José Ignacio Torreblanca

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

Claves para entender la mente conspiratoria

Por: | 29 de febrero de 2012

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¿Puede estar Bin Laden vivo? ¿Mataron los servicios secretos británicos a Lady Diana? ¿Organizó la CIA los ataques contra las Torres Gemelas? Que existen millones de personas dispuestas a creer todo tipo de teorías conspiratorias no es ninguna novedad. Al fin y al cabo, la historia está llena de conspiraciones exitosas. Menos frecuente es sin embargo que se investigue científicamente cómo funciona la mente conspiratoria.

Detengámonos por un momento en el 11-S. Según las encuestas, decenas de miles de personas están convencidas de que la CIA organizó los atentados contra la Torres Gemelas para justificar el posterior ataque de Estados Unidos contra Afganistán e Irak. El problema de esa teoría no es la teoría: como nos recuerda el hundimiento del acorazado Maine en el Puerto de la Habana o el incidente con el USS Maddox en el Golfo de Tonkín, no sería la primera vez en la historia que EEUU simula un ataque para justificar una acción militar. El problema de esta teoría no es, pues, la teoría, sino la realidad: teniendo en cuenta que Bin Laden y sus lugartenientes han reivindicado públicamente en numerosísimas ocasiones dichos atentados, mostrándose satisfechos y orgullosos por lo logrado, extraña sobremanera que ese núcleo de creencias perviva. Esos musulmanes radicales que creen que la CIA organizó el 11-S, ¿están llamando mentiroso a Bin Laden?

El hecho de que las personas proclives a las teorías de la conspiración (también llamados “conspiranoicos”) sean inmunes a la evidencia empírica que desmontaría sus creencias conspiratorias tiene ahora una explicación. Un reciente estudio de tres profesores de la Universidad de Kent publicado en “Social Psychology and Personality Science” examina en detalle la capacidad de los conspiranoicos de mantener creencias incompatibles entre sí. En dos grupos de estudio separados con más de cien individuos se observó que la gente que creía que Bin Laden todavía seguía vivo era también proclive a pensar que ya estaba muerto antes de la operación de las fuerzas especiales estadounidenses. Y de la misma manera, un gran número de las personas que pensaban que Lady Diana había sido asesinada por los servicios secretos británicos (el MI-6), pensaban a su vez que todo era un montaje y que la Princesa Diana seguía viva.

¿Cómo es posible, se preguntan los autores, que la gente crea que las personas puedan estar a la vez vivas y muertas? Porque los “conspiranoicos” no funcionan inductivamente, es decir, no examinan los datos disponibles y luego construyen una explicación plausible de los hechos, sino deductivamente: en su sistema de valores, la desconfianza hacia la autoridad ocupa un lugar central. Con ese supuesto de partida, los hechos son secundarios: precisamente porque la autoridad manipula los hechos, lograr conocerlos es imposible, lo que explica que se puedan creer cosas contradictorias entre sí.

Por tanto, cuando un “conspiranoico” examina la realidad, no busca datos que confirmen o refuten su teoría, sino pistas, por fragmentarias que sean, que confirmen su sistema de valores preestablecido, que exige desconfiar de la autoridad. Por tanto, que Bin Laden reivindicará los atentados del 11-S en numerosas ocasiones es lo de menos: ¿quién nos asegura que la CIA no sabía que los atentados iban a ocurrir y en lugar de detenerlos, decidió dejar que ocurrieran? ¿Y quién nos asegura que Lady Diana no pactó con el MI-6 la simulación de su muerte para quitarse de en medio antes de que los enemigos de Dodi AL Fayed la liquidiran? ¿Y quién nos dice que Bin Laden no murió en Tora Bora pero que los talibanes usaron durante años un doble para seguir emitiendo videos que alentaran la Yihad? Y así, sucesivamente.

