Yoani Sánchez

Sobre los autores

. Una vez me gradué como filóloga, pero el periodismo y la tecnología me han subyugado más que la fonética y la gramática. Vivo en La Habana y fantaseo con que habito una Cuba a punto de cambiar.

De eso no se habla…

Por: | 27 de diciembre de 2012

 

Eliécer levanta ladrillo a ladrillo el corral para los cerdos, friega el suelo con una manguera y da de comer a una hembra rolliza y recién parida. Cerca pasa un vecino y le grita ¡Viste, “tu amigo” Alarcón ya no está en el Parlamento! Las palabras desentonan con la situación, ponen una dosis de alta política en medio de la dura cotidianidad. Pero para el joven tunero ya son comunes tales contrastes. Hace cinco años estaba en un salón de reuniones de la Universidad de Ciencias Informáticas con un micrófono en la mano. Hoy, trata de ganarse la existencia en medio de las estrecheces materiales y las incomprensiones de un pueblo de provincia.

 Cuando hace pocos días se publicó la lista de los diputados a la octava legislatura, muchos pensaron inmediatamente en Eliécer Ávila. En enero de 2008, el entonces estudiante de la UCI interpeló al Presidente de la Asamblea Nacional, quien respondió con maniqueas –y hasta ridículas- argumentaciones. El video de aquel momento se difundió a una velocidad inédita en las recién estrenadas redes alternativas para distribuir audiovisuales. Tal suceso contribuyó a acelerar el conteo regresivo para Ricardo Alarcón. Una caída en desgracia ya sugerida al no ser incluido en la proclama donde Fidel Castro delegó el poder a sus hombres de confianza. El veterano diplomático, devenido parlamentario, no estaba entre los elegidos para ocuparse de las mayores responsabilidades del gobierno. Lo habían excluido del grupo más confiable. Sólo faltaba que su sustitución se hiciera efectiva, la cual -al lento ritmo en que se mueve la nomenclatura cubana- ocurrirá en febrero de 2013.

 Más allá de un funcionario defenestrado y de un joven con energía y claridad para llegar mucho más lejos, vale la pena analizar cómo ha llevado la noticia la prensa cubana. Durante toda la semana se ha publicado el nombre y una pequeña biografía de cada diputado. También se ha analizado el porcentaje de féminas, campesinos y jóvenes que se sentarán en las butacas del Palacio de las Convenciones… pero ni una palabra sobre el actual presidente del Parlamento que recesará en sus funciones. ¿Pueden ustedes imaginar una prensa, realmente atenta a la realidad, que no hable de lo que más se menciona en cada calle, cada esquina, cada casa cubana? ¿Pueden ustedes concebir  que los vecinos de Eliécer Ávila tengan más “olfato periodístico”, más “garra informativa”, que todos los reporteros de Granma?

* La versión completa del vídeo presentado: http://www.diariodecuba.com/multimedia/video/eliecer-avila-vs-ricardo-alarcon

El Rincón

Por: | 19 de diciembre de 2012

Peregrinacion
Un hombre avanza de rodillas por la calle,  llevando sobre sus hombros un madero en forma de cruz. Va por la avenida que conduce al aeropuerto. Los autos paran y dejan que el penitente se tome su tiempo. Es el 17 de diciembre, día dedicado a San Lázaro, sincretizado en las creencias africanas con el orisha Babalú Ayé. Este santo católico goza de gran popularidad entre los cubanos, especialmente en quienes tienen algún padecimiento físico y le piden a él una pronta recuperación. Después llega la hora de pagar la promesa, que se hace llevando una ofrenda al Santuario de El Rincón.

Cada diciembre, un mar de gente camina, se arrastra o carga pesadas piedras hacia la pequeña Iglesia a las afueras de La Habana. A los laterales de la calle, los puestos de venta ofertan imágenes de santos, velas y rosarios. Los pobladores de El Rincón hacen su agosto comerciando con todo lo que los peregrinos van a necesitar: agua, comida, servicios sanitarios. Cuando llega la medianoche del 16 de diciembre,  ya los alrededores del templo están repletos de gente. Se oyen plegarias y susurros.

