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marzo 2007

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28 marzo, 2007 - 15:26

La punta de la lengua 8

No se lo van a creer, pero sucedió tal como lo cuento.

Cancelaron, sin que nadie supiera por qué, un seminario sobre la integración de las lenguas, que iba a presidir Víctor García de la Concha. Cuando cancelan algo, o cuando se suspende un viaje, o cuando posponen un examen, el ser humano normal siente una especie de satisfacción inútil, porque gana algo de tiempo. Es una ilusión, porque luego ha de hacer, tarde o temprano, lo que se ha pospuesto.

Pero lo cierto es que suspendieron ese seminario, así que atravesé las salas del congreso, camino de la salida, y del hotel; por el camino tropecé con una cola kilométrica (exactamente kilométrica) que pretendía terminar en un coloquio sobre música y palabras, a cargo de Fito Páez y de Carlos Vives, entre otros, presididos todos por el presidente ejecutivo de la Sgae, mi paisano Teddy Bautista, el fundador de Los Canarios. La verdad es que a esa hora ya yo estaba saturado de tomar notas para mis crónicas, y además este acontecimiento lo cubría Pilar Lozano, nuestra corresponsal en Bogotá, que además es escritora para niños, y ahora saca su nuevo libro para su nieta. ¡Todo el mundo está teniendo nietos, pero yo aun no tengo nietos, sino mil sobrinos-nietos, mil o mil quinientos, no recuerdo bien!

Pasé, pues, por la cola, fui a tomar un taxi, con el propósito (mental) de ducharme, hacerme una sauna (¿darme una sauna?), relajarme un poco antes de una conversación pública que me encargaron que hiciera con Carlos Fuentes. Mis críticos (los de este blog) dirán: “¿Ves? Siempre con los mismos”. ¡Es que los mismos son los que están aquí! Cuando iba a tomar el taxi, uno de estos estrictos policías colombianos le estaba impidiendo la entrada a Miguel León-Portilla, que es el historiador de México. Convencí al policía de que lo (¿o le?) dejara pasar, que este hombre es una figura como no hay otra, etcétera (etcétera, dijo el divertidísimo Barcia argentino, es el reposo del sabio y el refugio del ignorante), y finalmente el veterano profesor pudo pasar y me lanzó desde el fondo de su corazón, lo vi en sus ojos, una mirada de gratitud.

Y tomé el taxi, de eso se trataba. Amarillo, pequeño, uno de esos taxis que aquí parecen moscas amarillas. Cuando acabó el trayecto le pedí al taxista que me esperara, que iba a buscar cambio; y, en prenda, como hago en España, le dejé mi bolsa, con libros, con apuntes, con programas, con todas esas cosas que uno lleva en los congresos y que se van acumulando porque en los congresos siempre hay alguien que te da un papel más. Cuando volví del hotel, con el dinero colombiano, el taxista había desaparecido. ¡Todo mi trabajo vagando por ciudad! Tomé otro taxi, conté mi problema, volvimos al centro de celebración del congreso, hablé con los guardias, tomaron nota, regresé al hotel, conté mi problema… El taxista se había llevado algo perfectamente inútil…, y unos libros. ¿O era todo perfectamente inútil? Regresé a la habitación, tomé nota frenéticamente de lo que recordaba que había pasado durante el día, todo el material de un día de escuchar y anotar, y en esto, toc toc, sonó la puerta; en el umbral penumbroso, el jefe de seguridad del hotel, y en su mano la dichosa bolsa. ¿Su interpretación? La red (mafiosa) a la que está conectado el taxista debió alertarle de que lo que se había llevado no valía un pijo. Así lo dijo. Esta mañana me puse a escribir la crónica (para nuestro periódico preferido) como si me hubieran robado. Si tienen curiosidad mañana sabrán cómo salen las crónicas cuando a uno le roban los apuntes.

Comentarios

¿Pero hombre, don Juan, con lo viajado que es usted no sabe que una parte de los taxistas de cualquier gran ciudad latinoamericana son ladrones? ¡A ver si lo van a secuestrar un día por coger un taxi falso o un verdadero taxi con un taxista falso! Y cuidadito con caminar solo de noche por Bocagrande, que hay muchas orcas y tiburones. Dígale a León Portilla que le recite algún poema nahuatl que, a modo de conjuro, lo invista con los poderes de los guerreros del Águila o de la Serpiente.

¡Se dice tomar una sauna, tuerceletras! Súbete en el primer avión, anda, y calla.
¿Era necesario lo de los nietos? ¿Por qué no dices por qué no los tienes?

