Bulevares Periféricos

Sobre el blog

Teatro, Literatura, Cine, Música, Series: arte en general. Lo que alimenta, lo que vuelve. Crónicas, investigaciones, deslumbramientos. Y entrevistas (más conversaciones que entrevistas). Y chispazos, memoria, dietario, frases escuchadas al azar (o no). Y lo que vaya saliendo.

Sobre el autor

Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

Sobre El intérprete, de Asier Etxeandia.

Pisando tablas - Notas de diario (II)

Por: | 30 de mayo de 2013


El Festival Primera Persona juntó en un escenario (no pregunten por qué) a Dani el Rojo, Oriol Llopis y Marcos Ordóñez para que bucearan teatralmente en su pasado. La velada se llamó Barcelona Ciudad, tuvo lugar en el CCCB el pasado 3 de mayo y fue… bueno, nadie dijo que fuera a ser fácil.

Backstage con Joan Solé

Entre 22 y 26 de abril
. Sigue la lluvia (meteorítica) de correos. Nueva idea de los Pollos Hermanos (por si se perdieron el capítulo anterior: Miqui Otero y Kiko Amat), que hacen gala de un entusiasmo indesmayable. Al parecer se lo pasaron tan bien la otra tarde en casa, dicen, que proponen reproducirla en directo (la velada, no la casa), con mis farrucas negativas como gran momento cómico. También proponen incluir el vídeo de Raphael. Creo que acabamos descartando el plan entre los mails doce y quince. Se decide que Joan Solé no hará de mi Yo juvenil sino, matiz importante, de un actor que “ha de hacer de mí” (qué raro suena todo eso, incluso retrospectivamente) y necesita material, norte y guía, etcétera. Es decir, que será una entrevista encubierta. O recubierta de ficción: depende, claro, de lo que yo decida contar.

Cinco correos más tarde llega una escaleta de temas posibles. A ojo, una veintena. Les digo, también a ojo, que con solo que hagamos la mitad, el episodio (a falta de título, nos gusta llamarle “el episodio”) se pondrá en hora y media. Me dicen que no me preocupe, que ya seleccionaremos. Y, subtexto, que haga lo que me de la gana. Para acabar de liar la cosa, decido echar mano de fragmentos de Gaseosa en la cabeza y se los paso para que vayan leyendo en sus innumerables ratos de ocio.


El 26 se concreta la “parte técnica”: ensayo y prueba de luz y sonido el miércoles 3 de mayo, por la mañana. Caigo en la cuenta de que el 3 de mayo es “el gran día”, y que Barcelona Ciudad se representará por la noche. Y, desde luego (ahí es donde el verbo "caigo" hace honor a su nombre), que aún no tengo ni idea de lo que voy/vamos (Joan y yo) a hacer en escena, pero (quejíos) andamos todos desbordados de trabajo, vivir así es morir de amor, etcétera.
Llega el mail doscientostres. Entiendo (luego aclararé esto) que please please please, otro ensayo/prueba el martes. ¿Martes 30, a las once de la mañana? Imposible, me digo: aún no he escrito la entrada del blog ni la columna del jueves. Que no, que no puede ser, pero en fin, si hay que ir se va. Ya lo dice mi mujer: en el fondo soy un blando.

Los Pollos Hermanos y su hada salvadora, la multitask Clara Duch - foto Helena Exquis

30 de abril
. Martes. Cielo despejado, viento de nor/noroeste. Bajo por Rambla de Cataluña como el Conejo Blanco de Alicia. Pedazo de revelación a mitad de camino: lo veo, lo veo. Veo el plan. Veo el orden cósmico de los temas. Tema central: por qué decidí escribir en lugar de, pongamos, opositar a notarías. Eso es lo que viene a indagar “el joven actor”. Esa es su motivación. Descarto definitivamente los materiales de Gaseosa en la cabeza (que, ahora que lo pienso, ya fue “teatral”, en cierto modo: aquello lo fui montando, como stand up, digamos, hará un buen lustro, en lugares insólitos. He de contar eso algún día, apunto, porque siempre ando escaso de temas). Hablando de contar, vuelvo al presente. Temas: historias vocacionales. Epifanías por un tubo. En la esquina de Rambla de Cataluña y Consejo de Ciento se abre paso en mi cabeza la idea que asomó el piquito hará cosa de un mes (véase capítulo anterior). Idea gloriosa, fosforescente: a mitad de la función sacaré Chinchón y buñuelos, igual que aquella tarde. Y como no creo que nos lo ventilemos todo, habrá que comprar vasitos de plástico para invitar al público (mayormente, las primeras filas) a modo de gran clausura eucarística. El concepto es este: si no les gusta “el episodio”, por lo menos les gustará el Chinchón y los buñuelos. De vacío no van a irse, eso está claro.
Ya embriagado por el concepto, decido también que el episodio se llamará En el jardín. Qué escueto, qué elegante, qué bien. Voy parando cada cinco minutos para tomar notas. Como a ese paso no llegaré nunca, procedo a grabar en el móvil todo lo que se me va ocurriendo: seguro que Mamet hace lo mismo.

