José Ignacio Torreblanca

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

Tres desafíos para una Europa dividida

Por: | 30 de mayo de 2013

Brainstorming
Segunda entrada del paso de Café Steiner por una Bruselas inusualmente soleada. Por una vez, la tormenta fue de ideas, aunque para cumplir con la tradición acabó lloviendo a cántaros. Reunión de expertos de  un buen número de países de la UE en el European Policy Centre para hablar de los desafíos de Europa y sus posibles futuros. Muy presente en todas las discusiones las amenazas que sufre el orden económico, político y social europeo.

Sólo enumerarlas y jerarquizarlas ya produce preocupación. La paz social es sin duda la más preocupante de ellas. Si se encuentra en entredicho, argumentan los expertos, es como resultado de los altos niveles de desempleo, las presiones sobre el Estado social y el aumento de las desigualdades y, en consecuencia, la extensión del sentimiento de injusticia social.

Si las desigualdades entre ciudadanos amenazan la paz social, las divergencias económicas entre los estados de la UE pone en entredicho la igualdad entre los estados y, en consecuencia, el propio proyecto de integración europea, que necesita generar un horizonte de convergencia económica y prosperidad compartida.

El tercer elemento que más preocupa es el exterior. Los déficits internos, tanto económicos y sociales, podrían, al menos hipotéticamente, ser compensados con políticas eficaces. Desgraciadamente no es así pues, como sufrimos todos los días, la UE carece de las instituciones políticas o económicas que le permitan superar esta crisis de un forma rápida, eficaz y equitativa.

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Azul, rojo y verde: alternativas económicas

Por: | 28 de mayo de 2013

 

 

Café Steiner estuvo ayer en la presentación de la revista “Alternativas Económicas” en la sede de la UNED en Bruselas. “Alternativas Económicas” es un proyecto puesto en marcha por Andreu Missé, que además de ser subdirector y redactor jefe de Economía, ha cubierto la información de Bruselas para el diario El PAIS durante los años clave de la crisis del euro.

El proyecto que encabeza Missé es una aventura insólita: poner en marcha, en los tiempos que corren, una revista exclusivamente dedicada a contarle la economía a los ciudadanos. Se trata de hacerlo, además, desde una perspectiva que aúna lo europeo (lo azul), lo rojo (el compromiso con la igualdad y la democracia) y lo verde (el compromiso con la sostenibilidad). Alternativas Económicas quiere ser un “electrón libre” en el panorama editorial: independiente de compromisos financieros, patrocinios económicos y ataduras publicitarias. Para ello han decidido funcionar, primero, como una cooperativa, y segundo, sobre la base de las suscripciones de los lectores, lo que en teoría les permitirá maximizar su independencia.

 

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Hay más Alemanias que la de Merkel

Por: | 23 de mayo de 2013

 Traigo a los lectores de Café Steiner dos estudios de la Fundación Friedrich Ebert (del Partido Socialdemócrata alemán) que me parecen relevantes precisamente porque nos traen ideas y visiones que viniendo de Alemania son distintas de las que comúnmente escuchamos de fuentes gubernamentales o de los partidos del centro-derecha.  Este tipo de visiones, críticas con la actual política que sigue el gobierno alemán, no sólo enriquecen el debate sino que muestran hasta qué punto, además de las identidades nacionales, es posible pensar la crisis en dimensiones distintas (políticas, sociales u ideológicas).

El primero (“Crisis del euro, Políticas de Austeridad y el Modelo Social Europeo”) nos trae el significativo subtítulo “¿Cómo las políticas anti crisis en el sur de Europa amenazan la dimensión social de la UE”?.  “Las políticas de austeridad”, dicen sus autores (Klaus Busch, Chistoph Hermann / Karl Hinrichs y Thorsten Schulten) “han llevado por segunda vez a Europa a recesión” y, en el caso particular de Grecia, Italia, España y Portugal han probado ser un “ataque sin contemplaciones sobre los salarios, los servicios sociales y el sector público”.

La interpretación dominante de la crisis como una crisis originada en el exceso de deuda, señala el documento, ha dado alas al reforzamiento del modelo neoliberal previsto en el Tratado de Maastricht. Y concluye advirtiendo: “la descentralización de la negociación colectiva, la caída de los salarios reales, la reforma del sistema de pensiones y las políticas de privatización, dice el documento, suponen el desmantelamiento del modelo social europeo y constituyen una amenaza de primer orden para la socialdemocracia y los sindicatos”. Como se observa en el gráfico que se reproduce a continuación, la represión salarial es una de las características más visibles de las políticas de austeridad. En Grecia, los salarios reales se han desplomado prácticamente un 20% y en proporciones menores, pero significativas, los de los españoles, irlandeses, portugueses y chipriotas.

