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Morir en la mierda

Por: | 12 de marzo de 2016

 

El 9 de marzo de 2015, Gastón Arispe Huaman murió.

Tenía 13 años y estaba comenzando el colegio secundario. Si hubiera alguna forma de describir la muerte con eufemismos indolentes, diríamos que murió de una manera insignificante o trivial. Pero ninguna muerte es insignificante o trivial. Tampoco la de Gastón Arispe Huaman, que tenía 13 años cuando volvía de su segundo día de clase en una escuela pública de la Ciudad de Buenos Aires. Si hubiera alguna forma de describir la muerte sin eufemismos indolentes, diríamos que a Gastón Arispe Huaman lo mató la trivialidad con que el poder trata a los que considera insignificantes.

 

GastonArispeGastón en su cumpleaños de 13 años, junto a su mamá Flora. Foto de la familia, distribuida por La Garganta Poderosa.

Aquella tarde, Gastón jugaba con su gata Morita, cuando desprevenidamente cayó en un pozo que aquí, en Argentina y vaya a saber en qué otros sitios, la gente llama “ciegos”. Y debía serlo, quizás, ciego, sordo y sin alma, porque ni al más maldito de los pozos se le ocurriría dejar que un niño se caiga en su interior, especialmente, si está lleno de mierda. Los pozos ciegos son los que recogen las deposiciones de la gente pobre cuando no tiene derecho a cloacas ni a cañerías, cuando vive en ciudades donde un simple inodoro sigue siendo un privilegio.

Dicen que Gastón Arispe Huaman murió porque al caer, se desmayó. Pero Gastón Arispe Huaman murió porque vivía en Rodrigo Bueno, un sector de Puerto Madero cercado por un muro, en uno de los barrio más ricos de la Ciudad de Buenos Aires. Un barrio opulento en una ciudad donde el lujo convive inmutable con la miseria. Un barrio donde los pobres aún cagan en pozos, ante la indiferencia de quienes viven a su lado, ahí nomás, pegaditos, pero a siglos de distancia.

A Gastón lo trataron de salvar los vecinos, gente humilde y digna de esa barriada con más de 20 años de existencia, llena de familias peruanas y paraguayas, una “villa miseria” repleta de vida invisible, de risas silenciosas y de sueños secretos. Pidieron a gritos que la policía los ayudara. En Rodrigo Bueno hay dos fuerzas públicas: la policía federal y la prefectura. Ninguna de las dos intervino, mientras Gastón agonizaba lentamente, mientras moría de a poco, mirando los inmensos y suntuosos edificios que proyectan su sombra lúgubre sobre esas casas precarias a orillas del Río de la Plata, volviéndolas imperceptibles.

A Gastón lo trataron de salvar los vecinos, pero no pudieron. La ambulancia tardó una eternidad en llegar al barrio. Cuando lo hizo, los agentes de salud no pudieron desplazar sus equipos hasta el pozo donde agonizaba. Buenos Aires tiene 56 villas y asentamientos precarios, pero el Sistema de Atención Médicas de Emergencia, SAME, un servicio público del gobierno local, carece de cualquier infraestructura para atender a las más de 350 mil personas que viven allí. No siempre mandan ambulancias y, cuando las mandan, no siempre llegan con médicos, muchas veces sólo con enfermeras, que no disponen ni de camillas ni de equipamiento apropiado para socorrer o atender a las víctimas. Aquella vez, la historia se repitió. Y el SAME no sirvió para nada. Porque Buenos Aires se acaba donde empiezan las villas. Buenos Aires detesta que los pobres la afeen, que estropeen su brillo, que arruinen su pretenciosa elegancia europea, que pongan al descubierto su impostada distinción monárquica. Buenos Aires, la Reina del Plata que desprecia a los invasores, esos argentinos, paraguayos, bolivianos, chilenos o peruanos con cara, ropa y olor de pobres, que le usurpan su belleza; porque Buenos Aires sigue creyendo que es para ellos que existe el resto de un país del que casi nunca se sintió parte. Buenos Aires, capital europea, como tantas otras, amurallada ante los que escapan de la miseria, del sufrimiento, del dolor y de la falta de derechos; indiferente, como tantas otras, a los que mueren ahogados en las playas o en los pozos.

Aquel 9 de marzo de 2015, Gastón Arispe Huaman y su gata Morita se quedaron solos, abandonados a su mala suerte, sin nadie que los ayudara, mientras los que podían salvarlos se morían de asco para seguir viviendo una vida nauseabunda.

