José Ignacio Torreblanca

El talón de Aquiles de Podemos

Por: | 20 de octubre de 2014

Achilles-arrow-heelLa diosa Tetis, sabiendo que su hijo estaba destinado a ser un héroe, quiso hacerlo inmortal y para ello lo sumergió en la Laguna Estigia. Pero como todos sabemos, al sujetarlo por el talón no pudo evitar que esa parte de su cuerpo fuera vulnerable.

Algo así le sucede a todas las organizaciones democráticas pues desarrollan toda su existencia bajo una contradicción irresoluble. Por un lado, esas organizaciones son fundamentales para la democracia: a través de ella los ciudadanos realizan la democracia, es decir, son representados políticamente y eligen entre alternativas. Pero, por otro lado, para poder cumplir con esas tareas eficazmente deben adoptar estructuras de organización que, inevitablemente, requieren una cierta centralización del poder e importantes dosis de liderazgo (máxime en los tiempos actuales, donde los medios de comunicación tienen tanta influencia).

Todos los partidos políticos democráticos viven, de una manera o de otra, bajo esta tensión entre participación y eficacia: cuanta más participación, menos eficacia y al revés. El sorteo de cargos, las presidencias colegiadas o la rotación automática y limitación de mandatos de los cargos garantizan el máximo de participación y el mínimo de estructura y liderazgo. A cambio, sin embargo, debilitan las posibilidades de un partido de llegar al poder y mantenerse en él. ¿Y qué es lo que en último extremo quieren los militantes y los votantes de un partido? Llegar al gobierno.

Esa tensión ha quedado de manifiesto en los discursos de Pablo Iglesias que hemos escuchado este fin de semana, donde ha apelado a la eficacia organizativa para “lograr una mayoría social”, “ocupar la centralidad política” y “formar gobierno” y descartado respaldar la propuesta alternativa de elegir una portavocía colegiada de tres personas con el argumento de que se necesita un Secretario General y no tres para ganar a Mariano Rajoy y a Pedro Sánchez: Tres Secretarios Generales no ganan las elecciones”.

¿Es una perversión que un partido quiera ganar las elecciones aunque sea mediante un liderazgo fuerte, una estructura eficaz y a costa de restringir la participación de las bases en la gestión del día a día de la organización? Seguramente, muchos pensarán que no (especialmente si la alternativa es no ganar).

Hay quienes quieren ocultar los problemas internos de Podemos con su estructura organizativa, puestos de manifiesto este fin de semana en la Asamblea celebrada en Madrid, y hay quienes quieren magnificarlos como si denotaran el fin y fracaso de esa organización. La verdad, como suele ser el caso, está en el medio: los problemas son reales, sí, pero no necesariamente abocan a Podemos al fin. Eso sí, reflejan una verdad incómoda: que Podemos no va a estar exento de los mismos problemas que tienen todos los demás partidos. Su talón de Aquiles es precisamente su deseo de ganar las elecciones: una incisiva paradoja. 

 

España en el Consejo de Seguridad: o de cómo hacer necesidad de la virtud

Por: | 17 de octubre de 2014

Cs
Hay dos maneras de ver la política. La primera identifica la política con la causa de las actuaciones de un gobierno: uno hace tal cosa porque tiene una política. La segunda identifica la política con la consecuencia de lo que uno hace: uno tiene una política porque adopta decisiones, es decir uno no es que tenga una política sino que la política que uno tiene es el resultado de las cosas que, inspirado por diversos motivos, termina haciendo. 

Algo así le pasa a la política exterior española, que lleva una década dando bandazos de un lado a otro. Del atlantismo euroescéptico que terminó por dominar a Aznar pasamos al no-alineamiento que presidió la política exterior de Zapatero, empeñado en la equidistancia ante los grandes conflictos y con una agenda ecléctica entre el Sur y el Norte. Y del compromiso con el desarrollo, el agua, el género y las Civilizaciones (sí, con mayúsciula) de Zapatero, el Gobierno de Rajoy ha pasado a convertir la diplomacia española en una máquina de promoción comercial al servicio de las empresas del Ibex-35 (Marca España), lo que ha exigido un deliberado bajo perfil en cuestiones tanto de seguridad como de democracia y derechos humanos con el fin de no irritar a actuales o potenciales clientes en Asia, África o Latinoamérica.

