40 Aniversario
José Ignacio Torreblanca

Silencio venezolano

Por: | 26 de mayo de 2016

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Había una vez una bella idea cuya puesta en práctica degeneraba en una pesadilla cada vez que se intentaba. Unos lo achacaban a la inmadurez de las sociedades, otros a un enemigo exterior saboteador, también había quienes mencionaban las debilidades de los líderes. Pero tanto final fatal no podía ser casualidad. Ya en 1950, Herbert Wehner, comunista alemán y fundador de la Brigada Thälmann que combatiera en la Guerra Civil española, llegó a la conclusión de que el “comunismo significa la destrucción de los derechos humanos”. No debe extrañar que observando cómo la Alemania oriental se había convertido en una gigantesca prisión al aire libre, los socialdemócratas alemanes fueran los primeros en entender que el problema no estaba en la ejecución del modelo, sino en la filosofía que lo inspiraba, incompatible con la libertad. Solo tenían que mirar por encima del Muro. Por eso renunciaron en 1959 al marxismo, convencidos de que se trataba de una ideología letal para la libertad.

Algo parecido pasa ahora con el “socialismo del siglo XXI”, como los seguidores de la revolución bolivariana han gustado de describir el proceso vivido en Venezuela. En el país con las primeras reservas petrolíferas del mundo escasean hoy la electricidad y el papel higiénico tanto como los derechos humanos, la democracia y las libertades. Todos ellos, junto ante la igualdad ante la ley, son bienes igualmente escasos para los que la ciudadanía tiene que hacer cola desde primera hora de la mañana. Una vez más, la utopía socialista del paraíso en la tierra, la sociedad sin clases y la fraternidad sin límite ha acabado convertida en un gigantesco fracaso que se desliza hacia el caos y la confrontación civil. Pero la responsabilidad, una vez más, no es del modelo sino, como es habitual, de sus enemigos exteriores e interiores, a los que hay que reprimir. Sorprende que entre todos aquellos que tanto se implicaron allí y que hoy compiten por representar a la ciudadanía aquí no se deslice ni una sola reflexión, ni una sombra de duda, atisbo de aprendizaje o deseo de debatir honestamente sobre aquello. Si ese silencio y ausencia de debate es muestra de la conciencia de un fracaso, bienvenido sea. Algo es algo.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el miércoles 25 de mayo de 2016

Erizos

Por: | 23 de mayo de 2016

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Estamos rodeados de erizos. Cada vez hay más. Es una plaga. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? Erizos son aquellos que se atrincheran detrás de una verdad absoluta, que tienen una solución simple para un problema complejo, que articulan una respuesta antes siquiera de que se formule la pregunta. A los erizos les gusta usar grandes etiquetas, enormes palabras y, sobre todo, señalar con el dedo. Nunca buscan responsables, sino culpables. Tampoco les interesa entender las causas de las cosas, porque las conocen de antemano: el capitalismo, la globalización, los mercados, Europa, los tecnócratas, el imperialismo, China, los Estados, las élites, el islam. Y así sucesivamente.

Dialogar con un erizo es imposible: si le preguntas, se siente cuestionado; si le pides que argumente, se enrosca; si le enseñas un dato, te lanza una púa. Mientras los demás rumiamos nuestras dudas e incertidumbres, los erizos se pasan todo el día chillando certezas. Saben cómo se gobierna una economía abierta en un mundo globalizado, cómo construir un orden internacional más justo, cómo solucionar la crisis de la democracia representativa, cómo construir la Europa social, cómo debe funcionar un sistema educativo, cómo se financian los servicios públicos, cómo se logra la inclusión social.

Para los erizos no hay dilemas, tensiones ni alternativas dolorosas entre las que elegir: hacemos un muro con México, o con Grecia; prohibimos entrar a los musulmanes, echamos a los que hay dentro o les obligamos a adoptar nuestras costumbres; nos salimos de España, la Unión Europea o las Naciones Unidas, lo que toque, y nos volvemos a la moneda nacional; cortamos el comercio con China, porque explota a sus trabajadores, o con Estados Unidos, porque también lo hace, o con los países en vías de desarrollo, porque no les van a la zaga. ¿No les da envidia? ¿No añoran las certezas del erizo?

Los erizos están en campaña. En Austria, EE UU o Reino Unido les va mucho mejor de lo que nunca soñaron. En España también se presentan a las elecciones. A ambos lados del espectro político. ¿Cómo se distinguen? Por sus gritos. Por sus miedos. Por su respuesta, que siempre es la misma: protegerse. ¿Han oído alguna vez a un erizo chillar: ¡pensad!?

