Dos 'warhols' por 200 millones de dólares

Por: | 10 de septiembre de 2014

Warhol Presley
Vuelve el ruido y la furia al mercado del arte. Regresan los precios astronómicos y las valoraciones estratosféricas. Abre fuego Christie’s. Con dos warhols. El 12 de noviembre subasta en Nueva York dos pinturas icónicas del pintor estadounidense. Ambas de los años sesenta. Triple Elvis [Ferus Type] (1963) y Four Marlons (1966). La casa de pujas tiene mucha fe en los dos lotes, que bien pudieran alcanzar cada uno los 100 millones de dólares (77,5 millones de euros). Por situar el número en contexto, el precio más alto en subasta del artista Pop anda en 104,5 millones de dólares. Esa fue la cantidad que pagó un coleccionista en noviembre pasado en Sotheby’s por los dos paneles que construyen Silver Car Crash (Double Disaster). Pero se sabe que en transacciones privadas se ha superado esa cifra. Tal es el deseo por Warhol. De momento, Christie’s estaría barajando (para frenar tanto optimismo) unos 70 millones de dólares (54,2 millones de euros) por cada tela.

Car Crash Warhol
En noviembre pasado, el panel Silver Car Crash (Double Disaster), de Andy Warhol, se remató por 104,5 millones de dólares (81 millones de euros al cambio actual). Crédito: The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc./Artists Rights Society (ARS), Nueva York.

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El expolio como crimen de guerra

Por: | 08 de septiembre de 2014


Al-Qubba Husseiniya

Los crímenes de guerra también se cometen contra la historia de los pueblos. Son las siete de la mañana en Abusir el-Malek, un enterramiento del Antiguo Egipto a las afueras de El Cairo. Monica Hanna, una reconocida egiptóloga, topografía con su cámara el desastre: cientos de agujeros. Sobre los bordes, esparcidos, huesos humanos que pertenecen a momias desembradas. Despojos del saqueo. “Nunca sabremos la historia de estas personas, cómo vivieron, cómo murieron; cuáles eran sus creencias. Es historia perdida”, se lamenta Hanna. Con los objetos robados se hubieran podido inaugurar tres museos en la zona.

 


Los dos vídeos revelan, a través de los comentarios de la egipotóloga Monica Hanna, el saqueo y pillaje que sufren diversos sitios arqueológicos egipcios.

Desde enero de 2011, los sitios arqueológicos egipcios viven en peligro. El año pasado el museo de Mallawi en Minya (centro del país) fue saqueado casi por completo y en enero una bomba cerca del Museo de Arte Islámico convertía en polvo 74 piezas irremplazables y dañaba otras 90. “¡Hace falta más protección!”, exclama Salima Ikram, profesora de egiptología de la Universidad Americana en El Cairo. Pero su voz resulta débil frente el creciente poder de las mafias. El negocio es colosal. La Unesco estima en 6.000 millones de dólares el dinero que mueve al año el tráfico ilícito de antigüedades en el mundo. En el desvarío, el Estado Islámico (EI) cobra un impuesto a los expoliadores en Iraq y Siria.

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ArtRank y Carlos Rivera sacuden el mercado del arte

Por: | 02 de septiembre de 2014

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Carlos Rivera, 26 años, podría pasar por uno de los muchos jóvenes emprendedores que persiguen fama y fortuna en alguna incipiente empresa tecnológica de la Bahía de San Francisco o de las afueras de Los Ángeles. Pero no es así. Nacido en Argentina y experto en tecnología ha sacudido desde comienzos de año el mundo del arte con una propuesta radical. Tratar a los artistas y sus obras igual que si fueran un activo de Bolsa. ¿Cómo? Dando recomendaciones de compra y venta de creadores emergentes.

