Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal

Resistencia estudiantil contra China

Por: | 27 de marzo de 2014

Miles de estudiantes han tomado en los últimos días las calles de Taipei, la capital de Taiwán, para protestar contra la ratificación de un acuerdo comercial con China que creen que es muy ventajoso para ésta y muy peligroso para el futuro de la isla. El momento álgido de la protesta fue la toma y atrincheramiento de 200 estudiantes en el Parlamento nacional, lo que ha sacudido políticamente a un país muy polarizado en cuanto a cuál debe ser el alcance de sus relaciones con China.

Protesters-yuan-web

La razón de fondo detrás de estas turbulencias sociales no es muy difícil de adivinar. El acuerdo comercial, firmado en junio del pasado año pero pendiente de ratificar, conlleva la apertura del sector servicios, que en Taiwán permanecía restringido a la inversión china precisamente para preservar la independencia económica de la isla. Con dicha apertura, el gobierno taiwanés del Kuomintang, enemigo histórico del Partido Comunista chino (PCCh) convertido hoy en su mejor aliado, aspira a propulsar la economía taiwanesa.

Los estudiantes y no pocos críticos en la isla creen, por el contrario, que dicho acuerdo concederá al gigante asiático una exagerada influencia económica sobre la isla. Ello condenaría a Taiwán, aluden, a una dependencia económica de China que eventualmente podría desembocar en una dominación política. Esto es, una integración económica paulatina que sería la antesala de una asimilación definitiva, incluida la territorial, en el futuro.

Taiwan-protests-011



Aparte de los riesgos a medio y largo plazo, los críticos ven peligros más inminentes. Así, el nuevo marco legal daría por ejemplo acceso al mercado taiwanés a los grandes grupos mediáticos y editoriales chinos, los cuales están controlados prácticamente en su totalidad por el PCCh. El déficit democrático y de libertad de prensa que ello supondría, como de hecho ya se ha demostrado en Hong Kong, es una consecuencia inasumible por parte de esos miles de estudiantes y por una parte de la ciudadanía de la isla.

Durante la investigación en Taiwán en 2010 para la elaboración de nuestro libro “La Silenciosa Conquista China”, se cocinaba en la presidencia taiwanesa el llamado ECFA (Economic Co-operation Framework Agreement, en inglés), que relajaba las restricciones en el comercio bilateral y que acabó aprobándose ese mismo año. Dicho acuerdo marco, preludio del que estos días ha provocado las protestas en Taiwán, era para un ex ministro al que entrevistamos en Taipei la primera fase de una futura asimilación: “China ha entendido que es más fácil comprar y absorber Taiwán que atacarlo”, dijo.

 Taiwan-protest-006



Que ahora Taiwán, o mejor dicho, el Kuomintang, otrora enemigo de los comunistas chinos, esté impulsando un aún más ambicioso acercamiento económico con China que estrecha los lazos bilaterales hasta límites que –según los críticos– podrían afectar al futuro del país, no es tan sorprendente. Con el ECFA aprobado, la segunda fase era simplemente una cuestión de tiempo.

Lo relevante, a mi juicio, es que Taipei haya optado por lo que a todas luces parece un camino sin retorno mucho antes de que China haya evolucionado lo suficiente políticamente como para que dicha integración, o incluso la unificación territorial, sea admisible para una mayoría de taiwaneses. Quiere esto decir que una eventual integración, de producirse, dependería antes de un requisito indispensable que hoy no se cumple: la democratización de China.

Muchos taiwaneses, especialmente las generaciones más jóvenes, no están dispuestos a renunciar a sus derechos y libertades por mucho que una relación comercial más estrecha con China aporte dividendos a la economía. Si el régimen chino sigue siendo el que es y el gobierno taiwanés se empeña en acelerar el proceso antes de que se den las condiciones para ello, las protestas sociales de los últimos días no serán las últimas.

España se arrodilla ante China

Por: | 27 de enero de 2014

La decisión del Gobierno español, a través del grupo parlamentario del PP en el Congreso, de dinamitar la causa abierta en la Audiencia Nacional contra cinco líderes chinos por genocidio en el Tíbet, demuestra fundamentalmente tres cosas. La primera, la pusilanimidad de la que hace gala España cada vez que hay un obstáculo en su relación bilateral con China.