Las imágenes en la Iglesia de San Lázaro impresionan y no sólo por la fe que se percibe en las personas. Llama la atención que en una nación donde el gobierno instauró el ateísmo por décadas, tanta gente siga siendo devota de los santos y deidades. Ahora mismo, a San Lázaro no sólo le piden por temas de enfermedad, sino que las súplicas se han extendido también a cuestiones amorosas, la obtención de una vivienda o por un viaje al extranjero. Este diciembre, un hombre llevaba sobre su cabeza la talla en madera de un avión.  Quizás una visa lograda o un permiso de salida alcanzado.

Feria de proyectos

Por: | 11 de diciembre de 2012

Bibliotecas_Interracial

Últimamente, mis días son como semanas que se concentran en veinticuatro horas. Tengo miércoles que se suceden uno detrás del otro, sábados repletos de trabajo y lunes en los que nada parece comenzar sino más bien continuar. A veces se me juntan los hechos más increíbles en una sola jornada: sublimes o cotidianos; extraordinarios o fastidiosos. Pero hay -de vez en cuando-  una fecha en que pareciera que se quiere colar todo el calendario. El 10 de diciembre es uno de esos días en los que desearía tener a mano “El diablo en la botella” imaginado por Robert Louis Stevenson, para pedirle que la noche demorara, al menos, 72 horas en caer.

Este año no ha sido una excepción. Desde las vísperas comenzó a notarse “el síndrome previo al día de los Derechos Humanos”. Es perceptible para todos, hasta para quienes se niegan a percatarse de esas situaciones. Se observa un aumento de policías en los puntos más céntricos de la ciudad y una crispación aumentada en las fuerzas del orden. De un tiempo a esta parte, también las instituciones oficiales intentan apropiarse de una fecha que ha pertenecido -por décadas- al sector crítico de esta sociedad. Vemos a locutoras de la televisión que presentan entre sonrisas las actividades que a lo largo del país se están haciendo en homenaje a los “derechos…” y ahí se le queda seca la boca, trabada la lengua, para sólo atinar a decir “culturales y sociales”. Demasiado tiempo durante el cual la frase “derechos humanos” ha estado estigmatizada, como para empezar a repetirla ahora en los espacios gubernamentales sin que esto provoque, al menos, un sonrojo.

Las detenciones y las amenazas a lo largo de todo el país protagonizaron el día, pero siempre algo se logró hacer. Este año, participé en la jornada inaugural del Festival Poesía sin Fin. Con una feria de proyectos diversos, ha resurgido ayer la fiesta de la alternatividad en Cuba. Un centenar de personas se dieron cita en la sede de Estado de SATS e instalaron allí diversos espacios expositivos que iban desde la creación musical al activismo por la integración racial. Era posible acercarse a la labor de las Bibliotecas Cívicas, a la recién estrenada revista “Cuadernos de pensamiento plural” de la ciudad de Santa Clara y a los jóvenes DJs de “18A16 Producciones”. También estaba nuestro stand bajo el nombre de “Tecnología y Libertad” ofreciendo una muestra de la labor de bloggers, periodistas ciudadanos y Twitteros. 

Isla dentro de la Isla, aquel espacio fue un anticipo de ese día en que se respetará toda la pluralidad existente en nuestro país. Risas, proyectos, unidad en la diversidad y mucha amistad, conformaron la magia de la primera jornada de Poesía sin Fin. Cuando llegué a casa me parecía que había vivido toda una semana en el estrecho marco de un día y -por esta vez- no había necesitado de ningún demonio embotellado de los cuentos. Con la energía de tanta gente habíamos logrado meter en cada minuto la colosal densidad del futuro.

