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Rankingmanía: PISA y los delirios de la razón jerárquica

Por: | 09 de diciembre de 2013

 

No deja de ser una paradoja que la investigación educativa y la pedagogía hayan avanzado tanto, al mismo tiempo en que el debate público sobre la educación se haya empobrecido de una manera tan elocuente. En efecto, durante los últimos 50 años, las ciencias sociales han puesto de relevancia la complejidad de los procesos educativos, la multiplicidad de variables, dinámicas y tensiones que operan en el campo escolar, así como las dificultades de generalizar políticas, programas y reformas que desconsideren las especificidades que poseen los sistemas de educación en cada país o en cada región. Aunque el haber ido a la escuela parece dotar a todos los individuos de la capacidad necesaria para proponer una solución viable a la profunda crisis educativa que estamos viviendo, el desarrollo de la investigación sobre las instituciones escolares y la educación, han puesto de relevancia que opinar sobre el asunto suele ser más complejo de lo que habitualmente suponemos. También han puesto en evidencia que las generalizaciones y las recetas milagrosas suelen ocultar más que mostrar las dimensiones involucradas en los procesos de cambio educativo que atraviesan nuestros países. Entre tanto, cada tres años, el mundo parece detenerse en la víspera de la publicación de los resultados de una prueba que, milagrosamente, parece resumir los grandes secretos del presente y del futuro de la educación.

Mondo Pizza

 

El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, PISA, fue creado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, a mediados de los años 90 y, cada tres años, presenta un balance del estado de los aprendizajes de los jóvenes entre 15 y 16 años en cerca de 70 países. PISA incluye una prueba en tres campos de conocimiento (matemática, ciencias y lectura), además de una encuesta aplicada a alumnos y personal escolar. Sus resultados son presentados como una especie de oráculo capaz de diagnosticar el estado de los sistemas educativos a nivel global y los cambios que ellos deberán enfrentar para estar a la altura de los desafíos que los nuevos tiempos imponen.

PISA parece haber logrado una verdadera hazaña ideológica: imponer como evidente y necesaria la suposición de que los sistemas escolares de todos los países pueden ser evaluados mediante la aplicación de una misma prueba aplicada a un conjunto de estudiantes elegidos al azar. El razonamiento parece simple y encuentra sus raíces en una concepción particular, y de forma alguna “universal”, acerca del aprendizaje, la función de la escuela y el desarrollo educativo. Se trata de replicar a nivel mundial lo que las escuelas hacen todos los días con sus alumnos. La “prueba” suele ser el método habitual mediante el cual los docentes observan el grado de aprendizajes alcanzados por sus alumnos. Las pruebas casi siempre son corregidas en una escala numérica donde los que obtienen las notas más altas son los “buenos“ alumnos y, los que obtienen las más bajas, los “peores”. Así las cosas, sin demasiada imaginación, aunque con una sorprendente eficacia política, la OCDE, ha implementado un sistema internacional de evaluación que, indagando el grado de conocimientos adquiridos en matemática, ciencia y lectura, en una muestra representativa de alumnos de algo más de 60 países, puede determinar el grado de eficacia de cada sistema educativo nacional, así como la jerarquía general o por campo de conocimiento de las naciones involucradas. Los países con mejores notas tendrán un sistema educativo mejor, los que obtienen peores calificaciones, un sistema escolar peor.

Un ranking, un simple ranking, puede mostrar el grado de desarrollo de cada sistema educativo involucrado en la prueba, sus potencialidades y limitaciones.

La enorme proliferación de ranking en el campo educativo puede hacer pensar que el modo de organizar instituciones y países en un orden de jerarquía, productividad o eficacia ha sido el procedimiento que siempre hemos utilizado y recomendado en educación, por sus probados beneficios para mejorar o superar los problemas que enfrentan los sistemas de escolares. Vale destacar que, aunque durante los últimos 250 años siempre se ha afirmado que la educación está en crisis, sólo muy recientemente se ha considerado que era posible evaluar, comparar y organizar jerárquicamente los sistemas educativos a nivel mundial, organizándolos en una lista de ganadores y perdedores similar a la que muchos docentes construyen día a día en su sala de clase.

