José Ignacio Torreblanca

Carta abierta a un euroesceptico

Por: | 17 de febrero de 2014

Carta
Me envían Francisco Sosa Wagner, eurodiputado (UPyD) y Mercedes Fuertes, Catedrática de la Universida de León, su libro “Cartas a un euroescéptico” (Marcial Pons 2013). El libro es un intento de contrarrestar los lugares comunes del euroescepticismo valiéndose de la excusa de un lector imaginario al que se le dirigen cinco cartas.

En la primera, se presenta lo que podríamos denominar “el problema de escala” y, en paralelo, “el problema de diseño”: los estados-nación europeos no pueden por sí solos asegurar el bienestar de los ciudadanos hoy en día ya que carecen de la capacidad real de gobernar la economía de forma eficaz, independiente y legítima democráticamente. La soberanía, ese viejo invento que siempre tuvo más de ficción que de realidad es hoy, una quimera.

En su segunda carta hablan de los beneficios de la integración para un español medio. Desde el régimen de derechos y libertades a los programas ERASMUS pasando por los fondos de cohesión o la seguridad alimentaria, los autores hacen visibles los beneficios que la integración trae a los autores.

En su tercera carta se centran en los mitos relacionados con el coste de Europa: que si es una burocracia enorme y costosa, que si está sojuzgada por los lobbies o que Bruselas es el paraíso del descontrol presupuestario y el derroche.  Con datos en la mano, demuestran que no lo son.

En su cuarta carta se plantean la cuestión del “déficit democrático”, “cantinela”, dicen, tan recurrente como injustificada pues todos los órganos europeos, desde el Parlamento a la Comisión tiene la legitimidad democrática, bien directa o bien indirecta y actúan en el marco de los Tratados y las prerrogativas que esos Tratados, aprobados por los Parlamentos nacionales, les han concedido. En comparación con otras instituciones nacionales, señalan, estas instituciones son (y es verdad), en ocasiones más democráticas y transparentes. Incluso en lo relativo al Banco Central Europeo, con actuaciones tan polémicas en esta crisis, los autores señalan lo injustificado de las críticas que se le hacen cuando, precisamente, la razón de ser de esa institución es su independencia.

La quinta y última carta es más programática: en ella nos indican cómo completar el diseño institucional europeo. Un gobierno europeo que tenga tal nombre, que sea elegido directamente por el Parlamento, con menos Comisarios que Estados de tal manera que formen un equipo. El paquete de propuestas se completa hasta conformar una situación típicamente federal o federalista, que sin duda alinea a los autores con las corrientes más integracionistas, partidarias de convocar una nueva Convención democrática que pudiera, a la americana, ir a una Constitución federal que entrara en vigor aunque no tuviera el voto favorable de todos los Estados firmantes (que tendrían la puerta abierta para marcharse).

El libro resume tan bien el argumento federalista que es perfecto para abrir un doble debate:

Primero, ¿es el federalismo la solución? Aquí nos movemos en el ámbito del “deber ser”. ¿Es el federalismo, la constitución de unos Estados Unidos de Europa, la única solución deseable? Curiosamente, los teóricos de la integración europea nunca fueron federalistas (sí los padres fundadores). Los funcionalistas y neofuncionalistas, como Mitrany o Haas, tenían sus dudas: si los Estados-nación habían sido el problema, un solo Estado-nación, más grande y más poderoso sería la solución? ¿No entraría en conflicto con otros? (como Estados Unidos) o no tendría un poder enorme sobre sus ciudadanos (como Estados Unidos, véase Snowden etc). "La paz no se garantiza si organizamos el mundo sobre la base de aquellos que lo divide (los Estados)" dijo Mitrany.

Segundo, ¿es el federalismo una solución posible? Los autores hablan de la vía del referéndum y de que los Estados Unidos de Europa nacerían en cuanto un número mínimo de estados o ciudadanos ratificaran dicho tratado. Pero hoy por hoy, con los eurobarómetros en la mano es difícil que ese referéndum ganara en Francia o Alemania. ¿Tendrían sentido unos Estados Unidos de Europa sin uno o ninguno de los dos? Por lo tanto, el federalismo puede que fuera una solución, pero llegar de A a B parece casi imposible hoy en día. El último intento, la fallida Constitución Europea dejó bien claro que el apetito de políticos y ciudadanos era más bien bajo.