Nuestro país ya sacó pecho cuando Fernández Ordóñez se convirtió en el primer ministro de asuntos exteriores de la Unión Europea en pisar Pekín después de la masacre de Tiananmen. También fuimos de los primeros en no sólo querer levantar el embargo de armas a China –en vigor precisamente desde 1989– sino también en hacerlo público nada menos que durante nuestra presidencia de la Unión, con la consiguiente cólera de nuestros socios comunitarios.

Eran los años en los que a los altos funcionarios españoles en China, o cualquier político de cualquier partido de visita en Pekín, se les llenaba la boca de orgullo al insistir en que el Gobierno chino nos consideraba “el mejor amigo de China dentro de la UE”. Un gran elogio viniendo de la mayor dictadura del planeta. Y lo que es peor: subyacía el falso espejismo de que ese servilismo nos iba a dar réditos comerciales.

Ahora tenemos un nuevo episodio: el intento del Gobierno de Mariano Rajoy de desactivar a toda costa el caso abierto en la Audiencia. Y para ello pretenden hacerlo por un procedimiento de urgencia que liquide el caso cuanto antes y evite que se ejecute la orden de busca y captura de cinco líderes de la cúpula china, incluidos Jiang Zemin y Li Peng.

 

Jiang zemin
Jiang Zemin y Li Peng.

Ello nos lleva a la segunda cuestión, que no es otra que la injerencia de China en los asuntos internos de España. Y es que la maniobra del Gobierno coincide con la visita al Congreso español realizada por una delegación parlamentaria de la región autónoma del Tíbet, compuesta –no se confundan– por una mayoría de chinos Han afines al Partido Comunista chino y no por tibetanos. A ello hay que sumar las presiones del Gobierno chino al Ejecutivo español, tanto en Madrid como en Pekín.

No es la primera vez que ocurre. Semanas después de estallar la Operación Emperador a finales de 2012, que desmanteló una trama que logró evadir entre 800 y 1.200 millones de euros de dinero negro en tan sólo cuatro años, llegó a España una delegación parlamentaria de la provincia de Zhejiang, de donde es originario Gao Ping, el cerebro de la mencionada trama. ¿A qué vino esa delegación?

Durante la investigación de nuestro último libro, “El Imperio Invisible”, que documenta la criminalidad económica que hay detrás del éxito empresarial chino en España, tratamos de saber qué hubo detrás de esa visita y de las presiones de la embajada china en España, sobre todo teniendo en cuenta que el caso estaba judicializado. Y lo que averiguamos es que por la parte china hubo, al menos, amenazas veladas, y por la española, deferencias excesivas y una carta del ex embajador español en Pekín instando al Gobierno a hacer una declaración institucional para evitar las represalias chinas.

Lo que lleva al Gobierno español a blandear y, por ejemplo, a ponerse de perfil con el caso del Tíbet, es la percepción de que el coloso asiático es importante dado su peso económico para nuestra recuperación económica. Y en honor a la verdad, y he aquí la tercera conclusión, hay que decir que España no es el único país occidental que adopta una postura utilitarista con respecto a China. Ocurre con países de tanto peso económico como Canadá, cuyo gobierno ha pasado de ser uno de los más críticos por la situación de los derechos humanos en China y las circunstancias en el Tíbet, a estar a partir un piñón con el régimen comunista para poder venderle su petróleo y recibir sus inversiones.

 

Wantedhujiantao


La propia Unión Europea ha capitulado también con el asunto de los derechos humanos, que están ya fuera de agenda en la relación bilateral y nos centramos ahora únicamente en lo comercial, donde también nos va mal. En el caso del Reino Unido, más de lo mismo, porque convertir a Londres en el centro financiero offshore para el renminbi exige, desde luego, el pago de un precio político. Y así sucesivamente, hay ejemplos por todo el planeta, con la notable excepción de Noruega.

China, por tanto, hace su voluntad a golpe de talonario. Pero lo paradójico es que, en el caso de España, ese servilismo no nos sirve absolutamente para nada, porque mientras los chinos están invirtiendo en toda Europa, las inversiones chinas en España, aparte de excepciones como Huawei, brillan claramente por su ausencia.

Thubten wangchen

Thubtne Wangchen, ciudadano español.