El ensayo sobre el declive americano que Obama subrayó

Por: | 27 de febrero de 2012

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Que la política hace a extraños compañeros de cama es algo bien conocido. En este caso, la pareja son Robert Kagan y Barack Obama. Kagan es uno de los más influyentes intelectuales del conservadurismo americano, y no sólo porque como están demostrando las primarias, la sofisticación intelectual no se haya convertido en la especialidad de los republicanos. Los textos de Kagan tienen un impacto profundo y duradero sobre la manera que los estadounidenses tienen de ver el mundo: en Poder y Debilidad (2002) acuñó una de las afirmaciones que le hizo famoso: “los europeos son de Venus ( la diosa del amor), los americanos son de Marte (el dios de la guerra)". Y en “El retorno de la historia y el fin de los sueños” desafió la conceptualización del orden posterior a la guerra fría como un orden en el que (fin de la historia, Fukuyama dixit) la democracia liberal y la economía de mercado habrían triunfado irreversiblemente.

Kagan nos ofrece ahora un texto interesantísimo, “Contra el mito del declive americano” preludio de un nuevo libro, “El Mundo que América hizo”. En su artículo, Kagan desmonta punto por punto la tesis del declive americano. “¿Declive?”, se pregunta Kagan. “¿Comparado con cuándo?” y, sobre todo, “¿comparado con quién?”.

Muy eficazmente, Kagan nos lleva de la mano por el supuesto mundo en el que EEUU era hegemónico, para mostrarnos como un mito el hecho de que Washington alguna vez pudo hacer lo que quiso: desde el Sputnik hasta la guerra de Corea, pasando por la crisis de los misiles cubanos y Vietnam, EEUU sufrió y mucho, nos dice Kagan, para imponer su voluntad.

Según Kagan, la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor es falaz. Lo mismo puede decirse del auge de China. Claro que China está en auge, dice Kagan, pero una cosa es crecer económicamente y otra convertirse en una superpotencia. China no lo es, nos recuerda Kagan, tampoco quiere serlo, insiste, e incluso en el caso de que quisiera serlo, tendría que hacer frente a extraordinarias dificultades (una no menor la de que uniría a todos sus vecinos contra sí). El declive no es una realidad, es una opción, concluye Kagan. Si creemos en el declive, acabaremos viéndolo venir.

Dicen los analistas que Obama se devoró el ensayo, que lo subrayó profusamente y que lo comentó punto por punto por sus asesores. Incluso lo citó en su discurso sobre el estado de la Unión del 24 de enero cuando afirmó “cualquiera que diga que American está en declive o que nuestra influencia está en retroceso, no sabe de lo que está hablando”.

Nada que objetar, claro está, si no fuera porque Kagan está asesorando a Romney en materia de política exterior, algo muy visible en el hecho de que el Libro Blanco de la campaña de Romney haga suyas las tesis de Kagan (seguramente incluso estén redactadas por él) hasta el punto de que Romney acuse a Obama de “pensar que América está en declive”.

Una de dos, o el texto de Kagan es magnífico y ha convencido al Presidente y al principal candidato a Presidente (el sueño de cualquier analista), o es lo suficientemente superfluo para convencer a dos personas que necesitan de antemano convencerse de la misma cosa. Lo dejo a su elección.

Israel y Estados Unidos: cuando la cola mueve al perro

Por: | 24 de febrero de 2012

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En mi columna de hoy en la edición impresa trato las consecuencias de un eventual bombardeo israelí sobre Irán desde el punto de vista de los intereses de la Unión Europea. A poco que examinemos “el día después”, sostengo, veremos que debemos evitar a toda costa ese bombardeo. Hoy es todavía “el día antes”, y sin embargo, no da la impresión de que la UE esté haciendo mucho para disuadir a Israel de llevar a cabo ese ataque.

¿Es tan inminente ese ataque? Al parecer sí. Robert Haddick sostiene en este artículo en la revista Foreign Policy (“The ticking clock”), que la cuenta atrás ya ha comenzado. La filtración a comienzos de mes al Washington Post de un comentario de Leon Panetta, Secretario de Defensa estadounidense, en el sentido de que Israel podría bombardear en cualquier momento a partir de abril es un indicio importante, que se suma a varias consideraciones.

