Crónicas zelestiales: Las varias vidas de Jaume Sisa & Carles Flavià (II)

Por: | 05 de marzo de 2013

Portada de Miniatura - con Pau Riba, Cachas y Albert Batiste
Hacia 1968 Sisa empezó a escribir y componer como un poseído. “Sin saber cómo ni por qué”, cuenta en Tan be que anàvem, “comenzaron a llegar a mi cabeza melodías y palabras. Como si hubiera entrado en otra dimensión, las canciones llamaban a la puerta, se colaban por la ventana y nunca he logrado averiguar de dónde salían. Yo era un picador en una mina de oro, y lo único que tenía que hacer era continuar picando y picando sin llegar nunca al final. ¿Era una vocación? ¿Era un don? ¿Era una enfermedad, un tajo en la imaginación? Era un relámpago a cámara lenta que iluminó una forma, hasta entonces desconocida para mí, de sentir y vivir, y que me acompañaría para siempre”.
No estaba solo. Pese a todos los obstáculos ambientales, Pau Riba preparaba su descomunal Dioptría, Màquina estaba a punto de debutar en el San Carlos Club, hasta entonces feudo de los Sirex, y su primer single –Lands of perfection/Let’s Get Smashed– había sido un éxito inesperado (“Queríamos ser Brian Auger and the Trinity y a mí me tocó hacer de Julie Driscoll”, como resumió Jordi Batiste con singular concisión) y por todos lados brotaban grupos “progresivos” o “alternativos”, que por lo general duraban lo que un lirio porque apenas había actuaciones, y se disolvían (la mili era una frontera ineludible) para renacer con otros nombres, casi siempre ingleses o casi siempre arcanos.
En 1969, a instancias de Pau Riba, Sisa participa con la canción El trist i desconsolat enterrament de la meva esposa en el EP Miniatura, con otros tres temas de Riba, Albert Batiste (exEls Tres Tambors) y José Manuel Brabo “Cachas”, otro talento descomunal, procedente de Madrid, donde había formado parte, del grupo Trágala, con Elisa Serna e Hilario Camacho, "aunque la verdad", cuenta Sisa, "es que José Manuel no pegaba allí ni con cola, porque era una mezcla de peregrino medieval y sabio de Oriente. Y, musicalmente, un genio y una enorme influencia. Le llamaban Cachas, por cierto, porque en su adolescencia había practicado el atletismo". Cachas aterrizó en Barcelona, seducido por el ambiente hippie, y junto con Sisa, Albert Batiste y la misteriosa Selene fundó Música Dispersa, uno de los grupos más marcianos de la época. "Nos conocimos, conectamos, y comenzamos a tocar juntos, porque estábamos llenos de ideas y de ganas". En 1970 grabaron su único (y precioso) álbum, Música Dispersa, a caballo entre el folk y la psicodelia, con ecos de la Incredible String Band. Hoy está conceptuado como una gema insólita, pero entonces pocos se enteraron de su existencia: según Sisa, apenas vendió trescientos ejemplares. Hacían bolos con amplis prestados, ante un público escaso que recibía mal aquellas canciones sin texto, solo onomatopeyas y tejidos melódicos. A menudo no les pagaban, y más de una vez tuvieron que volver a casa en autostop. "Tras la disolución del grupo, José Manuel se trasladó a vivir a Sant Lluís, en Menorca, donde vivió entregado a la lectura y la poesía. Murió en 2004, a los 56 años".

Portada de Orgia, su primer discoTambién en 1970 aparece Orgía, el primer disco de Sisa. Su presentación en sociedad, por así decirlo. Revalidó su prestigio, pero no pasó gran cosa en el negociado de ventas y crítica, pese a que flotaba en el ambiente la sensación de que iba a suceder justo lo contrario, de que una nueva generación iba abrirse paso. En el otoño de ese año, Oriol Regàs, dueño de Bocaccio y de las salas Maddox y Revolution, de Playa de Aro y Lloret de Mar, apadrinó a lo grande a los nuevos grupos, con Màquina y los sevillanos Smash a la cabeza, organizando el llamado Primer Festival Permanente de Música Progresiva. Entre octubre y diciembre pasaron por el salón Iris quince intérpretes. Sisa participó como integrante de Música Dispersa. Los restantes (un cartel amplio pero un tanto disparejo) eran Agua de Regaliz, Màquina, Dos+Un, Canarios, Buzz, Bravos, Crac, Brincos, Green Piano, Cerebrum, Evolution, Puntos, Smash y Pau Riba. A la salida de las sesiones hubo violentas cargas policiales: el proceso de Burgos estaba a la vuelta de la esquina y los grises golpeaban a bulto, sobre todo si ese bulto llevaba melenas.
Al año siguiente, en el campo de fútbol de Palou (Granollers), durante el 22 y 23 de mayo, tuvo lugar el Festival Internacional de Música Progresiva, que juntó a tres mil personas. “Lo organizó”, cuenta Àlex Gómez-Font en Barcelona, del rock progresivo a la música laietana (Editorial Milenio, 2011), “una asociación de jóvenes, cuyo cabecilla y auténtico instigador fue el promotor Joan Illa Morell, más conocido como “Jim”, con el soporte de Regàs y la cesión por parte del ayuntamiento del campo de fútbol. Fueron veinte horas de música, con entradas a 200 pesetas”. A lo largo de aquellos dos días actuaron, entre otros, Fusioon, Eddie Lee Mattison (que desde el 68 llenaba de soul-funk las noches veraniegas de Maddox), Smash, Pan y Regaliz, Tapiman, Màquina, Tucky Buzzard y, como broche de oro, los ingleses Family. Sisa, por cierto, se presentó con su propio repertorio. Pese a la vocación "permanente" del primer festival y a la voluntad "internacional" del segundo, fueron debut y despedida.
Tras una serie de matinales (en octubre del 71), donde actuaron Smash, Tapiman y Màquina, el salón Iris regresó, con contadas excepciones, a sus habituales sesiones de catch y boxeo. Y pese a los esfuerzos de Regàs, de Joan Illa Morell y de tantos otros promotores anónimos, o de programas como El clan de la Una, de Radio Juventud, donde el gran José María Pallardó hacía lo imposible para difundir los discos de las nuevas grupos (tanto foráneas como locales), la falta de espacios y el desinterés de los principales sellos acabó dando al traste con muchas trayectorias.

