En todas las reseñas y biografías, Gerard Reichel-Domaltoff (1912-1994) aparece como el padre de la antropología colombiana, gran conocedor de las comunidades indígenas en el país andino y pionero de la defensa de la diversidad cultural. Ahora a todo esto se acaba de añadir un apéndice menos noble: su pasado nazi.
La revelación, hecha por uno de sus colegas, el antropólogo Augusto Oyuela-Caycedo, ha conmocionado al mundo académico de Colombia. Esta semana, la revista cultural Arcadia se hace eco de los hallazgos que Oyuela, profesor de la Universidad de Florida, presentó en el Congreso de Americanistas celebrado recientemente en Viena (el vídeo está disponible en Youtube). Reichel-Dolmatoff, según corroboran los archivos alemanes, estuvo en las SS, fue parte de la guardia de Hitler y estuvo destinado en el campo de concentración de Dachau. Oyuela encontró además un documento estremecedor: un texto titulado Confesiones de un asesino de la Gestapo, atribuido a Reichel, en el que narra su participación en una matanza en 1931.
Reichel, fundador del Departamento de Antropología en la Universidad de los Andes, fue recibido en Colombia como un combatiente antinazi, colaborador de la Resistencia francesa, condecorado por el mismísimo Charles de Gaulle. ¿Entonces?
La trama parece demasiado complicada como para sacar conclusiones taxativas. Hay lagunas. Reichel-Domaltoff sufrió una crisis psiquiátrica en 1935, y se le pierde la pista. Reapareció en la República Checa y luego en París, donde contactó con la Resistencia. Su supuesto diario se publicó en una revista antihitleriana alemana. Y las SS le pusieron en su lista negra. ¿Pudo Reicher haber roto con el nazismo? Falta la pieza clave: el testimonio del protagonista.
¿Qué consecuencias pueden tener estas revelaciones sobre la figura de Reicher? Entre los lectores que han enviado comentarios en Arcadia o en El Espectador hay muchos que abogan por que ese pasado juvenil no emborrone sus contribuciones posteriores. Entre sus colegas, sin embargo, y desde el respeto profundo, se considera inevitable la revisión de su legado. Un interesante artículo de la BBC recoge este debate incipiente. Algunos académicos ven ahora con una nueva óptica, por ejemplo, el ideal de la pureza del indio, tan caro al antropólogo (y a los nazis, señala Oyuela-Caycedo). La discusión puede ser muy aleccionadora, sobre todo para quienes ahora esgrimen de nuevo la raza como arma arrojadiza.