‘El carro de heno’, de El Bosco, deja España por primera vez en 450 años

Por: | 30 de agosto de 2015

El Carro de Heno
Por primera vez desde que Felipe II lo comprara en 1570 a Felipe de Guevara, El carro de heno, una obra maestra de El Bosco (1450/1460-1516), sale de España. Se marcha a los Países Bajos. Es una de las maravillas que el año próximo celebra los 500 años de la muerte del maestro flamenco. Se trata de un acontecimiento capital. Resulta muy difícil que el Museo del Prado preste esta clase de obras. El Bosco no suele viajar como no viajan las pinturas negras de Goya o ciertos lienzos de Velázquez.

El tríptico, una de las mejores obras de madurez de El Bosco, estará seis meses lejos de casa. Este otoño será una de las piezas centrales de la exposición Descubriendo la vida diaria: Del Bosco a Bruegel que celebra el museo Boijmans Van Beuningen de Róterdam. Más tarde, entre el 13 de febrero y el 8 de mayo 2016, podrá disfrutarse en el Noordbrabants Museum, en la que promete ser la exposición más completa del artista hasta la fecha. Jheronimus Bosch: Visiones de un genio propone nada menos que 20 pinturas y 19 dibujos.

 

Ahí estará El carro de heno, un tríptico que si se contempla abierto está dedicado al pecado. El panel de la izquierda narra su origen en el mundo. Desde los ángeles caídos, representados por el más bello de todos, Luzbel, hasta el pecado primigenio de Adán y Eva. Y su expulsión del paraíso.

En el centro se contempla a la humanidad subsumida por el pecado. Para ello El Bosco recurre a la metáfora bíblica del carro de heno, que revela lo perecedero y lo efímero de las cosas terrenales. Es una mirada que enfrenta el paso del tiempo y la certeza de la muerte. “Toda carne es como el heno y todo esplendor como la flor de los campos. El heno se seca, la flor se cae” se puede leer en el versículo de Isaías. El maestro tiene presente esta idea y recrea un proverbio flamenco en esa pieza central. “El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que puede”.

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Detalle de 'El carro de heno', tríptico de El Bosco.

Esa rapiña atrae a todas las clases sociales, todos los estamentos. Gobernantes, clero, reyes, emperadores… Nadie falta, todos se suben, también la avaricia y la lujuria, que se sitúan en la parte superior.
Todo vale por estar ahí arriba. Incluso el asesinato. Además hay un rechazo a ciertos personajes de la época como los charlatanes o los sacamuelas, que representan el fraude y el engaño frente a la sabiduría y la razón. A la derecha, en la última pieza de la tabla, el infierno. El destino final de los pecadores. El mundo maniqueo. El bien frente al mal. La maravilla de El Bosco.


Foto de apertura: 'El carro de heno', obra de El Bosco. La imagen se amplía con un clic sobre ella.

 

Agnes Martin: la pintora engullida por el desierto

Por: | 22 de agosto de 2015

Agnes Martin Apertura

En la sala seis de la exposición que la Tate Modern de Londres dedica (hasta el 11 de octubre) a Agnes Martin (1912-2004) hay escritas en un pasillo que comunica dos estancias unas frases, breves, de 1975, de la artista norteamericana. “Estos grabados expresan inocencia en la mente. Si puedes retenerla y mantener tu mente tranquila y vacía y admitir al mismo tiempo tus sentimientos entonces conseguirás una respuesta plena a este trabajo”.

Son 30 estampas, aparentemente sencillas, que en 1973 se exhibieron por primera vez en el MoMA. Líneas horizontales y verticales que, en ocasiones, construyen una retícula. Al igual que un niño dibuja formas basicas en el colegio a través de la escuadra y el cartabón. Y, sin embargo, impresionan. La sinceridad, la humildad, la repetición nada mecánica nos lleva a una de las artistas más trascendentes de la última mitad del siglo XX. Porque si la obra de Agnes Martin es extraordinaria, su vida también.

Hoy el trabajo de Martin se encuentra en todos los grandes museos del planeta y sus cuadros valen millones de euros. Pero, desde luego, no siempre fue así. Durante años no existió.