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el sábado 21 de mayo de 2016

Gobiernos en la sombra

Por: | 19 de mayo de 2016

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Tanto hemos sufrido por la opacidad que rechazamos todo lo que huela a cerrado y fuera de los focos. Consolémonos pensando que es un sano instinto, y no la pura ignorancia, el que explica el rechazo de ciudadanía, medios de comunicación (¡y hasta de los propios integrantes!) al “Gobierno en la sombra” nombrado por Pedro Sánchez. Porque la idea nada tiene que ver con la opacidad, como la propia publicidad dada a su nombramiento demuestra, sino con, una vez más, el intento de importar tarde y mal una institución que nos es ajena. Se trata en esta ocasión de la institución del shadow cabinet británico, que allí tiene una larga tradición, como su parlamentarismo.

Allí, esos gabinetes han servido para cohesionar a la oposición, arropar a su líder y facilitar su trabajo. Tienen sentido en un sistema bipartidista, donde solo un partido puede estar en el Gobierno y solo uno en la oposición, por lo que su utilidad en un sistema como el nuestro, que cada vez se aleja más del bipartidismo, no es muy alta. Y tienen aún más sentido en un sistema de distritos uninominales como el británico, no de listas cerradas y distritos con múltiples candidatos como el nuestro, ya que aquellos dan lugar a diputados con mucho peso político (si ganan muchas veces en su distrito) y mucha independencia (pues no le deben el puesto al secretario general del partido sino a sus votantes). De ahí que un gabinete en la sombra sea una manera de construir una coalición de notables que apoye al líder de la oposición.

Esos gabinetes implican la especialización de un diputado de la oposición en los temas de cada ministerio del Gobierno. Siguen al ministro responsable de un tema de forma pertinaz y contumaz, de ahí que se les describa como su sombra o espejo. Y si se llegan al Gobierno, es muy probable que ocupen su cartera, tanto por su peso político dentro del partido como por su experiencia previa. Nada de eso ocurre en España: el gobierno en la sombra de Pedro Sánchez revela precisamente la debilidad tanto de su grupo parlamentario como de su ejecutiva. No hay atajos para llegar al poder.
 

Golpe bajo

Por: | 17 de mayo de 2016

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La Constitución brasileña incluye en su artículo 86.5 la violación de la ley presupuestaria como un motivo de juicio político al presidente. Estos juicios políticos, distintos de la separación del cargo por motivos penales, pretenden evitar que en los sistemas presidenciales el presidente sea irresponsable políticamente. Eso sí, para evitar usos indebidos, requieren supermayorías de dos tercios en ambas Cámaras y la aprobación del Tribunal Supremo.

A Dilma Rousseff se le cayó la economía justo antes de las elecciones, lo que la llevó a multiplicar exponencialmente el valor de este tipo de créditos (pedaladas les llaman allí). Con una popularidad que ha pasado del 65 al 13%, una economía cayendo más del 3% dos años consecutivos (algo inédito en 100 años), un déficit público por encima del 10% y un fenomenal escándalo de corrupción en torno a Petrobras, sus socios de Gobierno han recurrido a un elemento cuestionable, pero no inconstitucional, para forzar su destitución.

No existen los golpes de Estado constitucionales, es un concepto imposible. Y menos cuando cuatro instituciones (Tribunal de Cuentas, Supremo, Congreso y Senado) refrendan el juicio político a Rousseff. Pero sí existen golpes políticos muy bajos por parte de socios de Gobierno corruptos y oportunistas que se aprovechan de la debilidad de alguien que, a su vez, no ha sabido atajar la corrupción ni gestionar la crisis para cambiar de bando y salvar el pellejo. Esos golpes bajos retuercen las normas y deterioran la democracia pero si son efectivos es porque se propinan a alguien a quien le han devuelto el presupuesto, ha perdido la mayoría en ambas Cámaras y ha abandonado una mayoría de la opinión pública. 

 

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el sábado 14 de mayo de 2017

Desmoralizar Europa

Por: | 13 de mayo de 2016

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Celebramos el Día de Europa desmoralizados. Europa está sumida en una doble crisis: una crisis de política exterior que proyecta un arco de conflictos en sus dos vecindades, oriental y sureña, y una crisis interior, con un arco paralelo de tensión que se bifurca para dañar la legitimidad tanto de los sistemas políticos nacionales como del propio sistema político europeo. Por separado, cualquiera de las dos crisis sería de gravedad. Pero juntas, interactúan para someter al proyecto europeo a una presión insoportable.