Ahora, tras una votación algo reñida y con dudas hasta el último minuto, la diplomacia española ha logrado su tan codiciado asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el periodo 2015-2016. Estar en el Consejo de Seguridad es siempre un motivo de satisfacción; para cualquier diplomacia es como jugar en la primera liga.

La candidatura, heredada del gobierno anterior ha presentado muchos interrogantes (¿para qué, por qué?).Y ciertamente, el principal objetivo ha sido la recuperación de la autoestima exterior, muy baqueteada por la doble intervención practicada sobre España en 2010 y 2012 (giro de Zapatero y rescate europeo para Rajoy).

Pero eso no descalifica a la candidatura ni a nuestra diplomacia. Al revés, la decisión de continuar la candidatura y empeñar tanto esfuerzo en lograrla supone una aspiración a la virtud, que tendrá luego que se plasmada en la práctica. Hay veces en la vida que hay que hacer virtud de la necesidad, y veces en la que es necesario ser virtuosos.

España ha dicho al mundo que quiere ser virtuosa y ha pedido un voto de confianza a la Asamblea General. Estar en el Consejo de Seguridad es precisamente el tipo de presión que necesita la diplomacia de un país que ha estado ahogado por la crisis y sin tiempo de mirar al mundo. Bienvenida sea.

 

 

 

Pueblo, estado, enemigo: viaje a las entrañas del populismo

Por: | 14 de octubre de 2014

POPULISMO 2014Pueblo, Estado, enemigo. Ese es el cóctel imbatible del populismo, me dice uno de mis interlocutores. Escribo estas líneas desde Buenos Aires, invitado a hablar en varios foros sobre qué le pasa a Europa y cuál es su futuro. Sin duda, para quienes como yo se sienten atraídos por el auge de los populismos en la vieja Europa y quieran bucear en los orígenes de este fenómeno, este es el sitio clave.

Son tres los elementos que arman el populismo, dicen los locales.

Primero, el pueblo siempre tiene razón (aunque no la tenga) porque se enfrenta a una élite corrupta que secuestra su bienestar derechos y libertades. Nada puede pues detener a la mayoría en una democracia: todas las instituciones que típicamente limitan el poder de esta mayoría (la prensa libre, el estado de derecho, la oposición, los controles políticos, la división de poderes) están de más y deben hacerse a un lado.

Segundo, el Estado siempre tiene razón frente al mercado. Da igual que se equivoque y genere escasez en lugar de crecimiento, que combata la pobreza con subsidios y subvenciones que la acentúan y que se coma los ahorros de la gente con políticas inflacionarias: los mercados son malvados y debe ser domesticados o, mejor, estatalizados.

Tercero, el gobierno nunca fracasa por sus errores, sino por culpa de conspiradores, generalmente externos pero con aliados internos, que obstaculizan o impiden el éxito en sus programas. El populismo es nacionalista pues siempre busca un enemigo exterior (los mercados financieros, Occidente) y se envuelve en la bandera. Gobernar para satisfacer a la mayoría supone tomar medidas contra estos conspiradores, arrinconarlos y expulsarlos de la política.

El flujo de las ideas va en ambos sentidos: mientras muchos en América Latina buscan en la vieja Europa la inspiración para construir localmente una cultura democrática basada en los derechos fundamentales, otros en Europa buscan en América Latina la inspiración para construir proyectos populistas. España, que durante mucho tiempo quiso exportar a Latinoamérica su proyecto democrático, abierto, integrado y de cohesión social, se encuentra ahora con que algunas de las ideas y proyectos que han visto la luz a este lado del Atlántico en las dos últimas décadas (el zapatismo mexicano, las dinámicas participativas  anti-globalización de Porto Alegre, o las auditorías  de la deuda llevadas a cabo en Ecuador) tienen un enorme ascendiente sobre partes importantes de la izquierda española. Ideas de ida, ideas de vuelta.

El espejo del Ébola

Por: | 09 de octubre de 2014

Espejo-roto¿Qué imagen nos devuelve el virus del Ébola cuando ponemos nuestra actuación como país delante del espejo?