Agnes Martin I

'Untitled 5 1998', de Agnes Martin. La artista utiliza cinta de carrocero para trazar las líneas rectas.

Su relato comienza en una granja aislada en la provincia canadiense de Saskatchewam. Agnes Martin nace el 22 de marzo de 1912 (el mismo año que Jackson Pollock) en el seno de una familia de pioneros escoceses presbiterianos. Su educación será espartana y difícil, incluso confesará a su amigo, el periodista Jill Johnson, haber sufrido abusos emocionales en la niñez. De cualquier forma en esos años adquiere un sentido de la disciplina, el esfuerzo y la renuncia que la acompañarán durante sus 92 años de vida.

Sin embargo, antes de ser artista probó otras cosas. Intentó entrar en el equipo Olímpico de natación, estudio magisterio y con 20 años empezó a dar clases en poblaciones remotas del noroeste del Pacífico. Entre el océano y las Montañas Rocosas. Un nomadismo que será parte central de su existencia. Hasta 1941 no entró en contacto con la pintura. Ese año se traslada a Nueva York y empieza a estudiar arte en la Universidad de Columbia. Durante los próximos tres lustros va y viene entre Nueva York y Nuevo México dando clases en diferentes centros. Sin prisas, y en secreto, da forma a su mirada de artista. Como explica la escritora Olivia Laing, en una recomendable pieza en el periódico The Guardian: “Muy poca obra de esa época ha sobrevivido, debido a su hábito de destruir todo aquello que no alcanzara sus requisitos de madurez”.

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'Amistad', 1963. Obra expuesta en la Tate Modern de Londres.

Ahora la artista tiene 45 años y ha encontrado un espacio en Nueva York donde trabajar. Es un loft en un edificio casi abandonado de armadores del Bajo Manhattan. Carece de agua y las paredes son frágiles. Pero la comunidad artística a su alrededor es muy potente, joven y, mayoritariamente, gay. Robert Indiana, Ellsworth Kelly, Robert Rauschengerg, Jasper Johns. Es la primera vez que tiene un espacio estable de trabajo y encaja muy bien con esa generación de brillantes artistas. Aun así tiene que lidiar con sus nubes negras.

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Un vídeo aviva la investigación del mayor robo de arte en Estados Unidos

Por: | 07 de agosto de 2015

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El 18 de marzo de 1990, a las 12:49 de la mañana, se cometió el mayor robo de arte de la historia de los Estados Unidos. Tras 25 años de investigaciones aún continúa sin resolverse.

Ese día dos hombres blancos, haciéndose pasar por agentes de policía, se acercaron al mostrador central del Isabella Gardner Museum en Boston (Massachusetts). Habían recibido, dijeron, un aviso de altercado dentro de las instalaciones. En contra de la opinión de la policía del museo, el guarda les franqueó la entrada. Una vez dentro redujeron la seguridad, consistente en dos empleados, los esposaron y los llevaron al sótano. Todo sin un disparo y sin evidenciar que portaran, al parecer, armas de fuego. Rápido y sencillo. No dejaron ningún cabo suelto. Se llevaron las cintas de vigilancia y se esfumaron en un coche.

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'Tormenta en el mar de Galilea', de Rembrandt. Sustraído hace 25 años del Isabella Gardner Museum en Boston, aún se ignora su paradero. Es la única marina del genio holandés.

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Los ladrones cortaron el lienzo para llevarse la obra de Rembrandt 'Tormenta en el mar de Galilea' del Isabella Stewart Gardner Museum. Foto: Josh Reynolds/AP/ 'The Guardian'.

Tras ellos, el recuento mostraba la magnitud del destrozo. Habían desaparecido 13 piezas. Entre ellas una obra maestra: El concierto (1664). Una de las solo 36 pinturas que se conocen de Johannes Vermeer. El lienzo está valorado en más de 200 millones de dólares en un intento inútil de poner precio a algo que no lo tiene. Junto al maestro barroco también se sustrajeron dos piezas capitales de Rembrandt: Tormenta en el mar de Galilea (la única marina que pintó el genio holandés) y Una dama y un caballero de negro. Además desparecieron varios bocetos de Degas, un manet (Chez Tortoni) y un águila napoleónica. Un hurto muy ecléctico.

