Crónicas zelestiales III: La banda de los cuatro (Sisa, Gato, Flavià, Trópico)

Por: | 12 de marzo de 2013

Sisa a mediados de los años 70Para animar la nochevieja del 74 en Zeleste nace la Orquestra Platería, y con ella Ricardo Solfa, el primer heterónimo de Sisa, “un vocalista melódico que creció en alta mar y aprendió el oficio de mano de su padre, actuando en cruceros, estaciones de esquí y clubs de vacaciones”. De hecho son dos los personajes que surgen esa noche: Sisa recupera las canciones que escuchaba en la radio de su infancia (boleros y canción española, mayormente) y Jordi Batiste se transmuta en Rocky Muntañola para homenajear a sus clásicos en la más pura línea Sha-Na-Na. La banda, concebida por Rafael Moll, Gato (que quería bautizarla como “Las Perlas del Caribe”) y Sisa en el bar Aquilino, cercano a Zeleste, se formó para esa única sesión, pero tiene un éxito instantáneo y comienzan a lloverle ofertas.
Muy a su pesar, Sisa y Batiste abandonan el barco tras unas cuantas actuaciones. Sisa tiene Qualsevol nit en puertas. Batiste y su hermano del alma Ia Clúa (en arte, Ia & Batiste) llevan dos años componiendo y actuando. Un gran día, de 1973, ha pasado tan inadvertido como Orgía, pese a su enorme calidad. Tan inclasificables como Sisa, mezclan en su retorta ecos de folk, pop y psicodelia inglesa (Nick Drake, Colin Blunstone, Soft Machine) con armonías vocales deudoras de Simon & Garfunkel y Crosby & Stills & Nash & Young, a caballo de unas letras con fulgores oníricos. En 1973 montan un recital mano a mano con Sisa, Villa Montserrat, en el teatro Capsa de la calle Aragón, sede por excelencia (con la sala Villarroel) del teatro independiente. Más de lo mismo: gran talento, escaso éxito. Pero ahora las cosas también parecen a punto de cambiar para ellos: Serrat ha creado un nuevo sello, Òliba, y va a producirles su segundo disco, el esplendoroso Chichonera’s Cat, que aparecerá en 1975. De modo que ceden sus roles en la Platería a Jordi Farrás (a) “La Voss del Trópico”, del que pronto hablaremos, y a Manel Joseph (a) “El Trilla”, personaje imprescindible en todos lo que comienza a cocinarse: viene de Dos+Un, ha liderado ese mismo año Patatas Fritas, un efímero combo pop, está preparando con el valenciano Marià Albero (guitarra y voz de Patatas Fritas) el grupo La Rondalla de la Costa, y pronto compaginará su labor como líder y estrella de la Platería con su faceta de percusionista en la soberbia banda de Qualsevol nit, completada por Dolors Palau (flauta y voz), Xavier Riba (violín y voz), Paco Pi (bajo eléctrico) y Quino Béjar (batería).
A partir de aquí todo se acelera. Con Qualsevol nit (1975) Sisa consigue el éxito y el reconocimiento y puede dar salida a todas las canciones que había estado componiendo desde el 70 (y a unas cuantas recién salidas del horno). Son tres años de vértigo, con actuaciones por toda España, que arrojan una cosecha impresionante. Tras Qualsevol nit sigue, en el 76, Galeta Galáctica, otro joyero repleto de perlas, y en el 77 llega la culminación de La Catedral, su obra maestra, en formato de doble disco.

Portada de Galeta GalacticaEn esa época. Sisa se convierte en el rey lunar de Zeleste, en cuya barra oficia, noche tras noche, con los igualmente infaltables Gato y Trópico.
Gato Pérez vivía entonces casi puerta por puerta, y era de cajón fichar en Zeleste todas las noches, como contaría en Ebrios de soledad, una de sus grandes canciones. A finales del 74 se había disuelto Sloblo, efímera banda de country-rock, y con Rafael Zaragoza (a) “Zarita”, su compay desde los días del bachillerato, comienza a escribir canciones en inglés, porque en un rapto de magalomanía se plantearon nada menos que “el salto a la escena internacional”, decía, y acababan de formar un grupo que se llamó Gato, a secas, con el respaldo de una sección rítmica formada por Jordi Borrell, Flaco Barral y Andy Simon. Incluso llegaron a enviar una cinta con las maquetas a Rocket Records, el sello de Elton John, y que, contaba, “era un pastiche descarado de todo el pop-rock que escuchábamos en aquellos días”, pero el grupo tuvo corta vida.
Carles Flavià, el cuarto rey, ha hecho ya su entrada en la sala de la calle Platería, pero para el encuentro con Sisa hara falta, muy apropiadamente, la espoleta de La Catedral, como pronto se verá.

