José Ignacio Torreblanca

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

Interceptaciones de destrucción masiva

Por: | 30 de octubre de 2013

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La población humana se duplica cada 35* años, la capacidad de almacenamiento de datos y, por tanto, de vigilancia, cada 18 meses.  Y a un precio cada vez menor: con solo 30 millones de dólares se pueden almacenar todas las llamadas hechas anualmente por los alemanes (casi 82 millones personas). Para que se hagan una idean, piensen que España está inmersa en el programa de aviones de combate Eurofighter, un costosísimo avión (a unos 60 millones de euros la pieza) cuyas posibilidades de uso son remotas. En el mejor de los casos, habrá disuadido ese caro cacharro a alguien de atacarnos (¿Marruecos? ¿Argelia? ¿Rusia?). Interceptar es pues una ganga.

Y además no hace falta ser selectivo, la capacidad invierte el método de trabajo: antes se llegaba hasta el individuo al que posteriormente se decidía grabar. Ahora la dirección va en sentido contrario: primero grabamos a todos, y el día que sospechemos de alguien entonces vamos al archivo donde tenemos todos sus perfiles sociales, correos electrónicos etc. Usted no se acuerda de qué buscó en Google o a quién escribió un email hace dos años: pero Google sí.

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Cuidado con las sentencias injustas y equivocadas

Por: | 28 de octubre de 2013

Como se sabe, tras varios días de inexplicable silencio, el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se decidió por fin a calificar la Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la llamada “Doctrina Parot” como “injusta y equivocada”. Fue una valoración de una dureza inusual, que sorprendió a todo el mundo, máxima teniendo en cuenta la habitual prudencia del Presidente a la hora de comprometerse con posiciones maximalistas.

El denostar de esa manera una sentencia de un Tribunal Europeo (recomiendo su lectura Descargar Sentencia TEDH Parot) es ya llamativo en sí mismo. He escrito en otro lugar (edición del Domingo del Diario EL PAIS) sobre lo preocupante que resulta este “europeísmo basura”, de usar y tirar, que cargavisceralmente contra las instituciones europeas cuando estas no satisfacen los intereses de algunos. Algo parecido pudo verse este verano en el caso de la polémica sobre las ayudas públicas al sector del naval, cuando el Comisario de Competencia de la Comisión Española fue acusado de “traidor” por no defender los intereses de España (cosa que tiene prohibido hacer).  

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¿Quién mató al sueño europeo?

Por: | 24 de octubre de 2013

Sabemos por las encuestas del Eurobarómetro (véase estudio) que la desafección hacia la Unión Europea se ha multiplicado exponencialmente desde el comienzo de la crisis. Esto es particularmente cierto respecto a España y otros países del sur de Europa pero, lamentablemente, también lo es respecto a los países llamados “acreedores” (Alemania, Austria, Holanda,  Finlandia).

En España estamos en estado de “shock demoscópico” (¿existe esta expresión?) pues hemos pasado de una situación en 2007, al comienzo de la crisis, donde una inmensa mayoría de españoles confiaba en la Unión Europea (65% versus 23%) a una en la cual, para nuestra sorpresa, solo 17% de los españoles confían en la UE, frente a un 75% que desconfía (Eurobarómetro 67/2007 y 79/2013). Hemos pasado, por tanto, de una valoración positiva de la UE de +42 puntos a una negativa de -58! puntos).

Cierto que, como muestra el gráfico, las instituciones nacionales (Gobierno y Parlamento) están peor valoradas que las europeas: 89% de los españoles desconfían de su Parlamento y 91% de su Gobierno. ¿Pero es esto un consuelo? ¿Es la UE tan responsable de la crisis como la clase política española? ¿De verdad? Parece pues que el euro se ha salvado, pero a costa de los ciudadanos, lo que preocupa, y mucho, de cara a las próximas elecciones europeas.

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Catalunya y España: ¿amor o dinero?