Debo ser algo masoquista, porque me provoca morbosidad leer de Juan Cruz a diario las crónicas de este Congreso Internacional. Se dedica a contar sus peripecias colombianas, cuando no a citar a Cervantes o al Quijote al menos una vez por párrafo (¿hay vida más a allá de Don Miguel?): Dios le conserve tanta imaginación al insigne paisano. A lo que ibamos: tanta baba no puede ser normal. Que crónica tan almibarada.
Ay Juan, te estaba esperando hoy con la "escopeta cargada", pero va a ser que lo has conseguido. Me has provocado un sentimiento de lástima irrefrenable con el robo del taxista. Parece que te has criado en un verano, mi niño.... Dejaremos para mañana una crítica más pantorrillera, que hoy te tienes merecido un buen descanso, redactor impagable, excelso cronista, narrador incansable.....

jajajjajajajajaja ¡Cuánto mala baba, cuánto envidioso por el mundo! La capacidad de Juan Cruz para atraer los comentarios afilados de resentidos y rencorosos es directamente proporcional a su talento.

Juanillo, ni caso. Ah, yo creo que el desagradable de Passmo (véase segundo comenario) tiene razón en algo: se dice tomar una sauna. Y me parece que en tu otra duda pueden usarse las dos pero es mejor el "lo". Es complemento directo.

Un abrazo. Y como decía otro de tus contertulios: ladran, luego cabalgamos.

En estos días de efemérides y congreso panhipano-hispánico os recuerdo que a partir del próximo domingo, 1 de abril, entrará en vigor la exigencia de visado especial para todos aquellos bolivianos que deseen visitar España y resto de Territorio Schengen (Unión Europea). Es oportuno que recordemos la misiva que en su momento escritores y artistas colombianos (encabezados por Gabo) dirigieron al Presidente de España con motivo de esta misma exigencia a los ciudadanos colombianos (he osado cambiar el término colombiano/s por hispanoamericano/s, espero sabrán disculpar)


Señor Presidente:

Queremos explicarle, con el mayor respeto, por qué nos parece un despropósito que su Gobierno nos quiera exigir un visado para pisar España, y por qué, en caso de que se tome esta determinación, y mientras esté vigente, no volveremos a visitar la Península ibérica.
Un novelista hispanoamericano escribió alguna vez: "Al entrar a España no tengo la impresión de llegar, sino la de volver"."Quizás a muchos españoles les resulte extraño este sentimiento, pero les aseguramos que esa sensación es la típica del criollo, la del indiano, la del colono o del colonizado nacido en esos territorios de lo que fue el antiguo imperio de España. Si nos atrevemos a hacerle un reclamo a esa gran nación que nos enseñaron a considerar, con razón o sin ella, como nuestra Madre Patria, es por el hondo convencimiento que tenemos de no ser ajenos a España.
Aunque las guerras de independencia hayan cortado el cordón umbilical que nos unía políticamente a la Península, los hispanoamericanos no hemos dejado de sentir, porque sabemos que es cierto, que nuestra imaginación, nuestra lengua mayoritaria, nuestros referentes culturales más importantes provienen de España. Aquí nos mezclamos con otros riquísimos aportes de la humanidad, en especial con el indígena y el negro, pero nunca hemos renegado, ni podríamos hacerlo, de nuestro pasado español. Nuestros clásicos son los clásicos de España, nuestros nombres y apellidos se originaron allí casi todos, nuestros sueños de justicia, y hasta algunas de nuestras furias de sangres y fanatismo, por no hablar de nuestros anticuados pundonores de hidalgo, son una herencia española.
La solidaridad cultural de las naciones hispanas y americanas, no puede ser simplemente un asunto retórico. Nosotros queremos poder entrar a España no digamos como Pedro por su casa, pero sí como los hijos viajeros que de vez en cuando vuelven a deshacer sus pasos por los caminos de unos antepasados reales o inventados. Los hispanoamericanos no podemos ser tratados por España como unos forasteros más. Aquí hay brazos y cerebros que ustedes necesitan. Somos hijos, o si no hijos, al menos nietos o biznietos de España. Y cuando no nos une un nexo de sangre, nos une una deuda de servicio: somos los hijos o los nietos de los esclavos y los siervos injustamente sometidos por España. No se nos puede sumar a la hora de resaltar la importancia de nuestra lengua y de nuestra cultura, para luego restarnos cuando en Europa les conviene.
Explíquenles a sus socios europeos que ustedes tienen con nosotros una obligación y un compromiso histórico a los que no pueden dar la espalda. La rueda de la riqueza de las naciones se parece a la rueda de la fortuna; no es conveniente que en los días de opulencia se les cierre en las narices la puerta a los parientes pobres. Quizá un día nosotros (en ese riquísimo territorio donde ustedes y nosotros hemos trabajado, sufrido y gozado) tengamos también que abrirles a los hijos de España las puertas, como tantas otras veces ha ocurrido en el pasado.
Mucho se habla en España y en todo el primer mundo de las bondades de la globalización. Pero si ésta no quiere ser una mera estratagema para ampliar los mercados, la globalización no podrá ser un proceso unidireccional e injusto por el cual los bancos y las grandes compañías tecnológicas o de alimentos atraviesan las fronteras como el viento, mientras a las personas se les ponen más trabas, cuarentenas y cuotas que a los apestados medievales.
Señor Presidente: en sus manos está una decisión de unión o desunión con los pueblos hispanoamericanos. La Madre Patria podrá portarse como tal, y no darnos la espalda en uno de los momentos más duros de nuestra historia, o podrá también portarse como una madrastra despiadada. Con la dignidad que aprendimos de España, no volveremos a ella mientras se nos someta a la humillación de presentar un permiso para poder visitar lo que nunca hemos considerado ajeno.
Con nuestra consideración y aprecio.
Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Alvaro Mutis, Fernando Vallejo, William Ospina, Darío Jaramillo Agudelo y Héctor Abad Faciolince.

