Sobre "Alegrías de Cádiz"

Por: | 31 de enero de 2014

Cartel de ALEGRIAS DE CÁDIZHay muchas teorías sobre los orígenes de Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente. Se dice que los primeros gaditanos eran fenicios que venían de Tiro y de Sidón, pero yo creo que llegaban de otro mundo, muy libre y muy blanco, tan blanco como su luz de cal y de sal. Ya bien lo dijo el Beni, alienígena con estatua, en frase inmortal: “Mira si es antiguo Cádiz que ni siquiera tiene ruinas”.
Alegrías de Cádiz, el feliz retorno al cine de Gonzalo García Pelayo, es la película más libre y luminosa que he visto en mucho tiempo, y documenta que sus personajes bien podrían ser de ese otro mundo por su forma de hablar, de reir, de cantar y de moverse por la vida. Y por el brillo en los ojos y los cuerpos de las cuatro Pepas protagonistas (Laura Espejo, Beatriz Torres, Rosario Utrera y Marta Peregrino - y también, Pepas colaterales pero presentísimas, Jessica Sánchez, Silvana Navas y Patricia Galindo). Y por las sonrisas, el vacile, el balanceo, el dejarse llevar. Un mundo felizmente ritual, pautado por el alegre coro de las chicas del Revuelo, hermanas de sangre de las hadas zumbonas de El sueño de una noche de verano, y con apariciones monárquicas como la de Mariana Cornejo, reina y maga de ese mundo antiguo y sin ruinas, o el compás como narrador de Javier García Pelayo, el rey de la Sota Americana, uno de los últimos hippies verdaderos que quedan, que habla como un viejo sabio que lo ha visto todo pero aún sigue maravillándose y dejando que la vida centellee.
Hay otro narrador, un joven monarca ocioso y mujeriego, Jeri Iglesias, que lanza delirantes proclamas y se pone estupendo pero nunca falso, porque sus palabras, que en boca de otro podrían sonar pomposas o retóricas, brillan y brincan como peces locos en el agua. El Jeri parece la reencarnación de su padre, el gran Miguel Ángel Iglesias de Vivir en Sevilla y Corridas de alegría, vuelto a la tierra, al paraíso original gaditano, con más fuerza y todavía más locura pero, me atrevería a decir, sin una gota de su tormento: ese retorno es el mejor homenaje que podrían hacerle sus compadres, los García Pelayo. Y como los Pelayos son contagiosos en el mejor y más dichoso sentido de la palabra, ahí asoma también Oscar, poeta y boxeador, hijo de Gonzalo y sobrino de Javier.
Y no me olvido de la voz y la música de esa revelación que es Fernando Arduán.

Viendo Alegrías de Cádiz no dejé de pensar en lo mucho que le gustaría a Pasolini esta película. Todavía más: si Pier Paolo, en un salto digno de Gianni Rivera, su mediocampista favorito, hubiera esquivado la muerte en Ostia, bien podría haber marcado gol en Cádiz. O sea, que yo lo veo resucitado allí, mirando así, cantando por alegrías, descojonándose con el ingenio inagotable y la poesía auténticamente popular de las chirigotas y comiendo capirotes de camarones. En Cádiz podría Pasolini volver a sonreír y encontrar las sonrisas de todos los Ninettos y todos los Acattones: la sonrisa de aquellos barrios de Roma, los borgate de las orillas del Tíber, que todavía olían, como sus gentes, “a jazmín y a sopa humilde”.

Gonzalo García Pelayo, rodando ALEGRIAS DE CÁDIZ

Alegrías de Cádiz
, que atrapé el pasado diciembre en la sala Berlanga (CineMad) y todavía no ha llegado a los circuitos llamados “comerciales”, hace honor a su nombre: alegría de vivir, de rodar, de contar. A mí me da igual que comience historias que luego abandona, que los actores entren y salgan de sus personajes, o miren a cámara, o improvisen, o enmudezcan y rompan a reir, porque así es como brota la vida en los relatos.
A mitad de película, por ejemplo, se produce la irrupción gloriosa de las chirigotas, con su ingenio desinhibido y reluciente, y hay que parar como se para en Cádiz para recibir los carnavales. ¿Qué puede haber más importante? Juan Orol paraba la acción en una de sus películas porque los protagonistas se iban al fútbol y creía que el público tenía que ver el final del partido, y Clint Eastwood hizo algo parecido en Escalofrío en la noche para que escucháramos a Cannonball Adderley tocando en el festival de jazz de Monterrey.
Siempre habrá quienes digan que no se pueden mezclar las aguas, que una cosa es un documental y otra una ficción, y categorizaciones por el estilo: peor para ellos, porque sus vidas estarán igualmente encajonadas.
Felizmente, Gonzalo García Pelayo sigue fiel a su visión del mundo, a su lema de marino fenicio o, directamente, extraterrestre, por raro y por libre: “No hay puerto más seguro/que el de ser fiel a lo incierto”. Y la espléndida noticia es que su prodigiosa longitud de onda está encontrando múltiples y merecidos ecos en certámenes de toda España y del extranjero.Tras la presentación de Alegrías de Cádiz en el festival gaditano Alcances, y luego en el de Sevilla, sus películas se vieron, el pasado otoño y en salas repletas, en el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale 2013), y en febrero se verán de nuevo en el ciclo que le dedica a partir de mañana la Filmoteca en el cine Doré, al que seguirá una retrospectiva en el Museo del Jeu de Paume de Paris, del 18 de marzo al 6 de abril. Y ya está rodando la siguiente, Niñas, mientras prepara Que se me paren los pulsos, un viaje al corazón de la copla mas feroz: tras treinta años de silencio cinematográfico, esto es un retorno por todo lo alto. Que no decaiga.

