Las tierras raras amenazan la seguridad de Estados Unidos

Por: | 14 de agosto de 2012

Apertura

El pasado viernes en Bautou –una ciudad de Mongolia Interior– se clausuró una muestra a la que acudieron más de 25.000 representantes gubernamentales, muchos personajes famosos de la sociedad china, la plana mayor de las empresas de alta tecnología del país y 16.600 expertos. El colofón –como explican quienes estuvieron allí– fueron unos fuegos artificiales de una espectacularidad no vista desde la clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín. Pues bien, detrás de esta polvareda social estaba la mayor conferencia que celebra anualmente la industria de las tierras raras. Ya saben, esos 17 elementos (neodimio, galio, lantano, praseodimio, samario…) de la tabla periódica que comparten la característica de ser muy difíciles de hallar y que se han vuelto imprescindibles en la industria tecnológica y militar para fabricar teléfonos inteligentes, gafas de visión nocturna, sistemas de guiado láser, lanzadores de misiles, coches híbridos. Además sin ellos no podríamos imaginarnos ni la energía solar ni la eólica. Y mientras algunos son increíblemente resistentes otros son superconductores. Hablamos de la Patrulla X de los minerales: tienen propiedades únicas.

Situación de las tierras raras en la tabla periódica de los elementos

Rare Earth

Boom de las explotaciones ilegales

El problema desde la mirada de Estados Unidos es que suponen un serio desafío para su seguridad nacional, ya que el 95% de la producción de estos elementos estratégicos está controlado por China, mientras que para el país asiático el problema viene por los destrozos que explotaciones mineras ilegales están provocando en ciertas zonas (por ejemplo, en las provincias de Fujian o Guangdong), tal y como denuncia la publicación Global Times. La cual comenta, además, un hecho significativo: en China un traficante de droga se puede enfrentar a la pena de muerte, pero alguien que explote ilegalmente una mina de este tipo no suele superar los siete años en prisión. De fondo, a nadie se le escapa, aparece ominipresente el dinero. Un dato. Entre 2010 y 2011, el precio del neodimio (se usa en gafas de protección y para colorear cristales) pasó de 42 dólares por kilo a 283 dólares. Estos compuestos han vivido unas subidas tan elevadas, que muchos de estos elementos que antes no eran rentables ahora semejan una brillante marmita de oro.

Excavadora mineral de hierroAP En este escenario, el Departamento de Defensa norteamericano –como explica la revista Wired Science– ha lanzado una doble estrategia: intentar aumentar la producción de tierras raras dentro de Estados Unidos (cuenta con una de las minas más grandes del mundo en California, pero ha estado abandonada durante años porque no era rentable) y sustituir esos “elementos raros” por otros materiales alternativos. Mientras lo primero es factible, tanto dentro de casa como fuera, en este último caso gracias a sus aliados internacionales –“en un futuro próximo entrarán en producción tres minas en Australia, Estados Unidos y Canadá, que aumentarán la oferta mundial de tierras raras”, avanza el gestor de fondos Emilio Álvarez–, lo segundo se antoja más difícil, como ha reconocido el U.S Geological Survey (servicio geológico estadounidense), quien también ha alertado del peso de esta dependencia. Estados Unidos importó en 2011 tierras raras refinadas por valor de 696 millones de dólares, un aumento de 161 millones en comparación a 2010. Y, por lo tanto, ya no hablamos de un problema económico sino de defensa nacional.

China controla el mercado
“El Departamento de Defensa se basa en muchos productos que incorporan materiales que no se encuentran o no se producen en las suficientes cantidades en nuestro país para satisfacer nuestras cruciales necesidades de defensa”, advierte la Administración estadounidense en un informe citado por Wired Science.

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Pues bien, a esta inquietud más que evidente se suma el reciente anunció de que China recortará un 20% sus exportaciones de tierras raras porque está preocupada por el negativo impacto medioambiental de su explotación. De hecho, fuentes oficiales, que recoge China Daily, afirman que se cerrará un tercio de las 23 minas existentes en el país así como la mitad de las 99 fundiciones.¿Consecuencias? El mercado se puede tensionar más ante este recorte de producción, pero también ante otro movimiento. China acaba de lanzar una plataforma de contratación solo para este tipo de tierras, con el objetivo de controlar más férreamente un negocio estratégico en términos económicos y políticos. Colocadas las piezas de esta forma en el tablero, la única amenaza visible para el gigante asiático es la apertura de nuevas explotaciones en otros países. Algo que sin duda requerirá su tiempo, ya que muchas de esas minas llevan años cerradas o sencillamente sin explotar. A corto plazo, las preocupaciones para la seguridad americana continúan intactas mientras China siga rigiendo las tierras raras.

 

 

Cortesía de las fotografías, en orden de aparición en la bitócora:

U.S. Air Force. Fotografía: Frank Carter.
Associated Press.
U.S. Navy.Fotografía: Seaman Scott Youngblood

 

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Se lo tienen bien merecido. Hace años que dejaron de invertir en infraestructuras para la producción de este tipo de tierras mientras que China ha dedicado millones de dólares de inversión en ello. Fue culpa suya en un momento dado y ahora el sureste asiático empieza a controlar la produccion, ergo el mundo tecnológico de las próximas décadas. El petrodólar está empezando a tender a su valor real: CERO.

Es absolutamente sorprendente (y comienza a ser ya sospechoso) la desinformación que hay sobre éste tema.

Las tierras raras NO son raras en absoluto. Son ubicuas, y su problema son los costes ambientales de su explotación. El endurecimiento de las condiciones ambientales provocó que en EEUU esta actividad fuese "exportada" a paises en los que verter unos miles de toneladas de lodos muy tóxicos a sus sistemas fluviales no tuviese importancia. China, por ejemplo.

Ahora, los chinos han decidido que no tienen porqué asumir actividades que, en otros países están prohibidas por sus legislaciones ambientales, y que el que quiera peces, ya sabe lo que tiene que hacer.

Si queremos materiales exóticos para nuestro desarrollo, tendremos que pagar el coste que conllevan. No se puede sorber y soplar simultáneamente.

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Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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