La primera es la de un país cuya implicación en esta crisis ha estado dominada por un enfoque exclusivamente nacional y egoísta. España aspira a estar presente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero sus actuaciones durante esta crisis no han demostrado que le preocupe nada más que lo “suyo”. *

España podía haber movilizado recursos económicos y diplomáticos desde hace mucho tiempo, pero no lo ha hecho. Los populares aviones Hércules cargados de mantas, agua potable y medicinas, que son estampa habitual en situaciones de emergencia humanitaria (recuérdese el tifón de Filipinas), no han salido en los telediarios nada más que para repatriar a “nuestros” misioneros, dejando atrás a otros infectados y sin preocuparse en absoluto de lo que quedaba detrás al despegar. En Liberia, Sierra Leona y Guinea falta de todo: cualquier tipo  ayuda hubiera sido bienvenida.**

Con el argumento de la crisis, este gobierno ha impuesto un recorte brutal a los fondos disponibles para la cooperación al desarrollo, planteando como una elección natural que debíamos aceptar que se trataba de una cuestión entre “nosotros o ellos”. Planteado, ahora se ve, como un falso dilema, ¿quién iba a asumir la impopularidad de elegir dar menos dinero a la sanidad española y más a la sanidad en otros países? Ojalá aprendamos algo de los discursos fáciles.

Pero la ausencia de recursos no es lo más grave. Precisamente por carecer de esos recursos en casa, debíamos haber estado más atentos a movilizar otros recursos. Sin embargo, no hemos visto a España liderando ningún esfuerzo en la Unión Europea para movilizar ayuda u otro tipo de recursos.  Contrástese todos estos esfuerzos con la intensa actividad diplomática que la diplomacia española ha llevado a cabo en los últimos años y meses relacionada con la contención de la inmigración, tanto en Ceuta y Melilla como con los países del África Occidental. “Bruselas no nos ayuda” a contener la inmigración, hemos oído quejarse al Gobierno en repetidas veces. ¡Qué bien hubiera estado escuchar al Gobierno quejarse de que la Comisión Europea no nos hacía caso cuando señalábamos su falta de implicación en esta crisis! Lamentablemente, no nos encontrarán ahí.

La otra más destacada es la de un país roto por los recortes y por un concepto de descentralización sumamente dañino. El Hospital Carlos III de Madrid era el centro de referencia nacional para enfermedades infecto-contagiosas hasta el año 2013, cuando la Comunidad de Madrid decidió que correspondía al Ministerio de Sanidad hacerse cargo de la sanidad exterior. Si España necesita un hospital de referencia para enfermedades tropicales, dijo el Presidente de la Comunidad de Madrid, debe ser tarea de todos pagarlo. Un  sistema de salud descentralizado requiere de una cooperación horizontal entre los gobiernos regionales y el Ministerio de Sanidad precisamente para evitar este tipo de situaciones: por razones de economías de escala y capacidad técnica, no es posible tener 17 centros de referencia para todo; de ahí lo importante de tener un Ministerio de Sanidad que funcione como una agencia federal de sanidad, cubriendo los huecos del sistema y obligando a la cooperación  para proveer servicios comunes. Estados Unidos, país federal, tiene una prestigiosa agencia federal, el CDC, situado en Atlanta, específicamente destinado al control de enfermedades contagiosas. Está en Atlanta, sí, pero es de todos, no de los ciudadanos del estado de Georgia. Debemos aprender de esta crisis que el federalismo, que muchos proponen como modelo, no es simplemente que el Estado central desaparezca de la vista de uno, sino entender que, precisamente, el estado que resulte de esa federalización debe ser de todos y tener la autoridad y los recursos para satisfacer las necesidades de los ciudadanos que, como en este caso, no pueden ser circunscritas al territorio de una Comunidad Autónoma. Paradoja que dejará en shock a algunos: el federalismo requiere instituciones comunes, fuertes y bien financiadas.

¿Qué devuelve el espejo? Un país miope, desentendido del mundo y egoísta.

* En Naciones Unidas, hace sólo escasas semanas, el Ministro de Industria, José Manuel Soria, pidió el voto a los países africanos. “África puede contar con nosotros bajo cualquier circunstancia, en cualquier lugar. Pero la oferta no iba por el lado de la solidaridad, sino por el de los negocios: "España", indicó, "puede aportar su experiencia en sectores, como la energía, el turismo o infraestructuras, que pueden ser muy rentables para su economía” (véase noticia publicada por este diario el 8 de septiembre).

** La repatriación de Manuel García Viejo se hizo en un Hércules medicalizado (ver noticia). No así la de Miguel Pajares, que se hizo en un Airbus 310 del Ala 45 del Ejército del Aire.

