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Entender el fútbol, sumergirse en la contradicción

Por: | 15 de junio de 2014

 

Un nuevo Mundial ha comenzado.

Durante un mes, millones de personas en todo el planeta estarán pendientes de los avatares y resultados de 32 selecciones de los cinco continentes, reunidas en 8 grupos, cuyos miembros irán, fatalmente, reduciéndose. Unos ganarán, despertando pasiones y ansiedades incontrolables, un inmenso amor a la camiseta que quizás sea confundido con un gigantesco amor a la patria. Otros perderán, probablemente mucho antes de lo esperado, derrumbando sueños, incendiando esperanzas, dinamitando promesas de amor eterno a 11 “traidores” incapaces de haber cumplido el mandato que les fue encomendado: hacer feliz a su pueblo.

Un nuevo Mundial ha comenzado y a nadie le será indiferente. Nadie, en su sano juicio, podrá decir que éste, el mayor espectáculo, el mayor negocio, el mayor evento deportivo, el mayor y más prepotente atropello de una organización de mafiosos, el mayor y más esperado momento de felicidad de una nación sobre todas las demás; éste, el gran juego del odio y del deseo, de la aspiración sublime a la victoria y la postración sombría de la derrota, le es indiferente. Pobres los espíritus indolentes a los que el fútbol no los lleva ni a la repugnancia ni al amor.

Hay muchas formas de entender el fútbol. Creo que la menos importante es aquella que nos regalan, día a día, los comentaristas deportivos o los especialistas en estrategia futbolera, aspirantes a directores técnicos de equipos que jamás tocarán una pelota. Al fútbol se lo vibra en los estadios, pero se lo entiende fuera de ellos. Al fútbol, como a la política, se lo entiende en la calle, en los barrios de arriba y en los de abajo, en el barro de los “potreros”, de los estadios improvisados donde juegan y sueñan los hijos de los más pobres. Al fútbol se lo debe entender en las lujosas oficinas donde despachan los dueños del dinero con el que se administra el negocio de comprar y vender atletas cuyas piernas harán felices a millones de personas. Al fútbol se lo entiende, como a la política, en la arena movediza de la contradicción.

¿Cómo ser indiferentes al Mundial?

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 Fútbol en una calle de Cidade de Deus / Marco Ferreira dos Santos (AFP)

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Sobre el autor

Pablo Gentili

Pablo Gentili. Nació en Buenos Aires y desde hace más de 20 años ejerce la docencia y la investigación social en Río de Janeiro. Ha escrito diversos libros sobre reformas educativas en América Latina y ha sido uno de los fundadores del Foro Mundial de Educación, iniciativa del Foro Social Mundial. Es Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). Coordina el Núcleo de Política Educativa de la Universidad Metropolitana de la Educación y el Trabajo (UMET) y el Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (UMET/FLACSO/UERJ).

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