Dicen que Gastón Arispe Huaman murió porque los servicios médicos no quisieron atenderlo, porque la policía no respondió al pedido desesperado de los vecinos o porque hay gente que aún construye sus retretes en la tierra. Yo creo que Gastón murió porque a casi nadie le importa cómo viven los pobres en Buenos Aires, principalmente, a su gobierno. La ciudad no dispone, o cuando dispone no cumple, las leyes que reglamentan la urbanización de los barrios más humildes, las “villas miserias”, espacios siempre sujetos a la codicia y a la especulación inmobiliaria de empresas que sueñan construir sobre sus ruinas la decadencia de unas élites más ciegas que los pozos donde a veces mueren los niños que cometen la imprudencia de jugar.

Coincidentemente, a pocos días de la muerte de Gastón, el Papa Francisco recordaba así el barrio de Puerto Madero: "Una cosa que a mí me escandalizaba en Buenos Aires, es la nueva zona de Puerto Madero, Que es preciosa, todo ganado al río. Por un lado esos edificios enormes, 36 restaurantes... Y después la villa miseria… La injusticia de las riquezas".

En la villa Rodrigo Bueno, aunque el gobierno de la ciudad debería cumplir las normas básicas de urbanización, la policía impide el ingreso de materiales de construcción, ejerciendo un control estricto sobre los vecinos. Quizás, al visitante ocasional le pueda parecer que la fuerte presencia policial está para proteger la seguridad de los edificios cercanos. Sin embargo, Rodrigo Bueno es una villa ejemplar en materia de seguridad y legalidad: no se registran asesinatos ni asaltos, tampoco la presencia de bandas o pandillas de traficantes y, aunque el prejuicio por la cercanía de los pobres no deja de asustar a los habitantes de los ricos condominios cercanos, nunca se han registrado robos u asaltos en la región por parte de ningún habitante de la barriada. La policía está allí para impedir que los vecinos de  Rodrigo Bueno puedan entrar con cemento, maderas, ladrillos y chapas. Si se cae un techo, si hay que tapar un pozo, si hay que poner un vidrio en una ventana, los vecinos deberán ingresarlo escondido, como si traficaran armas o sustancias peligrosas, simplemente porque la policía embarga, roba o destruye todo lo que la gente de Rodrigo Bueno pretende ingresar al barrio para vivir mejor. Una policía confiscadora de dignidad e incapaz de salvar a un niño que se ha caído en un pozo que huele tan mal como ella misma.

El 9 de marzo de 2015, Gastón Arispe Huaman murió. ¿Dónde habrá ido?

Por los pasillos de la villa Rodrigo Bueno se cuenta que los niños, cuando mueren, van a recoger barriletes al cielo. Allí debe estar Gastón. Y seguro que lo acompañan tantos otros como él, muertos por tener el atrevimiento de crecer y de soñar en una ciudad que no les ha concedido ni derechos ni compasión. Gastón debe estar con Kevin, aquel pequeño de 9 años y de risa contagiosa, asesinado ante la indiferencia policial en la villa de Zavaleta. Y con María, esa pequeña y dulce niña que quería ser bailarina, pero que a los 5 años la mató un incendio que los bomberos no llegaron a apagar en la misma villa Rodrigo Bueno. Con Facu, de 13 años, que acompañaba a su mamá a denunciar infinitas veces el riesgo que suponía un árbol destartalado que finalmente se cayó y lo mató sin que se diera cuenta, una tarde cualquiera, en la Villa 21-24. Con Pascual, un chico de 16 años que quería ser electricista, pero fue baleado por quién sabe quién en la Villa 31, también al lado de Puerto Madero, y que murió desangrado en una carretilla para cargar arena, mientras su mejor amigo lo llevaba desesperado al hospital, porque a Pascual nadie quiso socorrerlo y hasta cuando estaba muriéndose lo trataron como lo que se supone que era: un pedazo de escombro. Allí debe estar Gastón, jugando con Rodrigo, del que su mamá decía que era un ángel, y lo era, pero que a los 10 años lo mataron en la villa de Fátima, sin que ningún periódico tuviera espacio para contarlo o recordarlo.

Si existe el cielo, que sea para Gastón, Kevin, María, Facundo, Pascual y Rodrigo, que sea para ellos y para todos los niños y las niñas que buscan barriletes perdidos.

