Consumimos presente (3)

Por: | 17 de abril de 2012

El consumo es una celebración del presente. Sí. El consumo empieza y acaba en el ahora. Abre fácil y Plug & Play. Todo es instantáneo, sí, pero no sólo eso. En el mercado todo es inmediato, incluso el mismo mercado. Por eso consumimos, además, en Centros Comerciales, abiertos y cerrados, espacios en los que el tiempo ha sido desterrado y el presente es continuo. En los que el principal objeto de consumo es el propio cuerpo: cientos de lineales repletos, saturados con miles de productos diseñados para mantenernos más sanos, más tersos, más… jovenes. Más hoy. 

El presente se ha adueñado del mercado. Y el mercado se ha adueñado del presente. El presente se ha constituido en mercancía y está a la venta. Sí, porque al consumir, compramos presente. Vivimos una temporalidad enajenada, abiológica, que nos separa de nuestra propia historia personal y rellenamos esa ausencia mediante la adquisión constante de múltiples identidades. Hoy uno puede consumir ser tantas cosas como subjetividades puede consumir. 

El presente es, en definitiva, la promesa sobre la que se construye y que expresa la ideologia que hoy rige el mundo y su economía.

¿Ahora bien, cómo llegó a serlo? 

Un poco de historia del ideario neoliberal.

Hará un par de entradas, en este mismo blog, Felipe Romero utilizaba la expresión la “magia del capitalismo” para referirse a ese momento en el que el mercado pasa de regular el trabajo para regular el consumo. Un acto de prestidigitazión que comenzó, a mediados de los años 60, con la publicación de Human Capital: A Theoretical and Empirical Analysis. Ahí, Gary Becker, uno de los autores más interesantes, por radical, de la Escuela de Chicago y que luego sería premio Nobel de Economía, incorpora el trabajo –que, para Becker, es un medio de producción más en el que se puede invertir mediante la educación, preparación o mejoras sanitarias, entre otras, con la esperanza de un aumento en el rendimiento – como parte constitutiva fundamental del análisis económico, superando así la tradicional crítica a la la llamada economía clásica que, supuestamente, centraba su análisis en el estudio de los bienes y los procesos productivos. Tanto éxito tuvo que hoy se considera que el trabajo, el Capital Humano, es un ingrediente básico de toda política económica.

Así, como explica Foucault en su magnífico El nacimiento de la biopolítica, la economía “ya no es el análisis de la lógica histórica de los procesos (productivos); la economía es el análisis de la racionalidad interna, la programación estratégica de la actividad del individuo”. El individuo deja de ser un objeto para convertirse en “sujeto económico activo”, de manera que el trabajador se convierte en un “empresario de sí mismo, siendo él mismo su propio capital, siendo él mismo su propio productor y siendo él mismo la fuente de sus ingresos”.

Y es, en este escenario en el que los trabajadores se han convertido en agentes económicos autónomos, donde Becker introduce su teoría del consumo: el consumo no es sólo un proceso de intercambio de bienes o servicios en el que el consumidor es una de las partes, sino que el consumidor es un productor que produce su propia satisfacción. El consumo, como apunta Foucault, se convierte en una “actividad empresarial mediante la cual el individuo producirá, precisamente sobre la base del capital que tiene a su disposición, su propia satisfacción”.  

O, dicho con otras palabras, el mercado deja de ser el lugar del intercambio para convertirse en el lugar de la competencia, donde todo tipo de agentes económicos, y aquí entran desde las corporaciones hasta el trabajador, compiten por la consecución de las correspondientes plusvalías: un incremento del capital invertido para unos, la satisfacción para otros.

El consumo, por tanto, se convierte en la meta de ese otro proceso de producción que es el trabajo. El consumo, es, por tanto, el fin último del trabajo. No, si ya lo decían nuestros padres: “Nada como irse a casa con la satisfacción del trabajo bien hecho”.

Hasta aquí la literatura neoliberal. Del significado, influencia y consecuencias de este desplazamiento del mercado que nos convierte a todos en agentes económicos autónomos, que son muchas y muy distintas, habrá otra entrada más adelante. Su análisis haría interminable esta.

Sea o no sea cierta esta interpretación de la evolución del capitalismo, y quizá lo sea, vista la reacción eufórica de los trabajadores autónomos que, por fin, cuentan con una retórica que los apoya en la soledad de sus inquietudes emprendedoras –quienes, por otra parte, tienden a confundir autonomía con libertad, cuando no tienen mucho que ver–, lo que aquí importa es que esa satisfacción inherente al consumo no puede realizarse si no es el presente. Porque la satisfacción no puede ser postergada. Uno puede estar más o menos satisfecho de su pasado pero uno nunca puede estar satisfecho de su futuro. Por muy seguro que esté de su presente.

Hay 10 Comentarios

sdfde comunicacion que no disponen de una independencia total, ni de una veracidad total en temas relacionados con ideologia conservadora.