Una, las sanciones no están funcionando. Irán hace como que negocia para ganar tiempo, pero no facilita acceso completo a los inspectores a todas sus instalaciones ni tampoco reconoce que sus ambiciones nucleares tienen un carácter militar, lo que indica que las sanciones no le inducirán a sacrificar su programa nuclear.

Segundo, los iraníes estarían a punto de trasladar su producción de uranio enriquecido al complejo de Fordow, que al estar situado dentro de una montaña no podría ser bombardeado con efectividad. Es lo que los israelíes llaman “cruzar la zona de inmunidad”. La ventana, argumentan, se está cerrando: una vez trasladado a Fordow el programa nuclear no podrá ser detenido.

Tercero, aunque los iraníes no tengan la capacidad de eliminar el programa nuclear iraní en un solo ataque por sorpresa, ya que sus instalaciones están dispersas y bien protegidas, ese no es un factor disuasorio. Al contrario:  Israel sólo quiere empezar, sabiendo que la respuesta iraní, lanzando misiles sobre Israel y sobre los buques estadounidenses en el Estrecho de Ormuz, forzará a EEUU a intervenir y “terminar el trabajo”.

De ahí la afirmación “la cola mueve al perro”. Estamos asistiendo a un increíble tira y afloja entre Israel y Estados Unidos. Tanto Obama como su Secretario de Defensa, Leon Panetta, están haciendo todo lo posible para que Israel no lance ese ataque. Pero “todo lo posible” no parece mucho: ¿es que Obama, presidente del país más poderoso del mundo no puede disuadir a Netanyahu de que emprenda una guerra que EEUU no considera que conviene a sus intereses? ¿Es que después de todos estos años de proteger a Israel en Naciones Unidas, armarlo y ayudarlo económicamente Washington no tiene instrumentos de presión sobre Tel Aviv?

Parece increíble pero es cierto. Si hay una relación bilateral de Estados Unidos donde Washington no tenga la sartén por el mango es la relación con Israel. Más bien al contrario, como documentaron hace tiempo Stephen Waltz y John Mearsheimer en un polémico pero interesantísimo libro ("El lobby israelí y la política exterior estadounidense")*, hace tiempo que la política exterior de Estados Unidos hacia Israel está al servicio de los intereses de Israel y no de los de Estados Unidos. No se trata de la típica visión conspiranoica  sino de un argumento muy trabado puesto en marcha por dos de los más reputados especialistas estadounidenses en política exterior, dos hombres más bien conservadores, inscritos en la tradición realista de las relaciones internacionales y que trabajan en universidades de mucho prestigio. Vía la AIPAC (la asociación americano-israelí), sostienen, Israel ha logrado que EEUU haga suyos unos intereses que no son los suyos o, como es el caso actual, imponerle su voluntad. La paradoja es evidente, Obama, que comenzó su mandato con un mensaje en farsi tendiendo la mano a los iraníes, muy bien puede acabar bombardeando Irán, en contra de su voluntad.

 [Viñeta:

Obama: Quiero volver a las fronteras anteriores a 1967.

Netanyahu: Quiero volver al Presidente anterior a 2008].

* Una versión anterior y condensada de libro está disponible en pdf la página web de Mearsheimer.

La imagen de España, por los suelos

Por: | 22 de febrero de 2012

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La sentencia que inhabilita al juez Garzón ha hecho un daño tremendo a la imagen internacional de EspañaFinancial TimesNew York Times, entre otros, muestran muy claramente cómo los mejores y más importantes medios internacionales han editorializado sobre este asunto, poniendo en cuestión la integridad e imparcialidad de nuestro sistema de justicia y, con ello, la salud de nuestra democracia. La “marca España” nunca voló tan bajo.

Es indudable que la crisis económica ya había afectado muy negativamente la imagen internacional de España. Donde antes se hablaba del “milagro español” y de una de las economías más dinámicas de Europa, capaz de crecer y crear empleo muy por encima de la media europea, nos encontramos ahora con el lastre que supone sufrir la tasa de desempleo más alta de Europa y haberse situado al borde de la intervención y el rescate. De héroes a villanos, pues se nos ve como manirrotos que no han sabido gestionar la bonanza, gente que ha apostado por el dinero fácil y que ha descuidado sus tareas. Nuestros aeropuertos sin aviones, trenes sin pasajeros e inacabadas urbanizaciones han acabado en todos los periódicos internacionales. De Seseña al aeropuerto de Castellón, nuestras vergüenzas han sido expuestas al público internacional una y otra vez.

