‘La dama del armiño’ revela un triple secreto

Por: | 30 de septiembre de 2014

La dama del armiño

Leonardo da Vinci (1452-1519) es una ventana abierta a la sorpresa constante. Uno de sus cuadros más célebres, La dama del armiño (entre 1489 y 1490), resulta que no es uno, sino tres.

El ingeniero francés Pascal Cotte ha descubierto que el genio pintó tres versiones. Hasta hace poco se pensaba que, como mucho, había dos. Pero no. Usando una técnica denominada L.A.M (que permite lograr imágenes de 240 millones de píxeles, y escanear el cuadro detectando, con si se pelara una cebolla, todas las capas de pintura) se aprecian las variaciones. Y son profundas.

En la primera, Cecilia Gallerani, una joven milanesa de 15 años, quien fuera amante de Ludovico Sforza, duque de Milán, aparece sin el animal en el regazo. El noble fue el principal patrón de Leonardo durante los 18 años que trabajó en Italia y era conocido con el apodo del “armiño blanco”.

 

Esa versión inicial muestra una composición más clásica. Si bien esa mirada en escorzo, tan poco habitual en la pintura de su tiempo, para algunos es la de alguien que, sorprendido, ve entrar a su amante en la alcoba.

En la segunda propuesta ya aparece el animal. El armiño, que bien pudiera parecer más una comadreja o una garduña, es delgado, ligero, gris. Da una sensación poco poderosa, al menos según Ludovico Sforza que, al parecer, le pidió un color más noble y una presencia más robusta y poderosa a Leonardo.

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'La dama del armiño'. Pintada por Leonardo da Vinci en Milán entre 1489 y 1490. Ahora se ha descubierto que el genio creó tres versiones sobre el mismo soporte. © Propiedad de la Fundación Príncipes Czartoryski.

Pero, sin duda, lo más interesante que cuenta esta tabla, como explica Pascal Cotte en la BBC, es que “hemos descubierto que el genio italiano siempre estaba cambiando su forma de pensar. Añadía cosas, borraba otras; cambiaba su pensamiento una vez y otra vez”.

La tabla, que se pudo ver en España durante 2011 en el Palacio Real, pertenece a la familia polaca Czartoryski desde comienzos del siglo XIX cuando el príncipe Adam Jerzy la comprara en Italia. Generalmente se puede ver en el Museo Nacional de Cracovia aunque actualmente, por la remodelación de la institución, se exhibe en el cercano castillo de Wawel.

Fotografía apertura: cortesía BBC y Lumiere Technology.

 

El mejor año en la historia del mercado del arte

Por: | 24 de septiembre de 2014

Jeff-Koons’-Balloon-Dog-Orange

Por primera vez en su historia, el mercado del arte contemporáneo ha superado los 2.000 millones de dólares. Entre julio de 2013 y el mismo mes de 2014, la compra-venta de obras a través de subasta movió 2.046 millones de dólares (1.590 millones de euros), según la consultora Artprice. Un 40% más que el año pasado. Nunca antes se había visto esta cifra. Además se produce en un entorno en cambio profundo. También por vez primera China supera a Estados Unidos y comanda el mercado. Los compradores chinos gastaron 811 millones de dólares (630 millones de euros) frente a los 752 millones (584 millones) de los estadounidenses. Los dos juntos copan más del 40% del negocio mundial. España, por si se lo preguntan, anda por debajo del 1% de la tarta.

En el avance del informe de Artprice, al que ha tenido acceso la agencia AFP, se relatan otras circunstancias, al menos, sorprendentes. En el conjunto de la década, el volumen de negocio ha subido un 1.078% y los precios el 70%.

Eso sí, las estrellas son las mismas que casi siempre. Jeff Koons, Jean-Michel Basquiat, quien murió en 1988, y Christopher Wool acumulan ventas, en ese periodo de tiempo que va de 2013 a 2014, por valor de 339 millones de euros. Y nada menos que 13 obras se remataron por más de diez millones de dólares, cuando el año pasado únicamente fueron cuatro.

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Christopher Wool es uno de los artistas contemporános vivos con precios más altos en subasta.

