Cada campaña electoral tiene sus grandes momentos estelares. Priman los fuegos de artificio sobre el contenido. Luego hay quien se extraña de que la fe de la ciudadanía en la política y en los políticos esté bajo cero. El caso que nos ocupa es un dictamen sobre el pacto fiscal, el escenario elegido es el Parlamento de Cataluña y lo aprobado el viernes 27, un monumento a la inconcreción.
Los votos de CiU, Esquerra y, en algunos puntos, Iniciativa-Verds han dado luz verde a lo que deben ser los pilares del anhelado concierto, pero sin concretar ni la aportación solidaria a otras comunidades ni, por supuesto, cual va a ser el cupo. De lo que se trataba era sencillamente de aprobar unos principios generales para que en plena precampaña se visualice que Convergència -que hizo del concierto su punto estrella programático el las pasadas autonómicas- trabaja para lograr esa poción mágica que va a sacar a Cataluña del pozo de la crisis. El ambiente había sido caldeado previamente, ya que dos días antes el consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, presentó su cálculo sobre el déficit fiscal catalán en 2009, que cifró en 16.500 millones de euros. La balanza fiscal mide la diferencia entre cuánto aportan los ciudadanos de un territorio al conjunto de España y cuánto reciben de la Administración central a través de servicios públicos e inversiones.
Lo más concreto de lo aprobado por el Parlamento catalán es la petición de que la Generalitat recaude todos los impuestos. Y lo más tangible es que todos los partidos reconocen la necesidad de revisar el actual modelo. Luego se inicia la interminable carrera de obstáculos: reformar la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA) para que Cataluña tenga un trato tan asimétrico como el País Vasco o Navarra; elaborar una nueva ley para que una eventual consulta sobre el citado pacto fiscal no requiera la autorización del Gobierno central... Y todo ha empezado sin contar con el apoyo a la iniciativa de PSC y PP, los partidos que pueden gobernar en España.
Es cierto que el 75% de la ciudadanía catalana es partidaria de un pacto fiscal, al que ven como una forma de conseguir más fondos que permitan amortiguar los efectos de la crisis. Pero establecer una relación directa entre pacto fiscal y salida de la crisis es peligroso, sobre todo cuando el paro alcanza en Cataluña a las 742.000 personas y hay 194.000 familias con todos sus integrantes en paro. No hay pociones mágicas. En la vida real hay recortes y paro. Y los días festivos fuegos de artificio.