La primera crisis, exterior, es la consecuencia de no haber entendido lo ocurrido al mundo en la última década. En lugar de usar esa década para construir una política exterior y de seguridad que superara la fragmentación del poder europeo y permitiera hacer frente al inmenso desplazamiento de poder político y económico desde el viejo Occidente hacia fuera, los europeos se enfrascaron primero en mal resolver una crisis institucional y luego en mal gestionar una crisis económica. La segunda crisis, interior, es consecuencia de la incapacidad europea de resolver los fallos de diseño de la eurozona. En lugar de aprovechar la crisis para completar la unión monetaria con los elementos necesarios para asegurar su supervivencia, se adoptó, por parte de Alemania, pero también por otros, una posición moral que insistió en atribuir la crisis a la inferioridad de un Sur derrochador, no competitivo y falto de carácter para reformarse. Al vincular la crisis con la culpa y su solución a la redención, se bloquearon las reformas que hubieran permitido remontar el vuelo. No es de extrañar que sobre ese paciente ya debilitado la crisis de asilo y refugio haya provocado una infección populista, xenófoba y antieuropea.

La construcción europea representa el triunfo de la razón pragmática frente a la razón moral. Los padres fundadores pudieron proyectar un futuro por encima de la culpa de dos guerras mundiales y millones de muertos y negociar acuerdos que lograran encadenar pequeños pero importantes avances. Su éxito fue sustituir la moral de la culpa por una ética política basada en el respeto a las diferencias y la obligación del compromiso. Entonces hubo que desmoralizar para poder avanzar. Ahora hay que desmoralizar para no desmoralizarse.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el miércoles 11 de mayo de 2016

El rincón del PSOE

Por: | 09 de mayo de 2016

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Décadas de observaciones sobre el funcionamiento de los parlamentos han concluido que no importan tanto los escaños que tenga un grupo político como dónde estén situados. Mientras que los escaños situados en el centro del espectro político pueden emplearse para construir coaliciones hacia ambos lados, los partidos que estén en los extremos solo pueden moverse en una dirección para buscar socios.

La ciencia política también nos dice que no tiene más poder quien tiene muchos escaños, sino quien tiene el último escaño, es decir, aquel que convierte una coalición ganadora en perdedora, y viceversa. Imaginemos el caso extremo de que las elecciones del 26 de junio dieran 174 escaños al Partido Popular, 174 a Podemos, uno al PSOE y uno a Ciudadanos. Claramente, el poder negociador de Sánchez y Rivera sería muy superior al que en principio les proporcionarían esos dos escaños, pues podrían no solo decidir quién gobierna sino derribar ese Gobierno en cualquier momento posterior.

 

Todo esto viene a cuenta de la absurda debilidad que se ha autoinfligido el PSOE desde el 20-D y que, a tenor de las declaraciones de Pedro Sánchez y Susana Díaz, parece dispuesto a repetir. Porque aunque sea cierto que el 20% de los votos logrados por el PSOE son el peor resultado de su historia, sus 90 escaños estaban inmejorablemente situados para facilitarle el acceso al Gobierno. Mientras que el PP no tenía opción de Gobierno a pesar de haber ganado las elecciones, el PSOE tenía dos: podía haber liderado un Gobierno con Podemos y los nacionalistas o facilitado una gran coalición con el PP y Ciudadanos. Pero en lugar de maximizar el poder de sus escaños, el PSOE decidió imponerse tres vetos paralizantes: no facilitar la investidura del PP, no gobernar con Podemos y no aceptar los votos de los nacionalistas. Yéndose al rincón de los vetos, el PSOE despreció la posibilidad de utilizar estratégicamente un mal resultado para llegar al Gobierno. Otra vez, el PSOE apela al voto útil, pero si sigue arrinconándose se convertirá en un partido tan inútil como el PP de Rajoy, que no puede convertir sus votos en Gobierno.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el sábado 7 de mayo de 2016

El amigo americano

Por: | 06 de mayo de 2016

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El amigo americano está un poco cansado de los europeos. Una vez fue colonia de ellos, y aunque fue hace mucho y ahora mantiene una relación muy especial con su antiguo ocupante, la verdad es que su recuerdo de aquello está tan teñido de orgullo como filtrado por el recuerdo de lo costoso que fue emanciparse de una metrópoli bastante atroz.