A la cabeza de esta lluvia de millones, Koons. Quien consiguió vender su famoso Ballon Dog (Orange) el 23 de noviembre de 2013 en Christie’s Nueva York por 58,4 millones de dólares (45,4 millones de euros). Convirtiéndose en el artista vivo contemporáneo más caro
. Le siguen en este ranking Zeng Fanzhi (China), Peter Doig (Gran Bretaña), Richard Prince (Estados Unidos) y Martin Kippenberger (Alemania), el cual falleció en 1997. A su lado, otros tres creadores chinos: Luo Zhongli, Chen Yifei y Zhan Xiogang.

DOIG
'White Canoe' (1990-1991), de Peter Doig.

Pero quizá la mayor revolución no lo traen los números sino las palabras. “El viejo adagio de que ‘el gran artista es un artista muerto’ está cambiando”, explica Thierry Ehrmann, presidente y fundador de Artprice. “Por primera vez, jóvenes creadores quieren empezar su carrera en el mercado secundario”. Es decir, vendiendo en subasta en vez de hacerlo en el mercado primario (galerías). “Es una verdadera revolución. Los dos mercados se están fusionando”, zanja Ehrmann.

Foto de apertura: Jeff Koons delante de su obra 'Ballon Dog (Orange)'.

 

Sotheby's subasta el tesoro artístico de una dinastía mítica

Por: | 16 de septiembre de 2014

14 Mr+Mrs Mellon

El pasado 17 de marzo, a los 103 años de edad, fallecía Rachel Lambert Mellon (imagen superior), conocida por sus más cercanos como Bunny. Con su desaparición terminaba también una era de grandes coleccionistas de arte como los morgans, carnegies o fricks. Poderosas dinastías estadounidenses. Famosa por su discreción y el celo de su vida privada se sabía que durante su larga vida había atesorado, junto a su segundo marido Paul Mellon, hijo del magnate financiero Andrew Mellon, infinidad de obras de arte, joyas, muebles, dibujos, antigüedades… También era público que, hasta sus últimos años, pocas veces se desprendió de piezas. Todo lo que compró estaba repartido en sus cinco lujosas casas. Como un moderno síndrome de Diógenes. Por lo que cuando los especialistas de Sotheby’s entraron en la primavera pasada en su residencia de Oak Springs (Virginia, Estados Unidos), su principal estancia, no sabían lo que se iban a encontrar. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula.

641N09247_0413X Sobre la chimenea un pissarro sin enmarcar —como quien tiene algo de escaso valor—; en el baño, una naturaleza muerta de Van Gogh; en otro, una de las famosas cajas de Joseph Cornell y algo más lejos, en una estancia que apenas se utilizaba, una acuarela del maestro del surrealismo, Magritte. Estas son algunas de las más de 2.000 piezas que Sotheby’s ha catalogado y que subastará a partir del 10 de noviembre en una histórica sesión de nueve días.

En cuanto a pintura, dibujos y esculturas se han contabilizado unas 400 obras que van del siglo XVII al XX. Porque Rachel Mellon —favorecida por la fortuna de la fortuna— compraba sin criterios de inversión o la ayuda de asesores. Solo lo que le gustaba. Personalmente. Da igual que fuera una copa de vino o un rothko. Era ajena a las modas.

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Dos 'warhols' por 200 millones de dólares

Por: | 10 de septiembre de 2014

Warhol Presley
Vuelve el ruido y la furia al mercado del arte. Regresan los precios astronómicos y las valoraciones estratosféricas. Abre fuego Christie’s. Con dos warhols. El 12 de noviembre subasta en Nueva York dos pinturas icónicas del pintor estadounidense. Ambas de los años sesenta. Triple Elvis [Ferus Type] (1963) y Four Marlons (1966). La casa de pujas tiene mucha fe en los dos lotes, que bien pudieran alcanzar cada uno los 100 millones de dólares (77,5 millones de euros). Por situar el número en contexto, el precio más alto en subasta del artista Pop anda en 104,5 millones de dólares. Esa fue la cantidad que pagó un coleccionista en noviembre pasado en Sotheby’s por los dos paneles que construyen Silver Car Crash (Double Disaster). Pero se sabe que en transacciones privadas se ha superado esa cifra. Tal es el deseo por Warhol. De momento, Christie’s estaría barajando (para frenar tanto optimismo) unos 70 millones de dólares (54,2 millones de euros) por cada tela.