Hasta hace poco casi nadie había escuchado ese nombre tan español. Era uno más de los muchos jóvenes que abren un espacio propio en Los Ángeles. Aficionado al arte dirigía una galería (Rivera & Rivera) especializada en fotografía en West Hollywood, una de las zonas más de moda de la ciudad angelina. Nada muy especial. Sin embargo, pronto desistió del empeño. El negocio estaba en otra parte. En crear un algoritmo que investigara la trayectoria y las posibilidades futuras de artistas emergentes. Igual que Google se puede emplear para encontrar los mejores profesionales de cualquier actividad. Con esta filosofía creó ArtRank, y la propuesta no ha sentado muy bien en ciertos espacios del mundo del arte.

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¿Debe devolver Inglaterra los mármoles del Partenón?

Por: | 28 de agosto de 2014


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Entre otras muchas obras, a Grecia le faltan desde hace más de dos siglos 75 metros de friso (sobre los 160 originales que ideó Fidias), 17 esculturas de los pedimentos este y oeste y 15 paneles de las metopas. Es una carencia que el país heleno lleva décadas intentado resolver. No hay, por ahora, forma de encontrar una salida. Da igual que el vacío sea enorme. Representa más de la mitad de la decoración del Partenón, el gran icono de la Grecia clásica. Levantado en el siglo V a.C. en honor a la diosa Atenea, el templo es uno de los logros que definen la humanidad.

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Dos visitantes contemplan un grupo de esculturas del friso del Partenón en el British Museum, en una imagen de 2000. /Reuters.

La historia es conocida. Entre 1801 y 1805 Lord Elgin, embajador Británico en el Imperio Otomano, utilizando un cuestionado permiso del Sultán, levantó (algunos emplean la expresión “arrancó”) buena parte del friso interior y las metopas. También se adueñó (para lo que al parecer no tenía permiso de ningún tipo) de varias esculturas, como una de las cariátides del Erecteion y diversas piezas del Templo Atenea Niké. Entre las obras expoliadas hay tallas tan impresionantes como la procesión de las Grandes Panateneas. Muchos de los mármoles y esculturas fueron seccionados de mala manera y con pocos miramientos. En principio, el destino de tanta maravilla era decorar el jardín de su casa. Acosado por agobios financieros, Elgin (quien se autocalificaba como amante de las antigüedades y cuyo hijo, por cierto, ordenó el saqueo del palacio de verano de Pekín) vendió esta Capilla Sixtina de mármol a su Gobierno en 1816 por 35.000 libras. De ahí pasaría a la colección del British Museum, que construyó una sala especial para el friso y las esculturas.

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Entre 1801 y 1805 Lord Elgin arrancó metopas, el friso interior del Partenón y se llevó a Inglaterra diversas estatuas.

Hace ya tiempo, pues, que faltan (¿irremediablemente?) de Grecia. Más o menos desde finales de los años setenta del siglo pasado el Gobierno heleno lleva porfiando por su devolución. La pelea la inició una mujer excepcional, repleta de coraje y valentía, la ministra de cultura y actriz Melina Mercuri (1920-1994). Pasados los años, y sin los mármoles de vuelta, otra mujer, Marianna V. Vardinoyannis, embajadora de buena voluntad de la Unesco, ha impulsado la campaña “Return, Restore, Restart”. Recuperar (los mármoles), restaurar (el Partenón) y reiniciar (la historia). Y sus palabras —a través de la agencia EFE— suenan claras. “Esto no es algo que atañe solo a Grecia. Es sobre la humanidad. Significaría el cumplimiento de nuestro deber con la historia y la cultura para conseguir la unidad de un monumento ecuménico”.

Friso esculturas BM Estas frases se leen de forma muy distintas en el Reino Unido. A pesar de que hay algunas encuestas —como la del periódico The Guardian de este mismo verano— que revelan que la población inglesa estaría en su mayoría de acuerdo con la restitución de los mármoles a Grecia. Sin embargo tanto el Gobierno como el patronato del British Museum (la decisión final es suya) se oponen a su regreso. ¿Tema zanjado? No para los griegos.

