Patricia Fernández recupera la memoria del exilio republicano

Por: | 09 de agosto de 2014

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Cuando muchos prefieren olvidar, Patricia Fernández (Burgos, 1980) persigue los recuerdos. Los de los republicanos españoles que se exiliaron a Francia a través de los Pirineos en los últimos meses de la Guerra Civil. Durante más de dos años —en un proyecto artístico que sigue abierto— ha entrevistado a muchos de ellos, sobre todo en Burdeos. No ha usado la grabadora. Solo la memoria. Ha escuchado esas voces que se van perdiendo (la mayoría superan los 80 años) y, tiempo después, ha escrito el encuentro tal y como lo recordaba. También ha caminado; mucho. Ha vuelto a recorrer el mismo trayecto que hicieron algunos de esos exiliados huyendo del país. Con toda esa pesada alcuza a sus espaldas ha elaborado un material artístico que ha mostrado en Los Ángeles. Nunca en España. Patricia pertenece a esa generación de artistas españoles formados fuera y casi desconocidos dentro. A pesar de la fuerza de su propuesta y la solidez de su currículo. Formada en la londinense Saint Martins School of Art y en la californiana CalArts (quizá las dos escuelas más prestigiosas de arte del mundo) vive casi todo el año en Los Ángeles. Hasta allí ha llevado la historia de este éxodo. Seguramente, en algún momento, habrá recordado los versos de Juan Gelman: “No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida”. Ese doloroso viaje al exilio que sufrieron miles de españoles es el que camina esta joven artista. Caminemos con ella.

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Obras pertenecientes a la serie 'Puntos de salida' (entre España y Francia)', en la que Patricia Fernández revive el éxodo republicano. 

Pregunta. La huida y el exilio de los republicanos a través de los Pirineos. ¿Por qué escogió este espacio de la historia para su trabajo?
Respuesta. He viajado mucho a lo largo de mi vida. Para mí es un poco el descubrimiento de mi identidad, de mi familia, de la historia, y, sobre todo, de qué significa ser de un país, si eso significa algo. O sea, cómo se construyen las identidades y los territorios. Todo esto me interesa mucho porque me di cuenta de que estaba en Los Ángeles por una serie de hechos que les sucedieron a mis antepasados. Quería entender qué les ocurrió. Pregunté a mis abuelos por la Guerra Civil que ellos vivieron, pero de la que nunca hablaron. Pregunté a mi padre qué había hecho en París en los años sesenta durante la dictadura. Porqué estaba allí. Pregunté... Si no lo haces empiezas a idealizar.

P. ¿Es aquí cuando se inicia su relación con los objetos?
R. Sí. Comencé fijándome en los que estaban alrededor de mi familia. La casa del pueblo de mi abuela está llena de recuerdos y objetos. Están ahí, presentes, silenciosos, pero a la vez albergan muchísima información. Empecé a preguntarle a mi abuela qué significaban y de dónde venían. Y a través de ellos me narró su vida, cómo había vivido ella esos tiempos. También copié una talla de madera en forma de estrella de mi abuelo. Desde pequeña le había visto tallar. Para mí copiarla es una manera de entender cómo era él y qué había vivido.

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Tres piezas pertenecientes al proyecto "Paseo de los melancólicos". Patricia Fernández reconstruye con objetos, pinturas y entrevistas el exilio republicano de 1939 a través de los Pirineos. Se mostró en La><Art, un reconocido centro de arte de Los Ángeles.

P. Fue como empezar a tirar del pasado.
R. Sí, porque a la vez mi abuela trabajaba con telas y botones. Y me contó la historia que tenían. Un amigo muy cercano a mi abuelo me dijo que también poseía muchos botones porque en su día fueron casi como monedas. Así fue como pasó la frontera. Me pareció algo muy misterioso y fui a verle. Tenía más de 90 años, como la mayoría de los republicanos que he entrevistado. Me narró su historia. Me habló de los campos de concentración donde estuvo y de qué forma volvió a España; y lo que ese retorno significaba para él.

P. ¿Cómo enlaza eso con lo que llama “caminatas”?
R. En ese momento gano una beca para irme a Burdeos. Siempre había escuchado a mi familia que allí había un comunidad muy importante de exiliados republicanos. Hablé con muchos de ellos de lo que representó en sus vidas la Guerra Civil. Cómo pasaron la frontera y ya no pudieron volver. Era septiembre de 2012 y al primer republicano que entrevisté fue a José García Cinca y escribí lo que él me contó que fue su viaje. A partir de ahí el proyecto que estoy haciendo es recuperar esos viajes hacia el exilio. Volverlos a recorrer; los llamo caminatas. Por ahí comienzan las instalaciones que hago ahora. Al igual que los objetos son como contenedores de información, mi cuerpo es una manera de transmitir estas informaciones de un lado a otro de la frontera.

