Samia
Ghali, alcalde socialista de los distritos 15 y 16 de Marsella, ha
conseguido recientemente una controvertida reputación nacional por solicitar en
voz alta la intervención del Ejército francés para terminar con la violencia gansteril
que sacude su ciudad. Una veintena de muertos a tiros en lo que llevamos de año
en ajustes de cuentas entre bandas rivales es, desde luego, una cifra
impresionante.
Uno de los últimos casos acaba de ser contado por la periodista Maia de la Baume en un reportaje en el International Herald Tribune (Drug violence stalks Marseille). Ocurrió en la noche del 30 de agosto cuando un coche se detuvo ante un semáforo en rojo del bulevar Casanova y fue tiroteado desde otro vehículo surgido de repente. Una sola ráfaga de Kalashnikov abatió en el acto a Walid Markouzy, un presunto camello local, e hirió a su novia. La Policía recogió 30 casquillos.