
Tiempo para Bartomeu Marí (Ibiza, 1966). En febrero
pasado renovaba su contrato como director del Museo de Arte Contemporáneo de
Barcelona (Macba) por los próximos cuatro años. Pronto completará cinco temporadas en
una institución que cada vez gana más peso crítico fuera de España y dentro.
Las visitas han aumentado en los dos últimos años, y también la colección,
sobre todo a raíz del acuerdo para incorporar los fondos de la colección
Fundación la Caixa. Lo que falla (como en tantos otros espacios) es el presupuesto. Cultura todavía no ha
desembolsado 1,6 millones de euros que adeuda al centro y el tiempo, en este
caso, transcurre lento y amenazante. Conversamos con Bartomeu Marí de minutos, dineros y arte. Siempre atentos al teléfono por si llama el ministerio.
Pregunta. El Macba tenía pendiente el pago, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado
del año pasado, de 1,6 millones de euros. ¿Les ha pagado el Ministerio de
Cultura?
Respuesta. No nos ha pagado y no hemos recibido
notificación oficial de nada; ni que se haya pagado ni que se haya demorado.
P. Comentaba en esta bitácora João Fernandes, subdirector
del Museo Reina Sofía, que “los príncipes habían vuelto al museo”. Se refería
al retorno de las grandes colecciones privadas y de los coleccionistas a las
instituciones públicas. ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene ese regreso?
R. La experiencia que tenemos nosotros es que el
coleccionista privado amante del arte contemporáneo ha mantenido unas
relaciones muy generosas con los museos. En nuestro caso tenemos que hablar de
relaciones, depósitos y también préstamos importantes. También ha representado
un papel muy valioso la Fundación Macba, que además de aportar medios económicos
para adquirir obras de arte –algo que en estos momentos hay que celebrarlo aún
más– también nos ayuda a mantener relaciones con el ámbito privado. No estamos a la altura de Estados Unidos. No
somos el Metropolitan –que acaba de recibir una colección cubista fabulosa–
pero en nuestro nivel tenemos una implicación del sector privado excelente para
lo que es la tradición española.

El Macba (fachada exterior) ha sido un elemento revitalizador del barrio del Raval en Barcelona. Fotografía: Marcel. Lí Saénz.
P. ¿Es partidario de los préstamos privados? Me explico. El coleccionista cede la obra temporalmente, el museo corre con todos
los gastos (seguros y mantenimiento), la pone en valor y luego, el
coleccionista, puede decidir, o no, venderla en subasta. Pero si lo hace, lo más
habitual es que se revalorice gracias a esa presencia en el museo
público.
R. No es bueno, tal y como lo explica, para el museo
porque se convierte en un instrumento únicamente del mercado. Pero sí es
importante pensar que ciertos modelos de relación del coleccionista con el mundo
privado le permiten programar e investigar. Creo que hay que ser muy cuidadoso
y pactar muy bien las condiciones en las cuales una obra de arte se deposita
temporalmente en un museo. Estamos evolucionando con modelos de depósito que
incluyen donaciones en parte o en todo. En Estados Unidos no existe la figura
del depósito. Aceptan obras si existe una promesa de donación en un futuro.

Santa Comida de Antoni Miralda. Instalación expuesta en el Macba.
P. ¿Lo que está sucediendo en el IVAM con su programación es una muestra del
desinterés hacia el arte contemporáneo del actual Gobierno?
R. No tengo por costumbre opinar públicamente de mis
colegas. No mientras esté dirigiendo el Macba. Cada institución debe hacer lo
posible por mantener aquellos niveles de excelencia que ha tenido, y dar el
mejor servicio a sus públicos y ciudadanos.
P. Islandia ha salido de la crisis en buena medida
gracias a su industria cultural. ¿Esta fórmula aquí es impensable?
R. Me gustaría pensar que es aplicable y que tenemos
enseñanzas que aprender. Pero cuando se sube el IVA a los productos de cultura,
dudo mucho que el Gobierno tenga confianza en el sector creativo. Las llamadas
industrias creativas o culturales quizás no han generado la confianza que
merecen.
P. Es amigo de Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía. ¿Qué les une y qué
les separa?
R. Nos unen unas ideas comunes sobre los valores que el
arte representa en la sociedad. Y nos separa, probablemente, que estamos en
contextos muy diferentes.

El número de visitantes que acude al Macba ha crecido en los dos últimos años.