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Deseducando a la ciudadanía

Por: | 20 de mayo de 2013

[Debido a un error de registro, esta entrada está duplicada]. La entrada correcta es

http://blogs.elpais.com/cafe-steiner/2013/05/deseducando-a-la-ciudadania.html

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Deseducando a la ciudadanía

Por: | 20 de mayo de 2013

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España es un país con una escasa tradición democrática, una débil sociedad civil, y una raquítica cultura política. Resulta por ello sorprendente que este Gobierno, a costa de una Ley que se denomina de “Mejora de la Calidad Educativa” (LOMCE), decida suprimir la asignatura “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”, vigente en la actualidad.

El Gobierno toma esta medida contraviniendo, primero, la práctica habitual en nuestro entorno europeo democrático, plasmada en la Recomendación (2002)12, de 16 de octubre de 2002 del Comité de Ministros del Consejo de Europa que señala “que la educación para la ciudadanía democrática es esencial para promover una sociedad libre, tolerante y justa y que contribuye a defender los valores y principios de la libertad, el pluralismo, los derechos humanos y el imperio de la ley, que son los fundamentos de la democracia”.

Lo hace, también, desoyendo la opinión del Consejo de Estado, que en su Dictamen 172/2013 sobre el proyecto de ley en cuestión manifiesta su desacuerdo por la supresión de esa asignatura del currículum escolar, tanto en Educación Primaria como en Secundario Obligatoria, argumentando que tal eliminación no sólo contravendría numerosas recomendaciones en ese sentido del Parlamento Europeo sino que situaría a los alumnos españoles en la extraña situación de ser los únicos de la Unión Europea que no cursarían una asignatura con valores cívicos.

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¿Existe la germanofobia?

Por: | 16 de mayo de 2013

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Dirán que Café Steiner esta “Germanobsesionado” (véase últimas entradas sobre Alemania) pero, sin duda, con la posición tan central que tiene Berlín en esta crisis, tanto para bien como para mal, es difícil evitar centrar el foco de atención en Alemania.

Es por esa razón que desearía llamar la atención de los lectores de Café Steiner sobre el término “Germanofobia”, que está comenzando a extenderse (véase por ejemplo la reciente entrevista en Der Spiegel con el historiador británico Brendan Simms a raíz del artículo de este en The New Statesman sobre “El problema alemán o este programa de la televisión francesa, France2, dedicado monográficamente a la cuestión tras la polémica provocada por la acusación del PSF a Alemania de "intrasigencia egoísta").

En todo conflicto político, ideológico o económico, el lenguaje es importante. Por eso me parece relevante que, desde Alemania, se despachen las críticas hacia la política de Merkel con la acusación de “Germanofobia”. ¿Es esta acusación cierta, o se trata de una argucia que pretende evitar un debate político que produce incomodidad? En mi opinión, se trata más de lo segundo que de lo primero. ¿Por qué?

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El modelo aleman no es exportable

Por: | 13 de mayo de 2013

Dado que estamos en pleno proceso de germanización económica, aplicando reformas que nos asemejan a Alemania, conviene tener un debate sobre los límites y virtudes del llamado “modelo alemán”. Mi colega Sebastian Dullien ha escrito un interesante trabajo (“Las reformas alemanas como modelo para Europa”)* donde se hacen dos precisiones importantes sobre el modelo alemán.

Una, que muchos observadores han idealizado un llamado “modelo alemán” a partir de las reformas del Canciller Schröder sin tener un conocimiento muy profundo de estas reformas. En concreto, dice Dullien, pese a lo que se sostiene comúnmente, las reformas de Schröder no cambiaron el sistema de negociación colectiva, no cambiaron las reglas sobre trabajo temporal y no hicieron el despido más barato ni más fácil (véase gráfico).

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Ello no quita mérito a esas reformas, algunas de las cuales son muy interesantes para España (especialmente las relativas al cobro del subsidio de desempleo, que permiten a los que llevan más de 12 meses en paro compatibilizar la recepción de una prestación con el empleo temporal remunerado, lo que convierte el desempleo en un subsidio al trabajo). El problema es que, como siempre, de los modelos se elige selectivamente lo que se quiere.