Nosotros, mientras tanto, seguiremos aquí, pensando que nos hemos salvado de morir en la mierda.

 

A Flora, que la sigue peleando...

 

Kevin_Maria_FacundoKevin, 9 años, María, 5 años, y los padres de Facundo, 13 años, víctimas de la violencia y del abandono en la Ciudad de Buenos Aires. Fotos: La Garganta Poderosa.

 

Más:

La carta que escribió Flora, la mamá de Gastón, y que publicó la imprescindible Garganta Poderosa.

El grito de La Garganta Poderosa al cumplirse un año de la muerte de Gastón.

Sobre el incendio que mató a María, de 5 años.

Patch Adams en la villa Rodrigo Bueno.

La Garganta Poderosa, la voz que grita justicia en las villas argentinas.

Un estudio fundamental: "Relevamiento de Asentamientos Informales de Argentina" (2013), elaborado por TECHO.

 

Hay 60 Comentarios

Desde ciudad de México donde este tipo de mierda es normal y más grande, donde se les llena la boca hablando de gobiernos "democráticos" pero indiferentes a esa realidad que ellos mismos generan, donde tener un trabajo es un lujo para cualquier profecionista y somos taxistas o maestros con salarios de hambre...que mas podría decir, cualquier ciudadano latinoamericano entiende el mismo idioma, gracias profesor por el recordatorio nunca está de más...

Alfred28, bien haz dicho ignorancia e ilegalidad. Ud. se ha preguntado alguna vez en su vida el por que tanta ignorancia. Mi respuesta es; si toda esa comunidad hubiese tenido la oportunidad de estudiar, de una mejor calidad d vida, que verdaderamente te la aplicación de esas políticas públicas, que un Estado les hubiese garantizado el derecho a la vivienda y todos esos derechos humanos, proclamados por gobernantes inhumanos, segura estoy que Gastón no hubiese muerto de esa manera. O es que para auxiliar a un ser humano hay que investigar primero si ha cumplido con la ley o como se realizó el pozo. Para mí la lógica me dice que el derecho a la vida está por encima de todo. Gracias Prof. Gentili. Su publicación nos permite comprender porque existe tanta desigualdad.

Pablo, interesante el análisis social sobre realidades que lamentablemente coexisten en espacios sobre todo urbanos, la indiferencia, la indolencia, la inseguridad, la desigualdad. Podríamos seguir enumerando una serie de calificativos que no hacen más que desnudar la irracional deshumanización. Felicitaciones y gracias por compartir.

Inmensamente conmovida por esta tragedia que afecta a los más débiles: los niños y niñas de este mundo.
Se gastan millones de dólares en una serie de obras emblemáticas y faraónicas para las ciudades globales e inteligentes. Pero no se invierte en su gente, para que viva como tal, como gente. Eso no se hace. Todos de alguna manera somos corresponsables de la muerte de estos pequeños. Por nuestro silencio cómplice, por nuestro miedo, por nuestras propias ambiciones personales que nos hacen olvidar a la gente. Por todo eso. Perdón Gastón, María, Facundo...

La historia de Pedro es tremendamente dolorosa para quieenes aun tenemos el privilegio de la sensibilidad social..., pero desafortunadamente se repite muchas veces en el dia en casi todos los paises del mundo, que está dominado por unos cuantos individuos que controlan el capital global... Sin embargo tenemos el don de la vida, la salud, la capacidad dee trabajar y ayudar a nuestros congeneres, iniciando por la "la caridad empieza por casa" y luego por quienes estan mas cercanos. Si cada uno de los ciudadanos del planeta que
tenemos la posibilidad de vivir dignamente y sin lujosos y pudmose dedicar nuestros recursos a generar empresa..., para generar empleos dignos, que cumplan una funcion social, debemos hacerlo. Yo se que cada dia tenemos que tratar de sobrevivir con los problemas de seguridad por guerrilla, paramilitarismo, delincuencia comun, bacrim, extorsiones, corrupcion, etc...y hasta con el Estado que cada día busca mas impuestos...para satisfacer las demandas de los politicos corruptos.....pero no nos damos por vencidos y buscamos como mejorar la calidad de vida de por lo menos 12 familias que trabajan con nosotros, para que sus hijos vivan bien y puedan incluso ir a las Universidades. Eso nos genera toda la satisfacion del mundo, para seguir en la klucha diaria, sin llebnarnos de pesimismo, rabia, desesperacion...que es lo que da, cuando se impregana de los sentimientos que despiertya el artículo de Pablo, pero que se hace necesario para despertar la sensibilidad de muchos que viven si conocer la realidad de la mayor parte de los habitantes del planeta...
La educacion puede ser la salvacion, en cuanto tiempo?...Solo se que quien tiene esa arma poderosa debe utilizarla, como lo he hecho por mas de 35 años, con la esperanza de sensibilizar al menos un 10% de la poblacion universitaria con la cual he interactuado como docente.
Tengo la esperanza de que poco a poco la balanza se vaya equilibrando...,si todos los que nos vamos sensibilizando, trabajamos con ese propósito
Sonia