Llego al Muchas Cés jadeante de excitación, muerto de ganas de contarles a todos (Pollos Hermanos & compañía) el plan completo, que ya veo flamear entre la alta arboleda como la bandera de los Beau Geste Kids. Repentina caída en el desierto de la realidad: una afable recepcionista me dice que por allí no han aparecido ni Dani el Rojo ni Oriol Llopis. Ni los dos Joanes. Que ni están ni se les espera. Miqui,también ausente.
(¡Última hora! Miqui Otero confiesa: "Lamentablemente, yo sí estaba. Pero me escondí en el búnker de Dresde -el despacho de los directores- al oír que llegabas. Nos repartimos el trabajo: Amat se armaba de valor y salía a recibirte con un escudo, y yo seguía parloteando con los capos para que pareciera que no estaba pasando nada").
Continúa la acción.
... Y que Kiko (es la recepcionista quien informa, recordemos) está reunido con los jefazos porque en cosa de media hora tienen la rueda de prensa de presentación del festival.
¿Rueda de prensa? ¿Cómo que rueda de prensa?
Alguien aúlla y resulto ser yo. Subo por la escalera descementando las baldosas. Un aterrorizado testigo, que pega la pared a la espalda y extiende los brazos y traga saliva, contará luego a sus niños que aquella mañana se topó con un cruce entre el calvo de Shrek y el Increíble Hulk. Hubiera preferido una comparanza con el maduro Sean Connery, pero eso es lo que hay: verde esmeralda es mi faz y gargantuescos mis ademanes cuando abordo al gentil Kiko, que pese a su aspecto de bestia parda y pluritatuada (aspecto y potencia, porque me pega media hostia y me mata) escucha con paciencia infinita (y algo trémula: obnubilado impongo un poco) una ristra de imprecaciones y venablos acerca del intolerable caos organizativo.
Me deja acabar y procede entonces, y solo entonces, a mostrarme una prueba concluyente de que el lerdo soy yo: el mail de la semana pasada señala de modo inequívoco que me he equivocado de día. La cita era el viernes, no hoy, que estaba bien clarito para todos (de ahí su ausencia) salvo para... en fin.
Me deshago en tardías excusas. Como Jehová escribe derecho con renglones torcidos, Kiko me hace ver que el error no es una simple y palmaria muestra de agotamiento mental (aquí se puso eufemístico) sino un blessing in disguise: el paseo a cien por hora Rambla de Cataluña abajo ha servido para que esquema y pormenores de En el jardín se hayan ectoplasmizado como por ensalmo.
Asiento, mohíno y cabizbajo, y corro (Rambla de Cataluña arriba) a poner por escrito notas y mensajes grabados.
(Hubo posterior abrazo de Vergara, faltaría más. La rumba nos unió, como documenta esta imagen:)

Backstage con Kiko Amat

Más tarde, en casa, escribo:
En el ciclorama, imagen de jardín. Media luz.
Dos sillas de jardín y, enfrente, una mesita baja con papeles y un vaso largo.
Sonidos de pájaros.
Suena Days, de Ray Davies.
M1 está corrigiendo un texto.
La música disminuye y desaparece cuando comienza a leer, para sí mismo, en voz alta. Corrige con un rotulador.

Y luego extiendo las notas sobre la mesa.
La historia de mi padre contándome Rebeca en la versión de Enrique Rambal.
La historia de mi madre diciendo la inmortal frase “Tal día como hoy, hace setenta años, tu abuela vio volar caballos por el cielo” (y lo que sigue: el bombardeo del 38, vivido por mis abuelos).
La historia de mi cuelgue iniciático con El fantasma de Canterville
La historia del brindis de John Huston (“Por el impulso”) en mi escudo de armas.
La historia de Sanchez Pastor y el jamón imaginario.
Así, hasta diez historias. Y los diálogos correspondientes con el joven Zuckerman.

A primera hora de la tarde, el texto está listo. Si ya sabía yo que lo de caminar rapidito siempre me ha oxigenado mucho las neuronas. Y, de repente, otra certeza, entre maravillosa y desasosegante: que de aquí a dos días estrenamos: lo que se contará debidamente en el próximo capítulo.

(Continuará)

Predicando a los gentiles - foto Dani Canto

Puro teatro: "Bailando bajo las bombas" (25/5/13)

Por: | 25 de mayo de 2013

Sobre Barcelona, de Pere Riera.
Sobre Constantino Romero

Pisando tablas (notas de diario) – capítulo Uno

Por: | 23 de mayo de 2013

Un momento intenso de EN EL JARDÍN - foto Dani Canto

Hará un par de semanas me subí a un escenario, e incluso permanecí en él un buen rato enhebrando palabras. Esta es la crónica (por entregas) del magno acontecimiento.