ISIS presiona a Turquía

Por: | 07 de octubre de 2014

Captura de pantalla 2014-10-07 10.29.19Desde hace unas pocas horas, la bandera negra de ISIS ondea en la azotea de un edificio de cuatro plantas en las afueras de la ciudad de Kobani, fronteriza entre Turquía y Siria. A pesar de la campaña aérea recientemente emprendida contra las fuerzas de ISIS, la realidad es que los kurdos de Siria están siendo desbordados por ISIS, cuyos ¿soldados? ¿milicianos? ¿guerrilleros? cuentan con una superioridad apabullante tanto en el número de fuerzas como en la calidad del armamento del que disponen.

 

Captura de pantalla 2014-10-07 10.28.03Los refugiados kurdos que huyen del fanatismo de ISIS, y que sospechan que serán víctimas de sus represalias, son ya más de 160.000. Los observadores sobre el terreno dicen que ISIS podrían tomar Kobani en las próximas horas si el ejército turco no interviene, lo que supondría un desafío de primera magnitud para Turquía.

Además del drama humano, la cuestión es si nos enfrentamos a una escalada que tiene el potencial de desbordarse hasta implicar a toda la OTAN. El parlamento turco autorizó la semana pasada al ejército a intervenir militarmente tanto en Siria como en Irak, lo que abre una peligrosa puerta. Recordemos que el artículo 5 del Tratado de la OTAN, del que España forma parte, establece: 

"Las partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas y, en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva, reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la parte o partes así atacadas, adoptando seguidamente, individualmente y de acuerdo con las otras partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer y mantener la seguridad en la región del Atlántico Norte".

Para Turquía, la situación es una pesadilla que se desborda por varios frentes. Uno es el de los refugiados sirios, que se acumulan en su territorio con muy poca ayuda de la comunidad internacional (la guerra civil siria ha provocado 9 millones de desplazados internos y 2,5 millones de refugiados en terceros países). Otro es el de su integridad territorial, amenazada ahora por ISIS como lo fue en su momento por el ejército sirio en su persecución de los rebeldes. También tiene que incluir en la ecuación sus propios cálculos de política exterior, pues el gobierno de Erdogan se posicionó desde un principio contra el régimen de Asad y permitió que un grupo importante de rebeldes sirios (incluyendo desertores del ejército sirio agrupados en el ELS) organizara sus operaciones armadas en  Siria desde bases en territorio turco y se coordinara con Estados Unidos.

Pero la incomodidad de Turquía tiene su origen en su propio problema kurdo. Con un proceso de paz en marcha con sus propios grupos guerrilleros kurdos (el PKK de Abdula Ocalan), lo último que necesita Turquía es que, como están haciendo, sus kurdos se movilicen como voluntarios para luchar tanto con los kurdos del norte de Irak como con los de Siria. Ese proceso, temen, fraguará lazos de solidaridad entre los kurdos que viven en los tres países, y complicará enormemente la situación interna de Turquía, ya complicada por la deriva autoritaria de su Presidente Tayip Erdogan.

Antes que Asad y que ISIS, y vía el problema turco, Turquía podría ser uno de los principales daminificados  de este conflicto. La OTAN se ha ofrecido a apoyar a Turquía en la defensa de su integridad territorial, pero por el momento el gobierno de Ankara, temeroso de que la intervención de la OTAN acabe reforzando aún más a la causa kurda, prefiere mantener a la OTAN en un segundo plano. La inacción en Siria, que en su momento pareció la opción más prudente, pasa ahora al cobro todas las facturas atrasadas.

 



A Juncker se le desmorona la Comisión

Por: | 02 de octubre de 2014

12734_canete0_1_460x230A su paso por el Parlamento Europeo, la Comisión Juncker está enfrentando importantes resistencias. Por un lado, el Comisario encargado de servicios financieros, el británico Jonathan Hill, ha demostrado una gran simpatía y erudición pero un muy escaso conocimiento del sector que tiene que regular y una voluntad muy clara de esquivar las preguntas dificiles con respuestas inconclusas. Teniendo en cuenta su pasado como lobbista precisamente en la industria financiera, y su adscripción a un gobierno tan poco popular en Europa como el de David Cameron, que además votó en contra de la designación de Juncker en el Parlamento Europeo, sus dificultades adquieren una importante magnitud.

Tenemos también el caso de Pierre Moscovici, el exministro de Hacienda francés que tendrá que vigilar los presupuestos de los estados miembros. Su audiencia coincide precisamente con el anuncio de que Francia no sólo incumplirá una vez más los objetivos de déficit sino de que lo hará sin ninguna humildad: "no pedimos permiso a Bruselas, simplemente les comunicamos las cifras", ha dicho el primer ministro Valls, lo que le ha merecido un duro reproche por parte de la eurodiputada liberal francesa, Sylvie Goulard, en un demoledor artículo en Financial Times donde acusa al gobierno socialista de practicar el "pensamiento mágico". 