Poco a poco estrechan los argumentos y las justificaciones británicas. Frente a la idea de que en Grecia los mármoles estarían mal atendidos, los griegos levantaron en 2009 un gigantesco y novísimo museo a solo 300 metros de la Acrópolis. Allí una sala aguarda la llegada del friso y de las estatuas. La ubicación es única. Colocadas en la tercera planta, las obras, a través de una gigantesca cristalera, mirarían directamente al templo de Atenea. Sobrecogedor. Como sostiene el crítico de arte inglés Jonathan Jones: “El contexto lo es todo”. Nadie se imagina la Capilla Sixtina fuera del Vaticano. El arte pertenece al lugar para el que fue creado.

Otro argumento griego es la unidad del relato. Lo más probable es que los mármoles cuenten la procesión de las Grandes Panateneas. Al estar fragmentando, no solo por las piezas que se hallan en Londres, sino también en el Louvre o en Museo Nacional de Copenhague, entre otras instituciones, la narración se rompe. Se fractura. Del otro lado, hay réplicas clásicas. Por ejemplo, si se acepta la devolución sería abrir la puerta a que se vaciaran la mitad de los museos europeos o estadounidenses. Y hay, también, quienes se aferran a la legalidad (harto discutible) de la compra de Lord Elgin.

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En el nuevo museo de la Acrópolis, el friso del British Museum hablaría directamente con el Partenón. Foto: The Guardian.

Este es un debate intenso y difícil que habla del papel de las colecciones y de los museos en el siglo XXI.
En un tiempo en el que se quiere transmitir la idea de que la historia y el patrimonio cultural pertenecen a toda la humanidad y que, por lo tanto, cuidarlo y protegerlo es deber de todos. Sin embargo, en esta ocasión, no es una obra menor sino una pieza que define la identidad nacional de un país y que tiene sentido en su conjunto. No fragmentada. Y, desde luego, no todos los griegos tienen la posibilidad de viajar a Londres para verla. En Grecia estaría en casa y cuidada. ¿Entonces?

 
Conocidas las posturas griegas y británicas hemos planteado la pregunta con la que se abre la entrada a pesos pesados de la cultura española. En esta primera entrega (iremos añadiendo más voces en días sucesivos) Miguel Zugaza, director del Museo del Prado; Juan Uslé, pintor; Carmen Giménez, conservadora del siglo XX de los museos Guggenheim y Bartomeu Marí, director del Macba se mojan. 

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Arte y especulación, enemigos históricos

Por: | 21 de agosto de 2014

Pierre Cheng

El mercado del arte funciona con sus propias leyes de la atracción. Hay una máxima no escrita que explica que una pintura de un Maestro Antiguo no debe revenderse —al menos de forma pública— antes de cinco años. Si no se corre el riesgo de que su precio se desmorone. Ya que alguien podría hacerse la pregunta: ¿qué le ocurre a la obra para que vuelva a salir tan pronto a la venta? ¿Tendrá algún problema? Le sucedió el mes pasado a un retrato de 1509 de la noble romana Lucrecia firmado por Lucas Cranach, el Viejo (1472-1553). Su propietario lo adquirió en Sotheby’s en enero de 2012 por 5,12 millones de dólares (3,83 millones de euros). El quinto precio más alto para un cuadro de este artista. El récord —fijado en 1990— anda en 8,6 millones de dólares (6,4 millones de euros). Antes, en 1988, esa misma pieza, se había colocado por 352.000 dólares. Pues bien, en julio volvió a buscar postor en la subasta La contemplación de lo divino, organizada también por la casa inglesa de pujas. Al ser una venta privada no ha trascendido sí finalmente el cranach se remató ni a qué precio.

Lucas Cranach
Este retrato de Lucrecia (alrededor de 1509), firmado por Lucas Cranach, el Viejo, se ha revendido dos veces en menos de cinco años, contraviniendo una ley no escrita del mercado de Maestros Antiguos.