Aquella era una barra pródiga en historias y personajes irrepetibles. De entre las muchas y muchos quiero celebrar ahora el legendario episodio de aquel músico al que llamaremos Delaney y que parecía no dormir nunca, ayudado por las sustancias más puras del mercado, hasta que un verano la extrema pureza de su sustancia favorita le llevó al hospital, donde se despidió de la afición con una frase memorable.
Ahí lo tenemos, en una camilla, mientras la máquina que hace “píiii” muestra una alarmante línea recta sin sonido alguno. Un médico dice “¡Rápido, disfibrilador!”. Otro murmura “Lo perdemos, lo perdemos”. La enfermera jefe ya está a punto de anotar “Ingresó cadáver”. De repente, para pasmo general, Delaney abre los ojos. El médico jefe se frota los suyos, incrédulo ante lo que parece un milagro y le dice: “Amigo, hoy es el día más importante de toda su vida”.
Delaney, al que le quedan unos segundos de vida, niega con la cabeza. Luego indica al médico que acerque la oreja a su boca y, con un agónico hilo de voz, susurra:
“No: el día más importante de mi vida fue cuando conocí a El Fary”.
Y estira la pata.

Trópico canta, acompañado por Gato

Bien podía haber sido una frase de Trópico (apócope de La Voss del Trópico, obviamente), otro egregio suministrador de sentencias morrocotudas. Trópico, niño grande en todos los sentidos del término, era químico, “químico colorista”, precisaba, y tuvo varias vidas, como Gato y Sisa y Flaviá: por algo eran amigos, más que amigos, hermanísimos. El Grupo Salvaje, como se les conocía entonces. O la Banda de los Cuatro. O el Rodillo, según los días o, mejor, las noches.
Sisa era el Ciego o el Sátiro, a elegir. Los apodos de Flavià no eran demasiado originales: el Mosèn, el Páter, el Cura, el Padre Flanagan. Gato era Gato. Y Trópico era el Gordo o la Cuñada (apodo este último que compartió con Ia Clúa, si no recuerdo mal).
Trópico había tocado el bajo en algunos grupos de aficionados al jazz, en los años sesenta, hasta que, decía, de químico colorista mutó en “químico bolerista”, y versioneando a Gatica y a Roberto Cantoral con una voz semejante a un saco con veinte kilos de nueces rodando por una escalera (o un trueno a cámara lenta) conoció días de gloria con la Platería y luego con la Orquesta del Maestro Bellido, y repopularizó Camarera de mi amor, un viejo éxito de Machín que se convirtió en su tarjeta de visita o caballo de batalla, lo que le pedían siempre, cantara lo que cantase, y grabó varios discos con la crema layetana de la época, La Voss por la gracia de Dios en el 77 con Música Urbana, con dirección y arreglos de Joan Albert Amargós, y Las gavines de la Farga en el 79 a las órdenes de Jordi Sabatés, y en el 95 y el 99 No son boleros y Un poema de amor con el maestro Francesc Burrull, y murió joven, escandalosamente joven, a los 54 años. En el 2000 reventó Trópico por su mucha vida, reventó de exuberancia, de tanto alcohol y tanta risa y tanta comida y tanto trasnoche, y recuerdo ahora que pasó sus últimos años llenando el Pastís, decía, y no mentía, porque cuando cerró Zeleste se afincó en el diminuto bar francés de la calle Santa Mónica, donde apenas había espacio para su enorme barriga, para el teclado del enteco Burrull (y para Burrull mismo, por supuesto, pero Burrull ocupaba poco, casi lo mismo que su pianito) y para cuatro o cinco parroquianos, y también se reinventó durante unos años (o lo intentó al menos) como actor.