Car Crash Warhol
En noviembre pasado, el panel Silver Car Crash (Double Disaster), de Andy Warhol, se remató por 104,5 millones de dólares (81 millones de euros al cambio actual). Crédito: The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc./Artists Rights Society (ARS), Nueva York.

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El expolio como crimen de guerra

Por: | 08 de septiembre de 2014


Al-Qubba Husseiniya

Los crímenes de guerra también se cometen contra la historia de los pueblos. Son las siete de la mañana en Abusir el-Malek, un enterramiento del Antiguo Egipto a las afueras de El Cairo. Monica Hanna, una reconocida egiptóloga, topografía con su cámara el desastre: cientos de agujeros. Sobre los bordes, esparcidos, huesos humanos que pertenecen a momias desembradas. Despojos del saqueo. “Nunca sabremos la historia de estas personas, cómo vivieron, cómo murieron; cuáles eran sus creencias. Es historia perdida”, se lamenta Hanna. Con los objetos robados se hubieran podido inaugurar tres museos en la zona.

 


Los dos vídeos revelan, a través de los comentarios de la egipotóloga Monica Hanna, el saqueo y pillaje que sufren diversos sitios arqueológicos egipcios.

Desde enero de 2011, los sitios arqueológicos egipcios viven en peligro. El año pasado el museo de Mallawi en Minya (centro del país) fue saqueado casi por completo y en enero una bomba cerca del Museo de Arte Islámico convertía en polvo 74 piezas irremplazables y dañaba otras 90. “¡Hace falta más protección!”, exclama Salima Ikram, profesora de egiptología de la Universidad Americana en El Cairo. Pero su voz resulta débil frente el creciente poder de las mafias. El negocio es colosal. La Unesco estima en 6.000 millones de dólares el dinero que mueve al año el tráfico ilícito de antigüedades en el mundo. En el desvarío, el Estado Islámico (EI) cobra un impuesto a los expoliadores en Iraq y Siria.

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ArtRank y Carlos Rivera sacuden el mercado del arte

Por: | 02 de septiembre de 2014

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Carlos Rivera, 26 años, podría pasar por uno de los muchos jóvenes emprendedores que persiguen fama y fortuna en alguna incipiente empresa tecnológica de la Bahía de San Francisco o de las afueras de Los Ángeles. Pero no es así. Nacido en Argentina y experto en tecnología ha sacudido desde comienzos de año el mundo del arte con una propuesta radical. Tratar a los artistas y sus obras igual que si fueran un activo de Bolsa. ¿Cómo? Dando recomendaciones de compra y venta de creadores emergentes.

Hasta hace poco casi nadie había escuchado ese nombre tan español. Era uno más de los muchos jóvenes que abren un espacio propio en Los Ángeles. Aficionado al arte dirigía una galería (Rivera & Rivera) especializada en fotografía en West Hollywood, una de las zonas más de moda de la ciudad angelina. Nada muy especial. Sin embargo, pronto desistió del empeño. El negocio estaba en otra parte. En crear un algoritmo que investigara la trayectoria y las posibilidades futuras de artistas emergentes. Igual que Google se puede emplear para encontrar los mejores profesionales de cualquier actividad. Con esta filosofía creó ArtRank, y la propuesta no ha sentado muy bien en ciertos espacios del mundo del arte.

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¿Debe devolver Inglaterra los mármoles del Partenón?

Por: | 28 de agosto de 2014


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Entre otras muchas obras, a Grecia le faltan desde hace más de dos siglos 75 metros de friso (sobre los 160 originales que ideó Fidias), 17 esculturas de los pedimentos este y oeste y 15 paneles de las metopas. Es una carencia que el país heleno lleva décadas intentado resolver. No hay, por ahora, forma de encontrar una salida. Da igual que el vacío sea enorme. Representa más de la mitad de la decoración del Partenón, el gran icono de la Grecia clásica. Levantado en el siglo V a.C. en honor a la diosa Atenea, el templo es uno de los logros que definen la humanidad.

