Maite Rico

Sobre la autora

. Geógrafa de formación y periodista de profesión. Ha cubierto para EL PAÍS varios de los conflictos más importantes de las dos últimas décadas (Bosnia, Somalia, Libia) y ha sido corresponsal en México y Centroamérica. Es coautora de dos libros: Marcos, la genial impostura (Aguilar), sobre la revuelta zapatista, y ¿Quién mató al obispo? Autopsia de un crimen político (Planeta), sobre el asesinato de Juan Gerardi, defensor de los derechos humanos en Guatemala.

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Y la Madrastra mordió el polvo

Por: | 30 de julio de 2012


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A veces, pocas, la realidad nos aporta episodios de justicia poética. El partido Honduras-España en los Juegos de Londres es uno de ellos. Y no me refiero a la calidad futbolística. Hace un mes, Xavi Hernández, centrocampista de La Roja, dijo: “La Eurocopa es más difícil que el Mundial. No hay cenicientas. En el Mundial, con todos mis respetos, te puede tocar, no sé, Honduras o Arabia…” La frase pasó casi inadvertida en España… y en Arabia, supongo. Pero no para los hondureños, que se sintieron, con razón, dolidos.

Y hete aquí que el domingo, la Madrastra mordió el polvo. "Adiós, Madre Patria”, titula La Tribuna de Tegucigalpa, que incide en cómo “estos muchachos pasarán a la posteridad” por sumir “en la vergüenza a España”. “29 de julio, el día que la cenicienta Honduras se rebeló ante España”, reza la nota principal de La Prensa de San Pedro Sula. “España llegó como favorita, y se fue sin pena ni gloria”. Se topó, dice, “con la aguerrida Honduras”.

“¡Histórico triunfo! Hoy el mundo sabe dónde está ubicada geográficamente Honduras (…) Eliminó con grandes argumentos a España”, escribe el El Tiempo. “Hazaña Olímpica”, titula el diario Diez. “Honduras despachó a España”.

Si los triunfos de La Roja en la Eurocopa 2008, el Mundial 2010 y de nuevo la Eurocopa en 2012 mitigaron momentáneamente el pesimismo de una España en crisis, el 1-0 de Honduras en Londres ha surtido el mismo efecto en uno de los países más pobres y violentos de América Latina.

En vísperas del partido, el editorial del diario El Heraldo criticaba "la falta de visión" y "el mal uso" que los "politiqueros" hacen de los pocos recursos disponibles para los deportistas hondureños. Y hacía votos por que "un golpe de suerte" ante España les llevara la alegría para aliviar "la pesada carga que han puesto sobre nuestros hombros los pésimos gobernantes de ayer y hoy". El domingo, las calles de Honduras fueron un delirio de sonrisas y banderas blanquiazules.

El júbilo ha saltado las fronteras y se ha extendido a los vecinos salvadoreños, que han llenado de felicitaciones las versiones digitales de los diarios. Ejemplo: "Gracias en nombre de Centroamérica", dice un "guanaco" (salvadoreño) a sus hermanos "catrachos" (hondureños). "Está bueno que a los agrandados españoletes los hayan eliminado".

En el Mundial de 1970, los partidos entre las selecciones de El Salvador y Honduras fueron el detonante para la llamada Guerra del Fútbol. El choque bélico, que no estaba provocado por el deporte sino por la acumulación de problemas sociales y rencores alentados por los gobiernos respectivos, duró cien días y dejó miles de muertos. Ayer la victoria de Honduras se vivió como una reivindicación de orgullo centroamericano. Lo que el fútbol separó, el fútbol unió.

El País

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