A ese mundo de la especulación, de comprar y vender en un suspiro a la búsqueda de la ganancia rápida, se ha acercado un reciente trabajo del periódico The New York Times. El rotativo encargó a dos consultoras (Beautiful Asset y Tutela Capital) especializadas en el mercado del arte que averiguaran sí los coleccionistas actuales trataban a las obras como activos de Bolsa (acciones, futuros, opciones). O sea, sí compraban y al poco tiempo vendían para hacer caja. Sí especulaban con ellas. En el fondo era comprobar la veracidad de esa idea tan extendida de que nunca en la historia del arte ha habido tanta especulación —y especuladores— como estos días.

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Exposición del pintor colombiano Óscar Murillo, quien se ha convertido en uno de los creadores que más sufre la especulación en los precios de sus obras. Foto: Rex.

Porque en los últimos años hay legión de artistas, además, muy jóvenes, cuyo trabajo ha sufrido el acoso de los coleccionistas-especuladores. Óscar Murillo, Jacob Kassay, Parker Ito, Lucien Smith, Sterling Ruby, Jeff Elrod son solo seis nombres de una lista enorme. Chicos que empezaron vendiendo por 6.000 dólares, o menos, sus trabajos y que, un par de años después, ya superan los 200.000 dólares. El mercado del arte ha tomado tal fuerza que incluso surgen propuestas como ArtRank (a quien dedicaremos una entrada en el blog) que simple y llanamente recomiendan artistas a los que comprar y vender. Sin más miramientos. Como si fuera el mercado de valores. De hecho, la plataforma tiene secciones tan explícitas como liquidate (down) y sell know (peaking). Deshacerse y vender ahora.

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La plataforma ArtRank da consejos de compra-venta de artistas como si fueran una acción de Bolsa.

Todo este mundo lo analizan esas dos consultoras, y los resultados sorprenden. La especulación es la misma que ha existido en otros periodos del arte. Este es el largo titular que deja el estudio. Pero ¿es así? Beautiful Asset sostiene, en The New York Times, que “mientras, históricamente, el porcentaje de obras revendidas en un plazo de cinco años resulta más elevado que hace dos décadas, también es verdad que ha ido bajando desde 2008”. O sea, cae a partir del comienzo del crash financiero. La consultora ha averiguado que los coleccionistas que vendieron piezas el año pasado a través de Christie’s o Sotheby’s las habían tenido en propiedad por término medio algo más de 11 años. ¿Es el fin de la especulación en el arte? No lo parece.

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El robo del 'guercino' sonroja a Italia

Por: | 16 de agosto de 2014

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La última vez que se supo de ella fue en el mediodía del domingo pasado. La tela había estado ahí, en la Iglesia de San Vicenzo en Módena (norte de Italia), durante más de tres siglos. Compartiendo el rezo. La Virgen con San Juan Evangelista y Gregorio Taumaturgo (1639) es una obra imponente. Mide casi tres metros y es uno de los 106 retablos que pintó durante su vida el maestro barroco Guercino (1591-1666), famoso, además de por su estrabismo, de ahí su sobrenombre en italiano, por la rapidez a la que pintaba.


El vídeo muestra el interior de la Iglesia de San Vicenzo (Módena, Italia) tras el robo del lienzo del Guercino.

Sin embargo, el lunes por la mañana el párroco Giovanni Gherardi al entrar en San Vicenzo no pudo creer lo que estaba viendo. Tuvo que sentarse en uno de los bancos del templo del susto. La tela, con marco incluido, había desaparecido. Habían robado el cuadro del Guercino. Sin duda la mejor obra que atesoraba la iglesia y que algunos expertos valoran entre cinco y seis millones de euros. No es una tela cualquiera. “Es el óleo más valioso que tenemos, estaba aquí desde que se edificó la iglesia”, relató a la prensa italiana Giovanni Gherardi. Incluso, pocos días antes del robo, el lienzo se mostró en el Palacio Real de Venaria en Turín.