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Dos visitantes contemplan un grupo de esculturas del friso del Partenón en el British Museum, en una imagen de 2000. /Reuters.

La historia es conocida. Entre 1801 y 1805 Lord Elgin, embajador Británico en el Imperio Otomano, utilizando un cuestionado permiso del Sultán, levantó (algunos emplean la expresión “arrancó”) buena parte del friso interior y las metopas. También se adueñó (para lo que al parecer no tenía permiso de ningún tipo) de varias esculturas, como una de las cariátides del Erecteion y diversas piezas del Templo Atenea Niké. Entre las obras expoliadas hay tallas tan impresionantes como la procesión de las Grandes Panateneas. Muchos de los mármoles y esculturas fueron seccionados de mala manera y con pocos miramientos. En principio, el destino de tanta maravilla era decorar el jardín de su casa. Acosado por agobios financieros, Elgin (quien se autocalificaba como amante de las antigüedades y cuyo hijo, por cierto, ordenó el saqueo del palacio de verano de Pekín) vendió esta Capilla Sixtina de mármol a su Gobierno en 1816 por 35.000 libras. De ahí pasaría a la colección del British Museum, que construyó una sala especial para el friso y las esculturas.

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Entre 1801 y 1805 Lord Elgin arrancó metopas, el friso interior del Partenón y se llevó a Inglaterra diversas estatuas.

Hace ya tiempo, pues, que faltan (¿irremediablemente?) de Grecia. Más o menos desde finales de los años setenta del siglo pasado el Gobierno heleno lleva porfiando por su devolución. La pelea la inició una mujer excepcional, repleta de coraje y valentía, la ministra de cultura y actriz Melina Mercuri (1920-1994). Pasados los años, y sin los mármoles de vuelta, otra mujer, Marianna V. Vardinoyannis, embajadora de buena voluntad de la Unesco, ha impulsado la campaña “Return, Restore, Restart”. Recuperar (los mármoles), restaurar (el Partenón) y reiniciar (la historia). Y sus palabras —a través de la agencia EFE— suenan claras. “Esto no es algo que atañe solo a Grecia. Es sobre la humanidad. Significaría el cumplimiento de nuestro deber con la historia y la cultura para conseguir la unidad de un monumento ecuménico”.

Friso esculturas BM Estas frases se leen de forma muy distintas en el Reino Unido. A pesar de que hay algunas encuestas —como la del periódico The Guardian de este mismo verano— que revelan que la población inglesa estaría en su mayoría de acuerdo con la restitución de los mármoles a Grecia. Sin embargo tanto el Gobierno como el patronato del British Museum (la decisión final es suya) se oponen a su regreso. ¿Tema zanjado? No para los griegos.

Poco a poco estrechan los argumentos y las justificaciones británicas. Frente a la idea de que en Grecia los mármoles estarían mal atendidos, los griegos levantaron en 2009 un gigantesco y novísimo museo a solo 300 metros de la Acrópolis. Allí una sala aguarda la llegada del friso y de las estatuas. La ubicación es única. Colocadas en la tercera planta, las obras, a través de una gigantesca cristalera, mirarían directamente al templo de Atenea. Sobrecogedor. Como sostiene el crítico de arte inglés Jonathan Jones: “El contexto lo es todo”. Nadie se imagina la Capilla Sixtina fuera del Vaticano. El arte pertenece al lugar para el que fue creado.

Otro argumento griego es la unidad del relato. Lo más probable es que los mármoles cuenten la procesión de las Grandes Panateneas. Al estar fragmentando, no solo por las piezas que se hallan en Londres, sino también en el Louvre o en Museo Nacional de Copenhague, entre otras instituciones, la narración se rompe. Se fractura. Del otro lado, hay réplicas clásicas. Por ejemplo, si se acepta la devolución sería abrir la puerta a que se vaciaran la mitad de los museos europeos o estadounidenses. Y hay, también, quienes se aferran a la legalidad (harto discutible) de la compra de Lord Elgin.

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En el nuevo museo de la Acrópolis, el friso del British Museum hablaría directamente con el Partenón. Foto: The Guardian.

