José Ignacio Torreblanca

Camaleones o "raritos": ¿qué debemos ser los europeos en el mundo?

Por: | 21 de diciembre de 2011

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Café Steiner trae a sus lectores las preguntas de otro debate en el que ha participado esta semana pasada. Esta vez en el CIDOB, un centro de referencia a la hora de intentar comprender el mundo que nos rodea. En el debate  estaban el Presidente de CIDOB, Narcís Serra, su Director, Jordi Vaquer, Cristina Gallach, la exportavoz de Javier Solana en el Consejo de la Unión Europea a la cual el Financial Times describió como una de las treinta personas más influyentes de Europa, y Lluís Bassets, director adjunto del diario El País. También participó en él Esther Barbé, Catedrática de Relaciones Internacionales en la UAB.

Una de las preguntas que surgió (y de la cual tuvimos un anticipo por la mañana en la UAB en un debate organizado por la asociación de estudiantes UNANIMUN) fue la siguiente. Está claro que Europa está en declive relativo respecto a otras potencias, emergentes o emergidas. Sean los BRIC, los CIVET, los EAGLES o cualquier combinación de letras que se quiera utilizar, parece evidente que el dinamismo de todos estos países, que Celso Amorim, el ministro de Exteriores brasileño definiera como “los nuevos chicos del barrio” (new kids in the block) es irreversible y tendrá consecuencias muy profundas.

El declive relativo de Europa no es una valoración, es una descripción: antes de la crisis actual, los demás ya estaban creciendo más rápido. Tras décadas de ajustes y sufrimiento, era, digámoslo así, su turno de beneficiarse de la globalización. Nada malo hay a primera visto en ello, pues lo realmente anómalo era que los europeos, pese a su reducidísima (y menguante) población fueran todavía tan preeminentes (recordemos que la UE, con apenas un 9% de la población, sigue siendo el bloque más rico del mundo, con más de un 20% de la renta).

Así que el problema para la UE no proviene de que los demás crezcan más rápido (o al menos eso no es lo más importante) sino del hecho de que los que están llegando a este siglo asiático o, como mínimo, post-occidental, no comparten necesariamente la misma visión de las relaciones internacionales. Por decirlo de alguna manera, los europeos compiten en el mundo con una mano atada a la espalda: se creen (en general) el multilateralismo como principio rector y confían en el derecho internacional como método de solución de conflictos. Sobre la base de su experiencia histórica y de su proceso de integración, los europeos han desarrollo un cierto y sano escepticismo hacia el concepto de “soberanía”.  O, por lo menos, le han puesto límites y descubierto maneras de compartirla.

La cuestión es que “los nuevos del barrio” tienen una visión distinta. No terminan de creer a los europeos cuando les dicen que la soberanía está sobrevalorada. Muchos la ganaron hace no mucho tiempo, incluso arrancándosela a esos mismos europeos que les dominaban, y ahora que disfrutan de ella,  y no sólo simbólicamente, sino también materialmente, no quieren renunciar a ella y vincularse, como les piden los europeos por normas y compromisos internacionales que limiten su capacidad decisoria. Por tanto, en el mundo que se está configurando, la UE es cada vez más “un bicho raro”. Su visión post-estatal, post-nacional y post-soberana de las relaciones internacionales es, sin duda, la excepción más que la norma. Durante mucho tiempo los europeos vieron esta diferencia como motivo de orgullo, pues pensaban que su proceder marcaba la senda de los demás y constituía una avanzadilla de los que demás acabarían haciendo. 

¿Pero es esta visión correcta? ¿No resulta que, en este mundo que se está configurando, los europeos miran atrás y ven que nadie les sigue? Más bien al contrario, Rusia, China, India, Brasil, por descontado EEUU, todos parecen felices al otro lado de la acera, en la acera de la soberanía y la autonomía estatal, y como demuestran las continuas frustraciones de la UE en el tema del clima, muy poco dispuestos a venirse a la acera de los compromisos vinculantes supervisados por instancias internacionales.