En todo caso, al margen de debates acerca de la conveniencia de la llamada justicia universal, lo tremendo de la actuación del Gobierno en el caso del genocidio tibetano en la Audiencia no es tanto que la recorten, como ya pactaron PP y PSOE en 2009, sino el procedimiento utilizado: de urgencia y por la puerta de atrás, no sea que se alargue más de la cuenta y se enfaden los chinos.

Y en esa táctica, dicho sea de paso, tienen también una indudable responsabilidad los jueces de la Audiencia, que se pasan mutuamente la patata caliente paralizando con ello la causa e impidiendo que se ejecute la orden de busca y captura.

Lo grave de todo esto es que el procedimiento demuestra lo obvio: que han cedido cobardemente a las presiones de Pekín. Ante lo cual procede hacerle al Gobierno una doble pregunta: ¿acaso el querellante Thubten Wangchen, un tibetano nacionalizado español, no tiene derecho a la tutela judicial efectiva? Mayormente, ¿de parte de quién está el Gobierno español, del pueblo español a quien se supone que representa o del mayor régimen totalitario del planeta?

 

 

China Leaks: ¿Es China una cleptocracia?

Por: | 23 de enero de 2014

La revelación del uso masivo de los paraísos fiscales para esconder fortunas de la élite política y económica china cuestiona -una vez más- la lucha de Pekín contra la corrupción

 

E13-593

 


Mi amigo y coautor de este blog (junto a todos nuestros libros) tuvimos hace unos días una interesante discusión acerca de la percepción sobre China. Trabajando en un reportaje para este periódico, nos detuvimos en el uso del término “cleptocracia”. “¿Es correcto tildar a la segunda economía del planeta de ‘cleptocracia?”, nos preguntábamos, sin llegar a una conclusión definitiva que satisficiera a ambos.

No somos los primeros en preguntarnos acerca de ello. Incluso el Nobel de Economía Paul Krugman se ha interesado por el tema, al hilo de un largo e interesante artículo acerca de la llamada “represión financiera” (que explicamos detalladamente en nuestro primer libro La silenciosa conquista china).

Hijos ricos


Los que se oponen a considerar a China una cleptocracia [“el Gobierno de los ladrones”, de sus raíces griegas κλεπτος (clepto) y κράτος (cratos)], no niegan la corrupción en el país, que es extensiva y se podría decir que incluso endémica, pero llegan a conclusiones por comparación. ¿Es China un país de líderes tan corrupto al igual que asentadas cleptocracias como Guinea Ecuatorial o Angola? ¿Se puede realmente elevar la corrupción y el robo a un nivel esclerósico, y equiparar a China con este tipo de países? ¿Tienen los gobernantes, incluidos los líderes al más alto nivel del Partido Comunista y el Gobierno (que son lo mismo), la voluntad última (aunque no exclusiva) de robar al Estado para enriquecerse personalmente? Los defensores de esta postura responden “no” a estas preguntas.

Los que sí apoyan el uso del sustantivo para China se apoyan en los datos públicos que conocemos. Por ejemplo, el de instituciones como Global Financial Integrity (GFI), con sede en Washington, que estima que nada menos que 1.08 billones de dólares salieron ilícitamente de China entre 2002 y 2011, el mayor flujo de capital ilícito del mundo. O que el Parlamento chino sea probablemente el más rico del mundo, ya que en él figuran al menos 83 multimillonarios entre sus diputados (en el de Estados Unidos no hay ni uno, y el que tiene una mayor fortuna es Michael Macaul, con unos 500 millones de dólares). La revelación de la existencia de decenas de miles de cuentas bancarias y empresas offshore por parte de la élite política y empresarial china nos dice ahora adónde va a parar buena parte de esa riqueza: a los (mal traducidos) “paraísos fiscales”.

 

Treasure-islands


Mal traducido porque “tax haven” no significa “paraíso fiscal”, sino “refugio fiscal”. Aunque las corporaciones multinacionales esquilmen anualmente 160.000 millones en impuestos a los países en desarrollo por medio del ‘buen’ uso de los “tax haven” y la ingeniería tributaria, créanme que la élite china no busca eludir impuestos. Lo que busca es “haven”, es decir, refugio, secretismo, opacidad. Invisibilidad para fortunas que han amasado (de forma lícita o ilícita) en su país, sin duda a través de un nepotismo extensivo, pero que no quieren mantener en él bajo ningún concepto.