Este es un debate intenso y difícil que habla del papel de las colecciones y de los museos en el siglo XXI.
En un tiempo en el que se quiere transmitir la idea de que la historia y el patrimonio cultural pertenecen a toda la humanidad y que, por lo tanto, cuidarlo y protegerlo es deber de todos. Sin embargo, en esta ocasión, no es una obra menor sino una pieza que define la identidad nacional de un país y que tiene sentido en su conjunto. No fragmentada. Y, desde luego, no todos los griegos tienen la posibilidad de viajar a Londres para verla. En Grecia estaría en casa y cuidada. ¿Entonces?

 
Conocidas las posturas griegas y británicas hemos planteado la pregunta con la que se abre la entrada a pesos pesados de la cultura española. En esta primera entrega (iremos añadiendo más voces en días sucesivos) Miguel Zugaza, director del Museo del Prado; Juan Uslé, pintor; Carmen Giménez, conservadora del siglo XX de los museos Guggenheim y Bartomeu Marí, director del Macba se mojan. 

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Arte y especulación, enemigos históricos

Por: | 21 de agosto de 2014

Pierre Cheng

El mercado del arte funciona con sus propias leyes de la atracción. Hay una máxima no escrita que explica que una pintura de un Maestro Antiguo no debe revenderse —al menos de forma pública— antes de cinco años. Si no se corre el riesgo de que su precio se desmorone. Ya que alguien podría hacerse la pregunta: ¿qué le ocurre a la obra para que vuelva a salir tan pronto a la venta? ¿Tendrá algún problema? Le sucedió el mes pasado a un retrato de 1509 de la noble romana Lucrecia firmado por Lucas Cranach, el Viejo (1472-1553). Su propietario lo adquirió en Sotheby’s en enero de 2012 por 5,12 millones de dólares (3,83 millones de euros). El quinto precio más alto para un cuadro de este artista. El récord —fijado en 1990— anda en 8,6 millones de dólares (6,4 millones de euros). Antes, en 1988, esa misma pieza, se había colocado por 352.000 dólares. Pues bien, en julio volvió a buscar postor en la subasta La contemplación de lo divino, organizada también por la casa inglesa de pujas. Al ser una venta privada no ha trascendido sí finalmente el cranach se remató ni a qué precio.

Lucas Cranach
Este retrato de Lucrecia (alrededor de 1509), firmado por Lucas Cranach, el Viejo, se ha revendido dos veces en menos de cinco años, contraviniendo una ley no escrita del mercado de Maestros Antiguos.

A ese mundo de la especulación, de comprar y vender en un suspiro a la búsqueda de la ganancia rápida, se ha acercado un reciente trabajo del periódico The New York Times. El rotativo encargó a dos consultoras (Beautiful Asset y Tutela Capital) especializadas en el mercado del arte que averiguaran sí los coleccionistas actuales trataban a las obras como activos de Bolsa (acciones, futuros, opciones). O sea, sí compraban y al poco tiempo vendían para hacer caja. Sí especulaban con ellas. En el fondo era comprobar la veracidad de esa idea tan extendida de que nunca en la historia del arte ha habido tanta especulación —y especuladores— como estos días.

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Exposición del pintor colombiano Óscar Murillo, quien se ha convertido en uno de los creadores que más sufre la especulación en los precios de sus obras. Foto: Rex.

Porque en los últimos años hay legión de artistas, además, muy jóvenes, cuyo trabajo ha sufrido el acoso de los coleccionistas-especuladores. Óscar Murillo, Jacob Kassay, Parker Ito, Lucien Smith, Sterling Ruby, Jeff Elrod son solo seis nombres de una lista enorme. Chicos que empezaron vendiendo por 6.000 dólares, o menos, sus trabajos y que, un par de años después, ya superan los 200.000 dólares. El mercado del arte ha tomado tal fuerza que incluso surgen propuestas como ArtRank (a quien dedicaremos una entrada en el blog) que simple y llanamente recomiendan artistas a los que comprar y vender. Sin más miramientos. Como si fuera el mercado de valores. De hecho, la plataforma tiene secciones tan explícitas como liquidate (down) y sell know (peaking). Deshacerse y vender ahora.

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La plataforma ArtRank da consejos de compra-venta de artistas como si fueran una acción de Bolsa.

