Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal

El chino como objeto de deseo

Por: | 03 de febrero de 2012

El secuestro esta semana de medio centenar de trabajadores chinos en África ha puesto en alerta a Pekín. En dos incidentes de distinta gravedad en Egipto y Sudán, ingenieros, operarios y peones chinos han sido raptados por rebeldes para ser utilizados como moneda de cambio para sus reivindicaciones políticas.

 

Sudan trabajadores obra 

                                                        Obreros en Jartum, capital de Sudán del Norte - Foto de Luís de las Alas

 

El menos grave se produjo en el inflamado Egipto, donde la violencia no sólo se extiende por los campos de fútbol, sino también en la Península del Sinaí y El Cairo. Veinticinco trabajadores chinos de una fábrica de cemento fueron retenidos el martes durante más de 15 horas por beduinos armados que reclaman a la autoridad egipcia la liberación de varios de los suyos. El incidente fue solventado rápidamente y sin incidentes, pero refleja el empeoramiento de la seguridad para los chinos en el Egipto revolucionario. “En este marco general de inseguridad, los chinos nos llevamos la peor parte. Gente que lleva viviendo años en El Cairo [como las trabajadoreas de la foto] y jamás había sido atracada, ha sufrido varios ataques en apenas unos meses”, me explicaba un amigo chino residente en la ciudad.

 

Egipto                           Comerciantes chinas que venden sus productos por las calles de El Cairo - Luis de las Alas

 

El segundo caso se produjo el pasado fin de semana (28 de enero) y está aún sin resolver. Un grupo rebelde fiel al Gobierno de Sudán del Sur (el MPLS-N, para más señas) atacó un campamento de la empresa constructora estatal china Sinohydro en Korofán del Sur y trató de secuestrar a 47 trabajadores chinos, aunque sólo logró retener a 29. Los estrechos lazos de China con la dictadura de Sudán del Norte, que controla militarmente esta región rica en petróleo pero muy insegura, y el envío de una delegación por parte de Pekín no han servido por el momento para que los obreros que construían una carretera en la región fueran liberados.

Desgraciadamente, parece que el secuestro de los peones chinos –cuyo trabajo en el África más peligrosa y asilada es simplemente heroico- está siendo utilizado para reprender a Pekín por su disposición a financiar y construir una carretera de 63 millones de dólares cuyo objetivo sería permitir el transporte de las tropas norteñas de Omar al Bashir a la región.

Lo preocupante de la situación para Pekín es que el país tiene 5.5 millones de obreros desplegados por todo el planeta, buena parte de ellos en lugares peligrosos como Angola, República Democrática del Congo o el propio Sudán, donde construyen de todo, desde oleoductos a presas o refinerías. Pero este tipo de incidentes no parece ser exclusivo de los países más conflictivos de África. También en Mozambique, un país relativamente estable, los comerciantes chinos como los de la fotografía son víctima de los ataques, según nos explicaron en nuestro viaje al país hace algo más de un año.

 

Mozambique                                                 Propietarios chinos de un colmado en Maputo, Mozambique - Luis de las Alas

Incluso en Venezuela, país al que China ha prestado más de 32.000 millones de dólares, la violencia y el crimen organizado se ha cebado con la próspera comunidad china. En un marco de inseguridad total y absoluta en el que los crímenes se han multiplicado por cuatro en el país tras la llegada de Chávez en 1998 (123.091 homicidios en 12 años, el 81 % impunes, récord histórico de violencia en 2011), los chinos residentes en el país están siendo uno de los objetivos predilectos del hampa. Son el nuevo objeto de deseo: ricos, débiles y de un valor geopolítico suficiente como para obtener contrapartidas de los gobiernos locales.

¡Y Estados Unidos qué!

Por: | 23 de enero de 2012

Los zarpazos de la crisis actual, que han puesto al descubierto las debilidades, excesos y falta de respuestas del sistema occidental además de las carencias de su clase política, coincide con el renacer de China como potencia mundial. Ello dispensa una munición preciosa a quienes ensalzan las bondades del sistema chino, al conjugar los logros del llamado ‘milagro chino’ con la supuesta decadencia occidental para presentarlos como prueba del algodón de la infalibilidad y eficacia del modelo chino.

Quizá habría que empezar diciendo que sólo hay ‘milagro’ porque en la ecuación no se incluyen los efectos secundarios. Las deslumbrantes estadísticas, de hecho, no incluyen a los cientos de millones de chinos que no salen nunca en la foto; ni capturan tantas variables no cuantificables económicamente que también contribuyen de forma decisiva al bienestar. Ello sin mencionar otros factores como la explotación laboral o la represión financiera que sufren los ahorradores chinos, cuestión ésta a la que nos referiremos próximamente desde este mismo blog.