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El robo de 'La Virgen con San Juan Evangelista y Gregorio Taumaturgo (1639)', del Guercino, podría ser el encargo de un coleccionista. La obra carecía de sistemas de alarma por falta de presupuesto.

Con la sustracción, Italia se ha llevado las manos a la cabeza. Sobre todo a medida que se va conociendo la situación en la que estaba el lienzo. No tenía seguro ni ningún sistema de alarma lo protegía. Ni la Iglesia ni el Estado contaban, al parecer, con presupuesto para pagarlos. El cuadro estaba al albur de su propia suerte y de su destino. En estas condiciones, no pudo ser más fácil para los ladrones. Un juego de niños.

Tras la misa del mediodía, los cacos, al parecer, se escondieron en la iglesia (imagen inferior). Esperaron a la noche. Desmontaron el retablo de sus anclajes y, con marco incluido, lo introdujeron en una camioneta. Los carabinieri andan estos días revisando las cámaras de seguridad de varios establecimientos cercanos por si hubieran grabado alguna escena del robo y también han pedido la colaboración de los ciudadanos.

San-vincenzo-guercino-stolen Después del expolio comienzan las teorías y los reproches. ¿Por qué han robado la tela?  Lógicamente no se puede vender en el mercado tradicional, se detectaría con facilidad. Se trata de un cuadro muy famoso. De hecho está considerado uno de los mejores retablos del artista. Entonces, ¿es el encargo secreto de un amante del arte? Es una de las opciones más plausibles. Más hipótesis. ¿Podría ser la petición de un caprichoso coleccionista de Oriente Medio? Sería extraño. No suelen ser muy aficionados a la iconografía católica o cristiana. ¿Pedirán un rescate por la obra? Parece poco probable. En este caso hace falta una logística para esconder el cuadro y una red de contactos para gestionar las conversaciones demasiado complicada. Eso sí, la peor opción, la más terrible, es que los ladrones (presumiblemente una banda internacional con cierta experiencia) troceen la enorme tela (293 x 185 centímetros) y la vendan por secciones ahí fuera.

Lo que es evidente es que a medida que Italia ahonda en la recesión económica también lo hace su patrimonio histórico.

Patricia Fernández recupera la memoria del exilio republicano

Por: | 09 de agosto de 2014

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Cuando muchos prefieren olvidar, Patricia Fernández (Burgos, 1980) persigue los recuerdos. Los de los republicanos españoles que se exiliaron a Francia a través de los Pirineos en los últimos meses de la Guerra Civil. Durante más de dos años —en un proyecto artístico que sigue abierto— ha entrevistado a muchos de ellos, sobre todo en Burdeos. No ha usado la grabadora. Solo la memoria. Ha escuchado esas voces que se van perdiendo (la mayoría superan los 80 años) y, tiempo después, ha escrito el encuentro tal y como lo recordaba. También ha caminado; mucho. Ha vuelto a recorrer el mismo trayecto que hicieron algunos de esos exiliados huyendo del país. Con toda esa pesada alcuza a sus espaldas ha elaborado un material artístico que ha mostrado en Los Ángeles. Nunca en España. Patricia pertenece a esa generación de artistas españoles formados fuera y casi desconocidos dentro. A pesar de la fuerza de su propuesta y la solidez de su currículo. Formada en la londinense Saint Martins School of Art y en la californiana CalArts (quizá las dos escuelas más prestigiosas de arte del mundo) vive casi todo el año en Los Ángeles. Hasta allí ha llevado la historia de este éxodo. Seguramente, en algún momento, habrá recordado los versos de Juan Gelman: “No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida”. Ese doloroso viaje al exilio que sufrieron miles de españoles es el que camina esta joven artista. Caminemos con ella.

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Obras pertenecientes a la serie 'Puntos de salida' (entre España y Francia)', en la que Patricia Fernández revive el éxodo republicano. 