Trópico y el maestro BurrullSe contaban infinitas historias de Trópico en el teatro, y casi todas eran ciertas, como cuando hizo Tirant lo Blanc en el Romea, donde interpretaba a un monarca babilónico o asirio o persa, daba igual, lo importante es que con su panza y su túnica dorada y su barba postiza y afilada parecía la viva encarnación del Reyecito de Soglow, aquel personaje del TBO, y estrenó con éxito pero el segundo día tuvieron que ir a buscarle y casi cazarle a lazo, porque consideraba que con el estreno ya había cumplido, y bastaba y sobraba, y el resto sería repetición, y que mejor que el primer día ya no lo iba a hacer.
Pero su verdadero debut y su mejor historia teatral tuvo lugar un par de años antes, cuando Jêrome Savary le eligió para formar parte de un espectáculo escrito mano a mano con Quim Monzó llamado El tango de don Juan, una función que comenzó a cocinarse en Lyon, luego en Nueva York, luego en Barcelona, e hizo bolos en lugares tan lejanos e improbables como el puerto de Hamburgo, y es allí donde va a pronunciar la frase que prefiero de todas las suyas, y a fe que dijo muchas.  
En Hamburgo se acercaba la hora del estreno cuando Trópico, de natural bravío, sufrió un ataque de pánico escénico (pre-escénico, para ser más precisos) semejante al que apearía a Sisa del proyecto de Com quedem? (véase entregas anteriores).
El crítico Joan de Sagarra, enviado especial, intentó, durante varias horas, convencerle de que no podía salir por pies porque aquello era una enorme putada para sus compañeros, pero Trópico tenía otros planes: le había echado el ojo a un mercante que aquella misma noche salía rumbo a Helsinki, a su juicio un paraíso por descubrir, sin duda porque las películas de Kaurismaki no habían llegado todavía a nuestras pantallas.
“Venga, nos vamos tú y yo, que me has caído bien”, le dijo. “¿No has soñado nunca con empezar una nueva vida?”
“Hombre, una nueva vida… sí, claro… pero en Helsinki, Helsinki…”
Indesmayable, Trópico pormenorizó largamente las muchas bellezas de aquel lugar que no había visitado jamás. En un último y desesperado intento de introducir un átomo de racionalidad en su cabecita loca, Sagarra le dice:
“Sí, vale, muy bonito todo pero ¿de qué viviremos?”
A lo que Trópico replicó, como argumento inapelable:
“¡Yo te mantendré! ¡Soy químico!”
(Para las crónicas: El tango de don Juan se representó en Hamburgo. Con Trópico en un elevado grado de embriaguez, pero presente y actuante).

Escucho a Trópico en Zeleste, riendo como el mismísimo dios Baco (o Poseidón en un día soleado) por algo que le ha dicho Gato (que ríe como un ídem, con los ojos entrecerrados) o Sisa (al que se le empañan las gafas a cada carcajada), o por algo que tal vez ha dicho él mismo. Sisa, Gato, Trópico… y ahora entra Flavià, y va hacia la barra, dispuesto a decirle a Sisa, por primera vez, algo que va a dejarle pasmado, patitieso, algo que…
Sí, está a punto de producirse el inmortal encuentro, el coniunctio spiritum que tanto buscaron los alquimistas, pero lo dejaremos para la próxima semana. No se vayan.

(Continuará)

Bonus Tracks: unas cuantas fotos para el álbum
(gentileza de Manel Joseph)


La banda de Qualsevol nit

 
Sisa y Manel Joseph, abducidos por las lisergias del papel pintado.

Sisa, con la legendaria Dolors Palau, la respuesta catalana a Licorice Likky, plus Paco Pi, bajista memorable.

