Es posible que Donna Leon, la narradora noir de la Venecia contemporánea, termine incluyendo la historia del conde Cristiano Barozzi en alguna de sus novelas. Al comisario de ficción Brunetti le encantaría, desde luego, cruzarse en alguna aventura con este noble veneciano de carne y hueso. Y muy probablemente, después de detenerle y entregarle a la justicia, le absolvería en su fuero interno.
El conde Barozzi y príncipe de Santorini, de 70 años de edad, fue detenido a comienzos de esta semana en el aeropuerto Marco Polo de Venecia. Procedía de Santo Domingo, a donde había escapado semanas atrás, y venía a entregarse. De cabello canoso, ojos claros y piel bronceada, vestido con un jersey y una camisa de dandi, el conde fue fotografiado entre dos carabinieri. Con una chaqueta a cuadros azules y blancos intentaba ocultar sus manos esposadas.
¿De qué se le acusa? De robar pinturas a amigos nobles y ricos de la aristocracia de Venecia, reproducirlas en su taller, reponer las obras falsificadas, quedarse con los originales y venderlos luego a anticuarios de la ciudad de los canales. El conde Barozzi estaba arruinado como corresponde a un personaje viscontiniano, pero tenía mucha sensibilidad artística y grandes cualidades de copista. Terminó convirtiéndose en un artista de la falsificación.
Su modus operandi era sofisticado. Fotografiaba cuadros en las casas de sus amigos, los reproducía en serigrafía por procedimientos digitales y envejecía las copias con pinturas y barnices. Quedaba, por supuesto, lo más complicado: sacar los originales de sus domicilios y devolver luego las copias. A tal efecto, se había ido creando una red de cómplices entre los mayordomos de las familias nobiliarias venecianas. Les pagaba 1.500 euros por cada sustracción y reposición. Por supuesto, Baruzzi entregaba las falsificaciones en los marcos originales. Era muy difícil que los propietarios se dieran cuenta de que aquellos cuadros mal iluminados de sus palacios eran reproducciones.
Llevaba así una década y sus robos se cuentan por decenas. Su especialidad eran lienzos de las escuelas de Tintoretto y Guardi, que tienen una buena cotización en el mercado. En su red también figuraban un experto en impresión digital y una autoridad pública: el consejero de Bellas Artes de Padova.
Barozzi solo fue descubierto porque uno de sus colaboradores, uno de los mayordomos en concreto, se fue de la lengua. La Policía puso manos a la obra y, el pasado marzo, detuvo a varios miembros de la red, aunque no al conde, que escapó a Santo Domingo. De allí regresó voluntariamente hace unos días pasar ser detenido y encarcelado.
En un post en diario online Lettera 43, Lia Celi llama al conde Barozzi il ladro gentile. En un doble sentido, precisa. En primer lugar, porque es “gentiluomo in senso letterale”, un miembro de una familia centenaria de la aristocracia de la Serenissima: los libros de historia registran que ya en 1246 un Barozzi, al mando de una flota de 55 galeras, arrebató Acre a los genoveses. Y en segundo lugar, porque es un ladrón de guante blanco, de la estirpe de Rocambole y Arsenio Lupin: robaba a los ricos sin causar a nadie el menor daño físico. Lia Celi imagina que los problemas económicos del conde se debían a “deudas de juego, mujeres exigentes o las dos cosas a la vez”.
En estos tiempos brutales, es delicioso para el cronista contar una historia como esta. E imaginarla en una novela de Donna Leon. ¡Qué gran enemigo sería el conde Barozzi para el comisario Brunetti!
Nacida en Estados Unidos en 1942 y residente desde su juventud en Italia, Donna Leon es una de las grandes damas de la literatura policíaca contemporánea. La vieja, hermosa, corrupta, compleja y traicionera Venecia es el escenario de sus novelas, y Brunetti, su protagonista. Calmoso y deductivo, Brunetti, de la estirpe de Maigret, considera que su obligación es detener a las personas que cometen delitos abstrayéndose de las presiones de los siempre excitados e interesados políticos y periodistas.