Por: | 21 de octubre de 2013

9.375,7 millones de euros. Esa sería, según el informe “La deslleialtat de l’Estat respecte de Catalunya”(Descarga Deslealtad aquí) hecho público el 15 de octubre por la Generalitat de Catalunya, la cifra de la discordia. Supongamos por un momento que la cifra fuera cierta, exacta o justa (son tantas las perspectivas posibles…). O incluso imaginemos una situación en que, fuera o no fuera cierta, acordáramos darla por buena en aras de resolver el conflicto que tenemos planteado.

No es una cifra tan elevada. Tengamos en cuenta que sólo tapar el desastre del Banco de Valencia ha costado unos 6.000 millones de euros, el de Nova Caixa Galicia 8.981, Cataluyna Bank, 12.048 y el de Bankia unos 23.000. Lo que es peor,  la mayor parte de ese dinero se perderá ya  el Estado ha inyectado dinero pero no se ha quedado con las acciones de los bancos. Pero en este caso el rescate sería inverso: Cataluña tiene un PIB  cercano a los 200.000 millones de euros, casi el 20% del PIB de España, que sin duda perderíamos sin Cataluña lograra la independencia.

Hagamos pues un cálculo: sobre una población total de 46,7 millones de habitantes, restamos los 7,57 millones de personas que viven en Cataluña, lo que nos deja la población del resto de España en 39,1 millones. Dividimos  los famosos 9.375 entre esa cantidad y nos sale una cifra de 239 euros. Ese sería el coste per cápita para cada español no residente en Cataluña: no se qué piensan ustedes pero es menos de lo que se paga por el seguro a terceros del coche, se parece sospechosamente al impuesto de bienes inmuebles o a alguna de las derramas de la comunidad de vecinos que pagamos habitualmente. Si además pudiéramos pagar en varias mensualidades, o se pudiera introducir un factor corrector por renta o similar, la cosa podría tener solución.

 

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Y tu más: fútbol, patrocinios, democracia y derechos humanos

Por: | 16 de octubre de 2013

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En la entrada anterior en este blog ("Malas noticias para los seguidores del Atlético de Madrid: Azerbaiyán es una dictadura"), señalaba el lamentable estado de los derechos humanos y de las libertades en Azerbaiyán, equipo patrocinador del Atlético de Madrid. Algunos lectores interpretaron aviesas intenciones al señalar al Atlético pero obviar a otros equipos, también patrocinados por países o empresas de   dudosas credenciales democráticas.

Es curioso que en el mundo del fútbol se utilicen los mismos argumentos que en la política: ¡Y tú más! Dirán que hablar de Kant y de fútbol es incompatible pero no hay que tener prejuicios: hay muchos artículos del reglamento de fútbol más difíciles de entender que el imperativo categórico kantiano ("obra sólo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal").

 Pero no hace falta recurrir a Kant; baste señalar que si en lugar de defender la inocencia de uno se acusa a otro de lo mismo en grado aumentado, lo que en el fondo estamos haciendo es  reconocer que, al menos en parte, la acusación está bien fundada. Dicho todo esto, que la entrada anterior sólo versara sobre Azerbaiyán tenía una justificación muy evidente: en razón de que se habían celebrado elecciones presidenciales (fraudulentas) la semana pasada), hecho que en general había pasado inadvertido para los medios de comunicación españoles.

Claro que, como agudamente señalaba un lector, si tuviéramos que esperara a que se celebraran elecciones (aunque fueran fraudulentas) para hablar de los patrocinadores del Real Madrid y del Barça, entonces no podríamos hablar nunca. Y razón no le falta al lector, los dos pantallazos que abren esta entrada, tomados de la web de la organización especializada en democracia y derechos humanos Freedom House, lo dejan bien claro: Emiratos Árabes: "Not free" (sin libertad de prensa, acceso a Internet ni elecciones libres"; Qatar: ídem "Not free"

 

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Azerbaiyán, “Land of Fire”,
patrocinador del Atlético de Madrid. “Tierra de Fuego”. ¡Y tanto! Tanto le quemaban los resultados de las elecciones presidenciales a la Comisión Electoral Central, que los publicó un día antes de que se celebraran. Nos lo contó el 9 de octubre el Washington Post (ver noticia).

