Hablar de Caravan (o de Van Morrison, por extensión) es como intentar describir una catedral, así que trataré de acercarme por pasadizos laterales (o bulevares periféricos). Todos estamos de acuerdo en que es una canción de exaltación, y que sus temas (o sus argumentos) son la celebración de la vida errante y de la radio, las emisoras de rock y rhythm & blues que VM escuchaba de pequeño, en Cyprus Avenue, y más mayorcito, en Woodstock, aunque podemos entender que turn on the radio, su mantra central, se refiere, más místicamente, a una conexión con la platónica “música de las esferas”. También podríamos establecer un tres en raya de padres e hijos con el obvio Caravan de Ellington-Tizol y el Rock’n’Roll de Lou Reed, aunque la lista sigue y sigue. Ahí abajo lo dejo, para que tracen puentes posibles. O no.
Pasadizo Lateral Uno: Caravan apocopó, que no es poco apocopar, a un poeta beat, el venerable Lawrence Ferlinghetti. Me explico. En El último vals, la gloriosa película de Scorsese (y el mejor concierto jamás filmado, para mi gusto, exaequo con Stop Making Sense, de Jonathan Demme/Talking Heads… vale, trío: y Weld, de Neil Young/Bernard Sharkey), don Lawrence (con bombín a lo Sabina, que ya es comenzar mal) recitaba un poema de homenaje a los chicos de The Band. Su momento (nunca llegamos a averiguar lo que duraba) estaba justo antes de la aparición de Van Morrison, de modo que cada vez que poníamos el vídeo en casa (y fueron innumerables) apretábamos el Fast Forward del mando a distancia tan pronto presentaban al vate para saltar cuanto antes al instante supremo (Now the caravan is on it’s way) en que el león comenzaba su rugido, y así fue como el pobre Ferlinghetti se nos quedó para los restos en Lawrence Fer.
Pasadizo Lateral Dos: Peter Handke. Sí, pediremos ayuda a Handke, una de las mejores orejas (y antenas) del planeta, y si alguien no ha leído todavía Ensayo sobre el jukebox (Alianza, 1992) que corra a buscarlo. Para empezar, Handke dijo acerca de VM: “A él le seguiré hasta el final, mi final o su final. Cuando vi las primeras películas de Gerard Dépardieu o de Robert de Niro pensé que vería todas sus películas. Muy pronto rompí mi promesa: solo he seguido a Van Morrison. Es imposible no creer en el sentimiento de algo cantado por él”. Handke se acerca mucho al concepto de turn on the radio (y, por extensión, a toda la música de VM) cuando en Poema a la duración describe su epifanía central como “un acontecimiento que consiste en estar atento, un acontecimiento que consiste en percatarse, un acontecimiento que consiste en ser abrazado, en ser atrapado por un sol suplementario, por un viento refrescante, por un acorde silencioso, dulce, que afina y pone de acuerdo todas las disonancias”. Bien, perfecto en cuanto a la música pero ¿y la interpretación? Rastreando entre sus libros he encontrado este extraordinario fragmento de Lento retorno, en el que Sorge, su protagonista, va a un concierto y, sin decirnos quién es el que canta (¡como si hiciera falta!) nos lo describe así:
“El cantante era un hombre pequeño, ancho, que daba la impresión de tener una gran fuerza y de estar completamente ausente. Entró en el escenario, miró fijamente a la luz y empezó a cantar en seguida. A las primeras notas, el espacio de la sala reprodujo la línea culebreante del cable que el cantante sostenía tranquilamente en su mano. Su voz tenía también una gran fuerza, sin necesidad de gritar. No salía del tórax sino que al principio existía como algo independiente de éste, como un cuerpo autónomo, sólido; no localizable, sin embargo, en ninguna parte. Su voz no sonaba como un canto: más bien se hacía oír como los acentos de alguien que, después de una larga, penosa, inefable incubación, de repente estalla. Cada una de sus canciones no formaba una melodía más que vista como un todo, y este lo formaban solo una serie rápida – a veces reiterativa y tartamudeante – de gritos de dolor, gritos cortantes, amargos, amenazadores. No sonrió ni una sola vez. En una ocasión, con su pesado cuerpo dio un salto bastante grande en el aire. Con su mirada ausente, al fin pudo decirles lo que quería a los que llevaba dentro, y esto pudo hacerlo solo recuperando su voz, que estaba fuera de él, hundiéndola en sí mismo; ante todo, lo primero que quería era no tener nada en común con nadie. No cantaba sus canciones con un gran sentimiento sino que, como un loco, buscaba un sentimiento que fuera enigmático para sí mismo. Aquel hombre que dirigía contra sí toda su furia, sin dejar de dar la espalda al mundo entero de un modo casi vindicativo, al final de su actuación prorrumpió en un himno que era común a todos”. Ya pueden respirar. Y abandonar la posición genuflexa.