 

Hay 4 Comentarios

Se puede ver gratis, hasta el 16 de febrero, 'Alegrías de Cádiz' en www.margenes.org

Se puede ver gratis, hasta el 16 de febrero, 'Alegrías de Cádiz' en www,margenes.org

Gracias, Carneham. Acabo de pasarle tu post a Garciapelayo, que estará encantado. Encantadísimo, vaya: menudo seguimiento. Fuerte abrazo.

Estoy deseando verla porque conozco demasiado poco al García Pelayo cineasta. Tan solo recuerdo haber visto, hace una eternidad, "Manuela" e "Intercambio de parejas frente al mar". Pero tengo una ya antigua devoción por el personaje que me parece un lujo que no hemos sabido valorar.

Es hora ya de reconocer que Gonzalo García Pelayo, es el mejor productor musical que ha existido en España (junto a Ricardo Pachón, Rafael Trabucchelli y Alain Milhaud). No soy excesivamente dado a los maximalismos -aunque algún arrebato tengo de vez en cuando-, pero creo que lo anterior admite escasa controversia. Basta recordar la cumbre alcanzada dirigiendo la serie Gong en el madrileño sello discográfico Movieplay, donde grabó fenomenales discos de artistas de variado pelaje: grupos como Triana, Granada, Goma o Burning; inclasificables como Gualberto, Vainica Doble o Pau Riba; precursores de lo que dio en llamarse nuevo flamenco como Lole y Manuel; cantautores como Luis Eduardo Aute, Hilario Camacho o José Antonio Labordeta. Y un largo etcétera de producciones independientes para varias compañías (con los puntos culminantes de “Soy lo prohibido” (1985), posiblemente el mejor álbum de Bambino, y "Fenicia" (1990) de Gato Pérez i academia rumbera, cuyas copias en vinilo atesoro).

Pero, si tuviera que elegir un solo artista producido por García Pelayo, sería María Jiménez, a quien éste descubrió en un tablao flamenco, y que le fascinó inmediatamente con su garra y sensualidad. García Pelayo tuvo enseguida la revelación, con la clarividencia de su admirado Sam Spade, de que tenía un diamante entre las manos y supo rodearla de los mejores músicos y de los arreglos más adecuados para resaltar sus virtudes.

Por si fuera poco, este hombre también desarrolló una meritoria tarea divulgadora -casi pedagógica- de la mejor música pop en televisión, en el mítico “Popgrama”, junto a Carlos Tena y Diego A. Manrique (aún recuerdo nítidamente el tremendo impacto que me produjo la primera vez que escuché “Entre dos aguas” de Paco de Lucía, que también asombró a los miembros del grupo de John Mayall, que casualmente fueron entrevistados en el mismo programa). Asimismo, había aportado -junto al grupo sevillano Smash- algunas curiosas teorías como la de los hombres de las praderas versus los hombres de las cuevas y los hombres de las montañas (“Manifiesto de lo borde”), y había escrito agudamente sobre el mito Dylan (“Dylan y el rock, la época ácida”, incluido en un volumen colectivo sobre el autor norteamericano, publicado en 1974 por la Editorial Fundamentos).

Y todo antes de terminar dirigiendo todo un pequeño imperio familiar dedicado al juego y saltando la banca de los casinos de medio mundo. Bigger Than Life.

Ah, y como dijo el Beni: "El que la lleva la entiende".

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Teatro, Literatura, Cine, Música, Series: arte en general. Lo que alimenta, lo que vuelve. Crónicas, investigaciones, deslumbramientos. Y entrevistas (más conversaciones que entrevistas). Y chispazos, memoria, dietario, frases escuchadas al azar (o no). Y lo que vaya saliendo.

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Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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