Todo este mundo lo analizan esas dos consultoras, y los resultados sorprenden. La especulación es la misma que ha existido en otros periodos del arte. Este es el largo titular que deja el estudio. Pero ¿es así? Beautiful Asset sostiene, en The New York Times, que “mientras, históricamente, el porcentaje de obras revendidas en un plazo de cinco años resulta más elevado que hace dos décadas, también es verdad que ha ido bajando desde 2008”. O sea, cae a partir del comienzo del crash financiero. La consultora ha averiguado que los coleccionistas que vendieron piezas el año pasado a través de Christie’s o Sotheby’s las habían tenido en propiedad por término medio algo más de 11 años. ¿Es el fin de la especulación en el arte? No lo parece.

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El robo del 'guercino' sonroja a Italia

Por: | 16 de agosto de 2014

Guercino detalle

La última vez que se supo de ella fue en el mediodía del domingo pasado. La tela había estado ahí, en la Iglesia de San Vicenzo en Módena (norte de Italia), durante más de tres siglos. Compartiendo el rezo. La Virgen con San Juan Evangelista y Gregorio Taumaturgo (1639) es una obra imponente. Mide casi tres metros y es uno de los 106 retablos que pintó durante su vida el maestro barroco Guercino (1591-1666), famoso, además de por su estrabismo, de ahí su sobrenombre en italiano, por la rapidez a la que pintaba.


El vídeo muestra el interior de la Iglesia de San Vicenzo (Módena, Italia) tras el robo del lienzo del Guercino.

Sin embargo, el lunes por la mañana el párroco Giovanni Gherardi al entrar en San Vicenzo no pudo creer lo que estaba viendo. Tuvo que sentarse en uno de los bancos del templo del susto. La tela, con marco incluido, había desaparecido. Habían robado el cuadro del Guercino. Sin duda la mejor obra que atesoraba la iglesia y que algunos expertos valoran entre cinco y seis millones de euros. No es una tela cualquiera. “Es el óleo más valioso que tenemos, estaba aquí desde que se edificó la iglesia”, relató a la prensa italiana Giovanni Gherardi. Incluso, pocos días antes del robo, el lienzo se mostró en el Palacio Real de Venaria en Turín.

Guercino 1

El robo de 'La Virgen con San Juan Evangelista y Gregorio Taumaturgo (1639)', del Guercino, podría ser el encargo de un coleccionista. La obra carecía de sistemas de alarma por falta de presupuesto.

Con la sustracción, Italia se ha llevado las manos a la cabeza. Sobre todo a medida que se va conociendo la situación en la que estaba el lienzo. No tenía seguro ni ningún sistema de alarma lo protegía. Ni la Iglesia ni el Estado contaban, al parecer, con presupuesto para pagarlos. El cuadro estaba al albur de su propia suerte y de su destino. En estas condiciones, no pudo ser más fácil para los ladrones. Un juego de niños.

Tras la misa del mediodía, los cacos, al parecer, se escondieron en la iglesia (imagen inferior). Esperaron a la noche. Desmontaron el retablo de sus anclajes y, con marco incluido, lo introdujeron en una camioneta. Los carabinieri andan estos días revisando las cámaras de seguridad de varios establecimientos cercanos por si hubieran grabado alguna escena del robo y también han pedido la colaboración de los ciudadanos.

San-vincenzo-guercino-stolen Después del expolio comienzan las teorías y los reproches. ¿Por qué han robado la tela?  Lógicamente no se puede vender en el mercado tradicional, se detectaría con facilidad. Se trata de un cuadro muy famoso. De hecho está considerado uno de los mejores retablos del artista. Entonces, ¿es el encargo secreto de un amante del arte? Es una de las opciones más plausibles. Más hipótesis. ¿Podría ser la petición de un caprichoso coleccionista de Oriente Medio? Sería extraño. No suelen ser muy aficionados a la iconografía católica o cristiana. ¿Pedirán un rescate por la obra? Parece poco probable. En este caso hace falta una logística para esconder el cuadro y una red de contactos para gestionar las conversaciones demasiado complicada. Eso sí, la peor opción, la más terrible, es que los ladrones (presumiblemente una banda internacional con cierta experiencia) troceen la enorme tela (293 x 185 centímetros) y la vendan por secciones ahí fuera.