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La generación ‘copia y pega’: entre el original y el plagio

Por: | 04 de agosto de 2015

Jeff Koons Apertura

¿Hay una generación de artistas ‘copia y pega’? Casi cada semana la prensa especializada relata la historia de algún creador demandado por plagio o envuelto en problemas de originalidad. La mayoría son grandes nombres del arte y del mercado. Jeff Koons, Richard Prince, Luc Tuymans, Sherie Franssen, Cecily Brown. Nadie parece ajeno a la fuerza de atracción que ejerce estos días la copia del trabajo ajeno.  

Desde luego, uno de los que más dinero se está dejando en abogados es Jeff Koons. Su idea de utilizar material de otros supera, a veces, lo razonable. Banality, una de sus series más famosas (en la que su anterior mujer, la actriz porno y diputada italiana Ilona Staller, es el centro del trabajo), le ha reportado, además de varios millones de dólares, cuatro demandas por presunto plagio. Tres las ha perdido y solo una fue favorable a sus intereses. Sus abogados esgrimen la misma base legal. La legislación estadounidense permite utilizar el trabajo ajeno si tiene como fin la “parodia”. Ahora bien, por los resultados obtenidos con esta estrategia parece que ese argumento convence poco a los tribunales.

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La escultura 'Fait d'hiver', de Jeff Koons, fue retirada del Centro Pompidou ante una acusación de plagio.

En diciembre pasado el Centro Pompidou de París retiraba la escultura Fait d’hiver (1988), perteneciente a la serie Banality, después de que el publicista francés Franck Davidovici presentara una denuncia al considerar que la obra era un calco de la campaña de publicidad que creó para la firma de moda Naf-Naf en 1985. La pieza muestra a un cerdo, con un barrilete atado al cuello, al igual que si fuera un perro San Bernardo, que se aproxima, con dos pingüinos como acompañantes, a socorrer a una mujer que yace en la nieve con los pechos semidesnudos. Poco después de esta polémica, la viuda del fotógrafo Jean-François Bauret le acusaba también de copiar una de las imágenes de su marido y utilizarla, tal cual, en su escultura (imagen inferior) Naked (1988). La pieza, pese a que se recoge en el catálogo, no se mostró en el Pompidou debido a su fragilidad (es una cerámica) a la hora de transportarla. Esto ocurría hace unos meses. Sin embargo más próximo en el tiempo son los casos de Richard Prince, Luc Tuymans, Sherie Franssen o Cecily Brown.

Jeff-koons-naked-1988Richard Prince hizo fama (y bastante caja) a finales de los años 80 con una idea sencilla. Apropiarse de imágenes conocidas y volverlas a fotografiar. Machacó hasta la extenuación los anuncios de cigarrillos Marlboro (con sus famosos vaqueros) fotografiados originalmente por Sam Abell a quien, por cierto, le hizo muy poca gracia la ocurrencia del artista estadounidense. Más todavía cuando vio que una de sus imágenes refotografiadas se vendía en Sotheby’s el año pasado por tres millones de dólares (2,7 millones de euros).

Pero las fotos de Sam Abell no son las únicas que han “sufrido” la reinterpretación de Richard Prince. Antes había estado litigando durante tres años con el fotógrafo Patrick Cariou por haber utilizado como material propio algunas de las imágenes que publicó en su libro Yes, Rasta, que recoge la vida de la comunidad rastafari de Jamaica. Prince reconoció (era evidente) que había empleado esas imágenes en su serie de pinturas y collages Canal Zone. El año pasado llegó a un acuerdo con Cariou que puso fin a la disputa.

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Una de las conocidas imágenes de vaqueros de Richard Prince. Se ha llegado a pagar hasta 2,7 millones de euros por una copia. Cortesía: Galería Gagosian.