Pregunta. La huida y el exilio de los republicanos a través de los Pirineos. ¿Por qué escogió este espacio de la historia para su trabajo?
Respuesta. He viajado mucho a lo largo de mi vida. Para mí es un poco el descubrimiento de mi identidad, de mi familia, de la historia, y, sobre todo, de qué significa ser de un país, si eso significa algo. O sea, cómo se construyen las identidades y los territorios. Todo esto me interesa mucho porque me di cuenta de que estaba en Los Ángeles por una serie de hechos que les sucedieron a mis antepasados. Quería entender qué les ocurrió. Pregunté a mis abuelos por la Guerra Civil que ellos vivieron, pero de la que nunca hablaron. Pregunté a mi padre qué había hecho en París en los años sesenta durante la dictadura. Porqué estaba allí. Pregunté... Si no lo haces empiezas a idealizar.

P. ¿Es aquí cuando se inicia su relación con los objetos?
R. Sí. Comencé fijándome en los que estaban alrededor de mi familia. La casa del pueblo de mi abuela está llena de recuerdos y objetos. Están ahí, presentes, silenciosos, pero a la vez albergan muchísima información. Empecé a preguntarle a mi abuela qué significaban y de dónde venían. Y a través de ellos me narró su vida, cómo había vivido ella esos tiempos. También copié una talla de madera en forma de estrella de mi abuelo. Desde pequeña le había visto tallar. Para mí copiarla es una manera de entender cómo era él y qué había vivido.

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Tres piezas pertenecientes al proyecto "Paseo de los melancólicos". Patricia Fernández reconstruye con objetos, pinturas y entrevistas el exilio republicano de 1939 a través de los Pirineos. Se mostró en La><Art, un reconocido centro de arte de Los Ángeles.

P. Fue como empezar a tirar del pasado.
R. Sí, porque a la vez mi abuela trabajaba con telas y botones. Y me contó la historia que tenían. Un amigo muy cercano a mi abuelo me dijo que también poseía muchos botones porque en su día fueron casi como monedas. Así fue como pasó la frontera. Me pareció algo muy misterioso y fui a verle. Tenía más de 90 años, como la mayoría de los republicanos que he entrevistado. Me narró su historia. Me habló de los campos de concentración donde estuvo y de qué forma volvió a España; y lo que ese retorno significaba para él.

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Crímenes de guerra contra el patrimonio iraquí

Por: | 05 de agosto de 2014

Ahmed al-Rifai shrine and tomb in Mahlabiya

Defender lo indefendible. Justificar lo injustificable. La barbarie. Miembros del grupo yihadista Estado Islámico —antiguo Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS)— han intentado explicar porqué están destruyendo y saqueando algunos de los tesoros del patrimonio iraquí. Iglesias, mausoleos, mezquitas. Su explicación se sostiene en el wahhabismo, una de las corrientes de pensamiento más seguidas por los yihadistas, que se basa en la interpretación extrema de la sharía (ley islámica). Aseguran los fundamentalistas que esos espacios históricos que están volando con explosivos o destruyendo a golpe de martillazos y excavadoras (ver imagen superior) son lugares de apostasía, politeísmo e idolatría, y por lo tanto deben ser erradicados.

Isis mezquita
Imagen de la voladura de una mezquita por el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS). BBC vía twitter.

Sobre esta sinrazón, la pérdida del patrimonio iraquí es constante. La última se ha conocido el martes pasado. La mezquita-mausoleo de Sayeda Zenab ha sido destruida, según confirma el reconocido blog Conflict Antiquities. Este hito arqueológico está situado en la ciudad de Sinjar (noroeste del país), donde la etnia predominante está conformada por yazadíes, una minoría religiosa de origen kurdo que basa sus creencias en el zoroastrismo. Algo que, al igual que el cristianismo o el judaísmo, suena a amenaza en las mentes de los islamistas radicales. Por lo que para algunos expertos, la destrucción de esta joya cultural bien podría significar la puesta en marcha de otra campaña de limpieza étnico-religiosa.

