Todo en esta historia tristemente real es pura barbarie: la pena de muerte; el método escogido para ejecutarla: la lapidación; el falso delito que provoca esta pena: el supuesto adulterio de una mujer; la ausencia de nada parecido a un juicio justo… La de Intisar Sharif Abdallah es una historia que nos devuelve miles de años atrás, a tiempos de toscos pastores regidos por leyes supuestamente emanadas de un Dios cejijunto, misógino y brutal.
La historia la cuenta, con acento de urgencia, Amnistía Internacional, y ocurre en Sudán, uno de esos países que como Arabia Saudí, Irán o Afganistán se han convertido en sinónimo de la estupidez criminal fundamentalista. “Intisar Sharif Abdallah , de 20 años de edad, fue acusada de adulterio y condenada a muerte en un juicio injusto”, dice el comunicado de la organización internacional de defensa de los derechos humanos. “Intisar”, añade, “se encuentra en prisión junto con su hijo pequeño de cuatro meses esperando a que se ejecute su sentencia”.