El panorama es desolador. La Unión Europea va a la deriva, incapaz de tomar las decisiones necesarias para salvar al euro del desastre. En este nuevo episodio de la crisis, España es por desgracia la protagonista, como lo fueron antes Grecia, Portugal o Irlanda. Las recetas, las mismas: aplicar en plena recesión un ajuste fiscal suicida, de ritmo y envergadura. Los resultados, igual de calamitosos: pérdida de la confianza de los inversores, subida de los costes de financiación, agravamiento de la recesión, nuevo ajuste para no desviarse del objetivo de déficit y vuelta a empezar... para acabar siendo intervenidos a cambio de una financiación que los mercados ya no están dispuestos a seguir dando. ¿Está España condenada a repetir la historia de los países troikados?
¿Por qué ninguno de sus mandatarios se atreve a proponer una alternativa a salir de la crsis sólo con la austeridad? ¿Y por qué se resisten a seguir el ejemplo de Estados Unidos, uno de los mayores deudores del mundo y epicentro de la crisis financiera en 2008, que ha sabido combinar las políticas de estímulo financiero con la consolidación fiscal y crece ya a tasas cercanas al 2%? ¿Por qué no se deciden están a dar más contenido y poderes a las instituciones de la eurozona, como el Banco Central Europeo, para conseguir recuperar la confianza en la unión monetaria y alejar el fantasma de la ruptura?