Tras su independencia, el amigo americano decidió aislarse, porque todo lo que representaba la vieja Europa (luchas dinásticas entre autocracias, persecuciones y falta de libertad religiosa y económica) le repugnaba profundamente. Pero aunque EE UU quiso dejar en paz a Europa, Europa no dejó en paz a EE UU. Por dos veces durante la primera mitad del siglo pasado, miles de jóvenes americanos tuvieron que morir en suelo europeo para defender a los europeos de sí mismos. “¿Qué piensa de la civilización occidental?”, preguntaron a Gandhi. Y con ironía (se non è vero, è ben trovato) respondió: “Sería una buena idea”. Civilización lo que se dice civilización, no hemos visto mucha, debieron pensar también aquellos jóvenes americanos a los que gaseaban en las trincheras de Ypres o ametrallaban al caer sobre Normandía. Y para que estos europeos no se la jugaran por tercera vez, EE UU dejó 250.000 soldados estacionados en Europa durante medio siglo y se comprometió a fondo con la seguridad, prosperidad y libertad del continente.

El amigo americano pensaba que los europeos ya eran mayorcitos para resolverse sus problemas. Y que quizá podría dejar de sacarles las castañas del fuego. Pero nada, por más que Europa esté rodeada de un anillo de fuego, tensiones geopolíticas y amenazas terroristas que se extienden desde el Ártico hasta el Mediterráneo Occidental, los europeos siguen sin enterarse. Tan chocha está la vieja Europa que hasta la potencia colonial madre ha decidido organizar un bonito referéndum para ver si vuelve al “espléndido aislacionismo” y se desentiende del continente. Y en la gloriosa y liberada Francia, que regaló la Estatua de la Libertad a los americanos, también hay quien quiere echar el cerrojo. Y todavía hay quien se sorprende porque Trump quiera hacer lo mismo: antes de salirse usted, me largo yo, ¿no?

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el miércoles 4 de mayo de 2017

Pensamiento mágico

Por: | 03 de mayo de 2016

Captura de pantalla 2016-05-03 00.03.15Para evitar la repetición de un bloqueo como el que nos ha llevado a la repetición de las elecciones, se podrían cambiar varias cosas. Una primera opción sería cambiar de líderes. Líderes diferentes, podríamos pensar, podrían llegar a acuerdos diferentes. Sin Rajoy, el PP puede llegar al centro más fácilmente. Sin Sánchez, el PSOE podría pactar con el PP. Sin Iglesias, Podemos podría abstenerse para desalojar a Rajoy. Y sin Rivera, Ciudadanos podría sumarse a un gobierno de centro-derecha o abstenerse ante Podemos. Pero todos repetirán, así que nada que hacer por ahí.

La segunda opción sería cambiar los programas electorales. El PP podría aceptar corregir sus políticas más polémicas (reforma laboral, educación, seguridad ciudadana), PSOE y Ciudadanos podrían aceptar una consulta no vinculante en Cataluña y Podemos podría aceptar el principio de equilibrio en las cuentas públicas. Pero tampoco vislumbramos nada por ahí.

La tercera opción sería cambiar las reglas del juego. Sólo con prohibir la disolución de las Cortes hasta pasados dos años de las elecciones y, mientras tanto, en ausencia de acuerdo, dar el Gobierno a la lista más votada, se reventaría la dinámica en la que los partidos se han instalado. Por no hablar de un cambio en el sistema electoral que diera un premio de escaños a la lista más votada.

La cuarta opción sería cambiar a los votantes: convencerles de que tienen que variar radicalmente la orientación de su voto para proceder a una redistribución completa del mapa electoral. Cosa que tampoco parece que sea el caso (si quiera porque eso es lo que ya hicieron en diciembre).

Llamamos pensamiento mágico, en contraposición al racional, a toda forma de aproximarse a la realidad basada en la superstición, la mitología o las creencias irracionales. Hablarle a un tótem para que nos conecte con los antepasados o pensar que las plegarias sirven para provocar la lluvia son formas comunes de pensamiento mágico. Pero también es pensamiento mágico pensar que uno puede ir a unas elecciones anticipadas sin cambiar ninguno de los elementos de la oferta electoral y pensar que va a producirse un resultado diferente.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 30 de abril de 2016

Chatarra constitucional

Por: | 03 de mayo de 2016

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Los expertos hablan de basura espacial para referirse a la chatarra que amenaza la integridad de los satélites. Algo parecido pasa en política, donde también existe la basura institucional, normas diseñadas para cumplir una función que se convierten en chatarra inservible y peligrosa.