Así que, de seguir las cosas así, la UE lo tendrá cada vez más difícil. Mientras las relaciones internacionales se parecen más al recreo del colegio, con muy pocas reglas y bastantes abusones (bullies), y menos a una asamblea de ilustrados donde lo que se impone es la fuerza del mejor argumento, hay quienes dicen que la UE debe dejar de jugar a ser el niño apocado e intelectualmente brillante que se queda en una esquina, y que debe dar un paso adelante, encarar a los bullies y actuar con firmeza en defensa de sus valores e intereses, incluso aunque ello implique abandonar progresivamente la cultura de paz y seguridad actual (que describen como “desmilitarización”), que consideran que obliga a la UE a competir en el mundo actual con una mano atada a la espalda.

Es la estrategia del camaleón, dicen, si quieres sobrevivir, te tienes que mimetizar con el paisaje.  Para otros, sin embargo, es mejor ser el rarito que se queda en una esquina pero que de mayor se convierte en alguien de éxito. Aunque en el patio lo puedas pasar ocasionalmente mal, a largo plazo el poder de tus ideas y tu mayor eficiencia social y tecnológica te harán ganar la partida. Así pues: ¿camaleón o rarito? ¿Qué ruta debemos tomar? ¿Qué piensan ustedes?

 

 

Hay 8 Comentarios

Excelente Artículo José Ignacio. Saludos desde Londres.

Bueno, las cosas no van muy bien!
Europa ha superado muchos obstáculos, creo que va a superar esta crisis también. (Brasil)

Excelente artículo, aunque no estoy seguro de si la UE debe plantearse la cuestión en términos excluyentes. Es cierto que EEUU, Rusia o China son reacios a acuerdos que puedan limitar su margen de decisión, pero tampoco quieren un mundo anárquico y sin compromisos. Apuestan por estructuras multilaterales y primacía del derecho, pero sin que eso les condicione a ellas y haciendo gala siempre de su capacidad ejecutiva y también de sus diferentes perfiles. En el caso de EEUU, con el Departamento de Defensa y el de Estado actuando uno como el poli comprensivo y otro como el poli exigente (más que como bueno o malo) según el momento y el interlocutor. La UE, por el contrario y paradójicamente si consideramos su complejidad institucional y naturaleza polifacética, sólo muestra una cara y pierde credibilidad. Posiblemente en la combinación de las dos caras está la clave para que la UE supere esta situación.

Unas de las cosas que no deberían hacer es volver a América, ya que bastante jodieron por estos lares y cuando mejoró su situación en Europa, nos tiraron un peo o follón como dicen ustedes y denigraron de nosotros ( Venezuela)

Las comparaciones son odiosas. Hay que tener en cuenta que Rusia, Brasil, China o India son espacios continentales por sí mismos, mientras que la UE ha intentado configurarse como tal mediante un complejo reparto de soberanía entre Estados de diversa entidad. Y si dichos Estados desconfían ahora del derecho internacional es por la constante vulneración o instrumentalización de aquél llevada a cabo por europeos (bombardeo de Serbia en 1999, participación británica en invasión de Iraq, apoyo nada velado a Israel durante bombardeo de Gaza, etc.) o estadounidenses (lista interminable).

¿Qué que pensamos? Muy sencillo: que Europa no existe. Existe un continente que se llama así en el que se incluyen multitud de regiones, países y circunstancias diferentes, y en el que cada cual trata de tirar para su lado. Quizá algún día se llegue a integrar toda esta mescolanza, pero hoy por hoy ese día está muy lejos. Por eso el peso de Europa es y será cada vez menor (quizá afortunadamente, no lo sé), porque ni siquiera es el alumno retraído de la esquina, es más bien la asmablea de esa comunidad de vecinos en la que todos hablan a la vez.

Quiero decir que esos países todavía tienen que llegar, en algún caso por primera vez, a una democracia, derechos civiles mínimos...etc.
Precisamente los mas grandes, en un país como India, con su sistema de castas, o China, con una falta total de orden jurídico... ¿como podemos competir? ¿queremos retroceder? NO, solo nos queda la excelencia. Ser los mejores. Calidad, no cantidad.

Me parece que este es el debate que se debió plantear hace años. La baza de Europa es la modernidad, una nueva economía, productos, valores... y sobrevivir aislados de los países que van a pasar ahora la segunda mitad del siglo XX. Y esperar que lleguen a principios del XXI.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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