Tampoco se está luciendo el candidato español, Miguel Arias-Cañete, muy presionado por sus vinculaciones personales con el mundo del petróleo, además de por sus desafortunados comentarios machistas durante la campaña y la opacidad de sus intereses financieros. Los Verdes están muy descontentos, hasta el punto de que han montado una campaña contra él en Avaaz.org en el que le describen como un "Capo del Petróleo".

Los otros candidatos que seguramente van a experimentar problemas son el candidato griego al puesto de responsable de Inmigración, Dimitris Avramopoulos, que no sólo viene de un país donde el trato a los inmigrantes ha tocado fondo durante la crisis, sino que es criticado por las organizaciones de derechos humanos en razón de su último puesto ministerial en el gobierno griego. ¿Es un Ministro de Defensa griego el idóneo para llevar este tema, se preguntan las Ongs?

Y en la misma lista de dudosos está el Comisario propuesto para defender los derechos fundamentales: el húngaro, Tibor Navracsics, nombrado por el gobierno del derechista Víctor Orban, que no ha cejado de reprimir las libertades, recortar derechos fundamentales y amedrentar a los inmigrantes desde que llegara al Gobierno. Que con esa trayectoria el partido de Orban, FIDESZ, siga en el Partido Popular Europeo es incomprensible, máxime cuando votó en contra de la investidura de Juncker, pertenenciente a a su misma familia política.

Hay quienes como el Presidente de los Verdes Europeos, Philippe Lambert, califican estos nombramientos como una broma pesada. Otros son algo más retorcidos e insinúan que todo esto responde a una estrategia deliberada de Juncker para castigar a los gobiernos por imponerle candidatos mediocres o buscar puestos de conveniencia para sus intereses nacionales y hacer una Comisión a su medida.

Y desde luego que la jugada se presta a la especulación porque poner un británico al frente de los servicios financieros, a un francés al frente del control del déficit, a un empresario petrolero al frente de cambio climático, a un ministro de Defensa griego al frente de inmigración y a un húngaro al frente de los derechos fundamentales no tiene una fácil explicaciónPero si, como se especula, Juncker se ve obligado a reorganizar la distribución de carteras, no parece que saldrá muy fortalecido, sino debilitado.

El problema de fondo es el proceso de audiencias previas a la confirmación de la Comisión, un mecanismo que se está demostrando enormemente útil desde el punto de vista del control democrático de la Comisión (fíjense lo que ha logrado en el caso de Arias Cañete) pero también muy revelador de las tensiones no resueltas entre Parlamento, Estados miembros y Comisión Europea que dominan la vida política europea. Por un lado, la Unión Europea ha dado el paso hacia la parlamentarización, votando a un candidato a Presidente después de unas elecciones parlamentarias. Pero por otro, seguimos en un sistema de separación de poderes que hace del Parlamento algo parecido al Congreso de EEUU.

Dicho de una forma más sencilla: el Parlamento ha nombrado al Presidente de la Comisión pero no sostiene políticamente a la Comisión, por eso se tiene que ganar la aprobación votación por votación. O al revés: la Comisión es un gobierno que carece de una mayoría parlamentaria estable. De ahí que los que votaron por Juncker no necesariamente quieran votar por sus Comisarios: los socialistas europeos votaron por Juncker pero quiere quitarse a Arias Cañete; en represalia, los populares disparan contra Moscovici. Y los liberales votan contra Navracsics.  Que en la UE se haga política está bien, bienvenida sea, pero hacer política partidista cuando de facto se gobierna en coalición popular-liberal-socialista abre un escenario complicado que refleja las contradicciones del sistema política europeo, donde queremos consenso y conflicto politico a la vez. ¿O una cosa o la otra?

* La viñeta está obtenida de la página web de Avaaz

Europa contra la manzana que no paga impuestos

Por: | 01 de octubre de 2014

Apple
Hay días de luto para la Unión Europea, como cuando se anuncia una tercera recesión provocada por unas políticas de austeridad miopes. Pero hay días de esperanza, como estos en los que vemos al Vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, poniendo contra las cuerdas a Apple, una de las empresas más poderosas y prestigiosas del mundo.