¿Por qué? Simple y llanamente porque no se fían del sistema, de su propio marco jurídico, político y económico. No confían en las normativas, leyes y reformas que ellos mismos diseñan y aprueban y -dicho sea de paso- imponen sin la legitimidad de los votos al resto de los chinos. Desconfían de ellos mismos y sus iguales porque, pese a las innegables reformas, China no es hoy ni está cerca de ser un Estado de derecho. Y en este contexto, la arbitrariedad impone sus reglas, y le quita el sueño incluso a los más poderosos. Por eso deciden poner sus dineros en lugares como Luxemburgo, Suiza o las Islas Vírgenes Británicas, territorios que Nicholas Shaxson (autor del brillante “Treasure Islands. Tax Havens and the Men Who Stole the World”) considera el mayor impedimento a la globalización y al desarrollo de los países pobres.

Prato: no es un incidente, es un crimen

Por: | 13 de diciembre de 2013

La muerte de siete inmigrantes chinos en el incendio de una fábrica textil en Toscana saca a relucir los riesgos de la ilegalidad y de la cultura del pelotazo dentro de la comunidad

 

2



Era la crónica de una tragedia anunciada. El pasado 1 de diciembre ardía en Prato, la capital mundial de la moda rápida ‘Made in Italy by Chinese’, la fábrica Teresa Moda, de propiedad china y erigida en el corazón industrial de esta ciudad toscana situada a una veintena de kilómetros de Florencia. Siete personas morían –todos trabajadores chinos- y otras dos resultaban gravemente heridas por las llamas, probablemente provocadas por un hornillo que servía de cocina improvisada.

La fortuna quiso que un niño de cuatro años que se encontraba en el taller en el momento del incendio lograra escapar con su familia. Y es que, en numerosas ocasiones, la vida en los 2.600 talleres textiles chinos en Prato –que cosen para todas las marcas principales mundiales- es una vida que transcurre íntegramente entre cuatro paredes. Las paredes de la fábrica.

La comunidad china de Prato, que oscila entre los 15.000 residentes legales y otro tanto de indocumentados, ha reproducido en esta ciudad de menos de 200.000 habitantes unas condiciones laborales que el presidente de la Toscana, Enrico Rossi, ha comparado recientemente a las que se vivían en los campos de concentración nazis. “Aquí [en Prato] los trabajadores viven y trabajan en un ambiente que recuerda al de Auschwitz”, ha dicho. Algunos autores como los académicos Antonella Ceccagno y Renzo Rastrello han documentado con rigor las terribles condiciones de vida y trabajo en los talleres de la moda rápida, donde los abusos al trabajador indocumentado son a la vez la norma y, sobre todo, el origen de la riqueza de los veteranos de la comunidad que sacan pecho en sus coches de lujo y hacen gala de su estatus en los restaurantes de referencia. Cuanto más se explota y se ahorra en el aparato productivo, más aumenta la capacidad de ganar cuota de mercado y, por tanto, las posibilidades de lucro.

 

Nevera


No se trata únicamente de que padres e hijos indocumentados trabajen, vivan y coman en el mismo espacio vital (la fábrica). O que las condiciones laborales y de higiene sean pésimas, como muestra la foto -tomada de un fotograma de este este vídeo de la Rai- en la que aparece un frigorífico dentro de una fábrica china en Prato que ha sido embadurnado con cola para que las moscas queden atrapadas con el objetivo de ahorrar tiempo en la limpieza.


El incendio de la fábrica Teresa Moda no es un incidente. Es un crimen. Un crimen que se ha cometido al calor de la inmigración ilegal, la explotación laboral, la evasión fiscal (hasta 1.400 millones de euros anuales, sólo en Prato, según las autoridades), el blanqueo de dinero y el contrabando. Un crimen que, como documentamos en el recién publicado El Imperio Invisible, se lleva a cabo de forma organizada, masiva, consciente y de forma transnacional por parte de algunos individuos y familias (repito: algunos, no todos) dentro de la comunidad.

Italia, España y Francia son los países que salen peor parados. Quizá porque, en el caso de los dos primeros, el PIB sumergido es en torno al 20 por ciento ello ha servido de terreno abonado para el delito económico masivo. Nuestras miserias, sin embargo, no justifican la lógica económica cortoplacista que impera en algunos sectores del colectivo chino.

China ante el deshielo irano-estadounidense

Por: | 03 de octubre de 2013

El acercamiento entre Teherán y Washington pondría en jaque el trato casi monopolístico del que disfrutan las petroleras estatales chinas en Irán.

