Los diamantes brillan un 50% más caros

Por: | 21 de septiembre de 2012

Diamantes pinzas

Hay pocas industrias en el mundo que tengan tan mala reputación como la de los diamantes. A pulso se la ha ganado. Los presuntos manejos de De Beers para controlar el mercado, la procedencia más que dudosa de algunas gemas –como bien retrató la película Diamantes de Sangre– y la poco transparente forma de fijar los precios han cincelado esa imagen. Y como primera derivada financiera de todo esto, la revalorización de estas gemas se ha resentido en los últimos años.

 
Pero después del colapso bancario y de que Ben Bernanke –presidente de la Fed– le haya dado con fruición a la máquina de imprimir dólares, los diamantes han recuperado su brillo en los mercados. A esto se une la creciente demanda de China y, sobre todo, de la India, que ha empujado los precios casi un 50% desde comienzos de 2010. Por ponerle cifras concretas a este porcentaje, acorde con PolishedPrices, que reúne información de los principales mayoristas que trabajan en este mercado, los diamantes pulidos de gran calidad de cinco quilates –o sea, 1 gramo– han pasado de costar 100.000 dólares (76.800 euros) a 150.000 dólares (115.000 euros) en solo un año.

La demanda de diamantes se disparará en la próxima década

DIAMANTES

Una industria de humo y espejos
Detrás de todo este movimiento hay una vieja aspiración de esta industria, que hasta ahora no ha sido posible dar forma: crear instrumentos financieros que inviertan en estas gemas, pero sin necesidad de comprarlas físicamente. "Este sector" –reflexiona Charles Wyndham, fundador de PolishedPrices– "disfruta trabajando detrás del humo y los espejos, por eso los inversores, sabiamente, se muestran muy prudentes antes de invertir en él".

Y eso que hay contadas industrias donde sea tan fácil predecir la oferta e incentivar la demanda. Por el lado de la oferta hay que contar que se tardan unos ocho años entre que se descubre una mina y se consigue que alcance su máxima productividad, y esta se mantiene más o menos igual (salvo algún gran descubrimiento, lo que resulta muy raro) a lo largo de toda su vida útil. Ha habido, eso sí, algunas excepciones, recuerda Charles Wyndham, como la oleada de diamantes que llegaron de Angola a principios de los noventa (época, aunque no país, que retrata la película protagonizada por Leonardo DiCaprio) o, más recientemente, los que provenían de Zimbabue. Pero a largo plazo las variaciones en la oferta son insignificantes.

Diamantes pinzas II

Copyright © 2010 Rio Tinto.

A la espera de los ETF

El problema –además de la vida entre tinieblas de esta industria y la falta de transparencia, algo que es también achacable a otros mercados que no tienen tan mala fama, como el del trigo o el cacao– es que, como hemos visto, no existen instrumentos financieros a través de los cuales se pueda invertir en estas piedras preciosas. Se habla de que en el futuro se podrían lanzar ETF (fondos de inversión que cotizan diariamente), pero es algo que aún no tiene fecha.

Diamante III

Copyright © 2010 Rio Tinto.

Sin embargo, si se lograra que finalmente esos ETF vieran la luz, "las implicaciones serían enormes, ya que llevaría transparencia al sector y se crearía un círculo virtuoso que permitiría invertir a más personas ajenas a este mundo, lo cual haría crecer a toda la industria", concluye Wyndham. 

 

 

 

Hay 1 Comentarios

Mas transparencia y control. No se puede disfrutar de un diamante pensando el sufrimiento que puede tener detrás.

Carla
www.lasbolaschinas.com

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Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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