El federalismo puede ser visto como una ideología o como una técnica para resolver problemas de gobierno. Las ideologías no son, por definición, contrastables; definen un estado deseable de las cosas y se afanan en lograrlo. El federalismo es pues una opción personal, aunque no muy extendida en Europa (como prueban los resultados electorales de los partidos federalistas). La poca afección por el federalismo entre los europeos es interesante: si como señalan Francisco Sosa Wagner y Mercedes Fuertes, es la mejor opción, sin embargo, ¿por qué la gente no la quiere?

Hay 10 Comentarios

¿Por qué el eurofederalismo es tan poco popular? ¿Porque es un tema técnico y lejano, entre otras razones?
El libro de Francisco Sosa y (si no me equivoco) su mujer es, como todo lo que viene de él, por cierto, un excelente ejercicio intelectual, está bien escrito y es obra de una persona (de dos personas) honesta. Lo que no es poco.
Puro food-for-thought.

Resulta significativo que se preocupan antes por el euroescepticismo que por lo que esta pasando en España. Convertirse en Mexico no es algo que ocurra de la noche a la mañana.

Evidentemente, para muchos lo obvio seria retornar a un tratado a varias bandas de comercio europeo, respetando las politicas monetarias de cada país. En cierto modo, la idea de una cesta de monedas como el ECU no era mala, de cara al exterior. El problema no es el euro, es su implementación. Debería haber sido el último paso, resolviendo antes todas las incongruencias de diseño politico e instituciones financieras en la UE.
Que conste que se nos avisó. Pero como en tantas otras cosas, no hubo consulta ciudadana. Basta mirar hacia Suiza, para darnos cuenta de lo muchísimo que se nos hurta a nuestro conocimiento o decisión. Simplemente, nos dan los hechos consumados, la mayoría de las veces.

Menuda sarta de manidas falacias eurofederalistas han soltado Sosa Wagner y compañía: los Estados-nación europeos son perfectamente viables sin el artificial y antidemocrático corsé europeísta, como muestran casos de países pequeños en Europa (Noruega, Suiza, Islandia) y en el resto del mundo. Y los beneficios de la cooperación continental se pueden obtener perfectamente sin pisotear la soberanía de las naciones europeas ni subordinarlas a un ente supranacional uniformista y opresivo como la UE que, además, se dedica a imponer austeridad y "reformas" neoliberales que acaban con los Estados del Bienestar europeos. Otra cosa es que un imaginario superestado europeo pudiera ser más poderoso, si no fuera por el "pequeño" detalle de que no existe ninguna identidad europea susceptible de generar un demos europeo que pueda servir de base a tal quimera. Es por eso que los eurofederalistas incurren en un clamoroso déficit democrático imponiendo su unión sin consultar a los ciudadanos sobre decisiones de gran trascendencia para nosotros o, incluso, pasando por encima del rechazo democrático de los pueblos a sus diktats (véase el escandaloso ejemplo de la "constitución europea" y su sucedáneo, el Tratado de Lisboa). Por todo ello, sr. Torreblanca, la ideología del eurofederalismo ni es una buena opción ni es querida más allá de elitistas círculos europeístas desconectados de la realidad de un continente de naciones irreductibles a unidad. Capítulo aparte merecen las contradicciones de UPyD, un partido que dice defender la unidad de España para luego querer convertirla en una Oklahoma cualquiera de unos irreales y aberrantes EEUU europeos.

-"los estados-nación europeos no pueden por sí solos asegurar el bienestar de los ciudadanos".
Muy cierto, la UE nos garantiza el paro, la recesión, la deflación, la pérdida de conquistas sociales y la composición exacta de la mostaza.
- "beneficios de la integración para un español medio. Desde el régimen de derechos y libertades"
joder, yo q pensaba q nuestras libertades están consagradas en la Constitución.
- "burocracia enorme y costosa"; pregúntenle a los británicos q opinan del asunto
- el “déficit democrático”, “cantinela”,
¿pueden los vagos del Parlamento Europeo siquiera interpelar a la BCE ante la deflación profunda q padecemos?


Respuesta de un realista: Me da la impresión de que los autores de las cartas sueñan despiertos sin ser conscientes de la realidad de la actual UE, y del enorme descontento social que existe en representativos países de la misma.


Este año va a ser un año determinante para la UE pues su futuro va a depender y mucho del resultado de las próximas elecciones al PE, y además se prevé un fuerte conflicto, falta de consenso, a la hora de elegir el próximo presidente de la Comisión.


¿Es el federalismo una solución posible? No. Para que un federalismo como el de los Estados Unidos sea posible primero es necesario un fuerte poder federal, que impida que se modifiquen cosas consideradas intocables, que obligue a cumplir las decisiones que son adoptadas por el Gobierno federal, etc. En la actual Europa es imposible construir ese núcleo de poder, por razones históricas, porque hay numerosos conflictos de intereses, porque las grandes potencias no están dispuestas a ceder la soberanía que ello requiere, etc., etc., etc.


En estos asuntos tan importantes es la cantidad como la calidad. Una Europa federal no tendría sentido ni futuro si se queda fuera una de las grandes potencias.

En algunas cosas, la UE funciona. En otras, es coercitiva y favorece a los lobbys multinacionales. No olviden que empezó siendo una unión economica.
Lo que hay que reconocer es la UE no tiene poder para, por ejemplo, destrozar el chiringuito energético en España, muy conchabado con el poder político en los partidos. O, por ejemplo, para imponer la separación efectiva de poderes en el sistema politico español, muy aquejado de intervencionismo desde los Partidos. Como ven, el poder de la UE es más que nada basado en leyes comunitarias, pero en sí no es un poder directo, ejecutivo.
Si algo se le puede achacar a la UE es su lejanía respecto al ciudadano, y que está muy mediatizada por los intereses de cada Estado.
Y como no existe un "demos" europeo homogeneo, resulta dificil que funcione bien.
Sigo pensando que tanto enrevesamiento legislativo hace más mal que bien al proyecto europeo ( tiene una Constitución de 21 paginas, mientras que la de USA es de 7, por ejemplo) lo cual hace dificil entender y acercar el proyecto europeo, que para más inri, no sabe cual será su forma final. Eso es algo que ningún arquitecto admitiría, porque es una receta para tener problemas derivados de una falta de diseño coherente. De hecho, estamos funcionando a base de patadas hacia adelante derivadas de la circunstancia que toque.

"La gente" es muy voluble y decide por lo que siente que le conviene. Aquí lo racional cuenta poco (no conozco ningún votante de Rajoy). Cuentan la esperanza y el miedo. El miedo, la desconfianza, el rencor, la humillación son todos sentimientos más fáciles de despertar que la esperanza. Los irresponsables merkel, rehn, barroso, rajoy, cameron, etc son quienes abrieron la puerta al odio a Europa que ganará las próximas elecciones. Lo hicieron por no perder votos. Sosa Wagner podría, mejor que escribir libros racionales, clamar por 200 mil millones más de inversión que llegue a investigadores, innovadores y pequeñas empresas, directamente (no a mafias y gobiernos por donde se escurre gran parte del dinero europeo). Tiene 20 mil € mensuales para difundir su mensaje. El día que la esperanza venga de Europa y la ruina de los caciques locales, "la gente" querrá Europa.

La mayor parte de los ciudadanos "siente" como una realidad el deficit democratico. ¿Se trata de algo irreal cuando nos vienen a la cabeza las imagenes de Barroso, Ashton o Van Rompuy? ¿o las actuaciones de la U.E, de Merkel o Rajoy en los ultimos años de crisis? ¿es infundado el sentir general sobre el parlamento europeo o, mejor, sobre el Senado español? Antes de descalificar como "cantinela" el sentir mayoritario de la ciudadania (lo es tambien su voto?), tendria a bien saber que tiene que decir Josep Ramoneda sobre el deficit democratico de la U.E o el parlamento europeo. O el de aqui mismo.

UP&D es probablemente el partido más demagógico que hay. Véase el artículo en El País de hace unos días del señor Ortega Carcelén, que hacía una artificial división entre el nacionalismo español bueno y malo para comparar el nacionalismo español "moderno y postmoderno" con el nacionalismo catalán "reaccionario". No sé como no lo echan de su facultad. Pues eso, sin duda los estados nación pequeños tiene problemas de soberanía, pero la realidad de la actual UE es la que es: BCE a la medida de Alemania, política económica a la medida de Alemania, gobierno de los lobbies, ausencia de un demos europeo en el que los ciudadanos puedan ser realmente solidarios, condición necesaria para la democracia, ruina de los estados del sur bien tramada por un BCE que cuando quiso puso remedio, pero despues de dejarnos hechos unos zorros. No han desaparecido los nacionalismos europeos y hasta al ver pelar las barbas del vecino, los alemanes de a pie tragaron con minijobs y destrucción del estado de bienestar para júbilo de las plutocracias. Guay.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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