Sabíamos desde hace tiempo que Apple hacía trampa y evadía impuestos descaradamente en España. Como informó este periódico en su momento, en el año 2011, Apple España multiplicó sus ventas por 14, pero la declaración del impuesto de sociedades le salió a devolver (véase información de Miguel Jiménez el 21 de mayo de 2012). El truco está, en que como también informaba un año antes este mismo periódico, Apple España factura el 99% de sus ventas en España como ventas en Irlanda, pretendiendo pagar impuestos por sólo el 1% de lo vendido en España (véase información del 16 de marzo de 2011).

Para que nos aclaremos, cuando usted compra un Iphone de 600 euros,  lo hace después de que Apple España se lo haya comprando a Apple Irlanda por 554 euros, lo que supone que los impuestos sobre los beneficios se calculan sobre 6 euros, no sobre los 600. ¿Resultado? Que en 2010 Apple vendió en España por valor de 1.400 millones de euros pero Apple España declaró un volumen de negocio de 13,9 millones de euros. ¿Resultado? Que en lugar de pagar 100 millones de euros en impuestos, que es lo que Apple pagaría si facturara en España (calculado para un impuesto de sociedades es del 30% y un beneficio bruto de 400 millones), Apple pagó sólo 2 millones de euros a la Hacienda española!

Y lo mismo ocurrió en 2012, cuando Apple logró pagar sólo 2,6 millones de euros en impuestos tras haberse atribuido unos beneficios de sólo 6,5 millones de euros.Dirán que es demagogia, pero con 98 millones euros se pueden pagar muchas cosas básicas, máxime en tiempos de crisis y recortes (¿vacunas para la hepatitis C, por ejemplo?).

Ahora, la Comisión Europea ha concluido una investigación en la que califica como “ayuda ilegal de estado” el acuerdo entre Apple Irlanda y la Hacienda irlandesa, vigente entre desde 1991 y que permitía a Apple centralizar en Irlanda sus ventas en Europa y beneficiarse con ello de un impuesto de sociedades (12,5%) casi tres veces inferior al de España a cambio de crear empleo en Irlanda (4.000 operarios en las fábricas situadas en Cork).  Descargar 253200_1582634_87_2

Apple vendió en 2013 productos por valor de 170.910 millones de dólares, un volumen de facturación es más grande que el PIB de muchos países. Gracias a sus operaciones de ingeniería financiera y maximización de estrategias fiscales la empresa está sentada encima de una increíble montaña de efectivo, nada menos que 164.000 millones de dólares que no puede repatriar a EEUU para no pagar impuestos y que equivalen a algo más de lo que cuesta el pago de todas las pensiones en España (ver “Apple’s 160bn mystery”).  El disparate de las operaciones fiscales de Apple y la actuación de la Comisión Europea demuestra todo lo que funciona mal en el mundo y, especialmente, por qué necesitamos una Europa fuerte (pero también, consumidores inteligentes y críticos).

¿Hay demasiados inmigrantes en tu país?

Por: | 30 de septiembre de 2014

Repasando el último barómetro de opinión transatlántico, Transatlantic Trends 2014 ( Descargar Trends_2014_complete) me encuentro con este interesantísimo gráfico. Muestra la respuesta a la pregunta "¿Piensa que hay demasiados inmigrantes en su país"? 14 países de la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia. La barra más oscura, situada a la derecha de las dos que se presentan por cada país, muestra la respuesta bruta de la gente, es decir el porcentaje de encuestados que responden afirmativamente a la pregunta. La barra más clara, situada a la izquierda, muestra los porcentajes de respuesta una vez que a los encuestados se les facilita el dato con el número de inmigrantes reales (en porcentaje) que hay en su país. Los resultados son espectaculares.

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El caso de Grecia, un país donde asistimos al auge de la extrema derecha neo-nazi y a un continuo hostigamiento de los inmigrantes, es espectacular. A priori, un 57% por ciento de los griegos piensa que hay demasiados inmigrantes en su país, pero cuando son informados del porcentaje real, el número baja al 27%.

Lo mismo puede decirse del Reino Unido, el país donde el partido UKIP de Nigel Farage ha logrado situar la inmigración en el centro del debate público, incluso arrastrando al primer ministro David Cameron a posiciones muy restrictivas con la inmigración. Entre ambos han convencido al 54% de los británicos de que hay demasiados inmigrantes. Pero fíjense cómo reaccionan cuando se les da el dato real: el porcentaje baja al 31%. 