Es el caso de la moción de censura constructiva, regulada en el artículo 113 de la Constitución. Para derribar a un Gobierno, la norma exige una mayoría absoluta (176 votos) y un candidato alternativo (y solo se puede usar una vez en la legislatura). Nada que objetar a primera vista. Sin embargo, si lo piensan, en democracia cualquier decisión debería poder ser revocada por una mayoría igual o superior a la que adoptó dicha decisión. ¿Por qué se necesitan 176 votos para derribar a un Gobierno investido con 130? ¿No debiera bastar con 131?

El objetivo del 113, copiado de la Ley Fundamental de Bonn, era blindar al Gobierno frente a la experiencia de Parlamentos caprichosos que caracterizó a la República de Weimar. Y lo logró, pues dicha moción solo fue usada con éxito una vez, en 1982, cuando Helmut Kohl depuso a Helmut Schmidt tras lograr que los liberales cambiaran de bando (y ni siquiera la usó plenamente, porque a continuación convocó elecciones para validar su mayoría).

Pero las normas tienen en ocasiones consecuencias no intencionadas y una norma diseñada para dar estabilidad al Gobierno puede lograr que no haya Gobierno. Mientras que en los sistemas parlamentarios puros como el británico basta que el Gobierno pierda una votación para derribarlo, en España un Gobierno con mayoría simple podría perder cuantas votaciones quisiera sin verse obligado a convocar elecciones. Un Gobierno con mayoría simple se convierte al día siguiente de la investidura en un Gobierno blindado, pues ni siquiera una mayoría absoluta contraria podría derribarlo si no presenta un candidato alternativo. Eso disuade a posibles abstencionistas (PP, Podemos o nacionalistas) de apoyar la investidura de un Gobierno PSOE-Ciudadanos porque saben que más adelante no podrían derribarlo ni siquiera con los 219 votos que lograron aunar para rechazar su investidura. El resultado perverso del artículo 113 es adelantar la inestabilidad e impedir la formación de Gobierno. Por eso vamos a elecciones.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el 27 de abril de 2016

EEUU 5 - Europa 0

Por: | 25 de abril de 2016

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Nos hartamos de escuchar que EE UU es un país donde mandan los grupos de interés. Con sus donaciones a los candidatos y sus presiones vía los bufetes especializados, esos grupos (lobbies) habrían logrado poner sus intereses empresariales por encima de la democracia y la ciudadanía. También se da por hecho que los estándares medioambientales de EE UU son más bajos que los europeos, especialmente en lo relativo a emisiones contaminantes, claves para luchar contra el cambio climático. Pertrechados de dichos argumentos, muchos se oponen a que Europa concluya con EE UU la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, conocida como TTIP. Pero ni Europa está tan a salvo de los lobbies como presume ni EE UU es el ogro medioambiental que nos quieren dibujar. Tomen por ejemplo el escándalo de la manipulación de las emisiones de los vehículos diésel que afecta, principalmente, a Volkswagen y comparen las actuaciones de uno y otro.

Para empezar, las normas estadounidenses sobre emisiones diésel son más exigentes que las europeas. Es decir, los mismos fabricantes han presionado con más eficacia al Parlamento Europeo que al Congreso para bloquear normas que les perjudiquen. 1-0.

Segundo, las autoridades de EE UU han sido más efectivas al supervisar el cumplimiento de las normas. Mientras la agencia medioambiental europea miraba a otro lado, EE UU hizo pruebas con coches usados y concluyó que las emisiones eran 40 veces las declaradas en la homologación. 2-0.

Tercero, mientras que en EE UU el fiscal general ha iniciado acciones penales y descrito el asunto como un fraude empresarial a gran escala, en Europa se ha considerado el problema como una falta administrativa o un problema técnico menor. 3-0.

Cuarto, en EE UU, Volkswagen tendrá que recomprar sus cochesa los usuarios o arreglárselos, pero en Europa ni siquiera será obligatorio para los particulares llevarlos a reparar. 4-0.

Y último, mientras que en EE UU se permite que los consumidores agrupen todas sus demandas y litiguen juntos contra VW para lograr abaratar el coste de las demandas y subir las indemnizaciones, aquí no veremos nada de eso. 5-0. Harry el sucio,perdónenme, es europeo.

Publicado en la edición impresa del Diario ELPAIS el sábado 23 de abril de 2016

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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