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La artista española (en la imagen) se ha formado en CalArts (California) y Saint Martins School of Art (Londres), quizá las dos escuelas de arte más prestigiosas del mundo.

P. Trabaja con un material muy delicado para un artista: la Guerra Civil. Ha sido muy escrita, muy dibujada, muy fotografiada. ¿Sabía dónde se metía?
R. Mi familia no quería hablar nada de la Guerra Civil. Pero creo que es algo muy importante, por eso hay que continuar haciendo preguntas. Yo, por lo menos, tengo muchas. Porque si la historia ya está escrita y no hay sitio para más preguntas, ¿entonces? Qué es una dictadura sino un lugar donde no existe espacio para más preguntas. Ya sé que memoria no es lo mismo que historia, pero como artista tengo la responsabilidad de preguntar qué hago yo con esta herencia. Aunque sea un tema problemático. Además la gente no se fía de mí. No soy historiadora y hasta ahora han sido ellos quienes han contado la historia oficial.

P. ¿Se conoce esta historia de exilios, memoria, campos de concentración y republicanos en Los Ángeles?
R. La gente no sabía nada. No tenía mi idea. Las Brigadas Internacionales eran lo único que conocían. Ni siquiera sabían de la existencia de los campos de concentración. Me sorprendió, aunque tampoco mucho. Por eso he tenido un espacio enorme para hablar de todo esto y hacer preguntas que quizá no se puedan formular en España. Para mí ahora es una obsesión recuperar esa memoria. Preguntar y hacer que la gente hable. Porque muchos no quieren y casi todo el mundo tiene una historia propia.

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Para Fernández, los objetos son contenedores de recuerdos que "necesitan tocarse". Es una "forma de activar la memoria", dice.

P. ¿La distancia geográfica ayuda a contar este éxodo?
R. Sería muy interesante ver cómo reacciona el público en España a mi trabajo. Es obvio que todo lo que pasa por la mano de uno suma un componente de subjetividad. Por eso no uso, por ejemplo, fotografía. En cambio utilizo el dibujo para representar lugares, porque quiero que se vea que es mi mano la que está añadiendo algo nuevo. Lo cierto es que la gente está muy sorprendida de que alguien de mi generación esté interesada en esta historia. Me sorprende. Pues para mí es algo que todavía no ha terminado.

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Vista general de la exposición 'Paseo de los melancólicos'.

P. El proyecto empezó en 2012, ¿lo da por concluido?
R. No lo sé, porque cada vez crece más. Al final, en el fondo, este trabajo siempre ha sido acerca de mi familia y la idea de identidad. La construcción de esa identidad y la memoria. Cuando me preguntan con qué artista me identifico respondo que no sé si soy artista porque me paso mucho tiempo entre libros.

P. ¿Pero estará buscando su lugar en el mundo como creadora?
R. Sí, pero no tengo prisa.

Exilio Republicano
Cerca de 500.000 personas escaparon a Francia a través de los Pirineos en los últimos meses de 1939.

 

Foto de apertura: Patricia Fernández explica su trabajo sobre el exilio republicano ante un grupo de personas.

 

Hay 1 Comentarios

Hola, amigos. Hay que sumar este esfuerzo a otros muchos para lograr lo que aún está pendiente: recuperar la memoria histórica de los exiliados, de sus trabajos, de sus fatigas, de sus tragedias, de sus humillaciones, de su olvido. La mayoría de ellos, sin más delito que haber estado en el lado contrario. Y como los que mandan hoy en ESPAÑA son los nietos de FRANCO, no les interesa saber la verdad, revolver en la historia, en los archivos, en las tumbas, en la maldad y la mala voluntad. Por eso, este intento y otros muchos no bastan para hacer justicia a la historia de los derrotados en nuestra guerra "incivil".Pero debería ser como entrar en el agua frìa cuando uno se baña: al principio nos repugna; después nos recupera. No hay que tener miedo a la verdad, aunque duela; los que sentenciaron a GARZÓN por querer investigar la verdad, tienen miedo de la historia, de los hechos, de abrir heridas mal cerradas que podrían hacernos recuperar a todos la salud de la verdadera historia, si de una vez fuéramos capaces de enfrentar la verdad.

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Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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