Yoani Sánchez

Sobre los autores

. Una vez me gradué como filóloga, pero el periodismo y la tecnología me han subyugado más que la fonética y la gramática. Vivo en La Habana y fantaseo con que habito una Cuba a punto de cambiar.

Chávez de vuelta

Por: | 28 de noviembre de 2012

Calle

Al amplio repertorio de chistes populares se le ha agregado, hace unas semanas, uno que no deja de ser sintomático. Un par de amigos se encuentran en la calle y uno le pregunta al otro: “Oye ¿sabías tú que Cuba tiene el mayor y mejor pozo petrolero del mundo?” El sondeado empieza a cuestionarse en un primer momento si su compadre no habrá perdido la razón o si, por el contrario, acaban de descubrir un buen yacimiento de crudo y él mismo no está informado. Tal vez lo han dicho en el noticiero de la mañana que no ha podido ver, piensa por un momento. Así se queda cavilando en busca de una respuesta, cuando su socio rompe en una carcajada y anuncia: “Sí, chico, sí, nosotros tenemos el pozo petrolero Chávez #1, que ni se seca ni necesita recursos para explotarlo”.

El subsidio venezolano se hace sentir en cada esfera de la vida nacional y esa sensación no escapa a las bromas y a las ironías. Esta semana, el tema se ha potenciado aún más después de que Hugo Chávez pidiera permiso a la Asamblea Nacional de su país para recibir un nuevo tratamiento médico en la Isla. Supuestamente, Chávez arribó al aeropuerto de La Habana la madrugada del miércoles, aunque la prensa nacional se abstuvo de mostrar imágenes de ese momento. Desde días antes, ya se comentaba que el inquilino de Miraflores había tenido que venir de urgencia para recibir un nuevo tratamiento médico. Los rumores se dispararon alrededor de un posible empeoramiento de la salud del mandatario venezolano, pero el secretismo sigue marcando su estancia en Cuba. Ni una palabra se filtra, ni un doctor se atreve a dar testimonio, ni una revelación se escapa hacia los medios. Aun así, el nerviosismo se percibe en el aire.

Muchos temen que el “pozo petrolero Chávez #1” se pueda agotar y desencadenar con ello una crisis económica más profunda en nuestro país. Quizás los chistes callejeros tratan de reflejar la inquietud a través de la risa, pero detrás del sarcasmo se esconde la perenne desazón del mantenido.

Estado de SATS

Por: | 18 de noviembre de 2012

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Las manos unidas al frente, la respiración profunda, las luces que comienzan a encenderse y el telón que se descorre. El actor aún no está frente a su público, pero ya se encuentra en ese punto de partida para empezar a hablar, a gesticular en la voz y las formas de su personaje. Está en estado de “SATS”, una palabra escandinava que refiere justamente al instante previo a la acción teatral o al esfuerzo deportivo; el momento de mayor concentración que antecede al estallido artístico o a la descarga de adrenalina del salto, de la carrera. Esas cuatro letras, que resumen un viaje azaroso desde los abismos del yo hacia la extroversión, han sido asumidas por un proyecto de arte y pensamiento nacido en La Habana.

Estado de SATS se fundó en 2010 a partir de una idea de Antonio Rodiles y de otros dos cubanos emigrados. Surgió como “una iniciativa de jóvenes artistas, intelectuales y profesionales en busca de una mejor realidad” y en poco tiempo ganó reconocimiento y popularidad. La labor más conocida de SATS se centra en un programa de reflexión y debate que –filmado en la propia casa de Rodiles- circula con mucho éxito por las redes alternativas de información. Frente a esos micrófonos han pasado los más importantes actores sociales de la Cuba de hoy tocando temas medulares, impostergables. Muchos de esos invitados permanecen además silenciados o estigmatizados en la prensa oficial, de manera que los análisis y puntos de vista recogidos en los videos de SATS ahondan con honestidad en los graves problemas de nuestra sociedad, sin discriminar a nadie. Han brindado también la oportunidad para que otros proyectos artísticos, políticos o ciudadanos se narren en primera persona.