Se trata de un cambio de perspectiva de la mayor importancia y, aunque sus bases sean simplistas, reduccionistas y aberrantes en términos analíticos, no podemos soslayar sus alcances: ¿cómo ha sido posible convencer al mundo que la aplicación de una prueba a medio millón de jóvenes de diversos países nos puede ofrecer un mapa, una radiografía, una imagen del estado de la educación en cada una de nuestras naciones en términos particulares y del planeta de modo general?

PISA parte de tres supuestos que deben ser analizados y cuestionados:

  1. Supone, haciendo gala de un colonialismo pedagógico sin precedentes, que es posible que un conjunto de especialistas puedan definir las competencias fundamentales que son necesarias para enfrentar los retos y desafíos de la supuesta “vida real”; esto es, la competitividad económica, las demandas y necesidades de consumo, participación y bienestar. El presupuesto de PISA es que existe un único mundo (no hace falta adivinar de qué color), un única cultura, un único modelo de bienestar y una única forma de insertarse productivamente en este mundo. Ese ideal de mano única puede y debe ser sintetizado en un conjunto de competencias necesarias para transitar sin tropiezos hacia esa meta a la que todos aspiran a llegar: el éxito económico. Cuando en el mundo casi todas las religiones se acostumbraron a aceptar que la diversidad religiosa era inevitable, PISA nos impone la monogamia cognitiva más brutal y autoritaria. En la escuela hay que aprender un conjunto de cosas que son fundamentales para cualquier persona en cualquier lugar del planeta, tan fundamentales que es posible idear una prueba de alta complejidad que pueda determinar el grado de dominio de esas competencias a escala mundial, organizando un ranking de países en función del éxito o del fracaso que experimentan sus alumnos en apropiarse de esos saberes. Los mejores triunfarán, los peores fracasarán. Nuevas retóricas para viejas realidades.
  2. Supone que el grado de eficacia de una institución educativa y, por efecto aditivo, de un sistema escolar, puede determinarse mediante una instantánea, una fotografía tomada en un determinado momento de su trayectoria, la cual sintetiza en sus trazos, todos los atributos e informaciones necesarias para juzgar la productividad, eficacia e impacto de las acciones que en él se desarrollan. Un instante capaz de reflejar el todo, mediante indicadores numéricos de rendimiento. La prueba, en este sentido, posee una verdadera aspiración mística: es la evidencia del milagro que la ciencia de la evaluación nos ofrece. En algunas pocas horas, algo más de 500 mil jóvenes de todo el mundo respondrán una encuesta y realizarán una prueba. Esos papeles garabateados resumirán el grado de desarrollo de los sistemas educativos a nivel mundial y generarán debates pasionales acerca del presente y el futuro de nuestros países, derrumbarán ministros, harán entrar en la gloria del Olimpo pedagógico a naciones inimaginadas, nos dirán quiénes podrán salvarse y quiénes estarán condenados a la vergüenza del purgatorio.
  3. Supone que la evaluación de un sistema es requisito necesario y suficiente para ofrecer la solución a los problemas que el sistema enfrenta. En suma, que los resultados de las pruebas y los datos aportados por la encuesta nos brindan los elementos necesarios para definir las acciones correctivas que debemos aplicar para mejorar el desempeño de nuestras instituciones escolares. Por otro lado, aunque suele alertar sobre los riesgos del mal uso del ranking, la OCDE utiliza la jerarquía en los resultados de rendimiento como un efecto pedagógico de demostración que estimula la competencia, el deseo de mantener las posiciones alcanzadas y superar los problemas puestos en evidencia. El ranking educa, forma, construye un ethos, orienta, conduce.

 

Estos supuestos constituyen los tres pilares de la razón jerárquica: el colonialismo cultural y el idealismo pedagógico; la aberración metodológica de la subordinación del todo a una parte: y, la naturaleza normativa y prescriptiva de los resultados de una prueba artificialmente estandarizada. PISA es un emblema de los extravíos y delirios a los que nos somete la razón jerárquica en el campo educativo.

La patética profusión de festejos y llantos, lecciones y quejas, promesas y humillaciones que rodean la muy bien montada operación mediática de presentación de los resultados de PISA es mucho más que un inventario anecdótico de sandeces. En rigor, si Comenio, Rousseau y Dewey resucitaran, volverían a morirse por el nivel de locura al que ha llegado nuestra pedagogía política y la política de nuestra pedagogía. El mundo se inunda de especulaciones, relatos, alegatos, narraciones ficcionales, sospechas infundadas, diagnósticos sobre diagnósticos acerca del por qué, los asiáticos aprenden más y mejor que los occidentales. Una verdadera estupidez que sólo debería quitarle el sueño a los burócratas de la OCDE, pero se lo quitan a bastante más gente, entre quienes me incluyo.