Lo que es evidente es que a medida que Italia ahonda en la recesión económica también lo hace su patrimonio histórico.

Patricia Fernández recupera la memoria del exilio republicano

Por: | 09 de agosto de 2014

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Cuando muchos prefieren olvidar, Patricia Fernández (Burgos, 1980) persigue los recuerdos. Los de los republicanos españoles que se exiliaron a Francia a través de los Pirineos en los últimos meses de la Guerra Civil. Durante más de dos años —en un proyecto artístico que sigue abierto— ha entrevistado a muchos de ellos, sobre todo en Burdeos. No ha usado la grabadora. Solo la memoria. Ha escuchado esas voces que se van perdiendo (la mayoría superan los 80 años) y, tiempo después, ha escrito el encuentro tal y como lo recordaba. También ha caminado; mucho. Ha vuelto a recorrer el mismo trayecto que hicieron algunos de esos exiliados huyendo del país. Con toda esa pesada alcuza a sus espaldas ha elaborado un material artístico que ha mostrado en Los Ángeles. Nunca en España. Patricia pertenece a esa generación de artistas españoles formados fuera y casi desconocidos dentro. A pesar de la fuerza de su propuesta y la solidez de su currículo. Formada en la londinense Saint Martins School of Art y en la californiana CalArts (quizá las dos escuelas más prestigiosas de arte del mundo) vive casi todo el año en Los Ángeles. Hasta allí ha llevado la historia de este éxodo. Seguramente, en algún momento, habrá recordado los versos de Juan Gelman: “No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida”. Ese doloroso viaje al exilio que sufrieron miles de españoles es el que camina esta joven artista. Caminemos con ella.

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Obras pertenecientes a la serie 'Puntos de salida' (entre España y Francia)', en la que Patricia Fernández revive el éxodo republicano. 

Pregunta. La huida y el exilio de los republicanos a través de los Pirineos. ¿Por qué escogió este espacio de la historia para su trabajo?
Respuesta. He viajado mucho a lo largo de mi vida. Para mí es un poco el descubrimiento de mi identidad, de mi familia, de la historia, y, sobre todo, de qué significa ser de un país, si eso significa algo. O sea, cómo se construyen las identidades y los territorios. Todo esto me interesa mucho porque me di cuenta de que estaba en Los Ángeles por una serie de hechos que les sucedieron a mis antepasados. Quería entender qué les ocurrió. Pregunté a mis abuelos por la Guerra Civil que ellos vivieron, pero de la que nunca hablaron. Pregunté a mi padre qué había hecho en París en los años sesenta durante la dictadura. Porqué estaba allí. Pregunté... Si no lo haces empiezas a idealizar.

P. ¿Es aquí cuando se inicia su relación con los objetos?
R. Sí. Comencé fijándome en los que estaban alrededor de mi familia. La casa del pueblo de mi abuela está llena de recuerdos y objetos. Están ahí, presentes, silenciosos, pero a la vez albergan muchísima información. Empecé a preguntarle a mi abuela qué significaban y de dónde venían. Y a través de ellos me narró su vida, cómo había vivido ella esos tiempos. También copié una talla de madera en forma de estrella de mi abuelo. Desde pequeña le había visto tallar. Para mí copiarla es una manera de entender cómo era él y qué había vivido.

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Tres piezas pertenecientes al proyecto "Paseo de los melancólicos". Patricia Fernández reconstruye con objetos, pinturas y entrevistas el exilio republicano de 1939 a través de los Pirineos. Se mostró en La><Art, un reconocido centro de arte de Los Ángeles.

P. Fue como empezar a tirar del pasado.
R. Sí, porque a la vez mi abuela trabajaba con telas y botones. Y me contó la historia que tenían. Un amigo muy cercano a mi abuelo me dijo que también poseía muchos botones porque en su día fueron casi como monedas. Así fue como pasó la frontera. Me pareció algo muy misterioso y fui a verle. Tenía más de 90 años, como la mayoría de los republicanos que he entrevistado. Me narró su historia. Me habló de los campos de concentración donde estuvo y de qué forma volvió a España; y lo que ese retorno significaba para él.

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Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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