Sisa, Paco Pi y Manel Joseph, in the golden days of 75

Hay 11 Comentarios

Queridos Fulgencio (¡larga vida a la memoria de las Vainicas!), estudiodelsonidosnob (lamento no poder llamarte por tu nombre) y antonio: gracias por los comentarios. La serie podría ser infinita, porque esa época rebosa historias y música, pero creo que la cerraré con dos capítulos más, uno dedicado al gran Flavià, personaje de riquísimo anecdotario y personalidad, poco conocido fuera de Cataluña, y otro en torno a las diversas identidades de Sisa. Podría hablar y escribir muchísimo sobre Gato, uno de mis hermanos del alma, pero ya escribí un libro sobre él (que ahora ha sido reeditado en digital por sigueleyendo). Si os apetece, en el apartado "Música" encontraréis una Gramola Galáctica centrada en sus últimos años. Quizás escriba algo sobre Enric Barbat, gran cantautor olvidado, que dio unos excelentes conciertos con la Rondalla de la Costa en su primera época. Un fuerte abrazo!

Qué maravilla de crónicas y de anecdotario. ¿Buscas editor? Para mí, el primero de la Vosss, donde compartió protagonismo con Amargós, es el gran disco ninguneado de esos años, y mira que mientas ahí grandes discos ninguneados (¡La Rondalla de la Costa! ¿Cuándo llegarás a ellos, y a Sardineta?). Qué pena no haber conocido a aquel Trópico en sazón, aunque quizá lo hice en mis años barceloneses y no lo recuerdo, "ebrio de soledad" como estaba, o mejor, ebrio a secas.

Cuánta sustancia y que bien contado Don Marcos. Gracias.

si no recuerdo mal, gato pérez también fue parte de la Secta Sónica, que tienen un discazo llamado Fred Pedralbes.
me están encantando estos artículos.
saludos.

¡Hola, Pedro! Gracias por tu mensaje. En mi recuerdo, Slo-Blo hacían un country rock muy a caballo de los Byrds, los Flying Burrito y New Riders of the Purple Sage (entre otros). Lo que Gato quizás cocinara en la época del Chaminade (por cierto, "Apuntes Universitarios" - o AU - era una biblia para mí, como lo fue luego - o antes, o al mismo tiempo - la revista "Ozono", también madrileña) era un rock-pop muy "del momento", como dices, y es posible que mezclara ambas cosas en escena. Yo a Slo-Blo solo lo vi una o dos veces. ¡Gran abrazo!

Gato Pérez, antes de ser el rumbero que se inventó al día siguiente, con una guitarra eléctrica en los colegios mayores de Madrid, creo recordar que era el Chaminade. Un tipo casi imberbe, con gafitas, bajito y con mofletes. Cantaba canciones de los Rolling Stones y otros melenudos, hacía rock de última hora, sin complejos. Un contemporáneo de lo que había ahí afuera, la banda de un tipo al cabo de las calles de la modernidad: eso era Slo Blo.

Gracias, Ángel. "Odessey and Oracle" y "One Year" son dos de mis discos de cabecera. ¡Qué voz espléndida tenía Colin Blunstone!

Muy buena la serie de crónicas, hay un quinto disco de la Voss , Capablanca de 1982.

https://www.todocoleccion.net/la-voss-tropico-capablanca-lp-ariola-1982~x35729691

Hermosa reivindicación de determinada bohemia barcelonesa de los años 70. Necesaria, la referencia a Ia & Batiste, de lo más brillante del panorama pop en España de aquella década. Y me ha encantado la mención a Colin Blunstone, el antiguo vocalista de los Zombies (¡Odessey And Oracle, por favor!). Su primer álbum en solitario, One Year (1971), es una absoluta maravilla. Salud.

Hola, DAM! Yo en Madrid le perdí un poco la pista, pero quien seguro recuerda muy bien el apartamento con dos niveles es nuestra amiga Rosana Torres.
Abrazo!

Cierto, cierto. Cuando pasaba por Barcelona, siempre encontraba a Sisa en la barra del Zeleste. Le saludaba y nunca me reconocía. Aunque sospecho que era uno de esos míopes que sí tienen buena vista para las chicas. Cuando se instaló en Madrid, causó estragos. ¿Recuerdas, Marcos, su Apartamento Con Dos Niveles?

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Sobre el blog

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Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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