Bad news

 

En la edición 2012 de PISA, recientemente publicada, los chinos se llevaron todos los méritos, aunque participaron con algunas ventajas. Por ejemplo, si bien casi todos los encuestados fueron “países”, China lo hizo con Shangai, una de sus principales ciudades. También con la ciudad de Taipei y los territorios de Hong Kong y Macao, ocupando así cuatro de los seis primeros lugares.

España no tuvo la suerte de China y participó como país. No cabe duda que los resultados hubieran sido mejores si sólo hubiera competido con los barrios de Salamanca en Madrid y Pedralbes en Barcelona. Como quiera que sea, el mal desempeño de la Península sirvió para demostrar que la Ley Wert iba a mejorar o empeorar las cosas, según quién contara la historia. No me une al verborrágico ministro Wert ninguna relación de simpatía. Sin embargo, creo que de lo único que no puede culpársele es del desempeño de los jóvenes españoles en las pruebas llevadas a cabo por los tecnócratas de la OCDE. Tampoco, por cierto, puede atribuírsele ningún mérito en las aparentes oportunidades de superación que promete brindar su ley privatizadora y de ambiciones excluyentes. En lo único en que coinciden buena parte de los análisis, es que el mal desempeño promedio de los jóvenes españoles se debe a los inmigrantes. Esa gente que parece no haberse dado cuenta que España está en crisis y se obstina en permanecer en el país, teniendo hijos y nivelando hacia abajo el resultado de las pruebas. La epistemología pedagógica franquista parece persistir al tiempo, llevando a algunos a suponer que si los españoles fueran puros, tendrían el desempeño cognitivo de los habitantes de Shangai en las pruebas de matemática. PISA parece evaluar, pero, lo que en realidad hace, es recomendar caminos para resolver problemas.

Por otro lado, aunque nos pasamos los últimos diez años estudiando el "milagro educativo finlandés", acabamos descubriendo que era mejor ser vietnamita que nórdico. El derrumbe de Finlandia ha puesto la nación en jaque. Como si no faltaran motivos para deprimirse en invierno, los finlandeses deberán abocarse ahora a saber por qué perdieron la pole position ante unos orientales más inspirados en Milton Friedman que en Mao Tsé-Tung. Por nuestra parte, deberemos abocarnos a estudiar el milagro chino o vietnamita, pasando de la gélida eficacia nórdica al sombrío deslumbramiento pos-socialista.

Hasta hace pocos días, todos los que aspiraban a tener un buen sistema educativo querían ser como los finlandeses. Veremos si ahora todos quieren ser chinos o vietnamitas.

Mao y Ho Chi Minh

Mao Tse-Tung y Ho Chi Minh, con niños chinos, algunos años más tarde, exitosos en PISA.

 

Los resultados de PISA deparan sorpresas agradables como, por ejemplo, descubrir la existencia de Latvia, un país que nunca ha jugado la Copa Mundial de Futbol, pero cuyos jóvenes saben más matemática, ciencias y lectura que los noruegos, italianos, españoles, rusos, norteamericanos, suecos e israelíes. Deberemos investigar dónde queda Latvia y qué “milagro educativo” realizan en sus escuelas esos ignotos seres humanos. Si llegáramos a descubrir que los latvios son de baja estatura, quizás podríamos desarrollar una tesis sobre la relación inversamente proporcional entre la altura corporal y el buen desarrollo cognitivo de las étnias más avanzadas del universo frente a los desafíos del siglo XXI.

Pronto seremos inundados por artículos que prometerán contarnos qué ocurre en las escuelas de Macao, Taipei. Hanoi o Riga, capital de Latvia, y cómo debemos imitarlas para hacer de los nuestros, centros educativos eficaces.

Latinoamérica se ha afirmado, ya en la quinta edición de PISA, en los últimos lugares del ranking. Como si los 50 países que lo preceden no existieran, Chile festeja ser el mejor de la región, aunque no puede ocultar el alto grado de desigualdad de su sistema escolar. Los uruguayos lamentan lo que suponen ser el deterioro irreversible de su sistema educativo, curiosamente, el más igualitario de la región. Los brasileños festejan haber vencido a los argentinos y, vaya sorpresa, los peruanos, aunque volvieron a salir últimos en el ranking, conmemoran haber sido los que “más mejoraron en las pruebas del 2012”. Entre tanto, el Banco Mundial anuncia que América Latina es la región del mundo donde más ha disminuido la pobreza. Creo, definitivamente, que hemos enloquecido. 

Los delirios de la razón jerárquica producen daños cerebrales profundos. Obligados a justificar por qué están donde están, los ministerios de educación de todos los países, naturalmente, menos el de China, y quizás el de Latvia, tratan de explicar por qué les ha ido tan mal y prometen mejorar en la próxima prueba. Habrá que esperar tres años.

Como quiera que sea, lo que nunca se cuestiona es la propia prueba PISA. Un invento ideológico de enorme valor disciplinario y normativo. Un dispositivo del nuevo orden mundial de la educación. Una victoria de los poderosos. Una derrota de los que soñamos con un mundo más libre, una educación más justa, una sociedad más humana.

Deshacernos de PISA permitirá avanzar en la lucha contra los delirios de la razón jerárquica, contra los ranking que nos modelan, contra los tecnócratas que, al describirnos, nos inventan.

 

Desde Brasilia 

 

Hay 36 Comentarios

No podemos pretender que en un mundo globalizado y multicultural tengamos la misma medición del saber, cada país es digno de respeto frente al manejo de parametros educativos y de como formar los jóvenes de hoy, hay que formar en valores y en el respeto por la diversidad, de que sirve un pueblo con tanto conocimiento si no tiene un mínimo respeto por la vida.

que buena nota,realmente me alivia como docente, me saca una mochila por demas pesada, ya que todos creen que esas pruebas son la luz del universo. Se que hay falencias que construir, pero no podemos dejar que una "entidad del primer mundo" desparrame por los aires todo el sacrificio que se hace cada dia en las instituciones escolares.

Gracias Pablo!!! Claro y elocuente como siempre...
Coincido absolutamente y me tomo el atrevimiento de "agregar" dos cositas:
- Es curioso que much@s de l@s que "critican" las calificaciones, el "ordenamiento jerárquico", la competencia en las instituciones educativas, después "usan" estas pruebas para hacer valoraciones, lo cuál es (al menos) ridículo... Además de desconocer lo multifactorial de estas cuestiones y alejándose de un paradigma de la complejidad, absolutamente necesario para analizar y comprender fenómenos complejos.
- En Argentina, en la última década se lograron grandes avances (en materia de inclusión educativa) que, obviamente, no son contemplados por las pruebas PISA pero ahora tenemos otro problema: la calidad educativa. Mostrar el "backstage" de este tipo de pruebas es un paso importante para empezar a discutir la "calidad educativa" pero para hacerlo "en nuestros términos"... Como escribí alguna vez (http://asifuimosaprendiendo.blogspot.com.ar/2013/10/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de.html) no podemos dar esta discusión en los términos que proponen estas pruebas que nos recuerdan lo peor de las políticas neoliberales que, en nuestro país, padecimos en los 90 y, todavía pagamos...
Una vez más, gracias Pablo, por ayudarnos a pensar...
Saludos!!!

Bravo. Gracias.
constatar que hay latinoamericanos ilustres y versados en educacion y disciplinas conexas que desenmascaran al sistema de dominacion ideologica mundial, nos llena de orgullo. Porque tras del curriculo abierto oficial, siempre se enmascara el curriculo oculto de dominacion del sistema.

Rolando Santiago Bernardo, Profesor de Música y Artesano, Huánuco-Perú

La realidad peruana es: etnopedagógica, pluriculturalidad, etnolinguistica, etnomúsica, etnoartística,microclimas, microcostumbrismo, variación folklórica.
Es una cultura compleja, difícil que resulte cualquier evaluación internacional.
Prof. de Música y Artesano

A este excelente artículo le agrego que la prueba Pisa en su presentación oficial señala que los resultados no deben servir para medir el desempeño docente. Sinemabrgo en países como Colombia, todo el debate se ha centrado en que los maestros son muy malos.. un elemento más para decir, como Pablo, que la razón jerárquica produce daños cerebrales profundos

En un mundo cada vez mas conectado y cercano entre habitantes de diferentes regiones, no le parece que al menos la prueba muestra quienes son los que van a estar adelante? La capacidad de racionamiento sobre las preguntas planteadas sin duda muestra una incapacidad reflexiva de los muchachos de un pais frente a los de otros. Usted ve en la prueba un colonialismo educativo, a mi me preocupa que mis hijos tengan una desventaja reflexiva y analítica frente a otros.

Hola... por fin una voz disidente e inteligente. Pablo: yo creo que en el marco de CLACSO, en las Universidades públicas, especialistas en pedagogía, en lectura y escritura, en enseñanza de la lengua, de la matemática deberían hacer una investigación para develar las falacias de PISA y de muchos otros dispositivos de evaluación que no hacen más que ocultar las buenas cosas que pasan con el conocimiento en las escuelas de nuestros países.

Excelente artículo del Sr.Gentili
Copiar modelos educativos ajenos pensando idílica y beatíficamente que se adaptarán a la idiosincrasia y a los medios nacionales parece ser la peor epidemia, altamente infecciosa, en Chile ...y en muchos otros países
"Nuestra" "reforma" educativa, tan chilena como la "coca-cola" comenzó imitando la primera fase de su similar española, cuando ésta ya había evolucionado a reforma-de-la-reforma-de-la-nueva-reforma; luego cambió al modelo cubano, al brasileño, ahora se admira el finlandés (...pero parece ser que el de Burundi es más "prometedor" que el de una tribu de la Amazonía)
En todo caso, el Proyecto Principal de Educación, marca BID-FMI, que motivó las distintas "reformas" tercermundistas tiene un ethös clarísimo que debemos "enseñar" a nuestra juventud: I obey Boss

Por fin, un analítico, reflexivo de " quienes y porque se evalúan desde pisa, y constituyen verdaderos Totem, de la Educación, haciendo que se remarque más la diferenciación social, economica y organizacional. Porque no hacemos concenso de hacer nuestra Pizza, a nivel latinoamerica ????y que tenga igual peso político? Excelente reflexión sobre todos los que estamos en educación y aun mas fuera de ella.

Lo invito a que revise algunas de las preguntas liberadas de las pruebas PISA, y luego manifieste si no le parece digno de preocupación que los jóvenes de nuestros países sean incapaces de responderlas. http://evalua.educa.aragon.es/ini.php?iditem=7&iz=7&sub=14

La mejor formación, la autodidacta.

Muy buen artículo, es cierto que la evaluación de PISA amerita un análisis mas profundo, pero no se le puede pedir a un artículo lo que ameritaría un libro. El valor intrínseco de las pruebas PISA queda absolutamente encubierto por el uso político que se le da, analizarlas desde el ángulo de la teoría de la evaluación es como preocuparse por la calidad del acero con que esta fabricado el martillo que se usa para aplastar cabezas. Es lamentable, pero parece ser así.

Me pregunto por qué gente como Ud con indiscutible capacidad analítica y conocimiento profundo de un tema invierte más energía en cuestionar que en proponer.

No soy defensor ciego de PISA, pero prefiero mil veces lidiar con los cuestionamientos que de ella se desprenden que vivir ignorando el resultado de los esfuerzos educativos de mi País

Me gustaría conocer realmente qué se pregunta en esta prueba, pero por las pocos items que he logrado conocer, se plantean cuestiones que van más al razonamiento, a la capacidad de resolver problemas y a la lectura comprensiva... modestamente pienso que son capacidades universales que todos los niños y jóvenes del planeta deberían desarrollar y por qué no, ser evaluadas. No disponer de más datos me impide dar una opinión más precisa.

Y qué decir del índice de la economía basado en el conocimiento, no es más que otra forma de encajonar, medir, arrimar, a un país para que se suba al barco desde el que se pretende que todos seamos iguales.

Vayamos difundiendo este artículo.
Desde Chiapas.

