En Medellín he visto desayunar a los académicos. Todos ellos, desde el más joven, que es Antonio Muñoz Molina, hasta el director, Víctor García de la Concha, o el vicedirector, Gregorio Salvador, con sus bandejas, sus yogures y sus zumos, que aquí se llaman jugos. Ver a tanta gente ilustre cumpliendo con el sagrado deber de alimentarse al lado de periodistas y otros subalternos recuerda la atmósfera de los viejos colegios mayores, donde maestros y discípulos se arremangaban al tiempo para saciar el hambre y reponer las fuerzas precisas para seguir estudiando. Estaban muy atareados esta mañana porque al día siguiente los iba a examinar nada menos que el Rey, que venía de Madrid con Doña Sofía para empezar a enterarse de qué es eso de la nueva gramática.