Pero hace más de una semana, la silla que ocupaba Antonio Rodiles en ese set sobrio y democrático está vacía. Ha sido detenido por la policía política cubana. El 7 de noviembre pasado, este hombre de 40 años que una vez se licenció en Física, entró a un calabozo del que todavía no ha salido. Pausado, analítico y con una profunda preocupación por todo lo que ocurre en su país, el fundador de SATS está viviendo en estos momentos el lado más sórdido de la represión en Cuba: la cárcel. Y su delito principal no parece ser el cargo de “resistencia al arresto” que alega un fiscal, sino el ilegal acto de pensar y opinar en una Isla donde ese “derecho” sólo le corresponde al Partido en el poder . Soñar y debatir sobre un país más inclusivo y plural es aquí un delito mayúsculo, bien que lo sabemos.

La estancia de Rodiles tras los barrotes es la materialización de una premonición, de unos de esos vaticinios dolorosos que muchos tuvimos mientras él expresaba sus opiniones y promovía que otros hicieran lo mismo. Lo veíamos como a una de esas luciérnagas atraídas por la luz de la responsabilidad cívica que –tarde o temprano- el totalitarismo de Raúl Castro haría que se incinerara en ella. Sus captores esperaron la oportunidad para atraparlo y eso ocurrió una tarde de miércoles cuando varios activistas exigían la libertad de Yaremis Flores, una abogada detenida. A las afueras de la temida Sección 21 (departamento que vigila y controla a opositores) se reunieron una decena de personas. Pero en lugar de liberar a la jurista, un grupo de agentes vestidos de civil se abalanzaron violentamente sobre los demandantes y los apresaron.

Al gesto pacífico se respondió con golpes, a la actitud cívica se le contrapuso la actitud represiva. Como si con el arresto de Antonio Rodiles se le quisiera dar una lección a toda la sociedad civil en su conjunto. Un otoño oscuro de dimensiones mucho menores a las de aquella Primavera Negra de 2003 –pero no por ello menos aterrador- se sucedió a partir de ese momento. El saldo, una treintena de disidentes detenidos temporalmente, entre periodistas independientes, activistas y bloggers alternativos. Yo misma estuve unas nueve horas en un estrecho cuarto donde tres mujeres y un hombre probaban todos los métodos verbales para desbaratar mi autoestima. Mi mente, sin embargo, estaba a mil kilómetros de allí, escapada hacia algún lugar hermoso en el que ellos no podían alcanzarme. Tengo casi la seguridad de que Rodiles está viviendo una situación similar, agravada por su estancia de varios días en una estación policial. Con él deben estarse probando los más acabados métodos de coacción y amenaza. Me imagino que le hayan dicho –como a mí- que se vaya de Cuba, que se largue de aquí porque esta Isla “es de Fidel”, como todas las calles, las aceras, cada árbol y cada fachada que conocemos. Librarse de los críticos empujándolos al exilio sigue siendo la estrategia más repetida contra los inconformes.

De seguro le están mencionando a este habanero, que un día vivió en el DF mexicano, los nombres de todos sus familiares. Sutil método para hacerle ver que conocen a los suyos, que están al tanto de todos su movimientos, que algo podría ocurrirles mientras caminan por las calles. Si la estrategia de los interrogatorios se repite, como el disco rayado de la prepotencia, entonces vislumbro dónde terminan algunas de esas sesiones de preguntas. Quizás lo amenacen –como le han hecho a tantos- con encerrarlo por largos años en una celda sucia, pestilente, violenta. Sus instructores policiales se reirán entre dientes mientras hacen también alusiones sexuales, atemorizantes. Y es en esos momentos cuando uno le ve el verdadero rostro a Fantomas, cuando se comprueba en carne propia la mediocridad absoluta bajo la piel del verdugo; en los que se reafirma la idea de por qué hay que seguir intentando cambiar Cuba. Para que esos censores de la risa y de la libertad, esos que saltan rápido del código penal al código del matonismo y de la guapería, no puedan seguir mandando en este país. Para que nadie caiga –nunca más- en un agujero de la legalidad donde cualquier cosa puede sucederle.

Sé que Antonio Rodiles será fuerte, que está ahora mismo como el actor que se zambulle en su interior para estallar en un estado más libre, en un estado de SATS.