La sentencia sobre Garzón remata esta faena. De hecho, es más que probable que dicha sentencia tenga un efecto negativo mucho más duradero sobre la imagen de España que la propia crisis económica. España puede volver a crecer, generar empleo y competitividad, pero desgraciadamente, también tendrá que convencer al resto de sus socios avanzados de que tiene un sistema de justicia que merezca tal nombre.

Véase si no este análisis publicado en la página web de la Brookings Institutions, considerado el mejor centro de pensamiento del mundo en la última clasificación de think tanks.  Lo firma Daniel Kaufmann, que es uno de los más reconocidos expertos mundiales en cuestiones relacionadas con la calidad del gobierno, eso que ahora se llama “gobernanza democrática”. Kaufmann es uno de los pioneros en la creación de escalas de calidad de la democracia: su trabajo para el Banco Mundial fue pionero a la hora de convencer a los economistas que dominaban el pensamiento establecido en el FMI y otras instituciones multilaterales de que la calidad de la democracia de un país (especialmente el estado de derecho, rule of law) era un elemento clave para el desarrollo y que por tanto debía ser observado y evaluado de cerca.

Pues bien, en este análisis, Kaufmann afirma que la sentencia sobre Garzón arroja “una oscura sombra” sobre la justicia en España y sugiere que ha tenido lugar una “caza de brujas”. Kaufmann atribuye a la envidia y los celos de sus colegas tan desmesurada sentencia y cita a su favor los informes de Human Rights Watch, otra organización internacional que goza de un indiscutible prestigio en el ámbito de los derechos humanos.

Pero lo más demoledor del análisis de Kaufmann es cómo enmarca la sentencia sobre Garzón en medidas empíricas que muestran la baja calidad del estado de derecho en España y el deterioro de la posición de España en esos indicadores en los últimos años. El desempeño de España, en el puesto 29, es calificado como “mediocre”, por debajo de países como Chipre o Malta y a la altura de otros como Estonia. Irónicamente, señala Kaufmann, Chile, que hizo famoso internacionalmente a Garzón por su persecución de Pinochet, ha acabado ganando a España en calidad del estado de derecho.

Como señala Kaufmann, los indicadores sobre “eficacia gubernamental”, “calidad reguladora”, “transparencia y corrupción” son malos con respecto a lo que se debería esperar en un país de la OCDE. La conclusión de Kaufmann, en un momento en que España quiere relanzar su imagen internacional no puede ser más demoledora: “España ha dejado de ser un ejemplo para América Latina”. El “ultraconservador” Tribunal Supremo español demuestra, concluye Kaufmann, que los fallos de gobierno no son exclusivos de los países en vías de desarrollo! Conclusión: el empeño del actual Gobierno en revivir la marca España va a tenerlo difícil, tanto económica como políticamente.

 

Doce hombres justos. Llega el eje de la ética.

Por: | 20 de febrero de 2012

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¿Qué tienen en común estos doce hombres? A primera vista, poco, según sus biografías (cortesía de la base de datos de CIDOB sobre líderes del mundo)

 

Alexander Lukashenko, profesor de historia y gestor agroindustrial.

Evo Morales, campesino cocalero y dirigente sindical.

Hu Jintao, ingeniero hidráulico.

Kim Jong Un, segundo hijo de Kim Jong Il con su tercera esposa.

Raúl Castro, estudios inconclusos de ciencia política.

Rafael Correa, maestro en economía por la Universidad de Lovaina.

Mahmoud Ahmadinejad, estudios inconclusos de ingeniería civil.

Daniel Ortega, estudios inconclusos de derecho.

Vladimir Putin, Licenciado en Derecho por la Universidad de Leningrado.

Bachir al Asad,  Oftalmólogo.

Hugo Chávez, Licenciado en Ciencias y Artes Militares

Robert Mugabe, profesor de primaria.