Sin embargo como buen representante de la generación ‘copia y pega’ (incluso ha llegado a publicar una edición de El guardián entre el centeno con su propio nombre) ha estado quieto poco tiempo. En su última serie New Portraits se ha sumergido en el mundo 2.0 y en las fotografías de otros que habitan Instagram. Ni corto ni perezoso se ha apropiado de las imágenes publicadas por algunos usuarios (sobre todo mujeres jóvenes, muchas con un enfoque sexual) tanto anónimos como famosos (Taylor Swift, Pamela Anderson, Kate Moss, Sky Ferreira) en la red social. Desde luego no les ha pedido permiso y como añadido original ha incorporado comentarios a las fotos desde su propia cuenta de Twitter y sumado algunos emoticonos. Todo, eso sí, muy caro. Unos 100.000 dólares pide por imagen instagramizada sobre un lienzo. Mucha recompensa, pensarán algunos, para tan limitado esfuerzo.

Richard Prince

Richard Prince vende por 100.000 dólares en la galería Gagosian obras que ha extraído sin permiso de la red social Instagram. Fotografía: Instagram Doe Deere.

Tal vez, pero la idea divide al statu quo artístico. El crítico de arte y eterno candidato al Pulitzer Jerry Saltz ha calificado la ocurrencia de “troleo genial” y algunos de los agraviados se han sentido encantados con el hurto creativo. La española Sita Abellán, 22 años, quien se ha trasladado a Tokio para lanzar su carrera de modelo y disc-jockey está contenta de que Richard Prince haya recurrido a una imagen suya. De hecho explica en el periódico inglés The Guardian que aunque no conocía hasta ahora su trabajo es “un artista estupendo y me gusta mucho lo que hace. Me hace sentir especial que un creador como él use mi imagen en su proyecto. Aunque puedo entender que otra gente esté enfadada si no le ha pedido permiso”. Entonces, ¿es correcto lo que ha hecho?

Difícil contestar cuando los límites son tan borrosos. En un mundo como el de Internet donde se retuita todo o se rebloguea todo este tipo de estrategias son diarias, aunque no las firme un artista. Veamos otro caso.

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¿Auge y caída del mayor traficante de antigüedades de Estados Unidos?

Por: | 27 de julio de 2015

Apertura Expolio

De vuelta de vacaciones, Con arte y sonante recupera su ritmo de entradas.

Esta es la historia del que pudiera ser el mayor traficante de arte de Estados Unidos. La destapa The New York Times y las cifras y el relato dan que pensar. Durante más de 35 años de oficio el estadounidense de origen indio Subhash Kapoor no había despertado sospechas. Tranquilo y reservado encajaba a la perfección con el negocio que regentaba. Una galería (Art of the Past) especializada en arqueología hindú, budista y del sur de Asia. Nadie, hasta 2001, vio nada. Ahora afronta una acusación por presuntamente haber expoliado más de 3.000 piezas de India, Pakistán, Camboya y el Tíbet. De momento se han localizado 2.662, que en una primera estimación dan un valor de mercado de 107,6 millones de dólares (unos 97 millones de euros). Nunca las autoridades habían visto algo así. “Estamos ante uno de los más prolíficos contrabandistas de mercancías del mundo”, sostiene en el rotativo estadounidense James T. Hayes Jr., quien supervisa la denuncia desde la oficina de Seguridad Nacional. Pero este es, casi, el fin de la narración. Vayamos al principio.

Subhash Kapoor es un nombre bien conocido en el siempre pequeño círculo de los grandes coleccionistas de antigüedades asiáticas. Aquellos que son capaces de pagar cantidades de seis cifras por las mejores piezas. Durante años, además, ha sido proveedor de importantes museos. La National Gallery de Washington, el Museo de Arte de Ohio, el Metropolitan de Nueva York. Todos le fueron comprando o aceptando en donación piezas hasta que en 2012 cerró Art of the Past. De hecho, la Galería Nacional de Australia adquirió a Kapoor una Shiva bailando por 5,1 millones de dólares en 2008. Después de una denuncia del Gobierno indio fue devuelta a su país de origen el pasado otoño. Más tarde, la institución australiana demandó al marchante. A quien, por cierto, ya se le acumulaban los problemas.

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Art Basel cierra una de sus mejores ediciones en décadas

Por: | 22 de junio de 2015

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Ayer cerró Art Basel, la gran cita del arte y los dineros del mundo. Y ya hay quien asegura que ha sido la mejor edición en la última década. Y por mejor se entiende la de mayores ventas. “Estamos muy contentos”, apunta Isabel Mignoni, directora de la Galería Elvira González. “Han asistido los mejores coleccionistas y esta cita continúa siendo una de las más importantes a nivel comercial. Participamos desde hace 15 años y ha sido una feria muy buena”. Un optimismo que llega también a Liste, la hermana pequeña de Art Basel, donde Pedro Maisterra, codirector de Maisterravalbuena, muestra su felicidad. “Hemos vendido obras importantes de Dan Shaw-Town y varias piezas de B. Wurtz. Estamos felices”.