Milagro Crema de 'milagro chino', ideal para la piel.

Por tanto, que el modelo chino sea –por su naturaleza- indiscutiblemente efectivo, no implica que sea necesariamente mejor. De ahí que, ahora que China está desplegando por todo el planeta los tentáculos de sus -legítimos- intereses, se hace imprescindible saber qué y quién hay detrás de semejante expansión. Hay poderosas razones para ello: la opacidad que rodea al régimen chino, la apariencia de normalidad de éste ahora que emerge como tabla de salvación de nuestros desaguisados y la ausencia en el sistema chino de los contrapesos que son habituales en las democracias.

Es por ello que, ahora, en una época en la que los gobiernos de medio mundo rinden inusitada pleitesía a sus homólogos mandarines, la prensa y las ONG quedan como último recurso para afearle la conducta a China cuando ésta sea responsable -o cómplice- de los excesos y abusos. Lo vimos en muchos países durante nuestra investigación: desde el saqueo de recursos y sus nefastas consecuencias en el estado de Kachín, al norte de Birmania, a la pasividad del gobierno peruano para frenar los excesos en el proyecto minero chino en San Juan de Marcona.

Peru pintadas ok
Pintada en una calle de San Juan de Marcona, Perú. (Marco Garro).

En Kachín y en Marcona nadie ampara a las víctimas, que sufren en silencio. En Birmania, denunciar los tejemanejes de los militares birmanos con los empresarios chinos conlleva la cárcel. En Perú, en medio del vital oxígeno económico que brinda China en estos tiempos de crisis, nadie osa poner coto a los desmanes laborales y medioambientales de la minera estatal china Shougang. Y ya que en China es del todo improbable que un medio de comunicación o una ONG denuncie la actuación impropia de sus empresas estatales, la fiscalización de la expansión internacional del gigante es ahora más necesaria que nunca.

Y no porque las empresas chinas sean necesariamente peores que las occidentales, sino porque el sistema chino carece de los contrapesos (imperio de la ley, sociedad civil, pluralidad política, prensa libre, instituciones fuertes, participación, separación de poderes) que sí tiene el occidental; contrapesos que, ciertamente, marcan la diferencia en el sentido de que hacen que la irresponsabilidad de las empresas occidentales esté mucho más vigilada.

En este contexto, no deja de sorprenderme la ferocidad de las críticas y descalificaciones personales que suelen -solemos- recibir quienes osen censurar o denunciar los excesos y abusos que China comete dentro y fuera de sus fronteras. Muchas de estas críticas usan la coartada de la comparación histórica en la colonización para relativizar los atropellos que China hace hoy, medio siglo después, en el mundo en desarrollo. La pregunta es obligada: ¿acaso el negro historial de Occidente en África y otros lugares concede a los chinos derecho para hacer lo mismo? ¿Les legitima lo más mínimo?

Otras críticas defienden a ultranza a la dictadura china directamente desde la trinchera del antiamericanismo. Arrinconados por la evidencia de los hechos, asestan un último embate casi a la desesperada, apoderándose en el fragor de la batalla del estilete que guardan escondido en el calcetín: ¡¿Y Estados Unidos qué?!, exclaman de forma recurrente.

Ante lo cual, qué quieren que les diga. Juzgar y, en su caso, criticar a China, realmente, no tiene nada que ver con Estados Unidos. Tiene que ver -únicamente- con cómo ve uno el mundo y la vida.

Prohibido criticar a China

Por: | 10 de enero de 2012

A finales del año pasado la organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW) publicó un informe en el que denunciaba los abusos laborales de las compañías mineras chinas en Zambia. El país africano cobija, con la vecina República Democrática del Congo, una de las mayores reservas de cobre y cobalto del mundo en el llamado cinturón del cobre del continente africano. Por tanto, por su imperiosa necesidad de hacer acopio de materias primas, China es el principal inversor en el sector minero de la región.

El informe de HRW denuncia el incumplimiento sistemático de la legislación laboral por parte de las compañías mineras chinas: desde jornadas interminables con salarios míseros a la ausencia de unas mínimas condiciones de seguridad, desde un trato denigrante a los trabajadores a una actitud corporativa abiertamente hostil contra los sindicatos. Las conclusiones de HRW coinciden, mayormente, con lo que nosotros vimos -meses antes- en ese mismo país durante nuestra investigación allí, la cual también abordaba las condiciones laborales en las minas chinas.

Zambia riots
Disturbios en las minas chinas en Zambia.