 

Vienen de Asia, de África, de América Latina, de Europa, representan todas las etnias e historias posibles. Son doce hombres justos, doce hombres que tienen en sus cabezas una visión de un orden internacional más justo. Un mundo sin imperialismos, sin abusos de poder, donde prevalezca el ser humano, donde los pueblos se liberen del yugo occidental, donde la vieja, anquilosada y corrupta democracia liberal no sea más que un vestigio de una época periclitada que nunca más volverá. Ellos son la semilla y la promesa de un siglo XXI no occidental. Bush y su lacayo, Donald Rumsfeld, han sido barridos por la historia.  Se impone una nueva ética posimperialista y posoccidental en las relaciones internacionales.

Bielorrusia, Bolivia, China, Corea del Norte, Cuba, Ecuador, Irán, Nicaragua, Rusia, Siria, Venezuela y Zimbabue. Los doce países votaron el pasado viernes en contra de la resolución sobre Siria de la Asamblea General de la ONU. Una resolución que cosechó 137 votos a favor y 17 abstenciones; una resolución presentada por Marruecos en nombre de Liga Árabe en la que se pedía a Bachar al Asad que transfiriera el poder a su vicepresidente, formara un gobierno de unidad nacional y convocara elecciones presidenciales en dos meses.

 Pero, según nos cuenta Granma, esa resolución, que pretendía poner fin a la matanza en Siria, “amenazaba la credibilidad de la Asamblea General de la ONU”. Menos mal que estos 12 hombres pudieron darse cuenta del error y poner sobre aviso a la opinión pública mundial. Se acabó el “eje del mal”. Llega el “eje de la ética”. Señores hombres justos: no desesperen, el bien está siempre en minoría. Sigan siendo la conciencia de un mundo mejor y más libre.

 

¿Está Alemania enamorada de sí misma?

Por: | 17 de febrero de 2012

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¿Existe el narcisismo económico?
Al menos, esta es la tesis que sostiene Hans Kundnani en un interesante artículo publicado recientemente en The Guardian y que provocó una interesante polémica. Kundnani es un especialista en Alemania, autor del libro “Utopia and Auschwitz: Germany’s 1968 Generation and the Holocaust”, un texto que analiza la evolución de la izquierda alemana desde el radicalismo de 1968 hasta el realismo político demostrado por gente como Joschka Fischer en política exterior o por Gerhard Schröder en el ámbito económico.

En esta tribuna, anticipo de un trabajo más extenso que se publicará pronto, Kundnani argumenta que la lentitud y falta de reacción de reflejos de Angela Merkel y su gobierno ante la crisis griega no se debe, como se critica tantas veces, a una conspiración alemana para sojuzgar al sur de Europa. Cierto que Alemania se beneficia de un tipo de cambio bajo para sus exportaciones y unos costes de financiación ridículos para su economía como consecuencia de la crisis. Pero también cabría argumentar que Alemania se está perjudicando a sí misma de dos maneras.

Por un lado, la propia economía alemana está viéndose perjudicada por la debilidad económica de la eurozona, que no compra productos alemanes. Por otro, el coste para Alemania de los sucesivos paquetes de rescate a Grecia y contribuciones extraordinarias a los diversos fondos de estabilidad financiera (FEEF y MEDE) creados desde el principio de la crisis es mucho mayor del que Berlín tendría que haber tenido que aportar si hubiera intervenido a tiempo y de forma decisiva.

En consecuencia, nos dice Kundnani, el argumento del “interés alemán” no parece decisivo a la hora de explicar el comportamiento de Berlín en esta crisis. ¿Y si en lugar del interés, se pregunta Kundnani, fuera la “ideología”, o incluso la psicología la que explicara el comportamiento de Alemania? La pistola humeante, nos dice Kundnani apunta al ordo-liberalismo, la escuela de pensamiento económico que debe su origen a Walter Eucken y la Escuela de Friburgo de los años 30-40. Se trata de una doctrina centrada en la estabilidad de precios y en la austeridad fiscal (¿les suena?) que el propio economista jefe del Banco Central Europeo (hasta su dimisión el año pasado, no por casualidad, por su desavenencias con el escaso rigor monetarista del entonces presidente Trichet), Jürgen Stark, confesó en su despedida haber constituido una “constante fuente inspiración a largo de toda mi carrera”.