25 de febrero. Miqui Otero y Kiko Amat, escritores y hombres de bien, organizan por segundo año el festival Primera Persona en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (a partir de ahora, Elmuchascés). Como llevo una vida de encierro monástico, nunca he oído hablar de dicho certamen, pero hago como que sí. Me dicen que hay un gran cartel: Junot Díaz, Shalom Auslander, Donald Ray Pollock, y un largo etcétera. Sigo asintiendo con la cabeza como un pajarico, pero es una estupidez porque estoy leyendo un mail, y de momento los mails no tienen pantalla adjunta. Se trata, me dicen, de un festival de literatura y música. Me hablan del retorno de las Raincoats (claro, claro), de la presencia de Robert Forster (este sí: Go Betweens) y de otros muchos. Proponen una lectura de fragmentos de Una vuelta por el Rialto y Un jardín abandonado por los pájaros en un bloque, dicen, dedicado a “las Barcelonas que no existen”. Cosa de una media hora, pormenorizan. Se hará en el teatro del Muchascés (que tampoco conozco. Bueno, de nombre). Me dicen que es estupendo y modernísimo, con gran equipamiento y más de trescientas butacas. Digo que sí, que encantado. Y es verdad. Me siento como un escritor de Ohio a punto de leer en una universidad del Este.

16 de abril. Parece mentira, pero ha pasado casi un mes. Como Miqui y Kiko (a partir de ahora, Los Pollos Hermanos: empieza a haber confianza) son altamente creativos, la idea original está mutando a una velocidad alarmante. Proponen una cosa epifánica. O varias. El momento en el que me lancé a escribir, por ejemplo. Y algo de Barcelona: Barcelona está en el título, la Barcelona de los 60 de Jardín. Y de los 70, en Rialto. (Abreviar los títulos también es muy americano). Pero, me dicen, no será exactamente una lectura. Ellos: ¿Te hemos contado lo del Yo Joven?
Yo (viejo): No, no creo.¿Qué es lo del Yo Joven?
Me lo explican. Alcanzo a entender que será una especie de mano a mano con un actor que “hará de mí”. Se llama Joan Solé. Adjuntan foto: barba, pelo (¡ay!), gafas. Gafas falsas, me confesará  luego, con menos dioptrías que un escaparate. Y la voz, me dicen: tiene una voz de oro, hipnótica, reverberante, como la tuya. El halago está hábilmente colocado para paliar lo que viene a continuación.
Me las prometía muy felices, solo en la cumbre, pero parece que vamos a ser tres, como los Tres Tenores.
Me informan de que mis compañeros de escenario serán a) Oriol Llopis, “el kamikaze rock critic por antonomasia”. Vida turbulenta. Mucha droga, que le mantiene apartado del circuito de las revistas (musicales) durante largos años. Ha vuelto, a lo grande, con un libro de memorias, La magnitud del desastre. b) Dani el Rojo, alias El Millonario. Dilatada trayectoria (comienza a los 16 añitos) como atracador de bancos. Catorce años en el talego. Politoxicómano (entonces). Rehabilitadísimo, ha contado sus peripecias en tres libros (Mi vida en juego, Confesiones de un gángster de Barcelona y El gran golpe del gángster de Barcelona), escritas a cuatro manos (ellos dicen “a dos”, porque estudiaron Letras y se descuentan) con el periodista Lluc Oliveras. ¿Qué me parece el cartel?
Me parece a) que mi vida, a su lado, parecerá la de una ursulina, pero no voy a disfrazarme de bad boy a estas alturas y, b), que se van a llevar todos los aplausos. Pero no se lo digo, no todavía.

Kiko Amat y Miqui Otero en uno de sus raros momentos de duda metafísica - foto Helena Exquis

17 de abri
l. Diluvio de mails. De los cientotreintaysiete retengo dos cosas: que he de elegir un par de canciones “representativas” a modo de obertura y rabo del episodio (todavía más inconcreto que la sinopsis de una película de Albert Serra) y que, sorpresa, brochedoraré la velada. Insisto hasta la extenuación en que quiero ser telonerito, pero lo consideran una muestra de falsa modestia y no tragan. Empiezo a pensar que es un plan hábilmente tramado para hundirme. Conato de pánico paranoico. Elijo las dos canciones: Days, de los Kinks, para abrir. Y Everyday I Write the Book, de Costello, para cerrar.