Y claro, en cuanto el informe vio la luz, ardió Troya. Dos académicos de Hong Kong de reconocida trayectoria en el seguimiento de las relaciones entre China y África, desautorizaron por escrito y públicamente el informe y acusaron a HRW y al autor de la investigación de faltar a la verdad: por su inadecuada metodología, por seguir la corriente mediática dominante (occidental, se entiende), por llegar a conclusiones tendenciosas y por tratar a China con distinto rasero, entre otras. Insinuaron incluso que el informe tiene tintes racistas.

O sea, que una organización seria y de prestigio, la cual me consta que tiene un estricto sistema de filtros y aprobaciones antes de que uno de sus informes vea la luz, y el trabajo de un investigador que viajó tres veces a Zambia, invirtió un año y entrevistó a 170 personas, lo tiran abajo dos teóricos sentados en su poltrona universitaria con argumentos más que discutibles. Suele ser habitual un lenguaje vitriólico -cuando no ofensivo- entre los que defienden a China a capa y espada, pero con ello no logran necesariamente argumentar mejor.

Durante nuestra presencia en Zambia comprobamos que, pese a que el coloso asiático es el principal inversor, crea puestos de trabajo y construye infraestructuras, no terminan de ser aceptados por las comunidades locales. ¿Raro no? Pero claro, hay una explicación: las condiciones laborales de sus empresas allí son claramente “las peores”, como nos dijeron a nosotros los afectados y tal cual reza el informe de HRW. Hay huelgas salvajes, violencia y accidentes con frecuencia, e incluso ha habido tiroteos, heridos y muertos. O lo que es lo mismo: la conflictividad es muy superior a la de su competencia zambiana, india o canadiense.

ZambiaMining shooting 2010
Huelga salvaje. Uno de los 11 mineros zambianos heridos por los disparos con arma de fuego de los patronos chinos en una mina china en Zambia, octubre de 2010.

Llama asimismo la atención que el nuevo presidente, Michael Sata, ganara las elecciones el pasado otoño con un discurso antichino y que, precisamente, su granero de votos estuviera en ese cinturón del cobre donde se encuentra buena parte de la inversión china en el país africano. El informe Chinese Investments in Africa: A Labour Perspective, realizado por sindicatos en 10 países africanos, incluido Zambia, llegó también a conclusiones arrolladoras: “tendencias que son comunes en los negocios chinos en África incluyen unas tensas relaciones laborales, actitudes hostiles hacia los sindicatos, violaciones varias de los derechos de los trabajadores, unas pobres condiciones de trabajo y casos de discriminación y de prácticas laborales injustas”. ¿Ecos de un colonialismo con características chinas?

Lo hemos visto en otros lugares: en Perú, en Birmania, en la República Democrática del Congo, en Mozambique... Conflictos laborales a largo plazo, la forma despótica en que las empresas estatales chinas administran su posición de fuerza y un desprecio habitual por los individuos: todo ello explica que nada erosione más la imagen de China en el exterior que sus formas y lógica laborales. Si hay imperio de la ley, sociedad civil e instituciones fuertes, China respeta la legalidad; si no hay todos esos contrapesos, como ocurre en tantos países del mundo en desarrollo, ocurre exactamente lo que se denuncia en el informe de HRW.

Finalmente, al aproximarnos a cómo China aborda la cuestión laboral a nivel doméstico, quizá sea conveniente saber que Pekín no fijó un salario mínimo hasta el año 2004. También vemos que mientras la curva del PIB de los 30 últimos años ha crecido exponencialmente, la curva de salarios se ha mantenido prácticamente plana, con la excepción de varias subidas desde 2008 para aliviar las tensiones sociales que provocan las desigualdades. ¿La brecha entre una curva y la otra no es lo que los economistas llaman “explotación laboral”? Aunque, realmente, no hace falta ponerse tan teórico: no hay más que ver cómo son hoy las condiciones en la fábrica del mundo para entender la sensibilidad laboral del régimen chino.

Por tanto, los profesores de Hong Kong, y tantos otros a los que les salta el automático cuando leen una crítica contra China, pueden ver la cuestión desde distintos ángulos y con todos los matices que quieran, minimizando o incluso ignorando lo obvio. También pueden decir, si quieren, que China es una democracia de referencia y que las condiciones laborales que las mineras estatales chinas ofrecen en sus proyectos en Zambia son un ejemplo para todos. Pero para un periodista digno de tal nombre, más si ha comprobado sobre el terreno y con sus propios ojos lo que acontece, no puede conformarse con poner la linterna debajo del foco. Su obligación es alumbrar los rincones oscuros.