El ordo-liberalismo, sostiene Kundnani, se ajusta como un guante a las necesidades económicas y psicológicas de Alemania, ya que incorpora como un pilar de la política económica el miedo a la hiper-inflación que destruyera la República de Weimar dando paso al nazismo, como la necesidad de Alemania, como país exportador, de priorizar a toda costa la competitividad.

¿Pero se trata de una teoría económica adecuada para gestionar las interdependencias y desequilibrios que tienen lugar en una economía integrada bajo una misma moneda que a su vez está inserta en una economía global sumamente liberalizada, especialmente en los aspectos financieros y comerciales? Claramente, no. Por esa razón es tan difícil discutir con Alemania estos días: su modelo les funciona, ¿por qué deberían escuchar? ¿por qué deberían cambiar?  Como señala Jan Techau, Alemania opera en el siglo XXI con una cultura estratégica propia de los años 50 que a su vez se inspira en los años 30. Más que liderar, lo que querría es que la dejaran en paz y poder dedicarse a aquello que se le da bien: exportar y pasar desapercibido. ¿Enamorados de sí mismos? ¡Qué envidia! ¿Quién pudiera permitírselo?

P.D. En la foto, Narciso de Caravaggio, Galería Nacional de Arte Antiguo (Roma!)

Las consecuencias geopolíticas de la crisis griega

Por: | 14 de febrero de 2012

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"¿Quién perdió Grecia?: las consecuencias geopolíticas de la crisis griega" es el provocador ensayo de Thanos Dokos, Director General de ELIAMEP, uno de los más reputados centros de pensamiento / think tanks griegos.

La originalidad del trabajo de Dokos reside en que se ha preguntado algo que todavía nadie había examinado: sabemos, o por lo menos, intuimos, cuáles serían las consecuencias económicas de una salida de Grecia del euro. Café Steiner ha tratado el tema en un post reciente, utilizando el detallado estudio de William Buiter en Citibank. Pero nadie se había molestado en pensar cuáles serían las consecuencias geopolíticas de esa eventual salida del euro.

Grecia será un país venido a menos, con una pésima imagen internacional, con un sistema político colapsado y una ciudadanía en pie de guerra. Pero es también un miembro de la OTAN, con una posición estratégica clave y una importantísima influencia tanto en los Balcanes Occidentales como en relación a Turquía y el tránsito energético desde Rusia y Asia hacia Europa.

Dokos nos dibuja tres escenarios, el "tormentoso", "el nublado" y el "soleado". El escenario tormentoso no es necesariamente el más probable, pero obviamente sí que resulta el más llamativo. Es sin duda un escenario catastrófico, pero bien trabado y riguroso. Que sea improbable no quiere decir que sea imposible. Con todo, es sólo apto para los que tienen nervios de acero; si leen la siguiente secuencia, enseguida entenderán por qué.

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El rapto de Europa

Por: | 14 de febrero de 2012

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En el Día de los Enamorados, conviene recordar que hay dudas más que razonables sobre si fue seducción o secuestro, pero el caso es que, independientemente de la calificación moral o jurídica de los hechos, conviene recordar que todo empezó cuando Zeus se enamoró de una princesa siria llamada Europa (Tiro, hoy Líbano, era entonces Siria). Zeus se hizo pasar por un toro blanco y consiguió que Europa se subiera a su lomo, para luego llevársela a nado a Creta.

En esta historia de mitos y mestizaje se entrecruzan, paradójicamente, muchos de los temas que la agenda nos pone hoy encima de la mesa. Grecia como orígen de todo, con sus correspondientes dosis de trauma y drama; Italia (vía el Renacimiento y este cuadro de Tiziano) como la reinterpretación de todos estos mitos fundacionales para ponerlos al servicio del proyecto ilustrado y la construcción de una identidad civil y a la vez civilizatoria. Y, para colmo, Siria, puerta de Oriente, donde hoy, una vez más, se entrecruzan los principios y valores que Europa quiere defender.