La primera vez que vi actuar a Sisa fue la mañana de un domingo de invierno del 72 o 73, diría que en el cine América, a cuatro pasos de su casa. Serían cien personas como mucho, las cien personas que se reconocían en bares como el London o La Enagua (no sé si existían todavía el Kikirikí o Discos Voladores), en subterráneas sesiones de teatro, en los cines de Arte y Ensayo. No formaba yo parte de aquella centuria, qué más hubiera querido: era un adolescente y ellos mis hermanos mayores, pero me parecía que aquella música estaba sonando para mí.
“En aquellos años estuve seriamente al borde de tirar la toalla”, cuenta Sisa, “porque a Als 4 Vents, que había editado Orgía, no le importaban un pito mis canciones y porque era absolutamente imposible vivir de las contadas actuaciones. Durante un tiempo me gané la vida con lo que pillaba: volví a ser camarero, vendí libros y televisores, trabajé en una oficina y me fui a Lérida a recoger fruta. Rafael Moll, que tocaba entonces la batería en un grupo llamado La Troupe, fue mi gran salvavidas. En mis horas más bajas se las ingenió para alquilar el Iris y montarme un recital, Darling Sisa, en junio del 72; un recital que tenía mucho de funeral vikingo, de despedida, porque yo estaba seriamente convencido de que sería el último. Un año más tarde, Victor Jou y él abrieron Zeleste en la calle Platería, vagamente inspirado en el Marquee londinense, que se convertiría en mi segunda casa, en todos los sentidos del término. Y no solo eso. El material de Qualsevol nit pot sortir el sol llevaba meses muerto de risa en las oficinas de Edigsa. Decían que no lo veían claro, que aquello era muy raro, hasta que Jou y Moll convencieron a Claudi Martí para crear un sello paralelo, Zeleste/Edigsa y de golpe, a finales del 74, pude entrar en estudio y grabar todas aquellas canciones. Y con Zeleste y Qualsevol nit cambió mi suerte de la noche a la mañana”.
Solo faltan tres años para que Sisa y Flavià se encuentren en la barra de Zeleste y sellen una amistad imperecedera. 

(Continuará)

Sisa a mediados de los 70

(Esta bonita foto, y las que verán ustedes en los próximos capítulos, pertenecen al descomunal archivo de Manel Joseph, a quien agradezco mucho la cesión).

Hay 6 Comentarios

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Que tiempos! Gracias por la evocación. Me parece que la escribes para mí.
Yo recuerdo perfectamente el primer dia que vi cantar a Sisa, como a Ia i Batiste, y a tantos otros en Madrid.
No puedo aceptar la orfandad en que vive la gente creativa e inteligente en este pais. No se que nos pasa.

Una crónica en honor al festival de teatro en Caracas http://cuentosdelizandro.blogspot.com/2013/03/edipo-y-las-tetas.html?spref=tw

Hola, Angel. Amén a todo, aunque me temo que el mercado internacional sigue siendo una quimera. Su obra 60-70 está editada en CD, aunque no sé si fácilmente encontrable.
Hola, Luis. Gracias por lo de Tony Leblanc. No lo incluyo porque no está publicado "oficialmente" por una editorial: fue un encargo del Festival de Málaga. Me divierte (y agradezco también) que eleves a "hallazgo teórico" lo de las "comedias chiripitifláuticas".
Un fuerte abrazo.

Ignoro si ya se está trabajando en esta dirección, y si el propio Sisa vería con buenos ojos iniciativas de esta naturaleza, pero, a estas alturas de la película, me parecen necesarios (¡qué no tendría de haber nacido en Francia!): 1) un buen documental acerca de su trayectoria 2) una antología en CD de, por lo menos, su obra años 60-70 (hasta su álbum new wave con Melodrama), orientada al mercado internacional. Yo lo veo así. Gracias de nuevo por toda la labor del blog.

Acabo de leer un libro que encontré por casualidad en la Cuesta Moyano: 'Tony Leblanc, genio y figura'. No sé por qué no lo incluye en su bibliografía, porque a mí me parece uno de los mejores libros sobre el cine popular español que es el mejor cine español). Su hallazgo teórico de 'las comedias chipiritiflaúticas' es revelador y debería ser incluido en los parámetros teóricos con los que se estudia el cine español, como el costumbrismo o la comedia urbana

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Bulevares Periféricos

Sobre el blog

Teatro, Literatura, Cine, Música, Series: arte en general. Lo que alimenta, lo que vuelve. Crónicas, investigaciones, deslumbramientos. Y entrevistas (más conversaciones que entrevistas). Y chispazos, memoria, dietario, frases escuchadas al azar (o no). Y lo que vaya saliendo.

Sobre el autor

Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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