José Ignacio Torreblanca

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior) ha sido publicado en julio de 2011. Todos los viernes en la edición impresa de EL PAÍS.

China también tiene su pequeña Grecia

Por: | 01 de febrero de 2012

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Café Steiner recomienda encarecidamente la lectura del Informe Anual sobre China (2012) elaborado por el Observatorio de la Política China, la mejor atalaya que tenemos en España para el estudio y seguimiento de todo lo relacionado con ese increíble país y lo que allí está aconteciendo. Enhorabuena a Xulio Ríos y al equipo de IGADI y Casa Asia por haberse convertido en la referencia imprescindible sobre China en castellano ( Descargar Politica_china_2012_informe_anual)

El informe es largo y está lleno de análisis, también de datos jugosos. No voy a hacer un resumen sistemático, sino sólo detenerme en aquello que más me ha llamado la atención. La primera, que da el título a esta entrada, la idea de que China también tiene su pequeña Grecia. Como señala el informe, China ha atravesado considerables dificultades económicas en 2011, eso sí, del signo exactamente inverso al nuestro, enfrentándose a un sobrecalentamiento de la economía que le ha obligado a intervenir para controlar la inflación (que llegó al 6.5% en el mes de julio), elevar los tipos de interés (al 6,56%) y forzar a los bancos a elevar sus reservas. Curiosamente, el informe señala:

"El catalizador de las dificultades de la economía china en 2011 fue Wenzhou, anteriormente ciudad referente y exponente de su vigor y dinamismo y ahora considerada la Grecia de China. La secuencia de empresarios huidos, escondidos o suicidados por causa de los préstamos bancarios e informales a los que no podían hacer frente supuso un serio revés para un sector privado que en la provincia de Zhejiang genera el 90 por ciento de la mano de obra y aporta el 70% del PIB. El gobierno central debió implicarse directamente en la solución de la crisis" (p.6).

Se confirma entonces que los chinos han alcanzado un grado de desarrollo tan avanzado que ya se pueden permitir tener su propia Grecia. Eso sí, como la mayoría de sus economistas han estudiado en EEUU y no Europa, parece que, al contrario que en Europa, tienen claro que el Banco Central y las autoridades están para detener las crisis financieras, no para agravarlas con sus (in)decisiones. Pero, ojo, no hay que descartar que, como en Europa, por la pequeña brecha abierta en el muro por los griegos, se desangre toda la economía. El nuevo equipo de gobierno Chino deberá decidir si mira hacia otro lado o enfrenta los problemas estructurales.

Otro de los elementos que llaman la atención en el informe tiene que ver con las desigualdades. Mientras el número de millonarios se duplicó en 2010, resulta que las diferencias de renta entre las zonas urbanas y rurales alcanzaron la proporción 3,23 a 1, la más alta del mundo. Las desigualdades conforman un caldo de cultivo para las protestas: un mero accidente de tren (como el Wenzhou con 40 muertos) puede dar paso a manifestaciones de ira popular, puesto que en seguida se ponen de manifiesto las corruptelas y abusos de poder subyacentes al modelo chino). En general, dice el informe, los chinos no confían en su gobierno, porque sabe que éste miente para protegerse ante sus ciudadanos.

Tensiones económicas subyacentes, desigualdades manifiestas, corrupción a la vista, represión de los derechos humanos, intentos de limitar las redes sociales (la red Weibo tiene 300 millones de microblogueros y es el lugar donde el régimen se faja a fondo para controlar y suprimir las opiniones críticas de los chinos), todo ello nos pinta un panorama mucho más complejo (y frágil) que la monolítica imagen de éxito, paz y estabildiad que el gobierno chino se empeña en vendernos. En una columna de diciembre en el diario impreso, me arriesgué a pronosticar que el año del dragón podría traer sorpresas: en este informe están las claves para que las sorpresas no le pillen a uno desprevenido.

El País

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