David Alandete

Sobre el autor

es corresponsal del diario El País en Washington. En Estados Unidos ha cubierto asuntos como las elecciones presidenciales de 2008, el ascenso del movimiento del Tea Party o la guerra de Afganistán. Llegó a Washington en 2006, con una beca Fulbright para periodistas, a través de la cual se especializó en relaciones internacionales, conflictos armados y políticas antiterroristas.

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Guerra por el aborto en el Pentágono

Por: | 09 de agosto de 2012

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Un ejército les pide mucho a sus soldados. Entre otras cosas, puede llegar a enviarles a morir en el frente. Aunque las mujeres aun no pueden prestar servicio en operaciones de combate directo, muchas de ellas —139— han dado también su vida en Irak y Afganistán. Ahora, las 200.000 mujeres de uniforme en EE UU son objeto de un debate acalorado en el Congreso, muy lejos del frente: ¿hasta qué punto pueden tener control sobre su propio cuerpo?

Bajo la normativa vigente en el Departamento de Defensa, los seguros médicos militares sólo cubren abortos si la vida de la soldado embarazada corre peligro. Es una diferencia notable respecto a otros programas de empleados públicos, o a los seguros del Estado como Medicaid, que también cubren la interrupción del embarazo en casos de incesto o de violación.

La senadora demócrata Jeanne Shaheen, de New Hampshire, ha pedido, a través de una enmienda a una ley de presupuestos militares, que se está negociando en el Capitolio, que el Pentágono pague también en sus planes los abortos en caso de incesto o violación. Ha logrado añadir esa provisión en la versión de la ley en el Senado, pero no ha podido hacer que se la acepte también en la versión de la Cámara de Representantes.

Para que la norma pueda ser ratificada debe consensuarse entre ambas cámaras. En el Senado tienen mayoría los demócratas, pero la Cámara la controlan los republicanos. “Es una injusticia para más de 200.000 mujeres en servicio activo en nuestro Ejército”, dijo Shaheen recientemente al diario Politico. “Deberían tener los mismos derechos en salud reproductiva que la gente a la que protegen”.

El Ejército, de hecho, permitía la cobertura de aborto en los otros dos casos hasta 1981. Entonces, bajo el mandato del presidente Ronald Reagan, se autorizó la reducción únicamente a casos de riesgo para la vida de la madre. A lo largo de las pasadas tres décadas, numerosos legisladores demócratas han intentado revertir esa medida, sin éxito. En esta ocasión, la senadora Shaheen logró el apoyo del republicano por Arizona John McCain, candidato a las presidenciales en 2008 y otros dos conservadores moderados.

No es un caso sin importancia. El propio Pentágono admite que, en 2011, hubo 3.191 agresiones sexuales a mujeres entre las filas. Según dijo el Secretario de Defensa, Leon Panetta, en enero, esa cifra podría crecer exponencialmente si se consideraran las agresiones que no se denuncian o no se revelan a los superiores. Dijo Panetta que sólo se hace público un 13,5% de los casos de acoso y abuso sexual, por lo que podría haber más de 19.000 en total. La pregunta, formulada desde el Senado, es si a las soldados violadas se les debería poder decidir si ponen fin a un embarazo que bajo ninguna circunstancia ha sido deseado.

Foto de archivo del Pentágono: un grupo de mujeres admitidas en el Ejército, en 1943.

El País

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