El mercado de carne

Por: | 02 de abril de 2012

Para conseguir un consumidor insaciable, la sociedad de consumo también debe serlo. Para que todo sea consumible ella misma debe aprehenderlo todo. Materias primas, bienes y servicios, finanzas, espacios públicos y privados, ocio, bienestar, todo, incluso emociones como el miedo, todo es objeto de consumo. Todo está integrado en ese espacio de intercambio que es el mercado. Todo es objeto de transacción. Y, si todavía no lo es, enseguida es absorbido. Al mercado le molestan las zonas fronterizas, la porosidad: no hay zonas excluídas del mercado: hay mercados por conquistar.

Pero no todo se conquista con la misma facilidad ni todas las conquista acaban en una victoria absoluta. Si la conquista para el mercado de nuestras ciudades hasta convertirlas en un gran Centro Comercial Abierto global no fue ni rápida ni sencilla, hay un espacio en el que las dificultades aún son mayores. Es un territorio poroso donde las fronteras entre mercado y exclusión aún permanecen difusas. Un espacio orgánico donde se lleva a cabo una encarnizada guerra de conquista: nuestro propio cuerpo. Si la conquista de los centros históricos de nuestras ciudades ha supuesto, y todavía supone, un sinmúmero de violencias, arquitectónicas, urbanísticas e, incluso, temporales, la guerra por el cuerpo no se queda atrás, todo lo contrario: basta comprobar la ingente cantidad de frentes abiertos existentes (cosificación, patriarcado, sexualidad, sexismo, alimentación, trastornos, inseguridad, autoestima, superficialidad, estandarización,…) para constatar que la lucha no está siendo fácil. Ni definitiva. O, visto desde otra perspectiva, basta comprobar el número de frentes abiertos para constatar la importancia que para el mercado tiene el cuerpo.

Directorio

Como demostración, se puede tirar de estadística y comprobar el porcentaje de productos destinados a la gestión del cuerpo en relación al total del comercio mundial. O se puede hacer a una visita a una de esas fortalezas del mercado. Más fácil. Más cerca. Las hay por todas partes. Y, una vez dentro, echar mano de esas instrucciones de uso que es la señalética comercial. Una ojeada al directorio de secciones deja claro que alrededor del 80% de la superficie comercial está destinada al cuerpo y sus cuidados. Del otro 20%, buena parte está dedicada esas dos extensiones de cuerpo que son el coche y las mascotas. Lo restante es una miscelánea heterogénea sin demasiado interés. La fortaleza del consumo es el espacio vaciado donde se consuma la relación entre cuerpo y mercado. Un no-espacio dedicado, casi en exclusiva, al cuerpo: es el objeto único de las transacciones mercantiles.

Una vez conquistado el espacio que vivimos, la siguiente frontera es la conquista del espacio que somos.

 ¿Por qué?

Ésta es fácil.

Porque gobernado el cuerpo se aspira a gobernar la subjetividad.

Todas las religiones han aspirado a ello (gestión de la vida sexual, control temporal con estrictos horarios de rezo, prohibición de comer determinados alimentos, ayuno…); el psicoanálisis aspiró a ello (gestión de la vida sexual, política afectiva, emocionalidad…); y, más reciente, la biopolítica aspira a ello (política afectiva, presión lingüística, relaciones comunitarias…). ¿Cómo iba a dejar escapar esta oportunidad el mercado cuando, ya desde Locke, “todo hombre tiene la propiedad de su propio cuerpo”, el cuerpo es epítome y corolario de la propiedad privada?

(Pero la cosa no acaba ahí. O, para contestar una cita con otra cita, dice el axioma marxista: “el hombre produce al hombre”: porque desde la subjetividad se construye la alteridad. Es desde el roce de mi cuerpo con los demás cuerpos como evidencio la existencia del otro. Ya  analizaré las políticas del mercado en relación al Otro en otra entrada…) 

Pero frente a la religión, cuyo fin es el alma, o el psicoanálisis, cuyo fin es el sujeto, el mercado desprecia el más allá, la trascendencia, y el más acá, la inmanencia: para el mercado, el cuerpo es la expresión económica de la subjetividad. El cuerpo pasa de ser la herramienta de trabajo al lugar de la consumación del mercado: de objeto de valor por su productividad a objeto de valor: el cuerpo como Trofeo, por seguir la nomenclatura del denostado Thorstein Veblen. ¿Porque cómo se puede calificar la exhibición deslumbrante de esas melenas rubias imposibles, de esos abdominales marcados a fuego o de esas perfiladísimas barbas de tres días si no es como Trofeo? Conquistado el cuerpo, conquistado el agente económico. Por eso, el mercado, lejos de desterrar, de esconder el cuerpo detrás de un velo o una sublimación, lo muestra. Lo convierte en protagonista. El cuerpo lo empapa, lo impregna todo. Se hace omnipresente.

