40 Aniversario

Café de Madrid

25 ago 2016

Por: Jorge F. Hernández

Agua de azar

 

Conquistar un vacío

 

La caminata de todos los días también sirve de luto. En realidad, evasión; no quiero pensar en las ausencias, ni imaginar por hoy los dolores de todos los deudos.

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23 ago 2016

De frente

Por: Jorge F. Hernández

Cartas de Cuévano

De frente

Por un infarto que parecía de Miura, llevo un lustro intentando decir – de frente—las impagables deudas de gratitud, los signos de admiración y también el íntimo desprecio e incluso, cuitas siempre pendientes, directamente a quienes corresponden. Decirlo de frente, en vivo y a los vivos (también a mis muertos, confiándoles la espera) y dejar para siempre de arrepentirme por no haber abrazado a los escritores que enseñan en cada párrafo, los amigos incondicionales, los afectos instantáneos y, también los amores contrariados.

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17 ago 2016

En espera de otoño...

Por: Jorge F. Hernández

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13 ago 2016

Pinche nube tan chinchona

Por: Jorge F. Hernández

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11 ago 2016

No río de Río

Por: Jorge F. Hernández

Agua de azar

No río de Río

No es ningún secreto que de un tiempo a la fecha –desde que rompí la dieta—acostumbro presentarme en hoteles y restaurantes como el equipo mexicano masculino de nado sincronizado, argumentando que voy en solitario por falta de presupuesto y corruptelas que provocaron la baja de mis siete compañeros. En algunos comercios me miran atónitos y en mi abono, a veces argumento que soy bastante coordinado conmigo mismo, que ensayo a diario con pinza en nariz y gorro de hule, bajo la regadera y con el Huapango de Moncayo como guía para mi coreografía cetácea. Fuera de broma, muchos gerentes de hotel y jefes de meseros no se sorprenden al saber ya de memoria los muchos enredos burocráticos que trastocan la labor de todo atleta profesional mexicano: deportistas jubilados –casi tan obesos como yo—y funcionarios de corbata, gomina y pantalón largo con valenciana a la medida de sus zapatos nuevos acostumbran enredarse en triquiñuelas presupuestales, cochupos empresariales, desidia ancestral, corrupción endémica, desinterés epidérmico y demás fangos para malgastar los pocos fondos de inversión y abandonar a los atletas en cuanto terminan los desfiles de la ceremonia de inauguración (donde sin justificación alguna también salen sonrientes y agitando banderitas quienes en realidad sólo sudarán por el calor o los fallos en el aire acondicionado de las salas VIP).

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11 ago 2016

Otros cartones

Por: Jorge F. Hernández

Cartas de Cuévano

Otros cartones

Alfonso Reyes, el más español de los escritores mexicanos hasta ahora, empezó su prodigiosa década de Madrid hace un siglo casi exacto. Sabemos que fue participante notable de las grandes tertulias literarias sobre las antiguas mesas de lápida de los ya viejos cafés, algunos de los cuales siguen atendiendo a su fantasma; también fue notable traductor de no pocos párrafos ingeniosos de G.K. Chesterton y otros para editoriales españolas y precursor de lo que hoy llamamos crítica cinematográfica bajo el seudónimo de Fósforo y activo promotor de mucha labor editorial, cultural, además de prolífico autor de sus propios ensayos, disquisiciones, apuntes y eso que él mismo llamó Cartones de Madrid.

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11 ago 2016

La brisa de verano es un cuento... fugaz

Por: Jorge F. Hernández

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08 ago 2016

Dicen que en el siguiente párrafo nos llueve...

Por: Jorge F. Hernández

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31 jul 2016

La isla de su mano.

Por: Jorge F. Hernández

La isla de su mano

Eliseo Alberto de Diego y García Marruz abría la mano izquierda como una flor de cinco pétalos y con la punta del índice de la mano opuesta narraba la íntima cartografía de La Habana que llevaba en el alma. Llevaba en las yemas la arquitectura entrañable de las casas viejas, salitre de colores pastel y el tumbao que tienen todos los negros al caminar. Llevaba encima el paisaje entero de una isla con todas sus heridas y cicatrices, la zafra histórica donde lo fotografiaron más guapo que una palmera inmensa y las colinas heroicas de un pasado en blanco y negro. Lichi tenía en la saliva la piedad y misericordia con las que siempre clamó por reconciliaciones y el milagro constante de la reunión, incluso con los fantasmas que supuestamente ya se habían ido.

         Lichi era un escritor incluso cuando no escribía. Tenía endecasílabos y sonetos perfectos en la comisura de los labios, que si bien no quiso fardar por respeto y alabanza de la inmensa poesía de Papá Eliseo, de Tia Fina y Cintio, bastarían para signarle su grandeza. Tenía guiones cinematográficos en la breve narración con la que contaba lo que acaba de ver pasar por la calle de enfrente o lo que escuchaba en las azoteas cuando se ponía a cocinar entre párrafos. Pero sobre todo, Lichi era novela, todas las novelas que nos dejó y las que quedó a deber: historias hiladas con amor no sólo a las palabras sino también a cada uno de los personajes que se volvían palpables, abrazables con su prosa de colores. Hay días en que elijo una al azar y digo que es la mejor, para releer otra al dia siguiente y sentir que ya cambió mi predilección, porque Lichi es novelista que se supera incluso ahora en que se supone en que esos libros duermen la paz de los estantes. Tengo para mí que se siguen moviendo, desalineados, bailando una rumba todos los integrantes de un circo fantástico, caminando el Malecón dos amigos infalibles, cantando arias de ópera un mulato en la ponchera y el vendaval acalorado de todas las parejas que se aman en sus páginas, que se besan sin cansancios y se entregan con el alma en el habla, en la piel… en el espejo de un hombre bueno, feliz y grande en todos los sentidos. Me basta abrir la mano y sentir que allí está la isla de Lichi, abierta con dedos como lápices gruesos de colores acuareleables, siempre al filo de todo abismo, siempre salvavidas. Me basta dormir a cualquier hora para que se me aparezca en sueños y se vuelva a escuchar su voz como murmullo de mar, la saliva con espuma de olas y la mirada vidriosa de quien era capaz de llorar dolores ajenos y alegrías que contagiaba. No pasa un solo día sin que lo piense y a veces lo dibujo en hojas improvisadas, en cuadernos al azar o en papeles que dejo en las mesas, así como regalo sus libros, para que alguien, algunos, otros o uno solo descubra hoy mismo la inmensa literatura, la tremenda verdad con la que escribía este hermano grande, gigante que llevaba tantas historias encima que no para de extender cheques abiertos, como salvoconductos, para un mundo mucho mejor que éste.

 

30 jul 2016

El perseguido

Por: Jorge F. Hernández

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Sobre el blog

Café de Madrid es un blog que extiende -en párrafos, fotos y dibujos- el ánimo de un cronista mexicano por las calles, biografías y párrafos de la Villa y Corte del Oso y del Madroño. Una mirada a los diferentes pretéritos y presentes que le dan vida, los lugares que han desaparecido y las muchas cosas insólitas que la hacen una de las ciudades más enigmáticas e interesantes del mundo.

Sobre el autor

Jorge F. Hernández

Soy escritor y he publicado dos novelas, una de ellas La Emperatriz de Lavapiés que fue Finalista del Premio Alfaguara en 1998; cinco libros de cuentos y cinco libros de ensayo. Tengo las columnas "Cartas de Cuévano" y "Café de Madrid" en EL PAÍS. Hago dibujos y hace cincuenta kilos fui novillero. Sígueme en Facebook.

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