La muerte halógena

Por: | 23 de mayo de 2012

El mercado se constituye en fortalezas que son no-espacios.

Fortalezas que niegan el tiempo y la biología. 

Fortalezas estancas, fragmentarias y, por eso mismo, fragmentadoras.

No-espacios que, como señala Eloy García, a muchos les retrotrae a la metáfora del vientre materno. Para ellos, por ejemplo a Jaron Lanier en “You Are Not a Gadget”, la añoranza de la tripa de mamá inaugura una narración que continúa en el colegio y que no termina hasta muerte. Y, si bien es cierto que la muerte es el final, la narración en términos de no-espacios puede escribirse de otra manera. Los no-espacios no son una extensión del vientre materno, de hecho, son su negación. No sólo son la negación del tiempo, también son la negación de la biología. Los no-espacios son la aplicación de la lógica de la fortaleza del mercado, extendida a todos los (no-)espacios por los que transcurre una vida siempre conjugada en tiempo presente. Así, la narración no continúa en el colegio, sino que lo hace antes, al menos cuatro meses antes, que es lo que dura, de momento, el permiso de maternidad; la narración comienza en el paritorio.

Así comienza la historia de una enajenación.

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El centro de maternidad es el triunfo de la abiologización y de la atemporalización del espacio. A pesar de albergar el episodio más carnal de nuestro destino, el parto, el paritorio es un espacio sin tiempo. Y sin vida. Abierto 24/7, tan estanco e higiénico que ni las bacterias tienen cabida. Si la tecnología lo permitiera, las matronas serían robots. No hay uncanny valley que valga cuando se trata de llevar la producción en serie a la maternidad. 

Nacidos y destetados, empieza el proceso de enajenación del tiempo y de la biología de nosotros mismos. Mucho antes de desarrollar la consciencia de sí, el individuo es enseñado a desconfiar de su cuerpo: bienvenido a la guardería, el primero de los centros educativos, de los que no saldrás hasta que no hayas aprendido a subyugar el tiempo y la biología. En el colegio, por ejemplo, el maestro se convierte en el gobernante de su cuerpo y decide en qué momento hay que, por ejemplo, ir al baño. Allí aprendes, además de estar sentado ocho horas, que es lo que después durará una jornada laboral si el chaval tiene suerte, que el cuerpo no tiene razón: que la voluntad es más poderosa que la biología; y, más allá, que hay que desconfiar de la debilidad (la carne es lo débil). Ese es un aprendizaje costoso, y hay quién no lo domina hasta el posdoctorado.

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Alcanzada la edad mínima para empezar a trabajar ya hemos perdido el dominio del tiempo y de la biología. Todos los centros laborales, todos, fábricas, oficinas y otras fortalezas del mercado, se apropian del tiempo y esconden la biología. En este sentido, no hay gesto más significativo que sellar la ficha al comenzar la jornada. El turno. Da igual que sea de día o de noche, a partir de ese momento el tiempo está pautado. Y no por nosotros. La hora de entrada y de salida, el tiempo de descanso, incluso el momento para el alivio fisiológico responde a códigos que no tienen en cuenta la biología ni la temporalidad sino la producción. Por cierto, que también es significativa la historia de la ficha fabril para explicar el proceso de enajenación que se da a lo largo del siglo XX: las “clock card machines” fueron patentadas en el año 1.900 por Bundy Manufacturing, una empresa que, tras sucesivas fusiones, terminaría por convertirse, pasada la Segunda Guerra Mundial, en la mayor compañía de máquinas para negocios industriales del mundo, la Industrial Business Machines, IBM.

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Y, como el trabajo no es otra cosa que la inversión que realiza el trabajador para alcanzar esa plusvalía que es la satisfacción que genera el consumo, son los centros comerciales el epítome de esa enajenación: no-espacios sin relojes, sin amaneceres ni ocasos, a temperatura constante y que no se mojan cuando llueve. No-espacios en los que el ahora, el presente, es eterno. No-espacios, desterrados, libres de agresiones. Sin tiempo. No-espacios tan ajenos a la biología que han hecho del cuerpo el principal objeto de consumo. No-espacios en los que nos consumimos, nos devoramos a nosotros mismos. 