No leí más que un fragmento del ar

Buen artículo!!! Y me parece que el principal problema del sistema educativo de cualquier país es el cuerpo magisterial que produce. A cualquier sistema neoliberal le conviene que la población se mantenga en la ignorancia y para ello necesita profesores encargados de reproducir esta ignorancia disfrazada de términos pedagógicos rimbombantes. Basta leer los comentarios aquí vertidos para descubrir que muchos no aprobaríamos el examen PISA. Hace unos días leía un link enviado por IBERTIC donde anunciaban el asiático ganador de PISA y el autor hacía un interesante informe sobre el sistema educativo en Shangái, interesante porque dejaba al descubierto (no sé si intencionalmente, porque nunca hizo referencia a ello) una serie de contradicciones y paradojas, como el hecho de un gran aumento en el acceso a la educación superior, pero a la vez un impresionante aumento de profesionistas desempleados que culpaban de faltos de voluntad para trabajar al no aceptar sueldos de miseria; o el hecho generalizado de que los padres paguen por clases extras para preparar a los alumnos para hacer exámenes; o el que el estado esté apoyando la educación privada y existan programas de educación financiera desde el preescolar. Si esto no nos dice algo sobre la intención real que la OCDE tiene sobre los sistemas educativos y su efectivo instrumento que tiene convencido a casi todo el magisterio mundial de su genialidad… tendremos PISA para mucho rato. Felicitaciones a Gentili, necesitamos voces como la suya en medio de tanto ruido innecesario.

¡La culpa es de la evaluación¡ Este artículo llevaría a otros, no se puede despedazar o deshonrar los resultados de un instrumento como PISA que se construye a partir de indicadores específicos y busca reflejar las condiciones en sus tres áreas de desarrollo académico. Pretender que estos indicadores deben reflejar otros aspectos no incluídos en el instrumento, como por ejemplo el desempeño personal o los factores socioculturales, no es un propuesta de profundidad ni justa contra PISA. Pretender, por otra parte, considerar los resultados de PISA como la realidad educativa y el reflejo de éxito o fracaso es ir contra natura de lo que implica un proceso evaluativo integral y eso es lo retorcido del uso de los resultados de PISA. PISA es un instrumento que recoge datos, no es la realidad, solo una aproximación al desempeño en lo que ese instrumento incluye y que bien puede ser tomado solo como referente, no como concluyente, seguro estoy de que ese es el error que cometemos cuando evaluamos y tomamos los resultados de la evaluación como lo concluyente, eso es una mala manera de hacer reflexiones sobre la evaluación, y eso se lo podemos dejar a los que lo hacen con fines políticos, lo cual le hace mucho daño a la educación.
Por otra parte, los que nos desempeñamos como evaluadores de profesión, conocemos las limitaciones que tiene cada evaluación por separado, atomizada o aislada, una evaluación dista de las manifestaciones reales, una evaluación externa y extranjera es un crimen si se aplica para calificar, peor es, si se emplea para medir y meter en una escala comparativa descontextualizada de la realidad educativa; porque existen múltiples factores que afectan al hecho educativo y más al aprendizaje. Cómo explicar el mejor o peor rendimiento si no se consideran elementos como dotación, condiciones de los espacios educativos, posibilidad y disponibilidad de acceso a la información de docentes y estudiantes, laboratorios, bibliotecas, alimentación, calidad educativa, uso de tecnologías, experiencia en este tipo de items (no se obtendrá el mismo resultado en estudiantes que tengan experiencia en responder este tipo de item que en otros que por primera vez los vé, y eso ocurre en nuestros países latinoamericanos, donde no se aplican este tipo de items) cantidad de estudiantes por docente, titulación del docente, identificación del sistema educativo con los esquemas que se evalúan (si se educa memorísticamente y se evalúa por reflexión e interpretación con juicios críticos, evidentemente se tendrán respuestas muy pobres y si ocurre lo contrario; se honra la reflexión formativamente y se evalúa solo la memorización, también existirá fracaso en las calificaciones alcanzadas por los evaluados).
Para estas aplicaciones de instrumentos, también deberían ser considerado estos indicadores o elementos y otros más importantes, porque cuando inicialmente expresé que "Este artículo llevaría a otros" sería excesivo, pero convencido estoy que sin ello no se puede llegar a nada concluyente, que PISA debe ser aplicado de forma simultánea a docentes y estudiantes, para confirmar si quienes tienen la responsabilidad del proceso formativo, realmente tienen las competencias y dominios que los califiquen como formadores para el éxito de los estudiantes en esta prueba. Solo imaginemos que los docentes de las tres áreas de PISA presentan igualmente diferencias estadísticas significativas entre los países, tal como ocurre con los estudiantes, entonces la comparación entre estudiantes se debilita aún más y las políticas de los entes gubernamentales en un histórico importante de alredeor de 20 a 30 años también necesitaría una profunda reflexión, porque no se puede pedir algo que no damos, ni desde los gobernantes, ni desde la instituciones, ni desde los docentes.
Desde Venezuela bunicon@hotmail.com