El patrón es el mismo en el resto de países. Aunque las diferencias no son tan significativas, sí que son relevantes, pues en todos los casos (excepto en el sueco y el polaco), los porcentajes son notablemente distintos. El gráfico nos dice dos cosas: una, que los políticos deberían facilitar más frecuentemente y hacer más accessible la información sobre el número real de inmigrantes para; dos, desde una perspectiva menos ingenua, lo que tenemos delante es precisamente la razón por la que muchos no lo hacen, es decir, la explicación de por qué es tan rentable electoralmente manipular la cuestión de la inmigración. Lo que queda pues en este gráfico es un índice de manipulación política, demagogia, irresponsabilidad de los líderes, como lo quieran llamar, lo dejo a su elección.

 

 

 

 

¿Desconfía Podemos de la ciudadanía?

Por: | 24 de septiembre de 2014

Podemos

Según nos anuncian los líderes de Podemos, su decisión de no concurrir con sus siglas a las próximas elecciones municipales es una decisión inspirada en estrictos cálculos electorales y de estrategia política. Utilizando el lenguaje típico del marketing político que tantos partidos han adoptado en las últimas décadas, Podemos nos anuncia su deseo de preservar la “marca” de su eventual desgaste (curioso ejemplo de sumisión de la política a la lógica de mercado) así como de “minimizar riesgos y de maximizar oportunidades” (otro ejemplo de la introducción del lenguaje típico de la mercadotecnia en la política). [véase noticia completa]

Nada que criticar al hecho de que Podemos esté dirigido por actores racionales que buscan maximizar el beneficio electoral en un mercado competitivo, pero la verdad, cuesta reconciliar esta visión tan fría y descarnada de la política con las continuas apelaciones de los líderes de Podemos a reinventar la democracia, poner patas arriba el sistema y acabar con la “casta” que oprime al pueblo y le roba su futuro y libertades.

Es posible entender que Podemos no esté preparado para presentar candidaturas en todos los ayuntamientos en liza, pero sorprende una renuncia tan completa que incluya renunciar a gobernar con su marca en algunos ayuntamientos seleccionados y emblemáticos. Una serie de victorias estratégicas en sitios perfectamente calculados sin duda que darían una proyección importante a Podemos, pero sobre todo podrían mostrar a los ciudadanos cuál es el camino del cambio.

“Venimos”, dicen sus líderes “a terminar con el caciquismo, los en­chufes y el secuestro de la democracia. Y a inaugurar la transparencia y la honestidad”. Pero de forma sorprendente, renuncian a lograr el poder y a gobernar, ¿La justificación? “Debemos reconocer”, confiesan “que preferimos no concurrir a las elecciones municipales que hacerlo sin ofrecer a los ciudadanos plenas garantías a su confianza y su voto”.

Muy sorprendente. ¿De verdad todo el proceso asambleario puesto en marcha en barrios y municipios mediante los llamados “círculos” no es capaz de lograr encontrar ciudadanos y ciudadanos honestos que puedan formar candidaturas y presentarse para cambiar el sistema? ¿No es esto un jarro de agua fría para esos ciudadanos a los que se invita a protagonizar el cambio y que llevan meses debatiendo en las plazas y locales? ¿No habíamos quedado en que la vieja democracia representativa iba a ser sustituida por la democracia participativa y que la ciudadanía iba a tomar la palabra? ¿De verdad que entre el millón doscientos mil votantes de Podemos en las europeas no es posible encontrar dos o tres mil candidatos a concejales que puedan abrir las ventanas de nuestros anquilosados gobiernos municipales y enseñar a la “casta” el camino de salida?  Parece que no. El resultado es que el mensaje de Podemos es que por razones de estrategia electoral los ciudadanos tendrán que esperar a 2018 para lograr limpiar la política municipal.

¿Qué explica realmente esta extraña decisión? En mi opinión, la respuesta no es complicada. Podemos no está consolidado como partido político. El éxito en las europeas le ha pillado desprevenidos y la experiencia, algo tumultuosa, de estos últimos meses ha sido que sin una estructura centralizada, Podemos corre el riesgo de convertirse en una franquicia (por seguir con el lenguaje de marketing), una marca que cualquier grupo de ciudadanos pueda adoptar y operar bajo ella sin rendir muchas cuentas a la organización central. Así que, pese a lo que digan sobre la ciudadanía, la vieja Grecia, el ágora y la democracia asamblearia, los dirigentes de Podemos se comportan como cualquier líder clásico de un partido político clásico: prefieren gobernar desde arriba a ser gobernados desde abajo.

