Ni los versos iniciales de Espriu ni los finales de Joan Oliver han ablandado el corazón de Mariano Rajoy. Josep Antoni Duran Lleida no ha arrancado ni un solo compromiso del candidato a la presidencia del Gobierno en la primera sesión del debate de investidura. O sea que CiU lo va a tener difícil para abstenerse, a juzgar por la letra del guión que la federación nacionalista ha aplicado en los dos debates de investidura anteriores. A Zapatero le arrancó en 2008 la publicación de las balanzas fiscales y el sorprendente compromiso de un estudio para el trasvase del Ródano cuando ya estaba prácticamente ultimada la desalinizadora de Barcelona. En 2004 Zapatero y Duran acordaron poner el contador a cero, lo que no era poco después de que el tripartito de Pasqual Maragall echara del Palau de la Generalitat a unos inquilinos que lo habitaban desde hacía 23 años.
El pacto fiscal, defendido con pasión por el portavoz de CiU, ha chocado una y otra vez contra un Rajoy impertérrito que ha insistido en su receta de que hay que dar prioridad al crecimiento para no socializar únicamente los restos del naufragio. Ni una sola señal hacia el punto estrella del programa de CiU. Duran no ha logrado del candidato más que un tímido “si lo dice la ley, lo cumpliré”, aplicado tanto al fondo de competitividad -1.450 millones- como al pago pendiente de 759 millones por inversiones previsto en la adicional tercera del Estatuto. En ese debate se ha producido la paradoja de que el Partido Popular niega ahora lo que votó estando en la oposición: los célebres 1.450 millones del citado fondo, sobre cuya legalidad duda ahora -como lo ha hecho en su réplica a Duran- el propio Rajoy.
CiU tiene, pues, una difícil papeleta que resolver. En el Parlamento catalán depende para aprobar los presupuestos de un PP que en el Congreso cuenta con mayoría absoluta. La federación nacionalista históricamente ha preferido pactar con partidos de ámbito español, especialmente si están a los mandos del Gobierno central. Convergència i Unió, aunque siempre amaga con infidelidades con Esquerra Republicana, acaba prefiriendo el confort que le ofrecen la familia popular o la socialista. El encaje de bolillos se complica, pues, para una CiU a la que un compromiso le hubiera bastado para abstenerse. Pero, de momento, Rajoy le ha dado calabazas a Duran.