Considero importante abrirse a la actitud crítica del hecho educativo en nuestros países, si Gentili se ha motivado (movlizado) es porque su sentido lógico le lleva a a valorar la DIALÓGICA de esta realidad tan maquillada en la que vivimos, sea oriente u occidente. Si como ÉL aportáramos un poco más de luz juntaríamos su verdad a la nuestra y la voz se ecucharía pero esto es justo lo que nos está separando en la educación buscar LA VERADAD , de tal manera que el privilegio de ir acercándonos a ella nos muestre las INCERTIDUMBRES por nuestras diferencias y con el RESPETO ÉTICO sigamos tratando de aportar... Sólo pensar ya es un paso... continuemos, es cuestión de CONCIENCIA SOCIAL, HUMANA Y TRASCENDENTE.

Las comparaciones son odiosas; una pena que se ponga el acento en el ranking en vez de ver cuánto se mejora o se empeora en la capacidad de los chicos de 15 años de manejar matemática e interpretar textos.
No le tenga el autor miedo a los números. Para mejorar hay que medir. Y si es de una manera "standard" y comparable año tras año como promete PISA, mejor.

El autor del artículo usa muchos adjetivos y pocos datos. Además dice que el ranking no informa, lo que comparto plenamente, pero no habla de otra cosa y no menciona lo que sí informa de PISA. Los niveles de desempeño descritos en términos de habilidades cognitivas son un elocuente material sobre lo que los estudiantes saben aplicar de lo que han aprendido. Algunos estudiantes trabajan con modelos, generan estrategias de solución de problemas, generalizan resultados, infieren y deducen información. Mientras que otros solo realizan operaciones básicas con números enteros. El porcentaje de estudiantes en cada nivel es muy informativo. Así también los marcos conceptuales de las áreas evaluadas y las propias actividades de prueba que los alumnos resuelven. Hay mucho para discutir y puede ser muy útil si miramos más allá del ranking y nos comparamos con nosotros mismos en el tiempo. Además, sin enojos, sin paranoias y sin tantos adjetivos.

Siempre es interesante leerte y aprovechar la lucidez de tu análisis. Coincido con tu percepción de PISA y no esperaba menos que una crítica de la pretensión de" instantánea homogenizante" de una evaluación masiva. Pero, la realidad se nos impone con toda crueldad. Más allá de lo que significa PISA, los resultados de la evaluación son alarmantes y es necesario que nos preocupen. La tragedia educativa en Argentina es constatable, sea a través de PISA o del sistema que te guste. Creo que es necesario prestarle atención urgente a la educación y todos los mecanismos de alerta, sea PISA u otro, son válidos.

EL supuesto de PISA es que los chicos deben aprender a leer, a contar y a pensar lógicamente. Si el desarrollo de dichas capacidades no le parecen al autor condiciones universales para el desarrollo de las facultades productivas entonces que nos explique que es lo que se debería medir.
Impugnar los patéticos resultados atacando la herramienta de medición equivale a destruir el termómetro porque no nos gusta la fiebre que mide: Típica respuesta del intelectual progresista ante una dolorosa realidad que hace pedazos su pobre marquito teórico.

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Sobre el autor

Pablo Gentili

Pablo Gentili. Nació en Buenos Aires en 1963 y ha pasado los últimos 20 años de su vida ejerciendo la docencia y la investigación social en Río de Janeiro. Ha escrito diversos libros sobre reformas educativas en América Latina y ha sido uno de los fundadores del Foro Mundial de Educación, iniciativa del Foro Social Mundial. Su trabajo académico y su militancia por el derecho a la educación le ha permitido conocer todos los países latinoamericanos, por los que viaja incesantemente, escribiendo las crónicas y ensayos que publica en este blog. Actualmente, es Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Coordina el Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (FLACSO/UERJ/UMET).

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