Un pelín descreído, el comisario veneciano está convencido de que el secreto del éxito policial no estriba en la inteligencia de los investigadores, sino en la estupidez de los delincuentes, que siempre cometen un error garrafal.
En Cuestión de fe (Seix Barral, 2010), una de las últimas novelas de Donna Leon, el comisario Brunetti comienza teniéndoselas que ver con el mundillo veneciano de los adivinos, videntes, consultores astrales, lectores de las cartas del tarot e interpretes del horóscopo, y termina lidiando con un caso de corrupción y asesinato en el seno de la maquinaria judicial de la Serenissima. En pleno agosto, con la familia de vacaciones, en medio del calor y la humedad insoportables de Venecia, Brunetti va tirando a base de tomate, prosciutto y agua mineral hasta desentrañar el caso.
Brunetti, por cierto, no tendría demasiados problemas para introducirse en el mundo nobiliario de la ciudad de los canales. Su esposa, Paola, profesora de literatura inglesa y devota lectora de Henry James, Melville y Dickens, es hija de un conde veneciano.
Hay 13 Comentarios
Bueno, es un manera de rentabilizar unos cuadros...al final, todo quedaba entre amigos...
Publicado por: Angie | 16/05/2012 20:29:55
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Publicado por: Quick Query | 14/05/2012 19:14:53
Me gusta mucho Leon,pero que no se puedan traducir sus libros al italiano resulta muy raro.Aun así,me ha descubierto un mundo desconocido,los auténticos venecianos como Brunetti,con su dialecto y también la Venecia ajena totalmente al turismo.
Publicado por: Galena | 12/05/2012 18:24:18
Para ser de Dona Leon o Agatha Christie a esta historia le falta un asesinato, afortunadamente. Muy bueno el post y el blog.
Publicado por: Irina | 12/05/2012 12:52:28
Más que de Donna Leon, me parece una historia digna de Agatha Christie
Publicado por: Luis del Palacio | 12/05/2012 11:15:19
La realidad supera a la ficción. Es una historia típicamente cinematográfica. Peter Sellers hubiese dado el perfil del conde este, venido a menos.
Otros "fantasmas" como este, pero más peligrosos (políticos, banqueros, primeros ministros) están en mi blog.
www.odiaconmigo.blogspot.com
Publicado por: Fernando Weissmann | 12/05/2012 0:30:26
"detenerle y entregarle a la justicia", ¿leísmo?.
Publicado por: Ciudadano B | 11/05/2012 23:31:11
Vaya pedazo de historia! Buenísima...
Publicado por: Luis | 11/05/2012 22:17:08
No se menciona a los compradores de los cuadros. Se supone que los devuelvan y sean reembolsados por el personaje de marras. Claro, él no va a tener dinero para eso. Pero de alguna manera quienes lo pusieron en prisión, deben gestionar el retorno de las obras a sus dueños originales. Quienes pagaron por eso son cómplices del aristócrata. Debían haber preguntado de dónde salieron esos originales.
Publicado por: Jotache | 11/05/2012 18:39:13
Hacía tiempo que no oía lo de "ladrón de guante blanco". Da gusto. Gracias
Publicado por: L. Sanz | 11/05/2012 17:30:47
muy interesante. toda Venecia está hablando de él. yo me topé con él hace unos 15 años a una cena, personaje encantador.
pero el asunto es más monicelliano que viscontiano.
y en cuanto a Donna Leon...mmmh...no permite la traducción italiana de sus libros, me surge la sospecha que funcione a topicazos, tendré que averiguarlo
Publicado por: Manfredo | 11/05/2012 17:11:37
Me encantan las novelas de D Leon... Y este blog
Publicado por: Lourdes | 11/05/2012 15:02:38
Tienes razon Valenzuela, un caso como este es delicioso, viscontiniano
Publicado por: Carlos | 11/05/2012 14:14:49