Elvira González Una escultura de Juan Muñoz en el estand de Elvira González. © Art Basel.

La alegría se derrama como un bálsamo por la feria suiza y las cifras que se han conocido son muy elevadas. Detrás de los grandes números hay, también, cambios. El certamen ha recuperado la presencia y la fuerza del arte moderno y de postguerra. Mucho tienen que ver los resultados mareantes de las últimas subastas en Nueva York y Londres. Llegan nuevos coleccionistas a este segmento del mercado a la búsqueda de grandes trofeos y la feria ha reaccionado. La zona derecha de la planta baja se ha reformado por entero para dar mejor acomodo a las galerías que venden obra fechada, sobre todo, entre 1900 y 1970. Y en esos espacios se han visto algunas piezas de museo.

La galería Helly Nahmad colgó un excelso rothko, Untitled (Yellow, Orange, Yellow, Light Orange) datado en 1955, un año en el que pintor solo produjo 22 obras. Lo que añade más interés a la pieza. La tela se vendió en subasta en Sotheby’s el pasado mes de noviembre procedente de la colección de los magnates Bunny y Paul Mellon por 36,6 millones de dólares (32,1 millones de euros). Ahora el marchante neoyorkino la revendía —por un precio sin revelar— en Basilea. En el mismo estand se pudieron contemplar varios óleos de Picasso que abarcan desde los años 30 a los 70. Cuatro décadas de producción. Incluso hubo una versión de Les Femmes d’Alger (Versión C), 28 Décembre, 1954 por la que se pidieron 16 millones de dólares (14 millones de euros). Otra variación de ese tema se subastó en mayo en Christie’s por 140 millones de dólares: la obra más cara vendida nunca en una puja pública.

Helly Nahmad
Varios picassos en la galería Helly Nahmad. © Art Basel.

Muy cerca, en la galería muniquesa Thomas, se vendían trabajos de Chagall, Beuys, Max Beckmann y, sobre todo, una interesante pieza de Ernst Ludwig Kirchner. Un retrato fechado en 1922 de Ludwig Schames, su principal marchante. ¿El precio? 3,8 millones de euros.

Pero lejos de los maestros clásicos, ya se pueden dar los nombres de algunos de los ganadores en esta feria de la vanidad, el arte y el dinero que siempre es Art Basel. La galería Pace —una de las más poderosas del mundo— ha vendido todas las obras de Robert Rauschenberg (artista al que representan desde hace pocos meses) que llevaba a Suiza. Trabajos de los años ochenta y noventa valorados entre 450.000 y un millón de dólares. Esta última cantidad se pagó por Untitled (Salvage), un acrílico sobre lienzo de 1984.

Pace Gallery Dos visitantes en el estand de Pace Gallery. Al fondo, una pieza de Robert Rauschenberg. © Art Basel.

Otro de los superventas ha sido el alemán Thomas Schütte. En su contabilidad, la galería Skarstedt remataba la escultura en acero Grober Geist Nr.6 (1998) por unos cinco millones de dólares (4,4 millones de euros) mientras que la neoyorquina Mnuchin vendía Vater Staat, dressed (2010) por 1,6 millones de dólares (1,4 millones de euros). Tampoco le fue mal al trabajo de Louise Bourgeois, que vendía varias esculturas por encima de los dos millones de dólares.

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El Museo Thyssen no devolverá el 'pissarro' expoliado por los nazis

Por: | 11 de junio de 2015

Apertura Pissarro

El Museo Thyssen-Bornemisza parece que ha ganado la batalla final. Tras diez años de litigio, un juez federal de Los Ángeles ha desestimado una demanda que pretendía recuperar una pintura del maestro impresionista Camille Pissarro, Rue St. Honoré, aprés-midi. Effet de pluie (Calle St. Honoré por la tarde. Efecto de lluvia), que desde finales de 1992 cuelga en las paredes de la institución madrileña.