 

Obama

La Casa Blanca ya tiene imagen para lo que puede ser una fecha histórica en la política exterior de Estados Unidos, la República Islámica de Irán y la región de Oriente Medio. Es la de un Barack Obama distendido, pero con la mirada firme, que conversaba el pasado 27 de septiembre con el nuevo presidente iraní, Hassan Rohani. Era la primera vez en décadas que estos dos países tenían un diálogo a este nivel.

Las reticencias de las partes siguen siendo enormes, como se desprende del hecho que ambos presidentes hayan atribuido al otro la iniciativa de la llamada de cortesía. Pero el gesto es de una indudable importancia y va en la línea de lo declarado hace unas semanas por el Guía Supremo, Alí Jamenei, quien invocó a la “flexibilidad histórica” de los iraníes para resolver de una vez por todas la problemática sobre el programa nuclear de Teherán.

 

Hassan

 

Al carácter reformista de Rohani, que en el pasado ya tuvo un importante rol en negociaciones con Occidente, se suma la urgente necesidad de Teherán de mover ficha para salvar su economía. La última ronda de sanciones occidentales, en especial la relativa a la exclusión de la República Islámica del sistema internacional bancario (Swift), ha supuesto un gran varapalo para miles de pequeños y medianos empresarios iraníes, que ven cómo los costes de sus negocios aumentan disparatadamente ante la necesidad de crear canales informales para abonar los pedidos a las fábricas extranjeras que están dispuestas a trabajar con la República Islámica. A ello se suma la caída del 50 por ciento de las ventas extranjeras de petróleo que, recordemos, suponen el 80 por ciento de los ingresos del Gobierno de los ayatolás.

Sea o no sea el Gorvachov iraní, Rohani parece tener el apoyo de Jamenei en su nueva política exterior. Sólo si esto sucede se podrá lograr un giro en la actitud iraní respecto a su controvertido (aunque no exclusivo, como demuestran los casos de Pakistán, India y –no lo olvidemos- Israel) programa nuclear y, en última instancia, se podría lograr una relajación de las sanciones y un eventual reconocimiento diplomático con Estados Unidos.

El camino parece largo, pero no hay que olvidar el caso de Birmania, que en apenas dos años ha logrado el levantamiento de la casi totalidad de las sanciones occidentales, el reconocimiento completo de Washington, la liberación de cientos de presos políticos y la llegada de nuevos jugadores extranjeros a su economía. Todo ello en detrimento de Pekín, que pese a mantener una indudable influencia en proyectos de gran calado como el recién inaugurado oleoducto o el comercio del jade y la madera no tiene ya exclusividad.

 

Irantrade_sm

Es precisamente esa exclusividad lo que ha convertido a China en el primer socio comercial de Irán desde 2010, así como en el principal (y casi único) inversor foráneo en el sector del gas y el petróleo de Irán, con un monto que supera los 40.000 millones de dólares acumulados. ¿Por qué? Nos lo resumió en Teherán en 2010 un alto cargo de una empresa occidental: “Ante las sanciones estadounidenses, los chinos llegaron y se encontraron la cancha vacía”.

Una situación de dependencia que no gusta a muchos en Irán, que ven cómo sus recursos naturales son intercambiados por unos productos chinos cuya calidad ponen en duda. “No tenemos como Irak un programa de petróleo a cambio de alimentos. Nosotros tenemos uno de petróleo a cambio de porquerías”, resumía hace unos días un analista iraní. En consecuencia, el acercamiento de Irán con Occidente podría suponer que petroleras como ENI, Repsol, Total o las propias estadounidenses vuelvan a jugar un papel activo en las licitaciones y la inversión. Un escenario nada prometedor para las petroleras chinas, que se han beneficiado de la escasa competencia para copar partes del mercado, pese a que tienen una tecnología inferior a la occidental.

Sobre los autores

Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal son periodistas españoles en China desde 2007 y 2003, respectivamente. Juntos han escrito el libro "La silenciosa conquista china" (disponible ya en español, mientras se traduce a cinco idiomas), una investigación de dos años por 25 países en el mundo en desarrollo para comprender la expansión del gigante asiático y sus consecuencias. Ahora le siguen los pasos también a la irrupción de China en Occidente.

Archivo

marzo 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31            

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal