La siguiente historia me la ha contado una chica de la provincia de Jiangxi llamada Xiao Hua, que desde hace unos años vive en Pekín. En ella habla de su prima campesina Li Li y de la familia de esta. La he reescrito, organizado y dejado en su boca, en primera persona, pero he cambiado los nombres de la gente y los lugares donde sucede porque lo que de verdad interesa no es cómo se llaman sus protagonistas sino los hechos. Es una historia real, tal y como la ha desgranado ella a partir de sus vivencias y de lo que le ha contado su prima, y refleja esa China desconocida tan alejada de los medios de comunicación. Es una historia tragicómica, que destila entre triste y divertida los grandes contrastes de este inmenso país, donde coexisten modernidad con tradiciones atávicas, donde se alternan paisajes futuristas con escenas medievales, donde es posible experimentar dos siglos al mismo tiempo.
“La primera vez que vi a mi prima y a su marido fue en 2004. Habían ido a visitar a un familiar común que estaba enfermo en el hospital en la provincia de Jiangxi (sur de China). Mi prima se llama Li Li, y es la segunda hija de la segunda de mis tías. Su familia vive en la provincia de Shanxi, en el norte. Se había casado no hacía mucho tiempo con un hombre llamado Cheng de un pueblo cercano al suyo. Cuando la conocí, tenía 24 años; unos pocos más que yo. Su marido parecía tener unos 35, aunque mi tía y mi prima decían que tenía 28. Era un tipo achaparrado, de piel más oscura que el campesino chino normal, con profundas arrugas en las comisuras de los ojos y a ambos lados de la nariz. Me costó creer que tenía los años que decían ellas. Su edad era para mí algo místico, así que insistí a mi prima para que me dijera la verdad. Me contestó que no la sabía, que sus padres le habían dicho que tenía 28 años y que sus propias amigas tampoco se lo creían.