La obra, fechada en 1897, perteneció en su día a Lilly Cassirer, una acaudalada mujer judía que se vio obligada a desprenderse de la tela en 1939 por una cantidad ínfima (360 dólares) para conseguir un visado que la sacara del país y huir de una muerte casi segura en algún campo de concentración nazi.

El cuadro fue adquirido en 1976 por el Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y casi tres décadas después, en 2000, fue descubierto por casualidad en la primera planta del museo por Claude Cassirer, nieto de Lilly. Cinco años más tarde, la familia demandaba en los tribunales californianos a España y al museo exigiendo su restitución. Entonces, contaron su historia.

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La polémica ‘Virgen negra’ de Chris Ofili se vende en Christie’s

Por: | 09 de junio de 2015

Apetura Ofilli

Es un viejo conocido del mundo arte de finales de los años 90. Quien tenga memoria para estas cosas recodará como el alcalde de Nueva York, en aquellos tiempos el muy devoto Rudy Giuliani, estaba realmente enfadado por una muestra que se celebraba en el Museo de Brooklyn. Era octubre de 1999 y el publicista y coleccionista inglés Charles Saatchi promocionaba con una ambiciosa exposición en la ciudad neoyorkina el famoso movimiento Young British Artists (YBAs), que el mismo impulsó. De entre el conjunto de obras, que Giuliani no dudó en calificar de algo “enfermizo”, hubo una que le enfadó especialmente. Era la imagen de una Virgen María negra pintada a partir de excrementos de elefante y que estaba rodeada por un collage de imágenes sacadas de revistas pornográficas. El autor de la obra, el británico Chris Ofili, ganador del premio Turner, la había titulado The Holy Virgin Mary (La Santa Virgen María). Escandalizado, el alcalde intentó cerrar la muestra retirando los fondos al museo. Pero un juez federal evitó el dislate.

A pesar del ruido, o gracias a él, la obra fue adquirida por David Walsh, un coleccionista y emprendedor australiano quien se había convertido en millonario gracias a un sistema para acertar en diversos juegos de azar. Con el tiempo, Walsh se ha vuelto muy popular en el circuito artístico por su museo subterráneo (Museum of Old and New Art) en Tasmania (Australia), que mezcla arte conceptual con momias egipcias o antigüedades griegas. Un síntoma de lo que para algunos significa hoy coleccionar.

Pero ahora David Walsh ha decidido poner en valor una de las obras más representativas, junto con el tiburón en formaldehido de Damien Hirst, de aquellos jóvenes artistas británicos. La Santa Virgen María se subasta el próximo 30 de junio en la puja de arte contemporáneo y de postguerra de Christie’s en Londres. El precio que maneja la sala es de 2,3 millones de dólares (unos dos millones de euros) y según The New York Times la pieza sale con un valor mínimo garantizado, lo cual significa que en la práctica ya está vendida. Veremos por cuánto. De momento, la obra más cara adjudica en subasta del artista fue Orgena, una pintura de 1998 que encontró comprador en junio de 2010 por 2,8 millones de dólares.

 

Foto: cortesía Christie's y MONA.

Cuando coleccionar rima con especular

Por: | 03 de junio de 2015

Apertura especulación 1
En el principio fue el verbo y después, la palabra. En el mercado del arte, el verbo y la palabra coinciden: “especular”. Nunca en la historia del arte se había jugado tanto y tan fuerte con los precios de las obras. Se vende casi tan rápido como se compra. Durante mucho tiempo funcionó la regla no escrita de que al menos una pieza debía guardarse entre tres y cinco años antes de ser revendida. Sin embargo, ahora, un nuevo tipo de coleccionista (flipping, en terminología inglesa), o de comprador a secas, impulsado por la especulación como seña de identidad, ha desbaratado ese principio. El análisis lento y minucioso de lo ocurrido en las multimillonarias subastas de mayo revela la intensidad de este fenómeno.

Apertura Especulación 3

En las subastas de arte del mes de mayo, las tres (Phillips, Christie's y Sotheby's) grandes firmas del sector vendieron obra por valor de 2.400 millones de euros, la cifra más alta de la historia.