Pasadizo Lateral Tres: Hay unas cuantas versiones espléndidas de Caravan. Aquí los adictos a Van Morrison suelen echar sobre la mesa esa grabación requetecontrapirata que solo ellos conocen (Live in Tuscaloosa, un suponer) de modo que no entraré en competiciones y me limitaré a tres, dentro de la más pura (y resplandeciente) oficialidad. La primera es, por supuesto, la de Moondance (1970), para mi gusto, si se me permite la leve enmienda, un poquito apalancada. La segunda, con la flamígera Caledonia Soul Orchestra bendecida por la gracia del Señor, está en el doble en directo It’s Too Late To Stop Now, de 1974 (también en mi cumbre de directos preferidos, junto con el Live at the Apollo de James Brown y el Face to Face de Steve Harley & Cockney Rebel). La tercera es, por supuesto, la versión de El último vals, donde Van The Man sale a escena, en palabras de Robbie Robertson, “como un lobo al que acaban de abrir la jaula”. Bueno, eso admite matización. Aquí todos adoramos a Van y comulgamos con las sagradas palabras del padre Handke y bajamos la testuz ante el poderío cósmico de ese tercer Caravan, pero, dicho esto ¿podemos descojonarnos un poco ante el modelito que gasta el artista? Vale, de acuerdo, eso redobla su mérito: hay que tener mucho arte para salir así a un escenario y pegar esas patadas al aire de primero de kungfú y rendir a todo bicho viviente, que a otros les han embreado por mucho menos. La pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez es: ¿quién convenció a Van de que se pusiera eso? Porque en esa época (y hasta el alborear de los ochenta) solía ir ajustadico, pero ese conjunto no me lo volvió a sacar. Me ha tranquilizado mucho comprobar que Greil Marcus (en Listening to Van Morrison, Faber, 2010) también había pensado lo mismo. Según él, alguien tuvo que drogar al irlandés, llevarle a una tienda de segunda mano, ponerle lo que minuciosamente define (lo dejo tal cual, porque pierde con la traducción) como “a spangled bolero jacket, sausage pants with contrasting lacing up the crotch, and a green top with a scoop neck that produced what could only be called cleavage” y decirle “Van, te queda de coña, esta noche arrasas”. Marcus ofrece una posibilidad paranoica que me parece muy creíble, dado el perfil del personaje. Morrison se había presentado al ensayo vistiendo una gabardina con la que no cuesta imaginarle como el Jack Palmer de Pétillon. Robbie Robertson sonrió de oreja a oreja y le dijo “Guau, Van, pareces Mickey Spillane. Eso es lo que tienes que ponerte para la actuación de mañana”. “¿Tú crees? ¿Te gusta de verdad?”, pregunta VM. “Ya lo creo. No lo dudes”. ¿Y qué pasa entonces? Fijo: VM cree que el bello RR, el hombre que roba todas las novias imaginables, se le está coñeando, así que aparca la gabardina, opta (con o sin droga) por darse una vuelta por las rebajas y, al grito de "No Guru, No Method, No T-Shirt", se viste como Fernando Esteso en la escena de la discoteca en Los bingueros. ¿No tenía a su lado a Tupelo Honey para aconsejarle, ni a un agente de prensa que le quisiera bien? Probablemente sí, pero ya sabemos que la cabezonería irlandesa es legendaria. La enseñanza que arroja esta parábola preñada de esperanza es que la noche siguiente, pese al horrísono atavío, VM se convertirá en un malabarista excelso que juega con la música de las esferas como si fueran pompas de jabón. ¿No es eso hermoso? Yo no me canso nunca de escuchar (ni de ver) esta versión de Caravan. Con mis eternas disculpas a Lawrence Fer, claro.