Diciembre con festival

Por: | 05 de diciembre de 2012

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Cada diciembre, como un amigo que regresa, vuelve a La Habana el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Una cita fílmica que reúne este año a más de 500 películas de 46 países. Verdadero gustazo para nuestros sentidos, el Festival incluye la visita al país de actores y directores de todas las latitudes, muestras temáticas y conciertos: desde la presencia del cineasta Eliseo Subiela  y de la actriz norteamericana Anette Bening,  hasta una presentación multitudinaria de Fito Páez. Los homenajes a destacadas figuras del celuloide integran también parte de las ofertas de las dos semanas que dura el grueso de las actividades. En esta ocasión,  los homenajeados son el cineasta francés Chris Marker (1921-2012), el italiano Michel Angelo Antonioni (1912-2007) y el maestro checo de la animación Jan Svankmajer (1934).

En esta edición concursan 21 largometrajes de ficción y también otros materiales en las categorías de documental, cortos, animación, guión, cartel y ópera prima. Se hará una retrospectiva por el centenario de la producción cinematográfica de Puerto Rico con más de 20 títulos y las habituales muestras dedicadas a España, Italia, Canadá y Polonia. Entre las grandes sorpresas de esta ocasión se encuentra un grupo de filmes englobados bajo el nombre “De Hollywood a La Habana” y acompañado por el presidente de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences  de Estados Unidos, Hawk Koch.

Sin embargo, más allá de la alta calidad de las proyecciones y del programa colateral, el Festival ha estado rodeado de una aureola mágica. Algo que no puede describirse ni con el número de títulos en cartelera, ni con el realce internacional de las estrellas que vienen. Es algo más metido en nuestra piel, más cercano a la biografía personal de quienes hemos crecido esperando que llegue cada diciembre. Podríamos establecer marcas en el tiempo de nuestras vidas a partir de sus diferentes ediciones y momentos. Por ejemplo, tengo indisolublemente ligada mi adolescencia a las larguísimas colas para lograr ver una película argentina o una mexicana; aún vívida la sensación de asombro cuando una noche los cristales del cine Acapulco se hicieron añicos frente a mis ojos por el empuje de la gente deseosa de entrar. El beso furtivo en la oscuridad de la sala, mientras una brillante selva tropical latía en la pantalla y un caballo relinchaba en los altavoces. Los días también de quedarme rendida en la butaca por los tantos filmes que había visto en pocas horas. Éramos tan jóvenes y por ese entonces el festival también lo era.

Después de 34 años de inaugurada la cita habanera del cine latinoamericano, la realidad social en la que ésta se inserta ha cambiado muchísimo. Se podrían enumerar infinitas transformaciones ocurridas en el plano de la filmografía latinoamericana, pero prefiero concentrarme en lo que ha cambiado en nosotros, del lado de acá de la pantalla. Entre las grandes diferencias que percibo con relación a aquellos años setenta en que comenzó el Festival de cine, anotaría las nuevas formas de acceso popular a la filmografía. Antes dependíamos totalmente de la cartelera de las salas estatales de proyección. De manera que si una determinada película no era colocada en la programación de esos espacios públicos no había posibilidad alguna de verla. Eso ocurría muy frecuentemente, ya fuera por censura, desinterés o ausencia de derechos para exhibirla en el circuito nacional. Muy tímidamente, a mediados de los años ochenta, comenzaron a llegar las primeras máquinas domésticas para reproducir casetes VHS. Y ahí empezó a cambiar toda la relación que teníamos con el mundo audiovisual.

En estos momentos, proliferan por toda la ciudad las salas de video por cuenta propia y muchas familias poseen al menos un CD-Player para ver documentales, películas y programas televisivos que jamás formarían parte de la cartelera oficial. Una oleada de filmes comerciales, pero también de documentales censurados ideológicamente,  se han abierto paso entre nosotros gracias a las tecnologías modernas. Y ese es el gran reto y la principal competencia que tiene ahora mismo el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Sacar a la gente de la pantalla hogareña, devolverlas a las salas de proyección, motivarlas con un evento que hace algunos años era la única ventana que teníamos para asomarnos a un cine fresco y diferente.

El País

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