(Continuación) con razón o sin ella, como nuestra Madre Patria, es por el hondo convencimiento que tenemos de no ser ajenos a España.
Aunque las guerras de independencia hayan cortado el cordón umbilical que nos unía políticamente a la Península, los hispanoamericanos no hemos dejado de sentir, porque sabemos que es cierto, que nuestra imaginación, nuestra lengua mayoritaria, nuestros referentes culturales más importantes provienen de España. Aquí nos mezclamos con otros riquísimos aportes de la humanidad, en especial con el indígena y el negro, pero nunca hemos renegado, ni podríamos hacerlo, de nuestro pasado español. Nuestros clásicos son los clásicos de España, nuestros nombres y apellidos se originaron allí casi todos, nuestros sueños de justicia, y hasta algunas de nuestras furias de sangres y fanatismo, por no hablar de nuestros anticuados pundonores de hidalgo, son una herencia española.
La solidaridad cultural de las naciones hispanas y americanas, no puede ser simplemente un asunto retórico. Nosotros queremos poder entrar a España no digamos como Pedro por su casa, pero sí como los hijos viajeros que de vez en cuando vuelven a deshacer sus pasos por los caminos de unos antepasados reales o inventados. Los hispanoamericanos no podemos ser tratados por España como unos forasteros más. Aquí hay brazos y cerebros que ustedes necesitan. Somos hijos, o si no hijos, al menos nietos o biznietos de España. Y cuando no nos une un nexo de sangre, nos une una deuda de servicio: somos los hijos o los nietos de los esclavos y los siervos injustamente sometidos por España. No se nos puede sumar a la hora de resaltar la importancia de nuestra lengua y de nuestra cultura, para luego restarnos cuando en Europa les conviene.
Explíquenles a sus socios europeos que ustedes tienen con nosotros una obligación y un compromiso histórico a los que no pueden dar la espalda. La rueda de la riqueza de las naciones se parece a la rueda de la fortuna; no es conveniente que en los días de opulencia se les cierre en las narices la puerta a los parientes pobres. Quizá un día nosotros (en ese riquísimo territorio donde ustedes y nosotros hemos trabajado, sufrido y gozado) tengamos también que abrirles a los hijos de España las puertas, como tantas otras veces ha ocurrido en el pasado.
Mucho se habla en España y en todo el primer mundo de las bondades de la globalización. Pero si ésta no quiere ser una mera estratagema para ampliar los mercados, la globalización no podrá ser un proceso unidireccional e injusto por el cual los bancos y las grandes compañías tecnológicas o de alimentos atraviesan las fronteras como el viento, mientras a las personas se les ponen más trabas, cuarentenas y cuotas que a los apestados medievales.
Señor Presidente: en sus manos está una decisión de unión o desunión con los pueblos hispanoamericanos. La Madre Patria podrá portarse como tal, y no darnos la espalda en uno de los momentos más duros de nuestra historia, o podrá también portarse como una madrastra despiadada. Con la dignidad que aprendimos de España, no volveremos a ella mientras se nos someta a la humillación de presentar un permiso para poder visitar lo que nunca hemos considerado ajeno.
Con nuestra consideración y aprecio.
Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Alvaro Mutis, Fernando Vallejo, William Ospina, Darío Jaramillo Agudelo y Héctor Abad Faciolince.

Amigo Juan, quiero que sepas lo bien que lo paso leyendo tus apuntes en este blog. Ya que no pude ir a Cartagena, es como si de este modo anduviera por allí. Sigue contando lo que te pasa, lo que te apetece, tus encuentros y tus contratiempos. Un fuerte abrazo agradecido

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