David Alandete

Sobre el autor

es corresponsal del diario El País en Washington. En Estados Unidos ha cubierto asuntos como las elecciones presidenciales de 2008, el ascenso del movimiento del Tea Party o la guerra de Afganistán. Llegó a Washington en 2006, con una beca Fulbright para periodistas, a través de la cual se especializó en relaciones internacionales, conflictos armados y políticas antiterroristas.

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Razones para el pesimismo afgano

Por: | 07 de junio de 2012

STRDEL/AFP

Hace sólo una semana, nos anunciaban en las Naciones Unidas el dramático descenso en el número de víctimas civiles en Afganistán en los primeros meses del año. Que había un 21% menos, se nos decía. Y que las mataban, sobre todo, los insurgentes, que poco respeto tienen por la vida de aquellos que no combaten.

Inesperadamente, e inconvenientemente para Washington, el miércoles se convirtió en uno de los días más sangrientos para los civiles en Afganistán desde que comenzó la guerra hace ya más de una década. Jornada luctuosa: 40 muertos, víctimas de ambos bandos. En el occidental, además, cabe destacar a nueve niños y cuatro mujeres.

Un ataque nocturno de la OTAN de los que más enfurecen a la población civil afgana, en la provincia de Logar, al sur de Kabul, se cobró 18 víctimas colaterales. “Existen alegaciones de que el incidente ocurrió mientras las fuerzas aliadas se acercaban al edificio en el que estaban el objetivo, en Logar, y contra él se abrió fuego”, dijo el mando de la OTAN en Afganistán en un sucinto comunicado. "Lo investigaremos", añadió.

Los ataques nocturnos son un incordio doble para los afganos: muy molestos en las aldeas en los que ocurren, y fuente de  ansiedad y preocupación constante. En marzo, el sargento norteamericano Robert Bales ejecutó a sangre fría a 16 civiles, en plena noche, una cruel misión en la que le ayudó el hecho de que los afganos pensaran que era uno de tantos registros nocturnos, moneda corriente en el sur del país.

El miércoles también, dos ataques suicidas, en Kandahar, se cobraron 20 víctimas del otro bando. Un motorista hizo estallar su carga explosiva en un aparcamiento donde se suelen reunir contratistas que colaboran con las fuerzas de la OTAN. Cuando decenas de personas se agolpaban frente al lugar de la explosión, un segundo insurgente detonó otro artefacto, incrementando el número de víctimas.

Pero, ¿qué es combatir en Afganistán? No hay operaciones de infantería. Los insurgentes, es cierto, se refugian entre civiles. Se camuflan no sólo en sus bastiones de Helmand, Kandahar, Paktia, Paktika y Khost, sino también en Kabul, en Herat y en Mazari Sharif. Y a día de hoy, la población general acepta ese recurso, lo da por bueno ante la apabullante fuerza de los ejércitos occidentales y la debilidad de la estructura del Estado central afgano.

Leemos abundantemente acerca de las opiniones de los norteamericanos sobre la guerra de Afganistán. Es cada vez más impopular, los estadounidenses quieren ver cómo los soldados vuelven a casa, después de 1.984 muertos. Pero, ¿qué opinan los afganos? De eso leemos menos. Un sondeo de noviembre de la Asia Foundation asegura que un creciente número de afganos (un 35%) estima que su país avanza en la dirección equivocada, por el terrorismo, los ataques y la violencia. Hay razones de sobra para ese pesimismo.

(Foto: una camisa ensangrentada tras el atentado de Kandahar. STRDEL/AFP)

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