Convergència afila sus herramientas dialécticas para ofrecer su mejor perfil nacionalista. Vela armas para que el Congreso de Reus proyecte a la sociedad catalana una imagen de fuerza batalladora en pos de la soberanía plena. Aunque solo un 11% de las enmiendas presentadas al congreso del fin de semana hace hincapié en las bondades del independentismo, el 71% de los delegados pide para Cataluña un estado propio. Y esa va a ser la sustancia base que los dirigentes de CDC administrarán en el cónclave de Reus hasta lograr la mezcla perfecta: un soberanismo tan exitoso como polisémico y de contornos imprecisos. El crescendo nacionalista va a ser ensordecedor, tanto por el ruido interno como por el externo. El congreso convergente llega arropado por una buena banda sonora. Cierta prensa conservadora se empecina en remachar el clavo de que el Gobierno de Artur Mas conduce el país hacia la independencia. Uno de los motivos esgrimidos por los apologetas de la enosis a ultranza es la famosa ley consultas, bajo la que se pretende preguntar sobre ese primer peldaño de la transición nacional: el pacto fiscal. La ley está actualmente en trámite en Parlamento catalán gracias a la luz verde obtenida de los grandes partidos, incluido en PP.
Así las cosas, el debate nacionalista instrumentado corre el riesgo de convertirse en una comedia de enredo, en la que un cúmulo de malos entendidos y medias verdades cree situaciones surrealistas. Mientras la delegada del Gobierno da órdenes para que la Policía Nacional y la Guardia Civil se aseguren de que la bandera española ondea en todos los ayuntamientos, el Ejecutivo catalán garantiza asesoramiento jurídico a los municipios que se apunten al desafío y decidan descolgar la rojigualda. Ese lance de capa y espada llena periódicos y webs. Sus promotores anuncian que el eje derecha-izquierda ha fallecido en beneficio de la antinomia catalanismo-españolismo. Mientras, el PP se presta a pactar con CiU los presupuestos de la Generalitat, con sus recortes y sus leyes de acompañamiento. Y Convergència apoya la reforma laboral del Partido Popular y pone ojos interesantes ante la posibilidad de pactar las cuentas del Estado para 2012. Del congreso de Reus saldrá una CDC mucho más soberanista que, en el día a día, seguirá siendo sostén legitimador del PP en el Congreso de los Diputados, mientras que los populares continuarán dando apoyo al Gobierno catalán. El último episodio es el acuerdo al que han llegado CiU y PP para gobernar la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. CiU la presidirá y el PP ocupará la vicepresidencia del ente, lo que en palabras pronunciadas hace unos días por Artur Mas en Bruselas, es un elemento “normalizador” para el partido de Mariano Rajoy en Cataluña. Mientras los símbolos chocan, los hechos unen. ¿Hasta cuándo?