Después de que Zeus raptara a Europa,"Europa raptó" al mundo con la extensión de sus valores, por las buenas y también por las malas.  "Pero fue a su vez raptada", concluía Luis Díez del Corral en su obra maestra "El rapto de Europa". El libro de Díez del Corral es un alegato a favor de la Europa mestiza que conserva toda su vigencia. La "civilización europea" no existe en sí misma, no puede ser entendida sino como hibridación. Sus valores son "universales", pero no por la arrogancia de quien se cree superior, sino porque ha escuchado, ha aprendido y, como sostiene Steiner, se ha examinado a sí misma de forma continuada. La hibridación es el pasado, también el futuro. Como Zeus enamorado, sigamos practicándola.

Grexit

Por: | 13 de febrero de 2012

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Café Steiner trae a sus lectores el último palabro de moda. Se trata de "Grexit", usado como abreviatura de la salida de Grecia de la eurozona en este informe de Citibank citado en Financial Times y muy comentado también en medios económicos. (Para acceder al informe completo pinche aquí).

El informe  ha llamado la atención, primero, porque estima en un 50% las probabilidades de que Grecia abandone el euro en los próximos 18 meses y segundo, porque considera que el impacto sería "negativo, pero moderado". Grecia podría salir del euro, pero no arrastraría a la eurozona en su caída, dice William Buiter.

Esta web nos detalla cómo sería el proceso:

1)     El gobierno griego anuncia a la Troika que no va cumplir sus recomendaciones.

2)     El gobierno griego aprueba un ley fijando el tipo de cambio de su nueva moneda y limitando sus responsabilidades internacionales frente a los acreedores.

3)     Se introducen controles de capitales para prevenir la fuga de capitales.

4)     La UE tendría que decidir si expulsa o suspende temporalmente a Grecia.

5)     Se produce la quiebra o el “credit event”: los inversores ejecutan sus seguros de crédito (CDS).

6)     La nueva moneda sufre una depreciación masiva.

7)     El euro absorbería el impacto con una depreciación de aproximadamente el 10%

8)     Los bancos absorben el impacto.

9)     Los líderes europeos intentan prevenir el contagio.

Los lectores dirán que ese 50%, aunque parezca científico, viene en el fondo a reconocer que Citibank no tiene ni idea de si Grecia seguirá en el euro dentro de 18 meses, es decir, que tan probable es lo uno como lo otro. Lo verdaderamente preocupante es que, después de dos años de medidas de ayuda, la probabilidad de que Grecia salga del euro ha pasado de 0% al comienzo de la crisis al 50%, es decir, llana y simplemente, al equivalente de lanzar una moneda al aire. ¿Tan mal estamos?

Por sus desastrosas consecuencias, la salida de Grecia del euro ha sido siempre un tabú. Pero ese tabú ha comenzado a resquebrajarse. Esta semana pasada, la Comisaria holandesa, Neelie Kroes, dejó meridianamente claro que, en su opinión, Grecia estaría mejor sin el euro y el euro mejor sin Grecia y que una salida del euro no sería el fin del mundo. Pero Kroes no ha sido la única: el propio Sarkozy, irritado en noviembre porque el entonces primer ministro griego reventara la cumbre del G-20, en la que tanto había invertido, con su intento de convocar un referéndum, puso sobre la mesa una amenaza muy clara. La única pregunta válida en un referéndum, dijo Sarkozy es si Grecia permanece en el euro o lo abandona. Como nos cuenta PressEurop, en los Países Bajos, el primer ministro Mark Rutte y su ministro de Finanzas, Jan Kees de Jager, están jugando abiertamente con esta opción. Y por los que nos cuentan las crónicas de la reunión del Eurogrupo, la amenaza de expulsión de Grecia de la eurozona ha sobrevolado la muy tensa reunión de ministros de Exteriores.