19 de abril. ¿Solo han pasado dos días? Reunión en casa para "ligar el asunto", como dice, con mucho optimismo, Kiko Amat. Hemos quedado a las seis, pero Joan Solé, The Actor (falsas gafas, barba, voz de oro, pelazo insultante, etcétera) llega media hora antes, diciendo que le citaron a las cinco y media. Astuta idea de dirección: deduzco que lo que quieren es que nos conozcamos y hablemos del plan, sea cual fuere. Es decir, que lo vayamos montando nosotros. Como ni él ni yo tenemos nada remotamente parecido a un plan, le pongo el último disco de Nick Lowe, que escucha en un silencio reverente y le produce una gran impresión (sobre todo I read a lot).
A las seis (pasadas) aparecen los Pollos Hermanos con Ariadna Cebrián (fotógrafa/camarógrafa) y Jordi Garrigós, que acarrea larguísimos cables y, detalle, una botella de vino. El acarreo de cables es una muestra de humildad y espíritu de servicio, porque fundamentalmente se encarga de la promoción (y la web) del Festival.
Tras los abrazos de rigor sale a relucir mi actitud habitual ante cualquier proyecto: mejor lo dejamos, nada de esto tiene sentido. De entrada, les digo, no me convence lo de hablar con el fantasma de la Navidad Pasada: si mi Yo de entonces se encontrara con mi Yo actual es probable que no hiciera ni puto caso de mis sabios preceptos, que era yo muy acémila. Sigue luego una larga lista de objecciones y enmiendas parciales o totalitarias, culminadas por el ya señalado miedo a la Tríada: que junto al MegaRocker y el MegaGangster, Joan y yo parezcamos dos hermanitas chejovianas (o segovianas).
"Parece que tenemos un caso claro de Cliente Difícil", dice Kiko.
Miqui, por su parte, escucha mis desalentadoras palabras con sonrisa británica y archicomprensiva, secretamente convencido de que todo se encarrilará en el último minuto. Y como en las comedias inglesas (“¿Alguien se apunta a un tenis?”), propone bajar al jardín y grabar algo, porque el espacio es ciertamente muy chejoviano (o segoviano). Lástima que hoy es el día que un vecino ha elegido para trocear un arbol muy grande con una motosierra modelo segunda versión de La matanza de Texas (donde había presupuesto para motosierras). Ariadna dice que no es problema en absoluto, que eliminarán el rugido dentado con un sistema que me explica y no comprendo (luego resulta que es verdad, que se puede, como comprobarán ustedes si consigo colgar el vídeo).

(Parece que lo conseguí, gracias a la sabiduría informática de Miguel Angel "Sargeant Brody" Medina. ¡Gracias! Continúa la acción)

Como puede verse y oirse, Joan y yo leemos unos pasajes de Un jardín abandonado por los pájaros (pero no por las motosierras) y Kiko, que carga con el micro por pura bondad, nos roba el protagonismo al pegarse un testarazo en la frente con una rama baja, lo que genera una imitación pasmosa de Marianico el Corto perdido en un rodaje, talmente la respuesta santboiana a Peter Sellers en El guateque.
Sirvo Chinchón seco y buñuelos en plan merienda. Los Pollos Hermanos sorben el anís como si fuera el mejunje mortífero que bebían los protagonistas de The Master. El resto de invitados dan muestras de circunspección y sostienen los (reiterados) vasitos alzando el meñique, pero a los diez minutos una alegría insensata y colectiva se expande por la sala. En ese instante germina (aunque todavía no lo sé) una idea brillante, genial (buenísima, incluso), que comentaré en el segundo capítulo. Todos afirman que saldrá una función extraordinaria. Abrazos, risas. ¡Qué hermoso es el mundo de la farándula!
Espoleado por el Chinchón, recuerdo (y no comento) mi anterior prestación interpretativa, facción cinematográfica: en una película (cuyo nombre no diré) encarnaba, por insondable capricho del director, a un banquero con hijo discapacitado. Acepté el enjundioso rol (una secuencia) como un reto, porque además tenía que hacerlo en catalán. Como hay un Dios en el cielo, la secuencia se quedó en la sala de montaje. Salgo de mi ensueño y pongo una filmación de Raphael desgranando su estupefacciente versión de El Indio, de Bécaud, para que vean lo que es un actor orgánico en plenitud de poderes. Como despedida e himno de guerra se canta a coro In the city, de los Jam. Unos y otros repiten que vamos hacia la gloria. Cuando se disipan los efectos del alcohol le digo a mi mujer que vamos hacia la catástrofe: una catástrofe de fauces ávidas, y dientes tan afilados como los de la motosierra que, al fin, ha decidido enmudecer.

(Continuará. Esto es solo el principio).