La urna a noventa millas

Por: | 08 de noviembre de 2012

Granma

 

El viernes, la prensa cubana se lanzó, con una nota agresiva del Ministerio de Relaciones Exteriores, contra la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA). A la tradicional escalada verbal hacia el vecino del norte, le acompañaba esta vez una diatriba sobre el funcionamiento en su sede consular de una sala de Internet abierta al público. El lugar existe desde hace varios años y es visitado por disímiles personas: desde estudiantes que realizan investigaciones, pasando por periodistas independientes necesitados de publicar sus noticias, hasta familiares de exiliados que quieren contactarlos vía correo electrónico. En un país donde el acceso al ciberespacio es un lujo que disfrutan unos pocos, las largas filas para acceder al centro de Internet de la SINA molestan al gobierno.

 Sin embargo, después de leer la altisonante declaración, una interrogante salta sobre cualquier otra: ¿por qué ahora? Si esas salas con servicio web funcionan desde casi una década ¿por qué aparecen en este momento en la portada del periódico Granma? La respuesta apunta hacia lo ocurrido este martes en las urnas norteamericanas. Se trata evidentemente de una jugada que se adelantaba a las elecciones en Estados Unidos. El margen entre Barack Obama y Mitt Romney era estrecho y el gobierno de Raúl Castro bien que lo sabía. De manera que, desde hace meses, había comenzado a ajustar los proyectiles verbales tanto contra un candidato como contra el otro. Para la propaganda oficial, el reelecto presidente estadounidense es el hombre que “ha recrudecido el bloqueo imperialista”, mientras que su contrincante republicano representa “la política anticubana”. De mal en peor, nos había advertido machaconamente.

 Las miradas dentro de la Isla se dirigían, entonces, con curiosidad y expectación hacia las elecciones en el vecino del Norte. Había demasiadas cosas en juego al otro lado del Estrecho de La Florida. La política de la Plaza de la Revolución se define a partir de llevarle la contraria a Washington, lo cual establece una manera muy peculiar de dependencia. Raúl Castro lanza una apocada reforma migratoria y explica que no se pudo ir más allá porque somos una plaza sitiada por el Imperio. El permiso para legalizar otros partidos tampoco puede otorgarse porque “el Tío Sam acecha”, mientras el acceso a Internet tiene que hacerse paulatino y selectivo, para que “la guerra mediática del Pentágono” no nos afecte en demasía. Si se analiza esta perenne rivalidad, habría que concluir que nunca los destinos de los cubanos han dependido tanto de Estados Unidos como ahora. Jamás nuestra cotidianidad ha estado tan sujeta a lo que decida el inquilino de la oficina oval.

El acérrimo discurso antiimperialista del gobierno cubano ha concluido por morderse la cola. Durante semanas, en los medios oficiales se ha hablado más de los comicios estadounidenses que acerca de nuestras elecciones del Poder Popular. Abocados a sacar las aristas negativas de las presidenciales norteamericanas, los comentaristas televisivos han olvidado la máxima de que “nada hay más atractivo que lo prohibido”. Y así cada adjetivo agresivo, cada burla, cada diatriba contra Obama y Romney, provocaron una expectación inusual en torno a este primer martes de noviembre.

Todo esto marcado, además, por la progresiva pérdida de importancia de Cuba en la política de Estados Unidos. Por la marcada irrelevancia de esta Isla que ha quedado en evidencia durante la actual campaña presidencial, en la que apenas se le ha dedicado atención. Lejos ha quedado aquel octubre de 1962 cuando los cohetes nucleares obligaron al mundo a  estar atento de la mayor de las Antillas. Ahora la mirada de Obama se dirige hacia otros lugares y en su segundo mandato se profundizará esa tendencia. Tendrá que atender en primer lugar los problemas de la economía interna de Estados Unidos e intentar sanear sus finanzas. La crisis en Europa ocupará una buena parte de su atención y también la situación de Irak, Afganistán, Irán y ahora Siria.

Raúl Castro necesita volver a ganar protagonismo en la agenda de su eterno enemigo, pues le va el poder en ello. Su discurso hacia dentro y hacia fuera se basa en esa rivalidad, no puede existir sin ella. Por eso ya empiezan los síntomas de una escalada diplomática que obligará a un posicionamiento del recién ratificado presidente norteamericano. Al lenguaje político se le saca filo, a los insultos se les da lustre y se hunde el aguijón de la confrontación para que el mandatario reaccione. Son tiempos de tratar de colarse entre las prioridades del vecino del norte, cueste lo que cueste… pero esa estrategia ya no funciona.

El País

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