Una retórica espacial que se extiende a todos aquellos centros de ocio en los que nos convertimos en el objeto de nuestro propio consumo. Gimnasios, casinos, restaurantes de diseño… no-espacios en los que apostamos la herramienta de producción que somos, la máquina que poseemos, nuestro cuerpo y sus rendimientos, a ver si hay suerte y nos toca el jackpot, el gordo de la satisfacción.

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Pero como no todo va a ser uno, a veces hay que lidiar con el Otro. Y para eso, los centros administrativos: juzgados, oficinas del INEM, Hacienda…  Todos, espacios de los que se ha exiliado el tiempo, no vaya a ser que te quejes porque la cola no avanza. En ellos, ya más en serio, el gobierno del tiempo es una expresión del poder; y la biología ha sido desterrada, no tiene cabida: sería una falta de respeto.

Así pasan los años entre colegios, trabajos y comercios, pasan los años y comienzan los achaques: no todo van a ser fiestas y satisfacciones. Eso sí, que no se note que estás en un centro sanitario. Da igual que entres por urgencias o que te ingrese el tocólogo, traspasar las cortinas azules es como ingresar en el país de las maravillas. Nunca jamás sabrás en qué momento vives, el único indicio del paso del tiempo es la entrada del enfermero con las correspondientes pastillas; y, si hay que tocar un cuerpo, siempre con guantes de látex. La profilaxis, esa extensión simbólica de la atemporalidad de los espacios traspasada a los cuerpos, disfraza de condones a quienes nos cuidan. 

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Y, por fin, llegamos al no-espacio definitivo. Internet. El único centro comercial al que hay que pagar sólo por acceder. Y, como demuestran los pantallazos que ilustran esta entrada, elaborados a partir de la funcionalidad “autocompletar” de Google,  –un hallazgo de Javier Pastor, mi guía en The Nether de Minecraft y con quien tengo el placer el colaborar en algunos proyectos–, el espacio virtual, ajeno al tiempo y la biología, es el único que relaciona ambos, de forma que permite una narración vital completa, no fragmentada. Resulta muy llamativo que sólo allí donde no hay cuerpos ni tiempo sí se permita su expresión.

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Sí, ya lo dice Google: somos mortales. Es lo que tiene la biología, aunque los no-espacios, inasequibles al desaliento, no lo admitan. Esos centros fúnebres que son los tanatorios, cuya arquitectura está entre el centro comercial y el centro administrativo, se obstinan en soterrar, al menos a dos metros de profundidad, la biología y la temporalidad. Allí nada, salvo el cadáver, que no es poco, recuerda para qué hemos sido convocados. Incluso las luces del lugar, halógenas, se apagan despacio, se difuminan en un terrorífica y fría metáfora del ocaso final.

 

Hay 3 Comentarios


No te olvides del como hemos llegado hasta aqui: la voluntad humana a traves de la racionalidad y UN REVOLVER (en sus multiples y cambiantes avatares). La FUERZA,VIOLENCIA y SUBORDINACIÓN DE UNOS SOBRE OTROS. Dais mas y mas vueltas para olividaros de eso, y eso ES PELIGROSO, el que se finja que no haya sido asi.

Publicado por: Seth Knight | 24/05/2012 20:44:16


THE MAN IN HIM
Y una vez que te acostumbres a la idea de que un ser humano opto por morir por ti (a renunciar a la vida por ti), en tu mente y alma empieza a racionalizarse la idea de que ESTE BIEN QUE OTROS TAMBIEN MUERAN POR TI (o por Jesus). Y hay una sola cosa que puedO decir a eso:
KISS MY ASS

Publicado por: Seth Knight | 24/05/2012 20:22:46

Asi que te digo que antes de morir por ti, de tirar me vida por ti, TE MATARE...
Eso de que una persona sacrifique su vida por otro surge en algunas circumstancias pero nunca es un proposito suicida, salvo que hay un calculo que normalmente HACE OTRA PERSONA, no es individuo, el o ella misma; otra cosa el "calor" del momento que te puede empujar a todo si sigues tu corazon; pero no debes olvidar la mente-que asi es como TE ACABAN MATANDO O MUEREN OTROS POR TU CULPA.

Publicado por: Seth Knight | 24/05/2012 20:16:02


Publicado por: ¿me amenazas de muerte? A la policía de cabeza con vuestra página y los virus | 26/05/2012 3:10:08

¿Verdad? Son todo un hallazgo.

Esas imagenes de sugerencias de google son un Haiku visual

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