Lágrimas chinas por el “Querido Líder” Kim Jong-il

Por: | 19 de diciembre de 2011

 

 

 

 

Ha muerto Kim Jong-il, líder de Corea del Norte, y su muerte se llora en Pyongyang y también en China, amo de llaves de la relación entre la dictadura comunista hereditaria y el resto del mundo.

“Estamos chocados al saber que el líder de Corea del Norte, el camarada Kim Jong-il, falleció, y expresamos nuestras profundas condolencias por su desaparición”. Esas han sido las palabras de China tras la muerte del dictador norcoreano, que los últimos meses se había convertido en un visitante asiduo, con al menos cuatro visitas en tan sólo 18 meses. A Rusia, el otro país fronterizo “amigo”, sólo fue una vez –en agosto- en la última década.

El ministerio de Relaciones Exteriores chino ha calificado a Kim, el “Querido Líder”, de gran estadista  para su nación, pese a que la hambruna de finales de la década de 1990 mató a una cifra cercana al millón de personas (en un país que apenas tiene 24 millones de habitantes) y que ha enfrentado al país con todo el planeta por su programa nuclear.

Hoy comprendemos qué razones motivaban las inusuales frecuentes visitas del deteriorado Kim a China a bordo de su tren de lujo. Su objetivo era dejarlo todo atado para que su hijo, Kim Jong-un, se hiciera –con apenas 28 años- con las riendas de una nación que dispone de la bomba atómica y que apenas tiene relaciones con el mundo.

China ha sido el gran aliado de Corea del Norte desde la Guerra de Corea (1950-1953), cuando el Gran Timonel Mao Zedong envió tropas para luchar contra las potencias capitalistas. Pekín ha brindado apoyo económico (es su principal socio comercial, con 3.400 millones de dólares de comercio en 2010, el 52.6 por ciento del total del comercio del país con el mundo) y diplomático a un régimen que ha instrumentalizado el uso de la bomba atómica para obtener concesiones de Estados Unidos y sus socios asiáticos.

No es sólo que Pekín se haya negado a dar la espalda a Pyongyang tras los ensayos atómicos de 2006 y 2009, lo que habría arrinconado al régimen, es que también ha permitido que por su territorio transite arsenal nuclear norcoreano con destino a Irán y Birmania. China ha tratado de erigirse en actor pacificador, organizando desde 2003 unas negociaciones multilaterales para poner fin a la expansión militar nuclear de Corea del Norte. Pero esa estrategia ha fracasado una y otra vez. Hoy mismo, Pyongyang ha efectuado un nuevo disparo de misil de corto alcance. Y desde abril de 2009, Pyongyang no quiere ni sentarse a dialogar.

 

Caricatura

¿Qué persigue, pues, China en su relación Corea del Norte? ¿Será el acceso a las reservas de carbón que albergaría el país del Querido Líder? ¿Será el privilegio de sus inversores, que tienen acceso a las zonas económicas especiales al norte del país, donde construyen carreteras y producen mercancías por sueldos de un dólar al día?

Para tratar de que algún chino respondiera a estas preguntas he intentado hablar hoy con un experto chino en la materia. “Lo siento, hoy no puedo hablar. Tenemos órdenes del ministerio de Propaganda de no hacer declaraciones”, ha dicho a mi secretaria este analista, que pertenece a una institución muy cercana al Gobierno chino. En la enorme Embajada de Corea del Norte en Pekín, donde ondeaba la bandera a media asta, la policía había restringido el tráfico en las calles colindantes.

La incógnita quizá tenga que ver con dos axiomas: la Coca-Cola y los refugiados. A Pekín no le conviene una revolución al estilo árabe que derroque el régimen y provoque un aluvión de exiliados en su frontera norte (además de dar ideas a su propia población). Una kilométrica valla de cuatro metros de alto construida, casualmente, desde el pasado abril en la frontera chino-coreana parece ser un buen indicador.

¿Y la Coca-Cola? China no querría de ninguna forma que Corea del Norte, país sobre el que siente que posee un gran ascendente, se abra súbitamente al mundo y avance hacia una reunificación con Corea del Sur que sitúe a la península en la órbita de Estados Unidos. ¿Qué amigos le quedarían a China en sus fronteras, ahora que Birmania parece haber dejado la senda de la dictadura? ¿Dónde podría profesar entonces las bondades del socialismo con características chinas?

El nuevo líder es joven, habla inglés y francés y ha tenido acceso a las bondades del mundo capitalista, tras estudiar en Berna. Le gusta la NBA y es supuestamente fan de Michael Jordan. Todo ello no garantiza nada (a su padre le pirraba el MacDonald’s), pero su perfil indica que será más difícil convencerle de que es mejor mantener un estatus de Estado paria. Quizá por ello Coca-Cola decidiera hace unos meses probar suerte para derribar una de las últimas fronteras que le quedan en su negocio.