 

Puro teatro: "La habitacion de arriba" (18/5/13)

Por: | 18 de mayo de 2013

Sobre La Chunga

Charlando con Tek J. Smith sobre "Breaking Bad"

Por: | 17 de mayo de 2013

Walter y Jesse en acción

Continúa la conversación con Tek J. Smith (véase anterior entrega), scenic artist de Breaking Bad, la extraordinaria serie de Vince Gilligan, que vive en Fuenlabrada y da clases en la Universidad Camilo José Cela de Madrid.


- ¿Cómo era el trabajo en la serie?
- Apasionante, pero muy duro. Muchos amigos me dicen “Me encantaría trabajar en el cine, como tú” y a algunos les digo “No, tú no durarías ni una semana”. Comienzas a las seis de la mañana y puedes llegar a hacer jornadas de doce horas, a veces más. A veces trabajas gratis, por el orgullo, porque algo no ha quedado como tú querías y te dices “Eso lleva mi firma, ha de quedar perfecto”, y te quedas ahí las horas que haga falta. Luego llegas a casa, cenas, y le pides a Dios que te siga dando salud para poder hacerlo de nuevo el siguiente día.
- ¿Cuánto tiempo solía durar el rodaje de un episodio?
- Entre una semana y diez días. Ese es el tiempo “oficial”. Luego, como te digo, está el tiempo que le echas tú y tu equipo. Muchas veces es suficiente un vistazo al plan de una secuencia para darte cuenta de que  horario previsto no lo vas a conseguir. Y lo del equipo es muy importante, porque no vas a hacer tu trabajo exclusivamente. Nunca es “tú haz lo tuyo y yo lo mío”. No basta con que quede bien: queremos que el trabajo quede perfecto. Es un trabajo colectivo. Y en este caso estaba el orgullo de hacer una serie distinta, una serie que ha dejado huella.
- ¿Érais conscientes de eso desde el principio?
- Si no desde el principio, muy poco después. Fue una serie que empezó con dificultades, y hablo en pasado porque ya terminó, aunque todavía quedan unos cuantos episodios por emitir. Yo estuve hasta la cuarta temporada. En la primera y la segunda estuve de modo parcial, porque me reclamaban de otros trabajos, pero en la tercera y la cuarta ya estuve en pleno. No era un proyecto fácil. Sabíamos que los mayores recursos de la cadena, promoción incluída, eran para Mad Men (y un tiempo más tarde para The Walking Dead), pero nos dimos cuenta casi en seguida, como te decía, de que aquello era diferente.
Con Breaking Bad sucedió algo muy significativo: los técnicos se convirtieron en seguidores apasionados de la serie, y la veían religiosamente cuando la pasaban los domingos por la noche. Esto es muy, muy raro en nuestro trabajo. Por lo general, cuando llega el fin de semana, un técnico de lo que menos quiere oir hablar es de la serie que está haciendo, cosa lógica, pero allí estaban ellos, pegados a los televisores, y la comentaban el lunes. He de decir que yo no la veía, pero por otras razones. Soy muy autocrítico y me custa mucho concentrarme en  la historia: solo veo mis defectos. Veo una secuencia de muchísima acción y suspense y pienso “Lástima, a ese escenario le faltaban unos retoques: si hubiéramos tenido unas horas más...”.

Tek en acción

- ¿Influyó quizás la relación con los actores?