Dos, señala Dullien, que la estrategia alemana de salir de la crisis mediante un crecimiento exponencial de las exportaciones no es algo que todos puedan hacer ya que Alemania tiene una industria exportadora particularmente complementaria con las necesidades de los países emergentes, cosa que no todos los socios de la eurozona pueden replicar fácilmente.

Más significativo aún, las increíbles ganancias de productividad alemana no se sustentan en una mejora de la competitividad sino en la pura y dura represión salarial que hizo que los salarios más bajos cayeran en términos reales entre 2000 y 2006. El resultado: un 20% de los trabajadores alemanes  (7 millones de personas) trabaja por menos de 9€ la hora. Si a ese modelo de salario bajos, y en parte subvencionados le sumas una muy baja inversión pública tanto en infraestructuras, incluidas las educativas (otra característica de Alemania que escasamente se hace notar), el modelo ya no lo es tanto (véase el gráfico comparando los aumentos de productividad en España y Alemania, de hecho muy similares).

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El retorno de la historia a Europa

Por: | 08 de mayo de 2013

Billar
Escribe mi colega Hans Kundnani (autor de "Utopia y Auschwitz: la generación del 68 y el Holocausto" y de un fascinante y muy recomendable blog sobre Alemania) que una de las sorpresas que nos está trayendo esta crisis es el “retorno de la historia” a Europa (véase el artículo completo en el último número de la revista Política Exterior).  ¿Recuerdan la polémica provocada en 1992 por las tesis de Francis Fukuyama sobre “el fin de la historia”? (véase texto original en inglés de su artículo en la revista National Interest, en inglés o una versión traducida al castellano).

La tesis de Fukuyama era que la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría suponían que no había alternativa al modelo de democracia liberal asentada en una democracia de mercado y, por tanto, que la competencia entre modelos políticos-económicos había finalizado. La tesis fue rebatida por Samuel Huntington en 1993 con el argumento de que el conflicto ideológico entre comunismo y democracia se sustituiría por el conflicto cultural, es decir, por el “choque de civilizaciones” (véase artículo original en inglés en la revista Foreign Affairs así como una traducción al castellano).

Las tesis de Huntington han quedado desacreditadas por el paso del tiempo pero no así las críticas a Fukuyama. En un interesantísimo artículo de 2007 en la revista Policy Review (End of Dreams, Return of History), al que seguiría posteriormente un libro del mismo título (publicado en castellano por Taurus) Robert Kagan señalaría que el contexto posterior al 11-S y la emergencia de las rivalidades geopolíticas entre EEUU, Rusia y China en absoluto nos permitían hablar del “fin de la historia” sino precisamente de lo contrario: de su retorno.

Hasta la fecha, la Unión Europa, Europa, había sido ajena a este debate sobre el fin de la historia o su retorno. Fuera o no cierto el fin de la historia a escala global, lo que sí parecía fuera de toda duda era que dentro de Europa la historia sí que había terminado. El orden europeo, fundado sobre las Comunidades Europeas, luego Unión Europea, constituía el mejor ejemplo de la “domesticación” de los viejos Estados-nación. Europa era, en la expresión de Robert Cooper, el consejero diplomático de Javier Solana en la Secretaría General del Consejo de la Unión Europea y autor de "The Postmodern State and the World Orden", una entidad posmoderna, basada no en los principios de soberanía vigentes desde Westfalia, sino precisamente en su superación y sustitución.

Por tanto, mientras que ahí fuera seguía habiendo estado modernos (hobbesianos) que seguían chocando entre sí como bolas de billar en un tapete (en la metáfora típica de las visiones realistas de las relaciones internacionales), Europa había logrado el milagro de “eliminar las relaciones internacionales”, es decir dejar atrás el lenguaje del poder y la geopolítica, superar la diplomacia como forma típica de relación entre estados  y sustituir todo ello por la economía, el derecho y la gobernanza democrática.

No tan rápido, dice Hans Kundnani: “el liderazgo franco-alemán de la UE se basaba en el ‘equilibrio de los desequilibrios’ entre una Francia percibida como líder político y una Alemania Occidental más fuerte a nivel económico. Sin embargo, a lo largo de esta última década, a medida que Alemania luchaba por sus intereses nacionales dentro de la UE de manera más rotunda y Francia perdía competitividad respecto a Alemania, el equilibrio entre los dos países se perdía”.