Eso sí, no vale cualquier cuerpo. Si todos los cuerpos son objetos, no todos los objetos son dignos de ser mostrados en el museo. Ser agente económico también exige la conquista del cuerpo. De un cuerpo muy concreto, además. Sí, porque el mercado, impone, también, el criterio de validación. Hay un cuerpo arquetípico al que todos debemos aspirar; hay un cuerpo arquetípico que todos debemos consumir. Tres son los atributos fundamentales de ese cuerpo; tres son las expresiones de esa violencia sobre el cuerpo:

1.- Para el mercado, el cuerpo —en otra constatación más de esa falsa promesa de 'libertad de elección' de la que tanto cacarean los defensores del consumo— es Uno, el cuerpo estereotipado masculino, del que se desprende, como salido de su costilla, el cuerpo femenino, también Uno, pero, eso sí, complementario y dependiente del masculino, no vaya a ser que la mujer y su cuerpo se emancipen del varón. 

2.- El cuerpo del mercado también está sano. O, al menos, la salud tal como la entiende el mercado: cuerpos hipervitaminados y ahítos de L Casey Imunitas en el mejor de los casos; cuerpos hipervitaminados y marchitos por el consumo de esteroides, en el peor. Porque, para el mercado, la salud se traduce en rendimiento.

y 3.- Por último, cuerpos atemporales. Cuerpos por los que no ha pasado ni pasarán los años. Disciplinados a base de ejercicio y dietas draconianas o disciplinados por el bisturí del cirujano plástico. La atemporalidad del presentismo, como ya lo ha bautizado Iago Ramos, se ha instalado de forma radical en nuestros cuerpos.

Etiquetas

Cualquier sacrificio es válido porque el Trofeo merece la pena. Y tienen razón. El mercado no sólo impone una estética domesticada, no; sino que la sustenta en una ética domesticada. El premio al sometimiento al mercado va más allá de la gratificación por el Trofeo adquirido y se complementa con una subjetividad domeñada. Como demuestra el estudio The Beauty of Self-Actualisation: Linking Physical Attractiveness and Self-Fulfilment, publicado por los psicólogos Itai Ivtzan y Hee Sun Moon del University College London en el Europe's Journal of Psychology y que se puede consultar aquí, existe una estrecha relación entre el atractivo físico y la auto-realización. El problema, como siempre, es para quienes no pueden cumplir con dicho arquetipo estético: depresión, trastornos alimenticios, discriminación sexual, fobias, histerias… son algunos de los infinitos nombres de la exclusión.

 

Hay 10 Comentarios

asd en dicha ideologia. Es decir, que hablamos de medios de comunicacion que no disponen de una independencia total, ni de una veracidad total en temas relacionados con ideologia conservadora.

Buenas noches.
Clara→Mafalda rules!
Sherca→Gracias
Eloy→Más que una correspondencia hegeliana, que también, hay una correspondencia histórica. El cuerpo, nosotros, nos hemos convertido en el premio de algo que no tiene final, una carrera para la que no queremos, ni podemos estar preparados. La teleología del consumo nos impide dejar de participar, nacemos con el número de participante pegado en el pecho. Pero esa no es la crítica que importa, de hecho es la crítica de la reacción –vease la Iglesia, que dice las mismas tonterías. O sí, porque este es un sistema que nos convierte a todos en reacicionarios.
Juan→No podemos. Si lo atrapamos y lo metemos en la jaula, lo mismo nos come.
Felizísima→Gracias por partida doble.

Un abrazo a todos.

Mucha gente compra cosas que no necesita, con dinero que no tiene, tratando de impresionar a gente que ni siquiera le importa.

MAFALDA

El problema es que todo se basa en la rentabilidad como único valor. A partir de ahí todo vale, incluso mentir, como suele ser habitrual en la publicidad...
http://gastrocinemia.blogspot.com.es/

Hay una correspondencia -hegeliana?- entre lo "interior" y lo "exterior", una homología estructural que remite al capitalismo en estado de revolución permanente, que nos coloca en un estado de histeria permanente (cuanto más hacemos por lograr alguna satisfacción más insatisfechos estamos)

El cuerpo como trofeo es una idea extraordinaria. Que son sino esos concursos de miss y mister universo, esos realitys en los que sólo importan los cuerpos y su reconocimiento social dentro del canon que señalas. Si nuestro cuerpo es uno más de los territorios que están en guerra entonces debemos asumir que esta paz que vivimos es una farsa, que en realidad estamos en medio de un conflicto para el que carecemos de armamento, en la cual nos están masacrando y para el cual carecemos de estrategia, táctica y recursos. O quizás no.

Siempre parece haber un villano, en este caso Don Mercado. Porqué no lo prendemos, lo castigamos y lo zampamos en una cárcel de por de vida?

Me quedo con el salvaje feliz. ¡Y sin domesticar!

Me quedo con el salvaje feliz. ¡Y sin domesticar!

Gracias compañero.

Brutal.

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Consumidos

Sobre el blog

El consumo configura nuestro estar en el mundo. Cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con el planeta. Analizar nuestra relación con marcas y productos nos ayuda a comprender qué lugar ocupamos en la sociedad de consumo. Y, sobre todo, nos ayuda a no caer anestesiados cuando comience la revolución.

Sobre los autores

Somos un grupo de personas que creemos que el modelo capitalista actual es insostenible, que el consumo es uno de los síntomas de lo que está pasando y que es una de las palancas de cambio.

Alberto Knapp Bjerén, fundador de una consultora de internet, inversor en startups, enemigo del crédito.

Luis Montero. Autor de Artrópodos, Feliz Año Nuevo y Clon. Consultor en Cero23.

Felipe Romero, psicólogo, investigador de mercados.

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