40 Aniversario

Venecia planea vender obras maestras para cuadrar sus cuentas

Por: | 06 de enero de 2016

Venecia apertura buena
Ya saben la estrecha y profunda relación que ha tenido el hombre, las piedras y los tropiezos
. Cuando pensábamos que el disparate que propuso en su día la municipalidad de Detroit de vender sus obras de arte para reducir su déficit era algo irrepetible, Luigi Brugnaro nos ha recordado que la sinrazón es un eterno retorno. El alcalde de Venecia se está planteando la posibilidad de vender algunas obras maestras del patrimonio artístico de la ciudad para equilibrar las cuentas públicas de La Serenissima.

Todavía no existe una lista de obras pertenecientes a museos públicos susceptibles de ser vendidas, pero diversas informaciones periodísticas apuntan a piezas del pintor francés de origen bielorruso Marc Chagall y también de Gustav Klimt. De este último se especula con la posibilidad de vender una verdadera joya: Judith II (Salome). Solo este lienzo de 1909 podría superar los 70 millones de euros en el mercado. El criterio del alcalde, que el mismo ha relatado, para enajenar las obras sería deshacerse de aquellas que “no pertenecen a la tradición ni a la historia de la ciudad”. La propuesta ha sido recibida como agua hirviendo sobre la piel entre los amantes del arte y entre muchos políticos romanos, pero Brugnaro ha plantado cara. “Prefiero vender las pinturas que quedarme quieto admirándolas mientras el agua gotea sobre los pupitres de las escuelas y las bibliotecas públicas no tienen papel higiénico”, sostiene el regidor.

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Unos 23 millones de turistas visitan Venecia todos los años. Sin embargo sus ingresos no son suficientes para cubrir los altos costes de mantenimiento de la ciudad. Foto: Marco Secchi (Getty).

Lo cierto es que la situación de la ciudad es un drama. Pese a los 23 millones de personas que la visitan al año, las cuentas no salen. Lo cual abre, también, una reflexión sobre dónde se queda el dinero del turismo masivo. Porque las ayudas públicas son insuficientes. El mantenimiento de Venecia es muy caro. Por ejemplo, los edificios sobre el agua se degradan y erosionan a una rapidez de vértigo. Necesitan restaurarse cada década en vez de cada 50 años, como sucede en tierra firme. Una ley especial cubre desde hace años estos costes añadidos. Sin embargo no resulta suficiente. Entre 1993 y 2004, La Serenissima ha recibido 143 millones de euros de la administración pública. Una cantidad limitada para una ciudad que tiene que gestionar un carísimo sistema de barreras flotantes (el plan Moisés, que lleva ya gastados más de cinco veces los 10.000 millones de euros presupuestados inicialmente) para evitar las inundaciones y lidiar con el pernicioso efecto de los gigantescos trasatlánticos repletos de visitantes.

Venecia 5 Un edificio en tierra firme necesita ser restaurado cada 50 años, en Venecia; cada diez. Restauración del puente de Rialto. Foto: Manuel Silvestri (Reuters).

A la búsqueda de hacer caja, Venecia va cambiando. Uno sus palacios más emblemáticos, el de Fontego dei Tedeschi, se ha convertido en un centro comercial y varias islas de la laguna ya es posible alquilarlas a largo plazo. Incluso el regidor veneciano está estudiando cobrar cinco euros por la entrada a la plaza de San Marcos y limitar el número de visitantes a 65.000 al día. A mediados de diciembre del año pasado —narra The Wall Street Journal— Roma accedió a dar a Venecia unos 65 millones de euros para los próximos siete años, desde luego muy lejos de los 50 millones anuales que pedía la ciudad. “Nos dan solo cacahuetes”, se quejó en una entrevista Michele Zuti, responsable de gestionar el presupuesto de La Serenissima.

Venecia 3 Venecia podría aplicar una tasa de cinco euros a todos los visitantes de la plaza de San Marcos y restringir su número a 65.000 al año. Foto: Andrea Merola (EFE).

En este horizonte encapotado y oscuro, la idea de vender algunas obras maestras de museos públicos no aportaría nada más que la pérdida de un patrimonio y una identidad que no solo pertenece a esta generación sino, sobre todo, a las futuras y que en bien poco contribuiría a drenar la continua pérdida de ingresos de una ciudad que debe buscar su porvenir en una mejor gestión de sus enormes recursos.

Venecia 4 Imagen de apertura: Detalle del óleo 'Judith II (Salome'), 1909, de Gustav Klimt. © Fondazione Musei Civici di Venezia, Galleria Internazionale d’Arte Moderna di Ca’ Pesaro. A la izquierda, el lienzo completo.

 

Hay 4 Comentarios

Traigo aquí una anécdota ocurrida en tiempos de Pablo VI. Para equilibrar las cuentas del Vaticano, pensó vender la Pietá de Michelángelo. Pidió consejo al máximo asesor en materia de arte sacro, y éste le dijo la suma que podía obtenerse por ella, pero le aconsejó: "No la venda, porque todos los que vienen al Vaticano, vienen para ver la Pietá. Si Ud. la vende, irán allí donde se exhiba y Ud. perderá los millones de visitantes" .

cuando se pierde el sentido, el valor se encuentra en las cosas y los recursos se agotan porque se invierten en objetos, el arte siempre a trascendido esto; lo único que se pierde es lo que constituye lo aprehensible de quien valora esto como un hecho no como algo trascendente. Un producto no constituye el arte, el arte constituye lo que crea esto aprehensible por la ausencia de sentido de quien lo busca entre las cosas, lo que hace al ser sujeto de un objeto, no precisamente creado con arte.

Sin duda no creo que sea la solución más adecuada, pero el alcalde sabrá lo que se hace, quizás pretenda que no tenga tantos visitantes.

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Con arte y sonante

Sobre el blog

En un mundo de liquidez casi ilimitada, en el que los bancos centrales dan al botón de imprimir billetes a la misma velocidad que Billy el Niño desenfundaba su revolver, los ahorradores (que hoy en día somos todos) han redescubierto el valor de los activos tangibles y limitados.
O sea, que empiezan y acaban. Metales preciosos, arte contemporáneo, antigüedades, vinos, coches de colección, diamantes. Bienes que a su escasez y potencial económico aportan su carácter material. Bienes con arte y sonantes.

Sobre el autor

Miguel Ángel García Vega

Periodista y modesto coleccionista de arte contemporáneo, Miguel Ángel García Vega lleva más de 15 años escribiendo en EL PAÍS. A veces de finanzas, a veces de sociedad, a veces de arte, pero siempre conectando la vida y los números. Este blog quiere ser una piedra de Rosetta con el que entender el universo de los bienes tangibles, que en ocasiones parece, como el mundo, ancho y ajeno.

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