La paradoja es más que evidente. La construcción europea, que nació como un vehículo para controlar el poder de Alemania, y la unión monetaria, cuya lógica era atar a la Alemania unificada, ha acabado asistiendo al resurgir de Alemania como el país con más poder relativo dentro de ella. La percepción, por parte de muchos países, de que Alemania, como condición para salvar al euro, impone la exportación de su modelo económico a todos los demás, ha vuelto a traer a Europa la preocupación por la hegemonía. El resurgir de los resentimientos significa que la historia, dice Kundnani, ha vuelto a Europa. ¿Para quedarse?

 

Una Europa alemana

Por: | 06 de mayo de 2013

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EL PAIS publicó ayer domingo una entrevista con Ulrich Beck, el sociólogo alemán a quien seguramente asociarán con el concepto de “sociedad del riesgo” (véase su libro homónimo de 1986). Beck ha defendido en su trabajo la idea de un cosmopolitismo global entiende la construcción europea con un experimento a escala continental de esa idea de sociedad global que debería suceder a los viejos Estados (véase “La Europa cosmopolita”, de 2006, junto con Edgar Grande).

Como no podía ser de otra manera, la crisis del euro ha capturado la atención de Ulrich Beck, que contempla con sumo pesar hasta qué punto el experimento europeo, único en su ambición, escala histórica y significado, se encuentra en peligro. En el contexto de las actuales discusiones sobre el papel de Alemania (véase la columna que publiqué en la edición impresa el pasado viernes con el título de “Mala Sangre”), resulta de enorme interés la lectura del libro de Beck “Una Europa alemana”, publicado por Paidós en noviembre pasado.

El libro de Beck es, ante todo, un libro valiente, pues su autor expone sus tesis, muy críticas con la política llevado a cabo por Alemania durante la crisis del euro, a sabiendas de que será criticado tanto por unos como por otros. Pero en ese consiste la honestidad intelectual, en pensar y criticar independientemente de argumentos basados en la identidad nacional la utilidad política.  ¿Cuáles son los elementos centrales de la reflexión que nos plantea Beck?

En primer lugar, la preocupación por cómo la crisis erosiona las democracias europeas: tanto en los países deudores como en los acreedores, los ciudadanos sienten que se toman decisiones sin su consentimiento y que la democracia se vacía de contenido (un argumento parecido al que expuse con Mark Leonard en “Choque de democracias”). Estamos ante un conflicto entre dos lógicas, dice Beck, la lógica del riesgo y la lógica de la democracia pues el riesgo, en realidad el miedo, nos obliga a tomar medidas que socavan la democracia. Lo que ocurre cuando los problemas cotidianos se convierten en problemas europeos mientras que las respuestas siguen siendo nacionales es “la quiebra del orden social y político”. En Europa ha aparecido una “nueva clase baja”: la que forman países como España, Italia y los demás países intervenidos que “tienen que aceptar recortes en su soberanía y vulneraciones en su dignidad”.

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27 estrategias de seguridad resultan poco estratégicas

Por: | 01 de mayo de 2013

EstrategiaHay lecturas que serían un delicia si no fuera por la cortedad de miras y estulticia que revelan. Es el caso del trabajo “Europe’s Strategic Cacophony” (“La cacofonía estratégica de Europa”) de mis colegas en el European Council on Foreign Relations, Olivier de France y Nick Witney. No es una novela, pero se lee como un drama.

Y eso que la materia es ardua y más bien tirando a espesa. Porque, quién sería tan masoquista como para leerse las 27 estrategias de seguridad nacional de los 27 Estados miembros de la UE.

Sí, esos mismos Estados que en el Tratado de Lisboa (2009) nos dijeron que estaban “RESUELTOS a desarrollar una política exterior y de seguridad común que incluya la definición progresiva de una política de defensa común que podría conducir a una defensa común [..] reforzando así la identidad y la independencia europeas con el fin de fomentar la paz, la seguridad y el progreso en Europa y en el mundo, tener una política exterior y de seguridad común”.  

Pues resulta que esos mismos 27 Estados miembros, pese a ser conscientes de que el peso relativo de Europa en el mundo está en declive, lo que exigiría una mayor coordinación; pese a ser consientes que gastan demasiado poco en defensa y que, además, gastan mal, lo que también exigiría una mayor coordinación; y pese a estar atravesando una severísima crisis económica que pide a gritos una racionalización del gasto en defensa, no han dedicado el más mínimo tiempo en los últimos años a sentarse a pensar de qué manera pueden armonizarse y complementarse sus estrategias de seguridad nacional.

 

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El País

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