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Néstor Sanmiguel Diest: “He prendido fuego a dos hogueras llenas de obra”

Por: | 30 de julio de 2014

Néstor Sanmiguel Diest
Durante décadas fue casi una sombra. Al menos para el mundo del arte. Pocos habían oído hablar de él. En esos tiempos de desconocimiento fue activista sindical y trabajó durante años en una fábrica textil de Burgos como patronista de ropa de mujer. Manejaba con destreza los números, los tejidos, las formas. Casi como un oficio secreto pintaba en las horas que podía robar a la planta y al trabajo. Incansable. Pero callado. Sin embargo, en 1999 dijo: “¡Basta!”. Descolgó el teléfono, habló con su jefe y le espetó: “No vuelvo”. Quería dedicarse a pintar. A ser artista. Algo para lo que había trabajado durante decenios. Aquel año, Néstor Sanmiguel Diest (Zaragoza, 1949) pintó casi 800 trabajos en formato Din A4. Fue como si estallara. Una liberación. Tenía 50 años. Aun así transcurrirían otros diez sin tener casi visibilidad. De repente, en 2012, ficha por la galería madrileña Maisterravalbuena y detona un éxito inesperado. Le compran museos (Reina Sofía, Macba), fundaciones (Arco, Helga de Alvear), coleccionistas potentes internacionales y hay lista de espera para sus trabajos. En 2013, en la feria Frieze de Londres, despacha todo el estand en una hora. Demostrando, por si alguien tuviera alguna duda, que ser artista es correr la maratón, no los 100 metros lisos. Toda una enseñanza frente a la voracidad del mercado y las prisas de algunos galeristas.

Pregunta. ¿Dónde ha estado todos estos años?
Respuesta. Trabajando. Pero con un cierto nivel de reclusión y moviéndome en los márgenes del gremio. Es decir, muy lejos de Madrid. Porque consideraba que tenía que seguir aprendiendo antes de dar el paso y acercarme no solo a lo contemporáneo sino a la dedicación absoluta a este trabajo. Hasta finales de los años ochenta no asumí que sabía lo suficiente para ponerme a trabajar en serio.

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'Canal del molino', de Néstor Sanmiguel Diest.

P.
Porque antes del oficio de pintor hizo otros.
R. Sí, para ganarme la vida. Estudié en la Escuela Oficial de Sastrería de Madrid. Ahí aprendí el trabajo de patronista, que es lo que me ha permitido mantenerme en pie hasta que he podido dedicarme solo al arte. Pero si me lo pregunta, he vivido de ser patronista; sobre todo de mujeres.

P. ¿Qué marca la decisión de sustituir un oficio por otro? ¿Hay algo que lo desencadene?
R. Son cúmulos de circunstancias. Estaba saturado de trabajar por cuenta ajena y de tener que cumplir horarios infernales, al menos para mi manera de ser. Imagínese estar a las 6.30 de la mañana, abrir la fábrica y poner las planchas a calentar para que cuando viniera la gente todo estuviera en marcha y después dedicarme a hacer patrones. Llega un momento que dices: "¡Se acabó!" Yo lo resolví en un día. Descolgué el teléfono y llamé a mi jefe. No iba a volver más, le dije. No le iba a pedir indemnización ni nada de nada. Pero no regresaba, eso seguro. Era 1999.

P. Sin embargo entre 1985 y 1991 forma parte del grupo A Ua Crag en Aranda de Duero. No estaba tan desligado de ciertas corrientes artísticas.
R. Es cierto. Yo venía de un trabajo político y sindical muy fuerte. Evidentemente fueron años que trabajé muy poco en arte. Pero lo abandoné porque acabé bastante desilusionado ideológicamente. Me caí cuando empecé a ver las realidades con toda su crudeza.

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'Las flores secretas'. 1992.