La segunda explicación, complementaria, es que a diferencia de las elecciones europeas, donde no se elegía gobierno (pues el número de eurodiputados necesario para ser influyente es muy elevado), la política municipal está estructurada de manera que un solo concejal puede dar la mayoría a un grupo u a otro. Como sucedió en la Italia del Movimiento 5 Estrellas de Beppo Grillo, el día después de las elecciones, a menos que hayan logrado la mayoría absoluta, los concejales de Podemos tendrían que decidir si apoyan a Izquierda Unida (a quien quieren suplantar), al PSOE (a quien quieren destruir) o se abstienen (facilitando el gobierno al PP). Todas esas decisiones enajenarían a alguien, serían difíciles de explicar y dejarían insatisfechos a muchos. Peor aún, no serían coherentes ni homogéneas: en el Ayuntamiento A votarían a Izquierda Unida, en el Ayuntamiento B se abstendrían para que no gobernara el PP y en el Ayuntamiento C podrían buscar una coalición con el PSOE. Sí, gobernar es elegir, y elegir es arriesgarse, a eso eso refieren con proteger la “marca”.

Y una tercera razón tendría posiblemente que ver con la necesidad de evitar la gestión municipal. El periodo que va desde las municipales hasta las autonómicas y nacionales puede ser visto como un laboratorio para la izquierda alternativa: pero tanto para lo bueno como para lo malo. Si Podemos gana alcaldías tendría que gestionar la recogida de la basura, hacer planes de urbanismo, gestionar impuestos, etc. Eso puede ser positivo y dotar de experiencia a los militantes así como generar cuadros de confianza. Pero con un partido no consolidado y una marca franquiciada, nadie asegura que Podemos pudiera llenar los ayuntamientos de gestores competentes que pudieran demostrar su valía y capacidad a la hora de implantar una economía municipal social al servicio de los vecinos. Por eso es mejor refugiarse detrás de otras marcas: si las cosas van bien, Podemos aglutinará el voto útil en las autonómicas y generales, si va mal podrá ofrecer su modelo centralizado de gestión de la democracia participativa como alternativa eficaz. Desde luego que hay que felicitar a Podemos por su astucia táctica. Otra cosa es dónde quedan los ciudadanos y la democracia participativa. Pero eso son sus votantes quien tienen que preguntárselo.

 

 

Por qué importa 1914: notas desde el Hay Festival de Segovia

Por: | 22 de septiembre de 2014

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El sábado tuve la oportunidad de moderar el debate “Voces libres: 1914 – 2014” con el que se inauguró la novena edición del Hay Festival de Segovia.

 Representantes de cuatro periódicos europeos (Giles Tremlett, corresponsal de The Economist; Guillermo Altares, periodista de El País; Paolo Rumiz, columnista en la Repubblica, y Adam Michnik, director de Gazeta Wyborcza) añadieron su reflexión a una serie de preguntas encadenadas: ¿qué le pasa a Europa? ¿configuran el auge de los nacionalismos y de las rivalidades entre estados una vuelta a 1914? ¿O estamos, por el contario, adentrándonos en nueva Guerra Fría?

Abrió el fuego, Adam Michnik, afirmando que no estamos en 1914, sino en 1938. Se refería a la anexión de Crimea por parte de Rusia, seguida de la continua desestabilización del este de Ucrania por parte de Putin. Pero sobre todo a la inacción occidental, empeñada en dar argumentos a Putin para justificar su invasión y en no hacer nada para detenerlo. Ese doble paralelismo entre la anexión y la no respuesta es el que le llevó a comparar el momento actual con el “Anschluss” austríaco por parte de Hitler.

Paolo Rumiz, un gran experto en la Primera Guerra Mundial, se distanció de las analogías, más interesado en entender esa guerra que en compararla con otras. Tres días antes del estallido de una guerra que se demostraría brutal y devastadora, la prensa no mostraba ninguna inquietud por el conflicto ni por sus consecuencias. Fue una guerra absurda, inútil e irracional, en eso coincidimos todos, pero sin embargo ocurrió. Eso es lo que nos debe hacer reflexionar, señaló Rumiz.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro "¿Quién Gobierna en Europa?" (Madrid: Catarata) se ha publicado en mayo de 2014. Antes, publicó la "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). Todos los viernes en la edición impresa de EL PAÍS.

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