Curioso país este que patrocina al Atlético de Madrid (véase ficha país del Ministero de Asuntos Exteriores y Cooperación). Enrique Cerezo, Presidente del Atlético lo ha definido como “un país de gran potencial económico y de importantes recursos. Azerbaijan es un país con una herencia histórica antigua, que después de obtener su independencia alcanzó un nivel alto de desarrollo humano, económico y cultural” (véase nota del club). La realidad, por desgracia, es algo más deprimente.

El país, lo gobierna Ilhan Aliyev desde el 31 de octubre de 2003. Ilhan sucedió a su padre, Heydar, que a su vez gobernó desde 1993 hasta 2003. Los Aliyev han conseguido hacer aquello que tan caro les costó a los dictadores del Norte de África (Mubarak, Gaddafi y Ben Alí): colocar a sus hijos en el poder y hacer así una sucesión dinástica en un república laica. ¡Chapeau! Eso sí, como se pueden imaginar, todo ello a costa de un elevado nivel de represión a la oposición y los medios de comunicación (véase informe de la organización Freedom House).

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¿Es la clase política española una élite extractiva?

Por: | 09 de octubre de 2013

Continúo con el tema de mi entrada anterior, intentando animar el debate planteado por César Molinas en su libro “¿Qué hacer con España?” y, particularmente, en torno a su muy polémica caracterización de la clase política española como una “élite extractiva” (véase el artículo original de César Molinas en EL PAIS).  Se trata de un concepto tomado del trabajo Acemoglu y Robinson “¿Por qué fracasan las naciones?, un muy recomendable macro-estudio histórico sobre por qué determinados países fracasan y otros triunfan.

Como señalaba en mi anterior entrada, una cosa es el legítimo enfado (por decirlo suavemente) con la clase política española, responsable de muchos (pero no de todos) los males que nos aquejan, y otra es la discusión sobre la adecuación de este término a la situación española. Porque, una “élite extractiva”, lo es en la medida que se vale de “instituciones económicas extractivas” y, correlativamente, de “instituciones políticas extractivas” para extraer rentas de la sociedad en su beneficio propio a costa del desarrollo del país.

Por esa razón, es muy difícil que una democracia liberal, es decir un Estado de derecho con elecciones regulares, respeto de los derechos fundamentales y libertad de mercado pueda tener ese tipo de instituciones extractivas. Los propios Acemoglu y Robinson nos hablan de “la seguridad de la propiedad privada, un sistema jurídico imparcial y servicios públicos que garanticen la igualdad de oportunidades”, a lo que posteriormente añaden “la libertad de crear empresas, unos servicios públicos de calidad, infraestructuras de comunicaciones” etc. Mientras, en el ámbito político, nos hablan de una estructura de poder centralizada (la existencia de un Estado con el monopolio legítimo de la fuerza, en el sentido weberiano) pero a la vez pluralista, es decir, una en el que se permita la competición política, la entrada de nuevos participantes en el sistema y la fijación de límites claros al ejercicio del poder por parte de los gobernados.

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Revisando la teoría de la clase política española de César Molinas

Por: | 07 de octubre de 2013

Espana-ladrilloRecientemente he tenido la oportunidad de leer con bastante detenimiento el libro de César Molinas, “¿Qué hacer con España: del capitalismo castizo a la refundación de España”? Y lo he hecho, cosa que recomiendo, en paralelo a la lectura del magnífico libro de Acemoglu y Robinson “¿Por qué fracasan las naciones”?, del que César Molinas toma y adapta el concepto de “elite extractiva” para, a continuación, aplicarlo al caso español.

Desconozco las ventas del libro de Molinas pero es innegable lo populares y bien acogidos que han sido sus artículos en el Diario EL PAIS. Pocos artículos de opinión han sido tan citados y reenviados; 40.000 me gusta en Facebook y 14.000 retuiteos son un hito por el cual hay que felicitar al autor. Al volcar sobre los políticos españoles la responsabilidad de la crisis y, como consecuencia, vincular la salida de ella a la reforma de los partidos políticos, Molinas no sólo ha sintonizado a la perfección con la visión dominante en la sociedad (seguramente los partidos políticos sean la institución más odiada por los españoles) sino que le ha dado forma.

