Una de las historias centrales de Cualquier otro día es la de la Policía de Boston a finales de los años 1910. Dirigida y compuesta mayoritariamente por irlandeses, la Policía de Boston es la fuerza de choque que reprime a los entonces pujantes movimientos obreros de la ciudad, en particular los bolcheviques y los anarquistas. A la par, sus miembros inician un combate colectivo para cobrar sueldos mínimamente dignos, conseguir que la Administración, y no ellos, pague sus armas y uniformes, y adquirir el derecho a organizarse en sindicatos.