobre Del Bosque fue intensa, al que ante la posibilidad de un gran fracaso, se le pedían medidas hasta radicales. Cambios de jugadores e incluso renuncia al estilo que ha cambiado la historia del futbol diría que hasta mundial. Del Bosque aguantó firme, no cedió como hicieron ante otros muchos, mantuvo su apuesta por jugadores y estilo y al final se superó la difícil situación incluso reforzando al grupo y una determinada forma de entender el futbol. 

Existe un punto aprovechategui (palabrajo made en mi madre y creo que fácilmente entendible) en el mundo de los enterradores. Quiero decir que es jugar con ventaja muchos de ellos al sólo aparecer en los momentos donde los resultados no acompañan. Aquellos que dudan de formas, estilos y nombres, deberían ser fieles a sus ideas, y no sólo expresarlas cuando el viento sopla a su favor. Por no hablar de los de “donde dije digo, digo Diego” que de la misma forma que avalan un sistema en el éxito lo denostan a las primeras de cambio. 

Afortunadamente, cuando alcanzas un grado suficiente de convicción en tu estilo, y los grandes equipos lo tienen, desciende la influencia de los enterradores sobre los protagonistas. A cada duda se responde desde dentro que hay cosas que no son negociables, que sólo desde el convencimiento y reforzamiento del ideario se superan estas problemáticas y que lo que te ha llevado al éxito durante mucho tiempo no puede derribarse en poco. Un convencimiento que no esta basado en la emoción del momento, sino en el aval que da la trayectoria reciente. 

Vivimos en una sociedad cada día más necesitada de novedades. Todo dura cada vez menos y en el cambio y renovación encontramos un alto grado de satisfacción, aunque sea pasajera. El problema de este ansia radica en que al final no se deja que los cosas cumplan su ciclo, se adelanta en exceso su fecha de defunción y se corre el peligro de terminar enterrando a vivos muy vivos. Y entonces, a ver que cara se te queda cuando el supuesto fiambre dé un brinco, salga del ataud y se ponga a correr a toda pastilla.   

 

Sobre leyes y ejemplaridades

Por: | 20 de marzo de 2013

Haremos, efectivamente y con la ley en la mano, lo que nos salga de los cojones”. Lo dijo Mercedes Milá en Gran Hermano ¿XXXII?. No, tranquilos, que yo me desenganché en Gran Hermano I, el del histórico ¿quién me ha puesto la pierna encima?. Pero de estas y otras muchas cosas (espacio publicitario) te enteras escuchando a diario la mejor crónica política que se hace en este país, la de Toni Martínez en el impagable Todo por la Radio (de lunes a jueves a las 17.00 en la SER). La frase me recuerda a una del gran (por su tamaño) Jesús Gil. Más o menos venía a decir que una vez que el pueblo te otorga la confianza en las urnas, a partir de ese momento haces lo que te da la gana.  

La declaración de principios de la Milá sirve de perfecta percha para reflexionar sobre si la ley y sus preceptos deben ser los únicos baremos que marquen y juzguen la idoneidad y responsabilidad sobre las actuaciones.  Ciertos ámbitos parecen tenerlo muy claro. El político, sin ir más lejos. Nuestros queridos prebostes llevan una buena temporada diciéndonos cosas como que los imputados no son culpables, que las sospechas, aunque sean abrumadoras, no significan casi nada, que se puede conseguir una alcaldía pactando con un personaje de dudosa condición, que en el no saber, ver u oír nada, aunque te estén montando la mundial en tus propias narices, exime de responsabilidades, que el “donde dije digo (en las campañas electorales), digo Diego (en el poder)” vale, que el poner la mano en el fuego por alguien y que te salga rana no vincula, etc. Ninguno de estos comportamientos, mientras la justicia no diga nada, quebranta la ley, y mientras la ley no te apunte y dispare, pues aquí paz y después gloria. 

No son los únicos. No es difícil darte de bruces en otros universos con comportamientos que no suponen ningúna trasgresión de las leyes vigentes pero que nos hacen desde fruncir el entrecejo como mínimo hasta revolvernos el estómago si la cosa pasa de castaño oscuro que decía mi madre. Incluso a veces, cuando sí que se traspasan algunas rayas, acogerse únicamente al código penal se nos antoja insuficiente. Seguramente es porque intuimos que debe haber algo más en la balanza que el puro enjuiciamiento criminal, sospechamos que en una sociedad bien articulada debe tener también (y cito a la RAE) “Conjunto de normas morales que rijan nuestra conducta”. Vamos, lo que conocemos como ética. 