Citibank sostiene en su informe que el coste de una salida de Grecia de la eurozona sería "moderado para el resto de la eurozona" y que no supondría el colapso de la eurozona ya que el BCE y los gobiernos podrían contener las consecuencias y que los bancos y otros inversores ya han aislado sus activos griegos en previsión de tal evento. ¿Están ustedes de acuerdo?

P.D. Viñeta de Haddad.

El Tratado de la sospecha

Por: | 10 de febrero de 2012

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Merkel sabe dónde vives, así que no se te ocurra volver a engañarla. Este es el mensaje esencial con el que se puede resumir el Tratado de Estabilidad que los miembros de la UE están a punto de firmar. Son nada menos que 26 considerandos, que no tienen desperdicio por lo enrevesado de su redacción, para introducir 16 artículos. Dos son en realidad los más importantes: el art. 3.1 sobre el equilibro presupuestario, que estipula que el déficit será como máximo  del 0.5% (excepto si la deuda es de menos del 60%/PIB, lo que incrementa el márgen hasta  el 1%); y el artículo 8 sobre los mecanismos de sanciones ante el Tribunal de Justicia en caso de que la regla de estabilidad presupuestaria no se incorpore a las Constituciones o no se respeten los techos de déficits. Los Estados podrán denunciarse unos a otros y llevarse ante el Tribunal de Justicia, que les podrá multar.

Formalmente, seguimos llamándolo "Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria", pero en la práctica supone la instauración del equivalente a los "radares de tramo". Se acabó por tanto lo de medir el déficit con una foto fija al final del año. Habrá que pedir permiso antes de emitir deuda, someter los presupuestos del Estado a Bruselas para su aprobación antes de presentarlos ante las Cortes y, en general, someter las finanzas nacionales a un escrutinio muy estrecho.

El último borrador (se supone que versión definitiva) del Tratado de Estabilidad (Descargar Treaty) no da ninguna alegría a los que desde hace meses vienen pidiendo que, a cambio de constitucionalizar estrictas reglas de déficit, instaurar un sistema de sanciones automático para los incumplidores y poner en manos del Tribunal de Justicia Europeo la  capacidad de supervisar los incumplimientos de los compromisos fiscales por parte de los Estados miembros, la Unión Europea se dote de instrumentos que permitan sostener las finanzas públicas, estimular el crecimiento o generar empleo.

¿Eurobonos? ¿Garantías del Banco Central Europeo? ¿Incrementos en el presupuesto de la Unión? Nada de nada, es el mensaje de este Tratado. Aquí no se fía. Usted cumpla, y luego, si acaso hablaremos. Y, sobre todo, vamos a vigilarle para que nos nos vuelva a robar la cartera. Nunca un Tratado de la UE fue tan punitivo, incluyó tan pocas compensaciones ni fue tan sesgado a la hora de reflejar la visión de unos frente a la de los otros.

Por tanto,

1) No se trata de un texto de consenso. La asimetría entre el poder negociador de las partes lo hace imposible. No tiene consenso europeo ni tampoco interno en Alemania y Francia. Hollande dice que lo revisará, el SPD y los Verdes tampoco ocultan que les gustaría completarlo.

2) Es un paso insuficiente. En lugar de revisar la construcción de la UEM y aprovechar la oportunidad para "completar" Europa, se adopta una visión minimalista que pretender reforzar la capacidad de supervisión y endurecer las reglas.

¿Servirá el Tratado para sacar a Europa de la crisis? La respuesta es "no". Ojalá fuera tan fácil. Pero aunque estos 16 artículo no vayan a parar la crisis, sí que pueden servir para que los que tienen la responsabilidad de sacar a Europa de la crisis (es decir, Alemania y el BCE) tengan la legitimidad para hacerlo y lo puedan hacer de forma efectiva. Por tanto, el Tratado, como la misma austeridad, es una condición necesaria, pero no suficiente.

Café Steiner sugiere como lectura recomendada, más bien imprescindible: "La nueva imposible trinidad" de Jean Pisany-Ferry donde sostiene que las soluciones a la crisis sólo enfatizan los problemas de cumplimiento fiscal, obviando las debilidades estructurales del euro y aboga por una verdadera unión fiscal.

 

 

 

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