Que en contraste con el éxito periodístico y mediático, en el mundo académico, especialmente en el de la ciencia política, el fracaso del libro haya sido total, pues la mayoría de las críticas han sido negativas, requiere una explicación. Para el autor, y parece que para muchos de sus fans, la explicación estaría en el rancio corporativismo de los politólogos que se sentirían amenazados por un advenedizo exitoso (aunque tampoco ha sido muy bien recibido por los economistas: véase esta crítica de José Moisés Martín en "Economistas frente a la crisis", o de Jonás Fernández, nada positivas).  

En mi opinión, el problema se resolvería, al menos en parte, si juzgáramos el libro de Molinas como un ensayo. Más que ante un libro académico estamos ante un “panfleto” en el sentido anglosajón del término, que no es peyorativo sino simplemente descriptivo, un manifiesto para la acción política que podrá gustar a unos más que a otros. Pero, por alguna extraña razón Molinas quiere imbuir su análisis de ropaje científico, lo que a la postre resulta desastroso ya que es un terreno en el que no se maneja.

Que Molinas haya reaccionado mal ante las críticas a su texto por parte de personas de reconocido prestigio provenientes del mundo académico, como la formulada José María Maravall (Premio Nacional de Ciencia Política y Sociología y seguramente uno de los académicos españoles más reconocidos fuera de nuestras fronteras: Doctor en Oxford, profesor visitante en Harvard  etc…), es revelador. El plano que Molinas utiliza para rechazar las críticas, reivindicando su activismo transformador y sus propuestas de cambio frente a la inacción de los demás revela la confusión del autor, lo dice todo. 

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Estatuillas

Estamos en pleno centro de Madrid, ciudad que recibió 2 millones y medio de turistas sólo en los seis primeros meses de este año (una cifra que parece que está cayendo). Un buen número de esos turistas, suponemos, visitaron el Museo del Prado o sus aledaños así que, muy probablemente, pasaron por la tienda de “Objetos de Arte Toledano” situada en el número 10 del Paseo del Prado. Es una esquina emblemática situada al otro lado del Museo del Prado. Enfrente está el Hotel Ritz, al otro el Museo Thyssen y un poco más allá el Hotel Palace.

La tienda de Arte Toledano que preside la esquina, nos dicen en su web, está dedicada “a la venta y distribución de complementos y artículos de regalos, joya majorica, abanicos, cerámica, damasquinado [..] Con más de 600m2 de exposición, en la planta superior podemos disfrutar de un Museo Medieval  en el cual tenemos expuestos distintos tipos de armaduras y complementos medievales de todas clases, en especial todo el material necesario para realizar recreaciones medievales y una amplia exposición de Cerámica de Talavera, Toledo, Sevilla, etc”. 

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Víctimas de la Marca España

Por: | 02 de octubre de 2013

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Pareciera como si todo gobierno tuviera derecho a una iniciativa absurda en política exterior. El gobierno de Zapatero  se empeñó con la "Alianza de Civilizaciones", volcando sobre ella recursos diplomáticos y financieros muy necesarios en otros ámbitos. Nadie explicó nunca cómo surgió esa idea, con quién se discutió antes de lanzarla y cuáles eran sus objetivos. Hay quien dice que se improvisó en el avión oficial que llevaba a la delegación española a participar en la Asamblea General de Naciones Unidas y que luego hubo que rellenarla de contenido de forma improvisada. ¿Quién sabe? Si no hace falta ser severo con la idea es porque el tiempo se ha encargado de ponerla en su lugar. Es posible que hasta fuera una buena idea, pero nadie se tomó nunca en serio el intentar convencernos.

Algo parecido le ha ocurrido a la “Marca España”, una iniciativa que siempre ha sonado más al deseo de acabar algo que se dejó a medias en las legislaturas 1996-2004 que una reflexión seria sobre las necesidades diplomáticas y de imagen de España. De nuevo, puede que hasta sea una buena idea, pero nadie se ha molestado en explicar en qué consiste y por qué, contra toda intuición lógica, había que lanzar esa iniciativa precisamente cuando todo el planeta ve en España el ejemplo perfecto de cómo un modelo político y económico se puede venir abajo.

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El País

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