Maite Rico

Sobre la autora

. Geógrafa de formación y periodista de profesión. Ha cubierto para EL PAÍS varios de los conflictos más importantes de las dos últimas décadas (Bosnia, Somalia, Libia) y ha sido corresponsal en México y Centroamérica. Es coautora de dos libros: Marcos, la genial impostura (Aguilar), sobre la revuelta zapatista, y ¿Quién mató al obispo? Autopsia de un crimen político (Planeta), sobre el asesinato de Juan Gerardi, defensor de los derechos humanos en Guatemala.

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La tragedia de Jorge

Por: | 27 de julio de 2012

Se llamaba Jorge Amílcar Ramírez y tenía 10 años. Se ahorcó hace días en su casa, cerca de la capital guatemalteca. “Infante se suicida en Peronia”, rezaba una escueta nota en la prensa local.

Sostengo que los sucesos dicen tanto o más de un país que los avatares políticos. Y este es un ejemplo. Este viernes, el diario El Periódico aporta más detalles. El padre de Jorge había abandonado a la familia. Su madre trabajaba “en un bar”. Él cuidaba de sus dos hermanos pequeños. Iba al colegio con hambre. Y sus compañeros mayores se mofaban de él y lo golpeaban.

El crío llevaba tres meses sin ir a clase. Lo habían visto lavando vehículos en la calle. Antes se había acercado llorando a su maestra. Pero ni ella ni el director se tomaron la molestia en averiguar qué sucedía. A sus 10 años, Jorge tiró la toalla. El director culpa al Ministerio por no capacitarlos.

Sí, es una anécdota. Pero esta pincelada trágica (que no es excepcional) refleja un grado de desidia escolar difícilmente imaginable en otras latitudes. Estos fallos en la atención básica son todo un síntoma de las carencias del sistema educativo. El gran lastre de América Latina.

PeticionImagenCAZSCPFYA veces son anécdotas. Y otras, estadísticas palmarias. Como las que presentó este martes en México el secretario (ministro) de Educación, José Ángel Córdova, y que este viernes todavía colean en la prensa. Córdova hizo públicos los resultados del Concurso Nacional de Plazas Docentes para cubrir unas 18.000 vacantes. El 70% de los 134.000  maestros aspirantes suspendieron el examen. La mayoría están en activo y buscaban un traslado. El desastre es tal, que en algunos Estados, como Oaxaca o Chiapas, se ha rebajado el baremo. “Se bajó el nivel, porque si no, no tendríamos maestros”. Fue La Perla del Día del Milenio. De tal palo, tal alumno, escribía el jueves en ese diario Horacio Castellanos. Y El Universal le dedicaba su editorial, Maestros reprobados.

Este viernes La Razón, que ofreció el martes el detalle de los resultados, señala que los más afectados por la bajada del baremo son los niños indígenas: ellos tendrán a los maestros con peores calificaciones, pero que hablan alguna de sus lenguas.

Este mismo diario recogía el año pasado un informe demoledor de la OCDE, que mostraba que el 70% de los maestros mexicanos presentan falta de preparación y un alto grado de absentismo.

Señala Luis Petersen en La escuela del autogol, en Milenio, que el diagnóstico está hecho. Lo que falta es voluntad de desatascar el sistema.

Ningún gobierno se ha atrevido hasta ahora a meter mano. Faltan medios, sin duda. Pero ese no es el único problema. La educación en México está secuestrada desde hace décadas por unos sindicatos cuasi mafiosos que se han convertido en una pieza clave del clientelismo político. No hay mas que revisar la hemeroteca para darse cuenta de que los afiliados están más horas en plantones, marchas y protestas que en clase (ahora participan en el asedio a la sede de Televisa con las huestes de López Obrador). En defensa de la "enseñanza pública" han boicoteado cualquier iniciativa para para mejorar la educación, ya sean pruebas de idoneidad o planes de capacitación. Han llegado a exigir que las plazas de maestros sean hereditarias. Y en medio de todo ello, los esforzados y los vocacionales se encuentran sin medios ni apoyos.

En plena debacle los políticos callan, pero surgen algunas voces interesantes. "Que no se engañen. Si ellos tienen bajas calificaciones y son los que nos van a enseñar, ¿qué vamos a aprender?". "No quiero que a ningún niño le toque un mal maestro. Los que no ponen el empeño en la educación, pese a que eso fue lo que escogieron, es porque no tienen ganas de hacerlo". "Que los maestros piensen más en los demás, porque así nos ayudan a todos". Son de Fernanda, Ana o Irma, alumnas mexicanas premiadas por tener las mejores calificaciones en primaria. Lo cuenta El Universal.

 

El País

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