- Exacto, ese fue el otro elemento capital. Sabes cuando una película o una serie va a ser buena, y es por dos razones: por la entrega de quienes la hacen y por la relación entre los actores y el equipo. Hay trabajos en los que la distancia entre actores y técnicos es muy grande. En Breaking Bad no había comportamientos estelares. A los pocos días, Bryan Cranston y Aaron Paul ya eran Bryan y Aaron. Hablábamos con ellos como si fueran miembros de la familia. Y lo mismo sucedió con los que fueron llegando en las siguientes temporadas: Giancarlo Espósito, que interpretaba a Gus Frink, era Giancarlo, y Bob Odenkirk, el abogado tramposo, era Bob. Las cosas salen bien cuando todo el mundo está tan próximo, peleando por un objetivo común.
- ¿Qué recuerdos tienes de todos ellos?
- Bryan nos ganó a todos un día en que le llamó la atención, con mucho cariño, a un chico nuevo en el equipo. Estábamos en un cambio de escenas, como locos preparando la siguiente, y ese chico se puso a enviar un mensaje por móvil. Bryan le dijo: “¿Vas a dejar que tus compañeros trabajen mientras tú estás aquí sentado? ¿No les vas a ayudar?”. El chaval casi se muere de vergüenza. Ese día nos dimos cuenta de que entendía el trabajo de la misma forma que nosotros. Bryan estaba implicadísimo, porque era protagonista y también productor ejecutivo, e incluso dirigió dos o tres episodios. Era de los que te felicitaban cuando algo había salido bien, y te agradecían el esfuerzo. Una vez me hicieron cortar una pared para meter el objetivo de la cámara, pero se les olvidó rodar una secuencia y yo tuve que volver a dejar la pared tal como estaba en un tiempo récord. Contado así parece poca cosa, pero trabajamos muchísimas horas y con mucho estrés porque quería que quedase perfecto, perfecto, y a la mañana siguiente vino a darme las gracias personalmente. Eso no es una cosa habitual. Ni tampoco es frecuente la implicación con el lugar de rodaje. A Bryan le adoran en Albuquerque y le han nombrado hijo adoptivo, porque desde que llegó le pidieron mil cosas y nunca tuvo un no por respuesta: actos en beneficio de un centro de jóvenes, charlas para recaudar fondos para esto o lo otro… Hizo mucho, mucho por la ciudad. Y había que verle trabajar como actor. Trabajando con Aaron, por ejemplo…
- Parece haber muy buena química entre los dos.
- Impresionante. Aaron es otro tipo fantástico, majísimo. Mucho más callado y reconcentrado que Bryan. O que Bob, Bob Odenkirk, que tenía una energía sorprendente, siempre al mismo nivel, fueran las dos de la tarde o las dos de la madrugada. Por cierto que durante el rodaje de la última temporada se habló de hacer un spin-off con las aventuras de Saul, el abogado, más en clave de comedia negra, pero no tengo noticias. Pero lo que te contaba de Aaron: Bryan y él se ayudaban y se apoyaban en escena como si fueran hermanos. Hay una escena, no recuerdo ya en qué episodio, en la que tenían que representar una pelea bastante dura y estuvieron preparándola durante horas. Y luego se hicieron al menos veinte tomas de esa secuencia. Nunca les oí quejarse.
- ¿Conociste a Vince Gilligan?
- Claro, aunque sucedió algo también muy elocuente. Gilligan, desde luego, estaba en el rodaje, hablando con unos y otros, pero yo tardé unos días en darme cuenta. Andábamos todos tan ocupados que nadie me dijo “Eh, ese es Vince Gilligan, el superjefe”. Me di cuenta de que éra él cuando lo vi una noche en televisión, en el show de Jay Leno. Hasta entonces pensé que era un trabajador más de la cadena.

Aaron Paul consuela a Giancarlo Esposito

- Quiero preguntarte sobre la preparación de una secuencia inolvidable: la de la partida de Gus Fring. ¿Fue muy difícil rodarla?

- Bueno… en mi recuerdo, ni más ni menos que otras. Desde luego es una secuencia de impacto, y basa su sorpresa en ese efecto de maquillaje que no revelaremos por si alguien aún no la ha visto. Diría que todos los departamentos trabajamos ininterrumpidamente veinticuatro horas para prepararlo todo, y yo pasé de un departamento a otro. Te cuento. La secuencia no se rodó en los estudios sino on location, en una residencia para ancianos de las afueras de Albuquerque que llevaba tiempo abandonada. Eso supuso tener que ir con mi equipo una semana antes para ponerlo todo a punto: chapa, pintura, reconstrucción, etcétera. Cuando llegó el día, el maquillaje ocupó sus buenas horas, por supuesto. No pude presenciarlo todo, lógicamente, porque estaba a mil cosas. Recuerdo que me preguntaron “Oye ¿y tú que haces para la sangre?”, porque yo tengo una fórmula muy sencilla y muy eficaz: le añades un poquito de Nesquik a la sangre y le da un toque muy real, y así lo hicimos. Tenía que haber sangre por todas partes, por el suelo, por las paredes... Luego tuvimos que preparar los efectos de la explosión: destrozarlo todo con sierra y mazo y utilizar polvo de pintura negra para dar la impresión de tizne. Eso fue, claro, después de haber estado grabando todo el día, y duró el resto de la noche, con nuevos miembros del equipo que tomaron el relevo. Un día o más. El trabajo en el rodaje es muy parecido al engranaje de una máquina.
- Para terminar ¿qué te ha traído a España?
- ¡El amor! Me enamoré de una chica de Fuenlabrada y aquí me tienes. Doy clases de escenografía e iluminación en la UCJC, y Eva enseña inglés a los chicos de un colegio vinculado a la universidad. Me encanta España, pero estoy a caballo entre Madrid y Albuquerque: tan pronto me llaman he de ir, y Eva se queda aquí con sus padres. Ahora estoy a punto de volver, para rodar la nueva temporada de Longmire.

Tek en el rodaje de Longmire

                   
 
 

El hombre que fue jueves: "Críticas carnívoras" (16/5/13)

Por: | 16 de mayo de 2013

Sobre No Turn Unstoned
Tek J.Smith, uno de los scenic artists de Breaking Bad, la extraordinaria serie de Vince Gilligan, vive en Fuenlabrada y da clases en la Universidad Camilo José Cela. Jordi Carrión y Jordi Costa, que le descubrieron allí, me pusieron en contacto con él, porque me apetecía mucho conocer los pormenores del rodaje de la serie. He dividido la conversación en dos entregas. La que viene a continuación tiene su centro en lo que me parece un proyecto modélico y de gran interés para nuestro cine: el apoyo del gobierno de Nuevo México a la producción cinematográfica para convertir la zona de Albuquerque, con los ABQ Studios a la cabeza, en una sucursal de Hollywood, primando la labor de los grandes equipos locales. La segunda, que aparecerá el próximo viernes, gira en torno a su trabajo en Breaking Bad.

Tek J. Smith

Tek es un tipo estupendo, cordial y cálido, que comunica pasión por su oficio, algo insólito en los tiempos que corren. Me explica que un scenic artist "es el encargado de hacer realidad todo lo imaginado por los diseñadores de producción" (o directores artísticos, como les llamamos aquí). Tek lleva veinticuatro años en la profesión – su debut fue Bailando con lobos, en South Dakota -  y a lo largo de todo este tiempo ha simultaneado el trabajo de scenic artist con los de propmaker (constructor de elementos de utilería), set painter (encargado de crear las texturas de color de un espacio de rodaje) y creador de efectos especiales.

- Yo me considero, por encima de todo, un artesano – cuenta Tek -. ¿Es una palabra bonita, verdad? Me siento orgulloso de mi profesión y de formar parte de una familia, los trabajadores de cine de Nuevo México. Tenemos una reputación, forjada a lo largo de muchos años, y la defendemos día a día, rodaje a rodaje: valemos lo que vale nuestro trabajo. Soy de Albuquerque, y ahora tengo la suerte de poder trabajar plenamente en mi tierra, porque en los últimos años se ha convertido en un centro de producción muy importante. Me crié en un pueblito al sur de San Antonio, Texas, y estudié en la Santa Fe University of Art & Design, que tiene unos estudios impresionantes. Es una universidad ideal para foguearse, porque las aulas están en los pisos superiores y los platós en la parte de abajo, de modo que los estudiantes tienen clase por las mañanas y por las tardes pueden hacer las prácticas en plató. Allí se ha rodado mucho: yo trabajé, ya como profesional, en Valor de ley (True Grit), de los hermanos Coen, y en Indomable (Haywire), de Steven Soderbergh, dos películas estupendas con gente estupenda, grandes maestros, y cuando tenía alguna hora libre enseñaba a los alumnos a preparar escenarios. El director de fotografía de Soderbergh era el gran Christopher Doyle, mano derecha de Wong Kar Wai, que también vino a Santa Fe para impartir una clase inolvidable.
En los últimos años he encadenado una película tras otra. He vivido y estoy viviendo algo que nunca vería: el retorno de los grandes estudios. Y, como te digo, en mi tierra, al lado de casa, con mi gente. No te aburriré con listas; te iré contando lo que recuerde. Vamos a ver. En 2009 trabajé en Los hombres que miraban fijamente a las cabras (The man who stare at goats) y Terminator Salvation. De 2010 son Valor de ley, Salidos de cuentas (Due Date) y El libro de Eli (The book of Eli). En 2011 hice Indomable y Blaze You Out, que me parece que no se ha estrenado en España. El año pasado rodamos Un plan perfecto (Gambit): fue un placer trabajar con el production designer Stuart Craig, una leyenda en el mundo de la dirección artística. Y luego las series, claro, con Breaking Bad y Longmire a la cabeza, que ocupan varios años. Longmire es un western para el que hemos convertido Nuevo México en Wyoming, porque su protagonista es un sheriff de Wyoming. Pierdo un poco la cuenta, porque los rodajes van muy seguidos y a veces se simultanean. Por ejemplo, mientras rodábamos la cuarta temporada de Breaking Bad hubo una pausa por unos compromisos de Bryan Cranston y durante esa semana me reclamaron para trabajar en Los Vengadores (Marvel The Avengers, 2012). Lo último que he rodado allí es Lone Survivor, que todavía no se ha estrenado. Terminamos de filmarla a finales de diciembre y todavía está en postproducción. Se basa en hechos reales: la llamada “Operación Red Wing” para capturar a un líder talibán en 2005, que acabó pésimamente. Mark Wahlberg interpreta al protagonista, el único miembro del comando que sobrevivió: de ahí el título. 

Albuquerque, el Hollywood de Nuevo México

- ¿A qué se debe ese boom de rodajes en Nuevo México?.
-  Hasta los años ochenta, más o menos, casi todas las películas americanas, con las excepciones de rigor, se rodaban en Hollywood o Nueva York, que eran los grandes centros de producción. Luego, durante un tiempo, muchas series y películas comenzaron a rodarse en Vancouver, porque los productores tenían unos acuerdos con el gobierno canadiense y les salía más barato. Luego comenzó la descentralización, pero apoyando los territorios nacionales, y se crearon estudios en Michigan y Louisiana. Hará unos cinco o seis años, el anterior gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, al que conocerás porque negoció con éxito la liberación de prisioneros norteamericanos con Corea del Norte y fue embajador en la ONU, promovió una ley para favorecer la industria del cine en la zona, por medio de la cual los productores reciben subvenciones a cambio de que el 80% de los técnicos sean profesionales de Nuevo México.
Ha sido fundamental la creación de los ABQ Studios de Albuquerque, enormes y equipadísimos, donde se han rodado los interiores de Breaking Bad y Longmire, y muchas, muchas películas. Te citaré algunas más: allí se han hecho también Déjame entrar (Let me In, 2010), La huésped (The Host, 2013), El último desafío (The last stand, 2013) o The Lone Ranger, con Johnny Depp, que se estrenará este verano. Eso ha sido muy importante para todos los que nos dedicamos a esto. Nos sentimos apoyados, y muy orgullosos y conscientes de formar parte de un equipo: somos “los trabajadores de cine” de Nuevo México.
- He leído que el pasado 4 de abril, la actual gobernadora de Nuevo México, Susana Martínez, aprobó una nueva ley, precisamente llamada “Ley Breaking Bad” que ampliaba la de Bill Richardson y creaba nuevos incentivos para los productores y, claro, para los trabajadores. Algo que, obviamente, es todo un modelo para la depauperada industria española…
- Sí, así ha sido. Es un óptimo ejemplo de colaboración entre el gobierno, la industria y los sindicatos. Esa nueva ley da plena seguridad a técnicos y actores locales a la hora de seguir trabajando y revierte en la industria local, porque utilizamos más servicios, se crean más negocios, y todo ello revierte en la economía del estado. En realidad las subvenciones comenzaron con el gobernador Gary Johnson, que se presentó a las últimas elecciones presidenciales, y luego Bill Richardson desarrolló las propuestas porque su sueño era convertir a Nuevo México en un segundo Hollywood, y creo que estamos en camino de conseguirlo. Albuquerque ya no es solo otra parada en la Ruta 66.

Bryan Cranston y Aaron Paul en Albuquerque

- ¿Qué diferencias hay entre las leyes de entonces y la “ley Breaking Bad”?
- La ley de Richardson era estupenda pero un poco confusa. Los jefazos de Los Ángeles me decían, cuando rodábamos Cowboys Vs. Aliens, que no acababa de quedar claro lo que entraba en el plan de subvenciones y lo que no. Por otro lado, muchos técnicos de Hollywood abrían cuentas bancarias en Nuevo México para fingir que residían allí, pero aunque trabajaban en las películas de Nuevo México seguían viviendo en California o en otros estados. Con la “ley Breaking Bad” solo puedes formar parte del sindicato (IATSE Local 480) si pagas impuestos y haces la declaración de la renta en Nuevo México: es una forma clara de potenciar el trabajo local y tener empadronados a los trabajadores. Yo he invitado a mis alumnos y colegas de la Universidad Camilo José Cela a que visiten mi tierra para que conozcan el sistema de trabajo de los ABQ Studios y, sobre todo, para que vean cómo está aplicándose la ley desde el New Mexico Film Office (NMFO) porque, desde luego, es un sistema que bien podría utilizarse en España. En estos momentos, en la zona de Nuevo México (en los estudios ABQ, en los de Santa Fe, en Garson y en otros puntos) se están preparando dos series, Cosmos: A Space Odyssey y la segunda temporada de Longmire, y el rodaje de nueve largometrajes.
 - ¿Y el hecho de que Breaking Bad suceda en ese territorio se debe fundamentalmente a las subvenciones?
- Bueno, sobre esto hay varias versiones. Por un lado, creo que el proyecto de Breaking Bad es anterior a los planes de Bill Richmond. Hay quien dice que Vince Gilligan eligió la zona de Nuevo México por la cercanía con la frontera, por el asunto central del tráfico de metanfetamina. Hubo gente a la que no le gustó que se relacionara, aunque desde luego la serie es muy clara y muy crítica con el tema de la droga y sus efectos. A mí me contaron que el personaje de Walter White está basado en hechos reales sucedidos en Albuquerque, pero también otros me han dicho lo contrario. Ahora parece que las autoridades están muy contentas porque se ha generado un “turismo Breaking Bad”. Hay mucha gente que viene para ver las principales localizaciones en exteriores, como la casa donde vive Walt, y se pasan todo el día tomando fotos. No sé como lo llevará el dueño, claro.

(La semana próxima, segundo episodio: Charlando con Tek J. Smith sobre Breaking Bad)

Buenas noches, jefe (sobre Alfredo Landa) (9/5/13)

Por: | 09 de mayo de 2013

Sobre Alfredo Landa

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