14 agosto, 2007 - 20:46
Días Hábiles
De vez en cuando me quedo sin móvil
porque, cuando me pasan el recibo, mi banco debe responder alguna cosa
malsonante y mi compañía decide suspenderme el servicio por moroso.
Tampoco me voy a quejar mucho; siempre pago y el servicio se reanuda sin problemas... pasados dos días hábiles.

BLOG INVITADO: Disculpas aceptadas
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Como me suele correr mucha prisa
recuperar el servicio suelo llamar al servicio de atención al cliente
para que me adelanten la reconexión. No suele haber mucho problema,
vamos, el 50% de las veces me hacen caso y tengo teléfono en una media
hora o así.
La última vez
llamé con mi recibo de pago en la mano, para dar al teleoperador todos
los datos necesarios para el alta. Era un domingo por la tarde y el
amable teleoperador parecía tener problemas para realizar el alta de
nuevo. El día anterior llamé para lo mismo y los servidores estaban
caídos, así que supuse que sería algún problema derivado y no me
enfadé. No me suelo enfadar con los teleoperadores porque he trabajado
para una compañía de telecomunicaciones y sé en qué condiciones tienen
que sacar adelante el trabajo. El caso es que, tras medio minuto de
espera más o menos, se me informó de que no era posible la reconexión y
que debía esperar al lunes; cuando se hubiesen cumplido los días
hábiles. Dí las gracias y colgué.
Dos días hábiles-pensé- y, sin embargo, para la chica que me atendió el sábado y este chaval, tanto el sábado como el domingo han sido días hábiles.
Por
un momento pensé en que igual que yo me cabreaba con una compañía que
me impone tarifas abusivas, facturas surrealistas, servicios mediocres
y plazos absurdos en la era de los ordenadores, los dos trabajadores
con los que yo había hablado estarían cabreados con una compañía que
los subcontrata, les dicta turnos los siete días de la semana, que
prima la brevedad de las llamadas por encima de la atención al cliente,
que no les forma y que no les paga los pluses correspondientes a sus
horarios, idiomas, formación y experiencia.
Es
raro, ¿no? Me pregunto hasta qué nivel las compañias de esta clase
maltratan a sus clientes y a sus empleados. Y cuándo pienso en el nivel
en el que el trato comienza a ser bueno para unos y otros, me cabreo.
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