Peter Brook ha escrito un pequeño ensayo, Alas Poor Yorick, donde dice un par de cosas tan claras como sensatas sobre el eterno asunto de la identidad y la autoría de Shakespeare. Para empezar acusa, con muy buen humor, a los “conspiracionistas”, a los que siempre han proclamado que Bacon o Marlowe o De Vere escribieron las obras del Bardo, de conocer poco el mundo del teatro, “el peor lugar del mundo para guardar un secreto”. ¿Ustedes creen, viene a decir, que en una ciudad tan pequeña como el Londres isabelino, con tantos dramaturgos y tantas envidias y tantos panfletos en los que se ponían verdes mutuamente, no habría corrido la voz de que Shakespeare era un impostor?