Eloy, no, no lo he leído. Pero ya me lo estoy descargando. He leído otras suyas, y de todas Respeto es la que más recuerdo. Pero yo soy mal lector de sociología. Me pasa, y esto, sin duda, es falta mía, que encuentro los sociologos, por lo general, son hábiles en la descripción de los síntomas, pero ineficaces en el diagnóstico.

Ayer hablaba con Almudena que hay autores que son síntoma y otros que son enfermedad. Estos últimos son los buenos, y pocas veces son sociologos.

Sigo con tu comentario. El capitalismo se está devorando a sí mismo, y con él a nosotros y, lo que es peor, al planeta del que vivimo, La cosa, estoy seguro, acabará con una guerra total entre los que consumen y los que no lo hacemos. Porque el dueño de un Audi A7, o como se llama, empieza a lesionar nuestra posibilidad de supervivencia. Y si no, al tiempo. Vayamos afilando los cuchillos.

Eloy, no, no lo he leído. Pero ya me lo estoy descargando. He leído otras suyas, y de todas Respeto es la que más recuerdo. Pero yo soy mal lector de sociología. Me pasa, y esto, sin duda, es falta mía, que encuentro los sociologos, por lo general, son hábiles en la descripción de los síntomas, pero ineficaces en el diagnóstico.

Ayer hablaba con Almudena que hay autores que son síntoma y otros que son enfermedad. Estos últimos son los buenos, y pocas veces son sociologos.

Sigo con tu comentario. El capitalismo se está devorando a sí mismo, y con él a nosotros y, lo que es peor, al planeta del que vivimo, La cosa, estoy seguro, acabará con una guerra total entre los que consumen y los que no lo hacemos. Porque el dueño de un Audi A7, o como se llama, empieza a lesionar nuestra posibilidad de supervivencia. Y si no, al tiempo. Vayamos afilando los cuchillos.

Luis, supongo que has leído "la corrosión del carácter" de Richard Sennet. Si no, te apunto que es un buen análisis de los efectos que ha tenido el paso de la construcción de la subjetividad desde la esfera del trabajo y las relaciones laborales a la esfera del consumo y las relaciones derivadas del ocio.

Por lo demás, sacarme el sombrero ante el post y hacer el pequeño apunte de costumbre: si el capitalismo es histérico por definición, el consumo es el punto álgido de tal histerismo, nunca es posible estar satisfecho, ya que cada demanda de bienes saciada sólo estimula el apetito por un más allá que es inalcanzable, de ahí que no vea muy clara la afirmación de que sólo se puede alcanzar satisfacción en el presente. Mi sensación es que el presente es una fuente de angustia inacabable, la que se deriva de las satisfacciones parciales asociadas al consumo que exigen un más difícil todavía. Me temo que ni devorando el planeta entero podríamos satisfacer nuestra necesidad de placer ligada al consumo de bienes materiales. O nos hacemos un exorcismo colectivo que expulse el espectro capitalista de nuestros organismos o estamos perdidos!!!

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Tambien, y lo anoto aquí para que no se me olvide, que repase las consecuencias de ese desplazamiento en el mercado: la construcción de la subjetividad mediante el consumo, la infravaloración del trabajo, educación y corporaciones con derechos.

Exacto, Felipe. Eso me da, además, una pista: quizá estaría bien escribir un post comparativo entre la idea de emancipación marxista y la autonomía neoliberal. Porqué la emancipación es la construcción de un proyecto de futuro a partir de una subjetividad ya presente, mientras que el neoliberal es la construcción de una subjetividad presente anclada en el hoy.

Exacto, Felipe. Eso me da, además, una pista: quizá estaría bien escribir un post comparativo entre la idea de emancipación marxista y la autonomía neoliberal. Porqué la emancipación es la construcción de un proyecto de futuro a partir de una subjetividad ya presente, mientras que el neoliberal es la construcción de una subjetividad presente anclada en el hoy.

Lo que hace Becker es el ejercicio inverso a Marx. El tío Carlos incide en que el "capital humano" (el factor trabajo) es diferente al resto de factores productivos por ser el único con subjetividad (y creatividad). Por tanto, entre otras muchas cosas, no es domesticable. Lo que hace Becker y su ideología es tratar de configurar subjetividades (ya que aún no pueden eliminarlas) que se vean a sí mismas iguales a los otros factores productivos: conviertete a tí mismo en capital.

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Consumidos

Sobre el blog

El consumo configura nuestro estar en el mundo. Cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con el planeta. Analizar nuestra relación con marcas y productos nos ayuda a comprender qué lugar ocupamos en la sociedad de consumo. Y, sobre todo, nos ayuda a no caer anestesiados cuando comience la revolución.

Sobre los autores

Somos un grupo de personas que creemos que el modelo capitalista actual es insostenible, que el consumo es uno de los síntomas de lo que está pasando y que es una de las palancas de cambio.

Alberto Knapp Bjerén, fundador de una consultora de internet, inversor en startups, enemigo del crédito.

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