El mes pasado, Christie’s, Sotheby’s y Phillips vendieron 2.700 millones de dólares (2.400 millones de euros) en arte en solo 30 días. La cifra más elevada de la historia para un mes de subastas. Pero si analizamos los datos veremos como entre los lotes que lograron el precio más elevado (por encima de 1,5 millones de dólares) unos 13 habían cambiado de manos por lo menos una vez en los últimos tres años. El cálculo procede de la agencia Bloomberg, que cita a la consultora estadounidense Skate Art Market Research. Esto supone un aumento del 54% respecto al año pasado. Es más, en las dos semanas que duraron las subastas se vendieron 221 obras que superaron de forma individual 1,5 millones de dólares. En mayo de 2007, cuando el mercado del arte alcanzó su anterior máximo, solo cuatro piezas habían podido superar esa cantidad.

Apertura especulación 4La rápida reventa de las obras afecta tanto a artistas emergentes como consagrados. En la foto, dos operarios cuelgan una obra de Gerhard Richter.

La especulación ha llegado a todos los segmentos del arte contemporáneo. Da igual que sean artistas emergentes que consagrados. Del treintañero danés Danh Vo al octogenario alemán Gerhard Richter
. Los especuladores no hacen distingos. Y la preocupación se extiende, incluso entre quienes tienen fama acreditada de vender tan veloz como compran. “Enajenar cualquier cosa muy rápido o en gran cantidad al mismo tiempo no es bueno, y [esta práctica] necesita ser regulada por organismos relacionados con el mundo del arte para manejar el caos que provoca el exceso de especulación”, apunta por correo electrónico el coleccionista estadounidense y emprendedor tecnológico Stefan Simchowitz, quien, paradójicamente, algunos señalan como el prototipo de flipper de nuestros días.

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Las víctimas de la inequidad

Por: | 21 de mayo de 2015

Apertura desigualdad buena
Alberto Ovalle (nombre falso de una persona real) duerme tres horas al día. Tiene dos trabajos.
Uno comienza al alba, otro cuando se cierra la noche. Por la mañana, de ocho a once, conduce el autobús de un centro de ancianos; por la noche, de ocho a tres de la madrugaba, vigila unas oficinas de lujo a las afueras de Madrid. Gana 1.100 euros, tiene 35 años y hace siete que llegó de Santo Domingo. Nunca ha oído hablar del economista francés Thomas Piketty, ni de su superventas El capital en el siglo XXI. Pero siente la inequidad. “Quiero estudiar ingeniería industrial. Sería una salida”, relata.

Es difícil hablar con Piketty. Convertido en el economista más célebre del planeta encuentra un hueco mientras viaja. Tengo clara la pregunta. “¿Puede su libro cambiar la vida de Santiago?” “¡Creo que las ideas transforman las sociedades!”, exclama. ¿Aunque piensen diferente? “Mi libro no es un libro para la izquierda o la derecha; es para todos aquellos que leen libros y que creen que temas como las rentas y la riqueza; la deuda pública y el capital privado; las tasas de crecimiento y los tipos de interés son demasiado importantes para dejarlos en manos de un pequeño grupo de expertos”.

Apertura Inequidad

Ningún texto económico en los últimos 30 años había calado tanto. Incluso Barack Obama ha advertido en el discurso del estado de la Unión del peligro que representa la desigualdad. Imposible obviarlo cuando el economista Emmanuel Saez ha descubierto que las 160.000 familias más ricas de Estados Unidos acumulan tanto dinero como las 145 millones más pobres. Un mazazo al sueño americano y su postulado esencial de que cualquiera —con esfuerzo— puede llegar lejos en la vida. En el empeño por recuperar el “capitalismo de la clase media” Obama subía el salario mínimo y lanzaba una pregunta. “¿Aceptaremos que solo a unos pocos les vaya bien?” Algunos creen inevitable este trágala. “Las sociedades occidentales están envejeciendo rápidamente y los ancianos no lideran protestas ni revueltas”, reflexiona Tyler Cowen, autor del libro Average is over (Se acabó la medianía), que cartografía un mundo fracturado entre una élite que ha ganado con la gran recesión y el resto que debe sobrevivir en el universo precario.

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Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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