(Para DJ Barracuda & Little Bubu)
Bonus Tracks
Hay 11 Comentarios
Gracias, F.
Aquí tiene usted su casa.
Publicado por: Marcos Ordóñez | 08/08/2012 18:42:39
"...así que aparca la gabardina, opta (con o sin droga) por darse una vuelta por las rebajas y, al grito de "No Guru, No Method, No T-Shirt", se viste como Fernando Esteso en la escena de la discoteca en Los bingueros."
Jajajajaja, este párrafo es increíble.
Y que grande también Robbie Robertson... No sé mucho sobre su vida, excepto que se lo pasaba estupendamente con su amigo Marty.
Enhorabuena por el blog
Publicado por: F. | 08/08/2012 12:01:10
Hola, Flashman. Gracias por recordar Tura Lura Lura. Yo creo que sufrir para hacer arte nunca es buen negocio (lo sé, a veces no hay más remedio), pero el señor Morrison también ha hecho maravillas desde la contemplación y la calma. Dos (entre muchas) para inaugurarar la mañana: Coney Island e In the Garden. Abrazo.
Publicado por: Marcos Ordóñez | 17/04/2012 9:29:13
Tampoco estuvo nada mal aquella canción de cuna irlandesa "Tura Lura Lura". ¡Y pensar que no quería salir al escenario! Es una pena, pero salvo en discos como "Moondance" y "Tupelo Honey" (¡ah, aquella maravillosa y absurda "Moonshine Whiskey"!), parece que este hombre necesita que su alma sufra para dar lo mejor de sí mismo. O eso parece en los últimos 15 años.
Publicado por: Flashman | 16/04/2012 23:16:51
Voy a buscar lo de Dorotea. Gracias también.
Publicado por: Marcos Ordóñez | 15/04/2012 11:36:46
Gracias, Carneham, por la sintonía y el seguimiento: un placer leerte. Lo de AJOBLANCO no creo: sólo escribí allí en los años 78-79; sería en otro sitio. Acerca de Marcus, Bangs y compañía, añado aquí una nota final que corté porque quedaba larga. Me refería, obviamente, a autores anglosajones; a Edu Jordá lo mencioné más tarde, como pórtico a su post. Ahí va:
Pasadizo Lateral Cuatro (y cinco, y seis). Lo del padre Handke es imbatible, pero también han escrito grandes páginas sobre Morrison (y, concretamente, sobre Caravan) Nick Hornby en 31 canciones, donde proclama que esa y no otra ha de ser la que suene en su funeral, o Greil Marcus en Listening to Van Morrison. El libro de Hornby lo publicó Anagrama en 2003, con muy buena traducción de Fernando González Corugedo. El segundo creo que no se ha traducido. Lo editó Faber en 2010 y es, a ratos, tan bueno como cualquier otro libro de Greil Marcus, aunque contiene algunas herejías de calibre: su autor considera que en la década 80-90 Van Morrison solo hizo discos “aburridos y fatigados”, y en esa lista incluye, que Dios le perdone, Poetic Champions Compose, No Guru No Method No Teacher y A Sense of Wonder. Tampoco sé si se ha traducido Psychotic Reactions and Carburetor Dung, la antología del gran Lester Bangs (compilada por Marcus, precisamente), y publicada por Vintage Books/Random House en 1988: ahí no habla de Caravan, pero contiene el mejor texto que he leído sobre Astral Weeks.
Publicado por: Marcos Ordóñez | 15/04/2012 11:35:55
Marcos, como es habitual en estos bulevares, deslizas cabos sueltos para que los navegantes de turno los recojamos. En la medida de lo posible, claro. Veamos:
- La cita de Handke hablando de Depardieu, De Niro y Van, la recuerdo de un artículo tuyo de 1992, publicado en "Ajoblanco", y me impactó porque había sido mi mismo caso. Totalmente de acuerdo en la perspicacia del austriaco sobre la música, tan presente en su obra (también en "Ensayo sobre el cansancio", hay suculentas rodajas musicales). ¿Y qué decir del maravilloso "Poema a la duración"?
- A pesar de mi admiración por la mítica, con causa, versión de "Caravan" de "The Last Waltz", y de compartir la coña por el modelito de marras (muy ocurrente eso de "No guru, no method , no T-shirt"), mi versión favorita es la absolutamente mágica con la CSO de "It's Too Late To Stop Now.", que al igual que a Nick Hornby (31 Songs), no me importaría que sonara en mi funeral.
- Respecto a Greil Marcus, creo que es el escritor que mejor -junto a Lester Bangs-, ha sabido captar el mundo de Morrison (lo escrito sobre "Listen To The Lion" es insuperable).
- Cierto que Eduardo Jordá (uno de los mejores escritores de su generación, aún no suficientemente reconocido), escribió un magnífico libro en español, y tampoco están nada mal las reseñas de Dorotea sobre la discografía de VM, que se encuentran en www.rateyourmusic.com.
Esperamos con impaciencia la siguiente entrega de ésta fenomenal gramola galáctica.
Publicado por: Carneham | 15/04/2012 11:16:31
Un abrazo, Pedro. Ni Colombo hubiera podido seguir esa pista,
Publicado por: Marcos Ordóñez | 11/04/2012 7:39:32
Por más señas, los Amaya tienen su número de teléfono.
Publicado por: Pedro Calvo | 10/04/2012 19:32:18
La respuesta es sencilla. A Van le convenció para vestirse así la misma persona que asesoró a Neil Diamond en "Hot August Night" (1972) y luego ha acabado asesorando también a Dylan. Salud
Publicado por: Pedro Calvo | 10/04/2012 19:26:03
Eduardo Jordá, autor (entre otros muchos libros) de lo mejor que se ha escrito sobre Van Morrison en estos pagos, me cuenta un breve encuentro con Van the Man, que transcribo:
Muy bueno, Marcos. ¿Sabes que conseguí hablar dos minutos con Van, en Palma, después de un concierto, creo que en el 97? Estaba fumando en el camerino, de pie en la puerta, y bebiendo una copa de vino blanco, con una mirada reconcentrada y hostil que parecía avisarnos del peligro de acercarnos. Pero también me dio la impresión de que era alguien muy frágil, y que de alguna forma imploraba algo que no sé muy bien qué era, y que quizá ni él mismo sabía lo que podía ser. Por eso me gusta tanto lo que escribió Handke, eso de que cuando canta parece estar atrapado por un sentimiento enigmático para sí mismo (y sus mejores canciones no son más que el momento en que ese sentimiento enigmático para sí mismo estalla y sale a la superficie). En fin, me acerqué a él, y como no sabía qué decirle, le pregunté por Yeats, porque un día, en Irlanda, Chiqui vio un Mercedes negro conducido por un tipo que se parecía mucho a Van, muy cerca de Lissadell House, en Sligo, la mansión qeu había sido de las hermanas Gore-Booth (seguro que conoces el poema, "In memory of Eva Gore-Booth and Countess Markiewicz"). Y entonces le pregunté por Yeats. Me miró boquiabierto, y en seguida vi que le interesaba mucho hablar de Yeats, pero entonces hice la pifia de preguntarle si era él quien conducía el Mercedes negro cerca de Lissadell House, y en ese momento se echó para atrás, y volvió a mirarme con aquella mirada hostil y reconcentrada y me soltó: "I can´t remember". Y luego volvió a repetir, ahora más despacio, y de un modo que sonó más amenazador: "I can´t remember". Vi que se había roto el hechizo, y como no se me ocurrió nada más, le enseñé mi libro sobre él. Lo miró arrugando la nariz, como si fuera un gato muerto. "Did ya write that stuff?", dijo. "Yeah. Could you sign it to me, please?" Ya llevaba preparado el boli. Se lo di, lo cogió como si fuera el gato muerto que había visto antes, y me puso una firma displicente en la página de respeto. Me devolvió el libro, miró al suelo, se dio la vuelta y se volvió al camerino. No entró, sino que se quedó en la puerta, apoyado en el marco, con su copa de vino blanco y el cigarrillo en la mano, justo igual que al principio. Y eso fue todo. Ya ves. And the caravan is on its way...
Abrazos,
edu.
Publicado por: Marcos Ordóñez | 10/04/2012 13:14:58