Segunda parte
1. Si aceptamos la teoría inicial de que toda la primera parte de Carretera perdida era un flashback, una “fuga hacia atrás” contaminada por la paranoia, ese viaje de reconstitución de lo sucedido concluiría, del modo más contundente, con el puñetazo en la cara de Fred Madison, que le “devuelve” a la realidad. Y su realidad inmediata no puede ser peor. Como en el famoso relato de Monterroso, ha despertado de lo que creía una pesadilla para encontrarse con el dinosaurio a los pies de la cama.
En la siguiente escena, Fred ya ha sido juzgado y condenado. En su celda del corredor de la muerte le vuelve una y otra vez, en flashes, la visión del cadáver de Renée. Las imágenes tienen la textura del vídeo, pero ahora son, definitivamente, en color, y cada vez es más visible el rojo acusador de la sangre en las sábanas y las paredes. Tendido en un camastro, Fred sigue mirando hacia lo alto, como si todavía estuviera en su casa, bajo el techo de cristal. No consigue dormir, y le torturan unos terribles dolores de cabeza. Uno de los carceleros le dice al otro: “Parece que ese asesino de mujeres está realmente jodido”. “¿Cuál de ellos”, contesta su compañero, y los dos estallan en carcajadas.