Pablo, me ha conmovido demasiado tu escrito. Me uno al sentimiento y me comprometo a trabajar siempre recordando que es por quienes sufren pobreza, olvido, dolor que elegí ser abogada... que cada uno desde nuestra trinchera debe hacer algo para mejorar la situación de nuestros hermanos.
Envío mucha energía y fuerza para las familias, desde Perú va todo mi respeto por ese espíritu de no rendirse pese a las terribles injusticias en su contra ¡que pronto consigan la vida digna que merecen!

Estimado Pablo. Como sempre, um belo escrito. Apenas me pergunto, quando iremos refletir sobre o número de jovens negros no Brasil? Quantas famílias destruídas? Quantos sonhos perdidos? As estatísticas estão disponíveis e divulgadas. Precisamos adotar ações urgentes que não se resumam a denúncia mas ao fim do fato. minhas sinceras estimas

Entiendo el mensaje, pero no entiendo porque el odio a los europeos. Nuestros ancestros europeos no llegaron ricos, los hospedaban hacinados en el Hotel de Inmigrantes, se acumulaban en conventillos y, si eran anarquistas, los deportaban. ¿Qué tendrá que ver ser europeo o paraguayo ? La pobreza es democrática: no tiene bandera.

Me gusto la nota pero quiero hacer una salvedad,en la parte que ud dice :No siempre mandan ambulancias y, cuando las mandan, no siempre llegan con médicos, muchas veces "sólo con enfermeras", que no disponen ni de camillas ni de equipamiento apropiado para socorrer o atender a las víctimas. Le recuerdo que las enfermeras somos parte vital del sistema de salud,la columna vertebral y el medico no puede existir sin la enfermera. A veces a la enfermera se la relega a un lugar de puro acompañamiento ignorando los conocimientos y la preparacion que debemos tener para realizar nuestra tarea. Una enfermera tambien puede salvar la vida de los pacientes. Ojalá algún día la sociedad nos de el lugar que merecemos. Aclaro que no se como ocurrieron los hechos en este caso, solo quería exponer mi opinión , ya que a eso me inspiro el párrafo.

Pfff Me ENCANTAN este tipo de notas con aire poético-literario. Se nota el compromiso del autor por mostrar la realidad que se vive ahí. Cuanta hipocresía...

Estimado Pablo:

Leí con tristeza su escrito. Estremecedor relato que nos recuerda cuánto dolor y sufrimiento padecen los pobres de América Latina. Es desesperanzador y terrible perder a seres humanos, más aún si son niños presos del desamparo y la indolencia de un gobierno sicario. Resulta aterrador leer y ver en la TV las desgarradoras noticias de muertes de infantes, cuando José Martí, héroe nacional de Cuba expresó que ' los niños son la esperanza del mundo.¨

Estremecedor relato, pleno de vivencias inenarrables. Pero "como es arriba es abajo", esta historia se repite a diario en el mundo, solo basta cambiar el nombre del sitio. Todos los saben, eh aqui el origen de la violencia. El autor de la reseña escribe con sangre, con dolor, con rabia (de esa que le da a los perros) pero no hay eco, es noticia de un dia, mañaña en cualquier parte del planeta se repetira otra, igual o peor, que mas da. Y esto ocurria en la Edad Medieval y quiza en los tiempos del australophitecus. Entonces al leer la noticia lo que se debe hacer no es resentirse emcoionalmente por su contenido, es recordar el principio Homo hominis lupus.HERNANDO SALGUERO FLOREZ PERIODISTA COLOMBIANO.