 

Liu Xiaobo no, Aung Suu Kyi sí

Por: | 15 de diciembre de 2011

Birmania ejemplifica actualmente -quizá mejor que cualquier otro país- la pugna entre Estados Unidos y China por erigirse como potencia de la región Asia-Pacífico. Una situación que nadie habría imaginado hace tan sólo un año, cuando en noviembre de 2010 la Junta Militar birmana ponía fin a la detención residencial que ha marcado los últimos 20 años de vida de la opositora, Premio Nobel de la Paz 1991 y figura emblemática, Aung San Suu Kyi.

Muchas cosas han sucedido desde entonces: elecciones que han dado paso a un gobierno civil (pero dominado por la vieja guardia militar), liberación de presos políticos y la suspensión de uno de los proyectos más ambiciosos de China en el país (la controvertida presa de Myitsone, que amenazaba con crear un daño medioambiental y social de gran magnitud para los birmanos).

Estos gestos se han interpretado en algunos sectores como una apertura, lo que ha suscitado el interés de Estados Unidos. Rápidos, los estadounidenses enviaron a principios de mes a Hillary Clinton para pulsar el interés del régimen por progresar hacia la democracia. Era la primera vez que un secretario de Estado norteamericano pisaba el país en más de medio siglo.

 

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Clinton y Aung San Suu Kyi en la reciente visita de la secretaria de Estado - AP Photo/Saul Loeb


Todo ello ha puesto muy nervioso a China, un gigante que –en medio del embargo occidental contra Birmania- hizo de escudero de la Junta Militar a cambio de grandes privilegios en el acceso a las fuentes de recursos: jade, madera, oro, petróleo y gas. De esta forma ha logrado convertirse en el primer inversor extranjero en el país, con unos 14.000 millones de dólares en 2010.

Pekín teme ahora que Washington esté maniobrando para que el mayor aliado que tiene en la región caiga en la esfera de influencia occidental. Sobre todo en momentos en que el conflicto del Mar de la China Meridional ha enfrentado a Pekín con buena parte de sus vecinos.

 

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El presidente birmano, Thein Sein, y su homólogo chino, Hu Jintao

 

Lo que nadie imaginaba es que China, en un claro giro de su política de “no interferencia en los asuntos internos”, iba a reaccionar reuniéndose con la que ha sido la “bestia negra” del régimen militar birmano durante años. “Aung San Suu Kyi manifestó varias veces su deseo de contactar con la parte china, y el embajador de China en Birmania respondió a su petición reuniéndose con ella y escuchando lo que tenía que decir”, ha revelado este jueves el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino, Liu Weimin.

Toda una sorpresa que Pekín haya establecido contacto –y lo haya hecho público- con una de las figuras asiáticas más importantes en la lucha por la democracia y los derechos humanos. El objetivo es, sin duda, estrechar lazos con la candidata más sólida en unas eventuales elecciones libres y multipartidistas, ante la posibilidad de que un cambio de régimen eche por tierra los intereses estratégicos de China en el país (como analizábamos en un post anterior, pero en el caso africano).

Nada nuevo bajo el sol, pura realpolitik, se dirán ustedes. Pero quizá haya que ir un poco más allá. ¿Qué se habrá dicho para sí mismo el embajador Li Junhua cuando Suu Kyi le hablaba de su lucha por las libertades civiles o le describía en primera persona las penurias infligidas por los militares a los opositores? ¿Qué habrán entendido en el Ministerio de Relaciones Exteriores chinos al recibir el verbatim del encuentro? Seguro que algún funcionario avispado se habrá dicho para sus adentros que el mejor situado para interpretar -y explicar a sus señorías- la importancia de ese combate por la igualdad y la justicia cumple actualmente 11 años de condena por expresar ideas similares a las de Suu Kyi. Se llama Liu Xiaobo y fue Premio Nobel de la Paz 2010 por lo mismo por lo que se lo dieron a la Dama birmana: “lucha no violenta por los derechos humanos fundamentales”.

Sobre los autores

Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal son periodistas españoles en China desde 2007 y 2003, respectivamente. Juntos han escrito el libro "La silenciosa conquista china" (disponible ya en español, mientras se traduce a cinco idiomas), una investigación de dos años por 25 países en el mundo en desarrollo para comprender la expansión del gigante asiático y sus consecuencias. Ahora le siguen los pasos también a la irrupción de China en Occidente.

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