P.
Esa desilusión se siente en su trabajo. Al principio tenía un componente político que con el tiempo se ha ido diluyendo.
R.  Lo personal se va diluyendo con los años porque te interesan otros sentimientos. Evito todo tipo de referencias a emociones o sentimientos míos. Me interesa capturar los ajenos. Humanamente no he sido una persona de grandes amores, aventuras locas; y con las drogas he coqueteado, por cuestiones generacionales, lo justito. Me atrae más lo que les sucede a los otros.

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Hora de vaciar los museos de obras expoliadas por los nazis

Por: | 25 de julio de 2014

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“Ha llegado el tiempo de limpiar los museos”.
La frase procede de un miembro del Gobierno francés. La pronuncia frente a decenas de personas en un foro público que trata sobre la restitución a sus legítimos dueños del arte expoliado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y los años anteriores. Porque algunos expertos aseguran que muchas instituciones estadounidenses y europeas no pasan el test del algodón de la transparencia ni del compromiso.

Hace algunos días, Ronald S. Lauder, presidente del Congreso Mundial Judío (WJC, por sus siglas en inglés), antiguo embajador de Estados Unidos en Austria y director honorífico del patronato del MoMA, señalaba con el dedo al museo Thyssen-Bornemisza en Madrid. “España solicitó y obtuvo ayuda estadounidense para recuperar arte robado a la Iglesia española de las manos de un coleccionista de Texas hace tres décadas, pero ha rechazado cualquier tipo de petición desde Estados Unidos para recuperar el pissarro de los Cassier”, se quejó Lauder.

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Objetos saqueados por los nazis a la espera de ser devueltos. Foto: Smithsonianmag.com/artenet.com.

Se refiere al litigio que gravita sobre Rue Saint-Honore, après midi. Effet de pluie (Calle de Saint Honoré por la tarde. Efecto de lluvia). Una de las mejores telas del pintor impresionista francés. El cuadro (81 x 65 centímetros) fue adquirido —se entiende que de buena fe— por el barón Heinrich Thyssen-Bornemisza en 1976 en la galería parisina Joseph Hahn. Sin embargo su historia plantea algunas dudas, al menos para una parte de los litigantes. Los herederos de la familia Cassier sostienen que la obra fue expoliada por los nazis a Lilly Cassier Neubauer, una mujer judía que se vio obligada a vender el lienzo por 360 dólares para conseguir un visado que la llevara a Estados Unidos. Más tarde, en 1958, algunos de sus familiares —que comenzaron una campaña para reunir el legado de Lilly— fueron indemnizados por la Administración alemana con 120.000 marcos de la época.  

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Los herederos de la familia Cassier llevan desde 2005 litigando por la propiedad de 'Calle de Saint Honoré por la tarde. Efecto de lluvia', una tela de Pissarro actualmente en la colección Thyssen-Bornemisza de Madrid.

Sin embargo, en 2000, Claude Cassier, un fotógrafo desconocido, nieto de Lilly, reparó, mientras visitaba las salas de los maestros impresionistas del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, en que en una de ellas colgaba el pissarro que fuera de su abuela. Durante 2005 empezó una pelea jurídica, la cual, con diversos avatares (la justicia estadounidense ha fallado a favor y en contra de ambas partes), llega hasta hoy.

El debate sobre la devolución de obra procedente del expolio nazi lleva encendido varias semanas en la prensa extranjera, lo que revela la sensibilidad del tema. El 30 de junio pasado, el propio Roland S. Lauder publicó un artículo (Time to Evict Nazi-Looted Art From Museums; algo así como: Hora de vaciar los museos de arte expoliado por los nazis) en el periódico The Wall Street Journal en el cual sostenía una tesis difícil de refutar. De una vez por todas, los museos deben actuar de manera responsable a la hora de devolver las obras expoliadas y dejar de argumentar pretextos legales y técnicos para no atender las demandas de los herederos. Porque en este tema llueve sobre mojado.

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Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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