Estremecedor relato, pleno de vivencias inenarrables. Pero "como es arriba es abajo", esta historia se repite a diario en el mundo, solo basta cambiar el nombre del sitio. Todos los saben, eh aqui el origen de la violencia. El autor de la reseña escribe con sangre, con dolor, con rabia (de esa que le da a los perros) pero no hay eco, es noticia de un dia, mañaña en cualquier parte del planeta se repetira otra, igual o peor, que mas da. Y esto ocurria en la Edad Medieval y quiza en los tiempos del australophitecus. Entonces al leer la noticia lo que se debe hacer no es resentirse emcoionalmente por su contenido, es recordar el principio Homo hominis lupus.HERNANDO SALGUERO FLOREZ PERIODISTA COLOMBIANO.

:( Es trivial colocar una "carita triste" ante un artículo como este. Mea culpa. Pero es que me patea la conciencia y no sé como expresarlo con palabras..... No hace mucho tiempo, aquí en Bogotá sucedió un caso similar. Con la diferencia que el niño murió solo, solo, solo en un pozo. Solo. Porque era uno de muchos pozos , uno oculto entre el pastizal, uno que nadie tiene presente o en cuenta... Hace mucho tiempo, una periodista convocó a los bogotanos para boicotear la película "Sr.y Sra Smith" porque presentaba una Bogotá pobre, rural, militarizada, desprestigiando la Bogotá estilizada, de edificios elegantes y vida social de alcurnia que es la esencia de los mejores sectores de la ciudad. Y es que lo que no vemos aparentemente no existe. La realidad es únicamente la que vivimos, finalmente somos como islas. Pero al leer la carta de la madre de Gastón soy consciente del dolor, de la impunidad, de la indiferencia o de la impotencia, o de la falta de visión...

Estimado Pablo !!! Nada más que una realidad que vivimos rodeados en los países de América del Sur. Por desgracia, se muere "en la mierda" muchas, muchas personas, destinados o no a tal efecto. Lamentable pérdida! Te alabo por un testimonio tan noble. Lo sentimos, no tenemos el alcance que debería. Ellos son, como decimos aquí en Brasil, "pequeñas" estrellas que brillan en el cielo. Felicitaciones por el texto !!!!

Estimado Pablo !!! Nada más que una realidad que vivimos rodeados en los países de América del Sur. Por desgracia, se muere "en la mierda" muchas, muchas personas, destinados o no a tal efecto. Lamentable pérdida! Te alabo por un testimonio tan noble. Lo sentimos, no tenemos el alcance que debería. Ellos son, como decimos aquí en Brasil, "pequeñas" estrellas que brillan en el cielo. Felicitaciones por el texto !!!!

Veamos si puedo entra más a menudo.
Buenas tardes y hasta otro momento más propicio.

El artículo es un ejemplo de la ética de la indignación, porque es necesario rebelarse hasta las tripas, ( y hasta la misma mierda) frente a la injusticia. No fue un descuido, un accidente ni una fatalidad la que mató a Gaston. Tampoco la pobreza en si misma, sino las desigualdades del sistema en que vivimos.

Pablo, hace un par de años conocí Buenos Aires, quedé impresionado por su belleza...no sabía, no imaginaba lo que tu relatas, pensé por un momento que solo en Santiago pasaba eso de querer ocultar lo que afea...
Hacer presente esta realidad es labor de todos, el boca a boca permite conocer y tal vez (aún hay esperanza) movilizar ánimo y fuerza para entregar dignidad y tranquilidad a estas personas.
Un abrazo desde Chile.

Apreciado Pablo

Me encanta tu pasión por describir la miseria humana, esa que nos aprisiona a todos los pobres, a los que carecemos de poder, y que caracteriza a los supuestamente "ricos"; que son tan pobrísimos de humanidad,humildad y solidaridad.

Algunos creen que la riqueza de unos no supone la pobreza de otros. Pues ese no es el caso en lo descripto en esta nota, que con tanto realismo refleja el artículo del profesor Gentilli, sin perjuicio de una prosa que en cierta medida suaviza esa realidad mucho más dura de digerir sin ese filtro.

Los alcantillados de Puerto Madero -esos mismos a los que no accede la villa Rodrigo Bueno, pese a estar ubicada junto a uno de los principales desagües de la ciudad al Río de la Plata- se realizaron a partir del "canje" de obras comprometidas a realizar por las empresas concesionarias del servicio en otros barrios más pobres del área metropolitana, concretamente en Berazategui, Florencio Varela, Moron e Ituzaingó, entre otros varios. Este cambio en los contratos de concesión fue realizado en épocas de la presidencia de Carlos Menem, y ratificados por la de Fernando de la Rua. Vueltas del destino, muchos de sus funcionarios, destinatarios del "que se vayan todos", hoy están de nuevamente conduciendo ministerios en el gobierno nacional y de la Ciudad de Buenos Aires, o bien lo hacen sus discípulos.