Legalidad y moralidad. Un terreno habitualmente firme y mesurable y otro mucho más resbaladizo. Todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, supongo que dice la Constitución. Ahora bien, ¿todos los ciudadanos debemos ser iguales de responsables en nuestro comportamiento moral? En teoría entiendo que sí, ahora bien, de igual forma que a la hora de dictar justicia existe los conceptos de “agravante” o “eximente” , la moralidad también tiene sus diferentes exigencias. La más consensuada, o así creo que debería serlo, es que existen profesiones, trabajos, cargos o circunstancias en las que se demanda un plus. La razón no es otra que su ejemplaridad. 

La ejemplaridad resulta absolutamente necesaria, porque el ser humano demanda, necesita, imita o se justifica en multitud de ocasiones a través de esas referencias, de ahí su importancia. Puede que incluso vivamos demasiado pendientes de lo ajeno en detrimento de vivir nuestras vidas, pero ese es otro debate. Todo el dantesco espectáculo al que estamos asistiendo últimamente con las infinitas corruptelas resulta descorazonador no sólo por lo que han hecho, sino por quienes lo han hecho. Si vemos que las personas a las que hemos confiado la enorme responsabilidad de dirigir un país, una comunidad, una ciudad o una entidad relevante se lo llevan crudo, la tentación para el común de los mortales de abrazar el reverso tenebroso de la fuerza resulta a veces difícil de evitar. 

En nuestra sociedad, al mundo del deporte se le ha colgado siempre la responsabilidad añadida de resultar ejemplarizante. De hecho lo es, tanto para ilustrar lo bueno como lo no tan bueno, consecuencia inevitable del peso que ha adquirido en los últimos tiempos. A nuestros deportistas se les exige no sólo un buen rendimiento deportivo, sino que además, resulten modelos éticos a los que agarrarse en tiempos de zozobra. Probablemente esta exigencia haya llegado hasta extremos excesivos, consecuencia de la decepción que nos provocan otros universos.He de reconocer que en su momento, cuando era jugador, me resistía a llevar esa pesada carga. Pero es una realidad a la que no puedes dar la espalda. Que un chaval de veintipocos años con dinero y un cochazo se ponga a 170 en la carretera no puede sorprender. Pero no es lo mismo que dicho chaval sea un futbolista conocido por todos. La carga legal es la misma. Las repercusiones, no. Eso es algo que se les debería explicar lo antes posible. 

A mi me ayudó mucho una frase creo que del gran Juan Antonio Corbalán, o quizás fue Cristóbal Rodríguez, otro maestro al que siempre había que escuchar con atención, y que más o menos decía esto: “Piensa siempre que tú eres el Real Madrid, y el Real Madrid eres tú”. No era sólo el trascender de lo individual a lo colectivo sino en caer en la cuenta que lo que haces tiene unas implicaciones más allá del mero comportamiento propio. Lo quieras o no. Interiorizada esta premisa, los conceptos de representatividad y ejemplaridad pueden convertirse en una fiable ayuda para guiar y validar o no determinados comportamientos.  Para entender que hay cosas que van más allá de la consecución de un objetivo desechando estilos y formas poco edificantes. Para tener cuidado y pensar bien en lo que haces y tambien lo que dices. Incluso para saber rectificar a tiempo, que nunca es tarde. 

 

 

 

 

El Palomero

Sobre el blog

Palomero: Según la RAE, persona aficionada a la cría de palomas. En el mundo del baloncesto tiene otra significación. Sirve para apodar al personaje ese de la foto. El que se hace el inteligente poniendo la manita como si estuviese pensando.
www.juanmaiturriaga.net

Sobre el autor

Juanma Iturriaga

es un todoterreno de los medios. Tras una brillante carrera deportiva, colabora en prensa, radio y televisión. Artista renacentista, polifacético y multidisciplinar, ve la vida de forma optimista desde su 1,95 de altura. No le gusta la gente pesimista ni dogmática. Tiene más de 50 años pero no los aparenta.

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