Como refiere la nota, si la villa Rodrigo Bueno hubiera estado conectada a los desagües que pasan por su puerta esta muerte no hubiera sucedido, si la ambulancia hubiera contado con camilla de rescate tampoco hubiera que lamentar victimas en esta caso u otros tantos, si el gobierno permitiera la urbanización de este barrio -urbanización que le niega al tiempo que propicia en el terreno lindero otra destinada a sectores de alto poder adquisitivo- el propio esfuerzo de los habitantes nos hubiera evitado estar aquí hablando de estas cuestiones, de la mierda que producimos y nos mata cuando nos ponemos al servicio del capital y no de los seres humanos.

Por ello, al menos en América Latina la riqueza de pocos se asienta sobre la pobreza de muchos.

Estimado Pable Gentili:
Es increíble el dolor del pobre pero es más increíble que exista gente que viva del dolor del pobre, existe un SOLO mandamiento importante “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.” Si nosotros cumpliéramos este único mandamiento, el mundo, la pobreza e injusticia serían diferentes, deberíamos memorizar esta cita y texto:

“Tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; forastero y me recibieron en su casa; sin ropas y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel y fueron a verme”. (Mt. 25, 35-36)

Estuve varias veces en la Argentina como invitado de la CLACSO, tiene mucha gente linda.

Me hice la señal de la cruz cuando lei el titulo y lamento muchísimo lo de Gaston.
Pero Ud.Sr Gentili perdio la brújula.
Ya que nació en Buenos Aires, tendría que saber que su articulo tiene una linea bien marcada que lo divide en DESGRACIA, (solo Dios sabe lo que nos espera) e ILEGALIDAD mezclada con IGNORANCIA.
Ya que estudio en Rio de Janeiro podría explicar perfectamente como hacen las personas para establecerse en las fabelas, que autorización para construir han pedido y que planos han presentado.
La pregunta es capciosa y la respuesta simple, pero esto es lo que sucede en Buenos Aires y Ud. debería saberlo.
Dígame Ud., ya que escribe para El Pais, si en España, siendo propietario de un par de ladrillos y un poco de cemento puede empezar a construir en donde mas le guste sin permiso alguno.
La pregunta es de nuevo capciosa y la respuesta aun mas fácil.
Pero hipnotizando que por esas casualidades de la vida que logre su cometido y la construya, haga un pozo ciego (SIN TAPA) y luego suceda lo que le sucedió al pobre Gaston, a quien van a culpar, al ayuntamiento que no hizo las cloacas, a quien construyo un pozo ciego por no tener cloacas pero que no lo tapo, a la policía que tendría que haber interrumpido la obra cuando vieron que ponían los primeros ladrillos ilegalmente o a la indisciplina de quien no teniendo permiso edilizio construyo igual.
Sr Gentili, antes de escribir la incoherencia que escribio con titulo "arrogante para capturar al lector" evalue todo el resto.

Su nota es parcial y da verguenza ajena. Sepa que son lugares uzurpados en lo mas caro de Buenos Aires, como si los Marroquies ilegales ponen casillas en el Parque del Retiro en Madrid porque les queda mas comodo para sus actividades. Las ambulancias no llegan porque no hay calles. Los patrulleros son apedrados por los vecinos y las salas de primeros auxilios son robadas constantemente.

Lamento lo sucedido, yo no soy de Argentina pero amo a su gente. He estado en Buenos Aires y su deslumbrante Puerto Madero... Pero a pesar de su luz y belleza es innegable que hay miseria que no se puede ocultar, deseo de todo corazón consuelo y protección para los habitantes de las villas y a todo ser desamparado en tan hermoso país.

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Sobre el autor

Pablo Gentili

Pablo Gentili. Nació en Buenos Aires y desde hace más de 20 años ejerce la docencia y la investigación social en Río de Janeiro. Ha escrito diversos libros sobre reformas educativas en América Latina y ha sido uno de los fundadores del Foro Mundial de Educación, iniciativa del Foro Social Mundial. Es Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ). Coordina el Núcleo de Política Educativa de la Universidad Metropolitana de la Educación y el Trabajo (UMET) y el Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (UMET/FLACSO/UERJ).

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